Waifu yandere(Collection) - Capítulo 85
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Capítulo 85: Atalanta part 2 (fgo)
Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio
Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.
Agrego personajes no me pertenecen.
Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores. Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

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El cielo estaba nublado cuando llegaron a la casa de Taiga. Una brisa ligera agitaba los árboles del vecindario, y las hojas crujían bajo los pasos lentos de Tn, quien caminaba con el cuerpo ligeramente encorvado, como si llevara un peso invisible en los hombros. Bueno… técnicamente lo hacía.
A su lado, Rin caminaba con renovada energía, su cabello brillando bajo la luz difusa del día, y una sonrisa satisfecha pintada en el rostro. Llevaba uno de sus suéteres casuales y una falda corta, relajada pero elegante, como si no acabara de extraerle la vida a su compañero unas horas antes.
—¿Estás bien? —preguntó con un tono que sonaba más burlón que preocupado.
Tn soltó un suspiro profundo, con las manos hundidas en los bolsillos.
—Voy a fingir que no usaste la frase “solo será una recarga rápida” mientras literalmente drenabas mi alma. Otra vez.
Rin se rió entre dientes, sus ojos brillando.
—¡Oh, vamos! No me digas que no te gustó. Tus gemidos decían otra cosa.
—Mis gemas decían otra cosa —refunfuñó él—. Porque tú las cargaste todas y dejaste las mías vacías.
—Exageras —dijo Rin, sacando una pequeña bolsita de terciopelo de su chaqueta—. Mira, todas mis joyas están brillando como si fueran nuevas. ¡Gracias a ti! Ahora podemos visitar a Taiga sin preocuparnos por amenazas mágicas repentinas.
—Sí, claro. Visitamos a Taiga… tú energizada y yo caminando como una erección.
No podian culparlo por las minifaldas que Rin usaba y esas medias negras que apretaban hasta sus muslos.
Se detuvieron frente a la puerta. Tn la miró como si fuera una cámara de tortura disfrazada de hogar suburbano. Sus dedos temblaron por reflejo al recordar una imagen muy específica: Taiga blandiendo su espada de madera como una maestra del terror, dándole un palmazo en la cabeza “por flojo” cada vez que su postura fallaba.
—No quiero entrar —murmuró—. Esta loca y que hago si quiere profanarme.
—Oh, deja de quejarte. Le caes bien —respondió Rin, acercándose a la puerta.
—Eso es exactamente lo que me da miedo.
Rin tocó tres veces. Al principio no hubo respuesta, pero pronto escucharon un alboroto. Sonidos de objetos cayendo, pasos apresurados, un grito ahogado y lo que parecía ser una taza estrellándose contra una pared.
Segundos después, la puerta se abrió de golpe.
Taiga Fujimura apareció con el cabello hecho un desastre, ropa de casa arrugada —camiseta grande con una caricatura de un tigre chibi, pantalones de pijama casi cayendose por su trasero— y una expresión de puro desconcierto matutino. Bostezaba con la boca tan abierta que parecía dispuesta a tragarse algo.
—¡¿RIN-CHAN?! ¡¿TN-KUN?! —gritó, y antes de que alguno pudiera decir “buenos días”, ya los estaba abrazando con una fuerza que parecía imposible para alguien sin mana.
—¡Vinieron a verme! ¡Estoy tan feliz! ¿Qué traen de comer?
—Nosotros —masculló Tn con resignación, su cara enterrada entre el cabello revuelto de Taiga mientras ella los arrastraba dentro sin darles tiempo a reaccionar.
Rin simplemente reía, disfrutando de la exentrica mujer con una sonrisa encantadora, como si no tuviera ninguna intención de intervenir.
Una vez dentro, Taiga los hizo sentarse en la mesa del comedor, que tenía un mantel con manchas de curry y una pila de platos a medio lavar en la esquina. Ella desapareció en la cocina mientras murmuraba algo sobre “necesitar té” y “dónde puse el arroz”, lo cual dejó a Tn mirando a Rin con expresión de pura derrota.
—Voy a terminar cocinando para ustedes dos, ¿verdad?
Rin se encogió de hombros con inocencia mientras sacaba una de sus gemas cargadas y la hacía girar entre los dedos.
—Eres bueno cocinando. Taiga te adora. Y yo estoy aún en modo recuperación post-magia. Es lo lógico.
Tn bajó la cabeza lentamente hasta apoyarla sobre la mesa con un golpe sordo.
—Soy la batería. Soy el chef. Soy el cajero. ¿Me van a pedir que lave también?
Desde la cocina, la voz alegre de Taiga gritó—¡Tn-kun! ¡Después de comer, ayúdame a reorganizar la alacena! ¡Y luego quiero que me enseñes esa técnica rara que usas para el arroz con ajo!
Tn gimió en voz baja. Rin sonrió dulcemente, acercándose para darle un beso rápido en la mejilla.
—Podrías ser muchas cosas, pero no estás solo. Y eso ya es más de lo que muchos tienen.
Tn cerró los ojos.
—Sí. Y tú podrías ser muchas cosas… pero sigues siendo un peligro para mi.
Ella rió.
—Y tú lo amas.
Él no respondió. Pero no lo negó.
Tn exhaló con resignación mientras se ponía de pie y se dirigia a la cocina. El ambiente cálido de la cocina de Taiga era engañosamente pacífico, con el sol colándose por la ventana y el sonido del hervidor comenzando a silbar. Un breve instante de calma… que, por supuesto, no duró.
—¿Eh…? —murmuró al girarse y encontrarse con la imagen que, lamentablemente, ya no lo sorprendía tanto.
Taiga estaba allí, de pie junto a la alacena, con su ya infame “delantal de cocina provocador”: escotado, corto, con volantes absurdamente innecesarios… y absolutamente nada debajo, si uno se guiaba por las pistas visuales.
—¡Tn-kuuun~! ¿Qué te parece? —entonó con una sonrisa sensual, girando un poco sobre sí misma como si mostrara un vestido de gala.
Él la miró por unos segundos, parpadeó sin expresión, y luego alzó una mano con total tranquilidad y le dio un golpecito certero en la frente.
—Tigresa pervertida.
Como se atrevia a provocarlo tan temprano.
—¡Owww! —chilló ella, llevándose ambas manos a la frente mientras hacía un puchero infantil—. ¡¡Eso dolió!! ¡No seas tan cruel, siempre lo hago por diversión!
—Siempre lo haces cuando Rin está cerca. ¿Quieres que me maten?
—¡Rin-chan ni siquiera se pone celosa! —refutó mientras inflaba las mejillas.
—No porque confíe en mí… sino porque sabe que no tengo energía ni para correr, menos para otra mujer. —replicó Tn, tomando los ingredientes del refrigerador con profesionalidad.
—¡Eso fue bajo! —gimoteó Taiga, pero aun así se apartó para dejarlo cocinar.
Tn ignoró sus berrinches y comenzó a preparar una comida decente. Sabía que, como siempre, sería el responsable de alimentar a ambas mujeres: Taiga, la tirana disfrazada de hermana mayor; y Rin, la noble hechicera con gustos de princesa y humor de arpía. Cocinar se había vuelto su refugio y su castigo a partes iguales.
Rápidamente el aroma de carne salteada, arroz al vapor con ajo y salsa de soja llenó el ambiente. Preparó tres platos, cuidando los detalles, y los sirvió en la mesa con precisión casi ceremonial.
—¡Itadakimaaasu~! —canturreó Taiga, dando el primer bocado con una expresión de puro éxtasis—. ¡¡Sigue siendo delicioso, Tn-kun!! ¿Te casaste con Rin solo para cocinarle así todos los días?
—No estamos casados —dijo Tn automáticamente mientras se sentaba—. Y si lo estuviéramos, ya estaría solicitando la separación de bienes.
Rin, sentada con las piernas cruzadas y moviendo su tenedor con parsimonia, alzó una ceja.
—Oye, no finjas. Te encanta hacerme feliz. Por eso cocinas como si fueras el chef personal nham~ *masticar*.
—¿Y tú crees que alguien mas abusaria de su batería mágica? —resopló Tn.
—Claro que sí. —Sonrió dulcemente, dejando el tenedor a un lado—. Hablando de eso… ¿me traes la salsa especial, por favor?
Tn se congeló.
—¿La… blanca?
—Sí. Esa.
Un leve sonrojo le cruzó el rostro.
—Solo un poco. No es para usar en cualquier comida.
Taiga los miraba con desconcierto, ladeando la cabeza.
—¿Salsa blanca? ¿Qué clase de receta secreta tienen ustedes dos…?
Tn se levantó sin responder, caminó a la cocina, un poco de imaginacion y estres liberado y volvió con él entre manos. Un plato de arroz sasonado con su “salsa”.
Rin recibió su plato con una mirada encantadora.
—Gracias, mi cocinero personal, proveedor de maná, y adorable mártir.
—Voy a poner eso en mi lápida —masculló él, sentándose de nuevo.
La comida transcurrió con más bromas de Taiga, comentarios cargados de doble sentido y Rin dando leves patadas a Tn por debajo de la mesa cada vez que decía algo demasiado honesto. Todo parecía una rutina casi doméstica, con sus propios códigos eticos y una falsa apariencia de normalidad.
Pero cuando estaban por terminar, Rin sacó su teléfono —siempre bien protegido por un encantamiento menor de privacidad— y leyó una notificación en la pantalla. Su expresión cambió ligeramente.
—Hmm. Nos llegó el aviso. —dijo mientras limpiaba sus labios con una servilleta.
—¿Qué aviso? —preguntó Tn sin levantar la vista de su arroz.
—El que confirma que estamos oficialmente dentro. Tenemos que presentarnos en la iglesia.
Tn levantó la mirada lentamente, como si el peso del mundo hubiera caído sobre sus hombros otra vez.
—¿Ya?
Rin asintió, con los ojos brillando.
—Kirei Kotomine será el supervisor. El referí de esta Guerra.
Un escalofrío se le subió por la espalda. No por miedo, sino por una intuición incómoda. Ese nombre no traía buenas memorias en la historia de las Guerras anteriores, aunque Tn no estaba del todo seguro por qué.
—Genial… justo lo que me faltaba. Un sacerdote con complejo de filósofo.
Taiga masticaba aún, sin entender del todo la magnitud del asunto.
—¿Van a la iglesia? ¡Recen por mí también! Pero traigan postre.
Tn se llevó una mano al rostro.
—Este día va de mal en peor.
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El camino hacia la iglesia fue, para Tn, una caminata silenciosa.. y agotada.
Rin, en cambio, iba saltando levemente a su lado, su paso ligero como si flotara en vez de caminar. Con las mejillas sonrosadas y el cabello recogido en una coleta alta, parecía brillar con cada rayo de sol que se filtraba entre los árboles. Y claro, esa energía tan sospechosamente alegre tenía una razón muy específica. Algo viscosos goteaba por debajo de su falda mientras caminaba.
—No era necesario hacerlo sobre la mesa… —murmuró Tn con voz apenas audible, sin mirarla.
—¿Y dejar que mi joya zafiro se descargue en medio de la conversación con Taiga? Jamás —respondió Rin, acomodándose el cuello de su chaqueta como si nada hubiera pasado.
—Taiga nos vio.
—Taiga ve animes de hentai escolar con más carga erótica que lo que hicimos. No va a morir por ver un poco de afecto.
—Fue en medio del almuerzo…
—Y tú todavía estás vivo. Agradece tu resistencia. —sonrió como si le estuviera dando un cumplido—. Mis joyas están radiantes. Y mi barriga llena.
Tn no respondió. Sólo suspiró.
Cuando llegaron a la iglesia, las puertas ya estaban abiertas. El viejo edificio de piedra parecía desentonar con todo lo que los rodeaba: demasiado solemne, demasiado frío, demasiado… Kirei. “Maldito monje”.
Y ahí estaba él.
Kirei Kotomine los esperaba en el interior, de pie frente al altar como una estatua mas de la iglesia. Sus ojos eran tranquilos y vacíos, su sonrisa amable y, sin embargo, carente de toda emoción verdadera.
—Rin Tohsaka… y tú, muchacho —dijo al verlos entrar, con su voz grave retumbando en las paredes de piedra—. Qué interesante verlos juntos.
Rin tensó ligeramente los hombros, pero no se detuvo. Entró con paso firme, como siempre, manteniendo la compostura.
—Kotomine —respondió con frialdad—. Espero que esta vez no estés aquí para dar sermones de filosofía nihilista. Solo necesitamos registrar nuestra participación.
—Siempre tan directa. —Kirei esbozó una sonrisa que no llegó a sus ojos—. Qué triste que hayas rechazado mi ofrecimiento. Estoy seguro de que la vida monástica te habría ayudado a encontrar propósito… o al menos, dirección.
—Sí, claro. Después de que arruinaste las finanzas de mi familia durante tu “entrenamiento espiritual” con mi padre. No, gracias.
Tecnicamente Rin se habia gastado todo el dinero, dinero que se suponia Kirei debia vigilar.
Tn, incómodo, trató de encontrar un rincón para quedarse callado, pero Kirei lo miró con atención.
—Y tú eres… el patrocinador, ¿cierto?
—No me llames así —masculló Tn—. Solo soy… su soporte técnico.
—Y su proveedor de gemas, casa, comida, impuestos y placeres mundanos —añadió Kirei con un tono tranquilo, aunque sin ocultar la ironía.
—¡Cállate! —espetó Rin, fulminándolo con la mirada—. No hables como si lo estuvieras disfrutando.
Kirei entrecerró los ojos, su sonrisa ensanchándose apenas.
—¿Acaso no lo disfruto? Me parece fascinante… Ver a una Tohsaka orgullosa convertir a su compañero en cajero automático viviente. Qué irónico. Tu padre estaría tan…
—¡No te atrevas a terminar esa frase! —gruñó Rin, dando un paso adelante con el puño cerrado.
Tn levantó una mano para detenerla.
—Rin… solo vinimos a registrarnos. No es necesario caer en su juego.
Ella bufó, pero retrocedió.
Kirei, sin dejar de sonreír con ese aire inquietante que lo hacía parecer más muerto que vivo, asintió.
—Muy bien. Entonces, procedamos con el registro formal. De acuerdo al orden establecido por la Asociación, ustedes dos serán tratados como un equipo dual… mmmmm. Ambos compartirán un solo Servant… o sera doble invocacion.
Tn asintió.
—Eso ya lo administraremos nosotros.
—Y eso es lo que lo hace tan… delicioso —murmuró Kirei con tono bajo, como si hablara consigo mismo.
Tn no quiso preguntar.
Rin se cruzó de brazos, impaciente.
—¿Algo más?
—Solo esto —respondió Kirei—. Tengan cuidado. Esta Guerra será distinta. El Grial ha despertado desde hace media decada preparandose. No sé si ambos están preparados para lo que se avecina… pero al menos están juntos.
Miró a Tn con una chispa extraña en los ojos.
—Aunque algunos lazos terminan estrangulando lentamente a quienes más confían.
Tn lo miró en silencio, sin darle el gusto de una reacción.
Kirei se volvió, caminando hacia el altar mientras murmuraba una oración apenas audible.
Rin lo miró con desdén antes de girarse hacia la salida.
—Vámonos. Este lugar huele a mierda de sacerdote cretino.
Tn la siguió, aunque antes de irse, lanzó una última mirada hacia el sacerdote. Algo en su presencia seguía haciéndole hervir la sangre.
Tal vez fuera el tono. O la certeza de que, tarde o temprano, Kirei estaba esperando algo más que solo presidir el conflicto.
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Apenas cruzaron el umbral de la casa, Rin soltó un largo quejido y se dejó caer sobre el sofá como si su cuerpo estuviera hecho de plomo.
—¡Estoy agotada! —gimió, pateando sus zapatos con dramatismo—. Ese lugar chupa energía más que yo tus reservas mágicas.
Tn arqueó una ceja.
—¿Eso fue una comparación seria?
—Cállate —gruñó ella desde el cojín, enterrando el rostro en una de las almohadas—. Hoy me toca ser la princesa consentida. Tú eres el siervo fiel. Haz lo que se espera de ti.
—¿Y qué se espera de mí ahora?
Rin giró la cabeza con una sonrisita ladina, con un solo ojo visible entre su melena alborotada.
—Masaje. Pies. Ya.
Tn soltó un suspiro tan profundo que parecía salirle del alma misma. Sentía que le temblaba el ojo izquierdo. No de ira, no exactamente… más bien de resignación, Rin se comportaria de esa forma hasta que estuviera satisfecha o se haya ido a dormir.
—Está bien, está bien… —gruñó mientras se acercaba.
Pero antes de arrodillarse frente al sofá, levantó una mano y dio una nalgada rápida pero sonora en una de las curvas más fácilmente accesibles de Rin.
—¡¿EEEH?! —gritó ella, levantando medio cuerpo con una mezcla de sorpresa y escándalo—. ¡¿Qué demonios fue eso?!
Tn la miró sin inmutarse.
—Eso fue por hablarle así a Kirei dentro de una iglesia que acaso no tienes respeto a la casa de Dios.
Rin abrió la boca para replicar… pero lo pensó dos segundos, se echó hacia atrás otra vez y refunfuñó algo que sonaba como: “…era merecido.”
Tn sonrió, más satisfecho de lo que admitiría, y se sentó a los pies del sofá. Atrapó sus piernas con naturalidad, y sin sacarle aún las medias largas, comenzó a presionar con firmeza las plantas de sus pies. Primero con movimientos circulares, luego con presión en los arcos y tobillos. Rin soltó un suspiro que fue mitad alivio, mitad ronroneo.
—Mmh… sí… ahí…ahh —susurró, los ojos cerrados, el cuerpo entero soltando tensión como si se derritiera sobre el sillón.
Tn no dijo nada. Solo se concentró.
Sus dedos se movían con experiencia. No era la primera vez que hacía esto. Ni sería la última. Y aunque refunfuñara, aunque bromeara, aunque lo golpearan a veces… él entendía lo que Rin necesitaba. Más que poder, más que control… necesitaba alguien que le recordara que podía soltar el peso por un momento.
Ella murmuraba entre suspiros palabras sueltas: “gracias”, “maldito Tn”, “eso duele rico”, “vas a pagarlo después”, “sigue así, esclavo mío”… Un desfile de frases típicas de Rin Tohsaka con su mezcla adorable de sarcasmo y ternura. Luego se las cobraria haciendola gritar su nombre.
Y sin embargo, en silencio, ella agradecía.
“Si no fuera por él…”, pensó, con los ojos entrecerrados, casi al borde de una siesta.
“Estaría ahora mismo con una túnica aburrida, rodeada de cruces y textos religiosos, obedeciendo al psicópata de Kirei. O en Londres, tratando de sobrevivir en una Torre del Reloj que devora a los débiles. O peor… sola. Siempre sola.”
Pero no lo estaba. Tenía a Tn. Su batería viviente. Su protector. Su compañero en las malas decisiones.
Y él… simplemente la observaba. Callado, sereno, paciente. Su mente no estaba centrada en lo que ella pensaba. Solo en darle un momento de descanso.
“Si puedo darle eso… aunque sea solo eso… entonces vale la pena.”
Terminó el masaje sin decir palabra, y Rin, aún tumbada, solo murmuró algo entre dormida y despierta.
—Cuando llegue la reliquia… me aseguraré de que ese Servant tenga que agradecerte también. Por cuidarme. Porque yo… no soy buena diciéndolo en voz alta.
Tn sonrió con suavidad.
—Ya lo haces. A tu manera.
El silencio se instaló en la sala, cómodo. Por un momento, la guerra, el Grial, Kirei, y las cargas mágicas desaparecieron. Solo quedaba eso: una Tohsaka descansando, y un pobre alma haciendo lo que podía para que, incluso si todo iba al infierno, al menos esos días juntos valieran algo.
TErmino el msaje en unos minutos, Tn estiro su espalda mientras Rin gemia de placer habiendo descansado bien.
—Me vas a matar algún día… —murmuró Tn con voz ronca mientras levantaba a Rin en brazos.
Ella solo se rió con flojera, aferrándose a su cuello como una gata satisfecha.
—Y tú morirás con una sonrisa —susurró antes de darle un suave beso en la mejilla.
Tn no sonrió. Pero tampoco la soltó.
La noche fue larga. Como tantas otras. Rituales sin palabras, el lenguaje mágico de la carne y la energía fluyendo de un cuerpo a otro con una naturalidad que solo ellos entendían. No era solo deseo. No era simple apego. Era supervivencia, intimidad, y dependencia entretejida con años de historia.
(Suculenciaaaaaaaaa suculenciaaaaaaaa advertenciaaaaaaa)
“¡Ah! ¡ Mmmmh! ¡ E-espera! ¡Es de-demasiado bueno! ¡ Demasiado bueno!”. Rin se tapó la boca con las palmas de las manos, ahogando su voz. Pero la lengua se hundió en su húmedo interior, rozando esas sensibles paredes.
Arqueó la espalda, levantando el trasero, pero la sujetararon por los costados y la mantuvieron quieta.
“¡Awwwja ahhhh ahhhh!”. Rin sucumbió a un largo orgasmo. Sus fluidos se derramaron. Soltó un suspiro entrecortado mientras Tn se limpiaba. Mirando hacia atrás, con los párpados cerrados, vio la polla dura como una roca y sonrio. “D-date prisa, por favor”. Sonriendo con suavidad mientras bajaba los pantalones y lo tiraba a un lado. Sin ninguna prenda que lo sujetara, palpitaba y derramaba líquido preseminal.
“Ruégalo y lo hare, te dije que me cobraria lo de Taiga”.
“¡Oh, vamos! ¡ Dame una follada ya o me asegurare de castigarte luego!”.
“….Sheeeeesh ok.”
Subiendo la falda y, con una embestida perfecta, la penetraron en el coño. Sintiendo sus paredes intentando desesperadamente acomodarse al grosor, como una virgen experimentando su primera polla. Tocando su punto más sensible y toda la figura de Rin se estremeció.La pelvis de Tn golpeó su trasero, envolviéndote por completo. Ella emitió un sonido patético que contrastaba con el crujido de la carne. Una y otra y otra vez. La follaron sin descanso. Llegando a un punto que su mente no pudo.
¡Ahghghg Qué bien! ¡Qué bien! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah~!” Sus gemidos se volvían más intensos a cada minuto. “ahhhhh…nunca… ¡ah! ¡M-me canso ahhhhh llegó tan profundo!”. Gruñiendo y acelerando sus embestidas Tn sentia las paredes humedas de Rin.Cumpliendo un fetiche de juego rudo, satisfaciendo los deseos insatisfechos de Rin, llenando su coño con polla. “¡Eres ahhh ahhhhh mas rapido! ¡Mucho más grande!”. Al oír esas palabras, la mente se quedó en blanco. La penetro con más fuerza y rapidez, como si nunca fuera a tener otra oportunidad de explorar el delicioso trasero de Tohsaka. Ella vino y vino y vino.Apretaba cada vez que se excitaba. Después de unos minutos, la excitación que los llevaba al clímax llegó a su punto álgido. Apretando los testículos. Colocaste su cuerpo encima de ella, con la cabeza sobre el hombro, y susurro: «Me corro».
Ella chilló. Embestiendo una última vez y descargando una carga tan pesada que lo dejó sin energía. Un semen rico y espeso inundó su útero, impregnando sus paredes con la carga previa del desayuno.Las caderas se mecían al unísono con cada latido, con cada descarga de semen viscoso. Hubo un suspiro cuando terminó.
“¿Bien?” pregunto dando leves besos en el cuello de Rin.
“G-genial ahh”, suspiró Rin, dejándose caer por fin en el colchón. La polla servía de tapon, así que al sacarla, todo se derramó. Al principio, su falda lo ocultaba todo. Pero con el tiempo, a medida que todo empezaba a extenderse y a gotear, se formó un pequeño charco blanco en el suelo junto a ella. Un testimonio del gran volumen que se libero. Sin embargo, mi polla tenía vida propia, pues se negaba a quedarse abajo. Los brazos de Rin colgaban flacidos, su figura jadeando de agotamiento. “¿Eh?”. Tn no pudo contenerse.Cuando volvio a mirar a Rin, estaba sentada en el borde de la cama, desnuda salvo por las medias. Ya se había quitado la falda y el jersey rojo de cuello alto. Rápido, pensaste, pero también lo esperabas. Rin había estado completamente satisfecha durante los últimos meses y con su libido desbordante era imposible que no respondiera a insinuaciones. Tenía los brazos cruzados sobre el pecho, la timidez de estar desnuda frente a Tn se apoderaba de ella. Tenía la cara roja, pero sus ojos azul agua estaban ansiosos y listos.
Un trasero notablemente tonificado y con forma de corazón, unas caderas espectaculares y una tez pálida sin imperfecciones. Sus muslos eran suaves, lechosos y largos, rasgos que se acentuaban aún más con sus medias. De un solo paso, capturaste sus labios. Ese suave sabor a fresa te llenó al poner una mano en su mejilla y profundizar el beso. Rin parecía desearlo igual, su lengua deslizándose por los lados de la mejilla de Tn y sus manos en la polla, masturbándolo lentamente. Profundizando el beso, inclinándo, besándo, mientras sus pequeñas y suaves manos acariciaban y bombeaban el miembro, durante al menos minutos. Cada vez que se separaban, no era por mucho tiempo, tomando las bocanadas de aire necesarias antes de volver a estar juntos. Sus manos se movían cada vez más rápido, el sonido de la carne húmeda impregnaba la habitación. Latías y pulsabas, liberando líquido preseminal que se pegaba a sus dedos y te manchaba el miembro.
“Mmm…ahhh” Rin se apartó del beso, jadeando, antes de bajar la mirada. Sus manos se veían y se sentían pequeñas sujetando la polla caliente y venosa. “Se ve lista…”, susurró, su aliento haciéndo cosquillas en los labios. En lugar de responder, la empujo suavemente sobre la cama, la beso y luego se enderezo. Mirándola, sus suaves labios rojos, su rostro radiante y excitado, sus pequeñas tetas bien formadas y las curvas pronunciadas, solo habia un pensamiento: follárla hasta el cansancio. Pero sabía que tenía que ir despacio. Aún quedaban jirones de tu semen dentro, goteando en pequeñas cantidades, y la sensación resbaladiza le provocó escalofríos en la espalda. Exhalando mientras se alineabas. Su coño rosado estaba impecable como siempre, como si no lo hubieran destrozado hacía unos minutos. Rin asintió, con los ojos mirando hacia abajo con deleite, y entraste, presionando la cama contra sus hombros con las palmas de las manos. La exhalación de Rin fue como un alivio, como si estuviera esperando tu polla. Cuanto más penetraban, más se unían dentro de ella, más caliente se ponía.
“Ahhh Tan profundo… tan bueno… eso es ahhhhh. ¡Eso es ahghghg…!”. Rin rebosaba de excitación, retorciéndose. Sus mejillas estaban rojas como el carmesí y sus ojos estaban cerrados, sin querer encontrarse con los suyos. Podría ir un poco más lejos, pero decidio no hacerlo. En cambio, empezo a embestir, golpeando ese punto preciado una y otra vez. Fue lento, cambiando la pasión habitual por la técnica. Rin jadeaba al principio, sintiendo cada embestida, pero negándose a ceder a sus deseos, a los gemidos atrapados en sus pulmones. Acelerando el ritmo, tocando sus zonas sensibles una, dos, tres veces… “¡ahh ahhh Ahhhh~!”. La respiración de Rin se entrecortó, señal de haber alcanzado el orgasmo. Sus paredes eran una reacción tremenda. No solo estaba más mojada que antes, sino que te apretaba con locura, como si quisiera otra corrida completa.Quería quedarse en la postura del misionero, pero ¡qué difícil era no simplemente ponerla en una mejor posición! Le llevó un rato calmarse. Su orgasmo fue prolongado e intenso, borrándole la mente de la mente. La forma en que la habían penetrado hasta el orgasmo era diferente a la anterior y, por lo tanto, le había producido un clímax distinto. Cuando la luz por fin volvió a sus ojos, hacía tiempo que tn se había detenido. Rin tragó saliva, anticipando el siguiente movimiento.Tn se enderezo y puso la mano en su bajo vientre de Rin. Podía sentir el ligero bulto: su pene palpitaba. Bajo la mano hasta su clítoris, rojo y dolorido, y jugo con él.
—N-no pares —suplicó. El pulgar rozó su clítoris y casi lo pierde—. ¡Por favor!.
Sonriendo, deslizo las manos a sus costados, manteniéndolas en su lugar, y comenzo a follarla de nuevo. Esta vez, fue más rápido, más fuerte, más duro, más profundo. Apenas necesitaba mover las caderas mientras la movían. Era literalmente la manga de su polla y le encantaba.
“¡Oh, Dios, ahhghghghgh, M-malditaaaaaa seeeaaaaaa…! ¡ Joder!” La embestistieron cada vez más fuerte. “¡ah ahhhh ahhh Oh! ¡Oh! ¡Oh, joder!”. Se corrió y podía sentir cómo se le encogía el interior. Esto era, esto era a lo que Tn estaba acostumbrado. Los orgasmos rápidos y excitantes de Rin, que crecían como bolas de nieve hasta que ella se desmayó. ¿Qué tal esto? Agarrando sus pies, que rebotaban innecesariamente a sus costados, y los empujo. Seguía follándola, sin querer perder ni un segundo, y Rin era lo suficientemente flexible como para que la transición se produjera sin problemas. Una vez que sujetaron sus tobillos firmemente en su lugar, apuntando sus pies hacia atrás, pero sin exagerar, tn se embestistio contra ella. Una y otra vez.
“¡ahghghghg e-e espraaaa ahhhhh!”, gritó Rin, alzando la voz. “¡Es tan profundo! ¡P-por favor! ¡m-mi utero! ¡ahghghghg! ¡ Justo adentroooo!”. Tn decidio ir más fuerte. Llevando sus manos a la parte trasera de sus muslos, donde terminaban sus medias negras, y empujo sus piernas hacia abajo, sobre sus hombros, dejando a Rin en una posición provocativamente expuesta. Estaba vulnerable. No podía hacer nada más que tomar tu polla. Así que eso fue lo que hizo. Con los brazos y las piernas apretadas, Rin gimió mientras la penetraban sin esfuerzo. En esa posición, con ese ángulo, podían llegar hasta lo más profundo y lo estaba haciendo, sintiendo la punta de la polla presionando y entrando en su camara de bebes. Sentía su interior desesperadamente apretándose, suplicando una descarga. Ella cerró los ojos, intentando guardarse los ruidos. Falló cuando tn se movio más rápido y con más fuerza, mientras hacía que todo su cuerpo rebotara sobre su polla. Arriba, abajo, arriba, abajo. Era un nuevo ángulo, un nuevo éxtasis. Rin se encontró respirando pesadamente sobre el cuello, luchando por hacer algo más que recibir. Sudaba y lo único que podía oler era el inconfundible aroma a sexo. Era abrumador, pero era fruto de tn y de Rin.
“Ya casi estoy”, anunciando después de tanto tiempo. Las pestañas de Rin se agitaron mientras te miraba con anhelo. “ahghghgh A-adentro.”. Tn no espero. De inmediato dejando que la presión subiera por su miembro y se corrio dentro de ella. Las potentes y reforzadas descargas de semen maldito hicieron que Rin experimentara una serie de orgasmos. Uno tras otro, sin filtro, y negándose a perder su efecto, Rin se quedó en blanco. Echó la cabeza hacia atrás, sacando la lengua descaradamente. “¡Ahghghgh ahhhh ahhhh Eso es genial!”. No hubo entendimiento de palabras, pero sí su deseo. Empujando hacia arriba, intentando correrse en ella lo más profundo posible. Los testículos se apretaron y dispararon varias veces más. Podía sentir a Rin temblar contra el. Ella sintió y disfrutó cada mililitro viscoso de tu semen, ya fuera que llegara a su útero o simplemente se derramara sobre el resto de su coño. En cualquier caso, al final de tu eyaculación culminante, su coño goteaba fluidos, una mezcla de los tuyos y los suyos. “¡Gaaah… mmmmh~!” Rin sonaba delirante, como si no estuviera en su mejor estado de ánimo. Su cabeza reposaba sobre su hombro porque Tn estaba seguro de que, de lo contrario, caería en la cama y se retorcería como una loca completamente follada y llena de leche, como la última vez. “ahhhh…mashshh…ahhhhh…masssss…”. Lo sintio, los dedos de los pies de rin se retorcieron cuando la energia maldita la inundo, su utero desesperada absorbia todo lo que podia pero su entrada se cerro justo en la cabeza de la polla, asegurando que el liquido caliente se quedara dentro y sintio sus reservas de mana aumentar.
“¿Rin?”. Sus paredes se apretaron sobre su polla,bueno, quizá se exedio.
(fin de la suculencia)
Y cuando el sol comenzó a trepar por el horizonte, ni uno ni otro se movieron.
El fin de semana había comenzado.
Rin se estiró lentamente sobre la cama, aún con el cabello despeinado y las marcas de la almohada en la mejilla.
—Cinco minutos más… —murmuró con voz adormilada.
Tn ya se estaba levantando.
—No existe tal cosa contigo. “Cinco minutos más” significa “hazme el desayuno”.
—Exacto —respondió con una sonrisa perezosa. El fluido blanco goteaba de sus muslos.
Mientras ella desaparecía entre las sábanas para ir al baño, él se arrastró a la cocina. Ya conocía la rutina: desayuno caliente, té con ese aroma raro que le gustaba a Rin, y algo dulce “por si tenía un bajón de maná”. Ella lo negaría después, pero lo devoraba igual.
La calma reinó por horas.
Ambos pasaron el día en sus propios espacios dentro de la casa. Rin, con el cabello mojado, revisaba textos de invocación antiguos. Tn limpiaba el sótano y verificaba que el círculo mágico estuviera estable. Se habían asegurado de reforzarlo varias veces durante la semana, con runas adicionales en las paredes y gemas de canalización incrustadas en los puntos cardinales.
Y cuando llegó la noche… también llegó el paquete.
La reliquia.
Envuelta en capas de sellado y materiales de protección “burbujas de plastico”, la abrieron con sumo cuidado. Dentro había lo que parecía una vieja punta de arco rota, oxidada pero aún impregnada con un eco de poder antiguo. Según el catálogo de subastas, se trataba de un fragmento de una carcasa griega ceremonial… una reliquia asociada con una cazadora o en el mejor de los casos un Heroe.
—¿Estás segura de que esto invocará a un Servant útil? —preguntó Tn mientras colocaba la reliquia en el centro del círculo.
—Lo suficientemente poderosa. Tiene raíces legendarias. Mujer. Arquetipo de “Guerrera amazona”. Ideal para mantenernos en ventaja.
Imagina bien podria ser de Hipolita, Penthesilea, Caenis, Diablos incluso una semidiosa. Rin ya queria bailar al imaginarlo, Muchas mujeres griegas fueron poderosas y de renombre.
Tn arqueó una ceja.
—¿Y eso qué significa?
—Que eso nos servira muy bien. Piensalo que heroes son los mas reconocidos.
—Ajá…
No dijo más, pero algo dentro de él vibró de forma extraña.
El ritual comenzó.
Ambos se pararon a los lados del círculo, manos en alto, sellos en los brazos, el flujo de energía envolviendo todo el sótano con luz dorada y líneas mágicas pulsantes. La atmósfera se volvió densa, como si el aire mismo fuera reemplazado por maná condensado.
—“Let silver and steel be the essence…” —empezaron a recitar al unísono, voces alineadas, palabras antiguas que desgarraban la realidad.
El círculo brilló intensamente, una tormenta de luz y viento envolvió la reliquia.
Un rugido suave, casi felino, llenó el espacio.
Y entonces…
Una figura femenina emergió del corazón del círculo. Alta, esbelta, envuelta en una túnica verde bosque y armadura ligera. Su arco colgaba de la espalda como una extensión natural de su ser, y una capucha cubría sus orejas felinas. Sus ojos verde esmeralda se abrieron… observando.
La heroína cazadora de la mitología griega.
—Atalanta —susurró Rin.
Tn tragó saliva. La presencia de la Servant era… firme. Seria. Como una bestia que no había sido domesticada, pero que aceptaba estar en la misma habitación que humanos por respeto.
La invocación había funcionado.
Pero entonces Atalanta miró a ambos. Y sus ojos parpadearon confundidos.
—…Dos Maestros —dijo, en voz baja.
Sus pupilas felinas se entrecerraron.
—Dos… ¿con el mismo vínculo?
Tn bajó la vista hacia su brazo. Tres sellos de comando. Levantó la mirada hacia Rin. Ella también tenía tres.
—¿Qué…? —empezó Rin, mirando el círculo—. ¡Eso no tiene sentido! ¡Los sellos deberían haber ido a uno de los dos! ¡No…!
Y entonces lo entendió.
La invocación compartida. El maná compartido. El vínculo mágico… compartido.
—¡Tenemos toda la ventaja! —exclamó Rin, casi riendo—. ¡¡Tn!! ¡¡Esto es perfecto!
Tn levantó ambas cejas.
—¿Perfecto?
—¡¡Seis sellos!! ¡¡Un solo Servant!! ¡Y contigo como batería mágica ilimitada…!
Se detuvo, y en su rostro apareció algo extraño. Una expresión entre manía, euforia… y codicia.
—…hahahahaahaha Nos convertimos en un monstruo de eficiencia —
Atalanta solo observó. En silencio. Su mirada se posaba más en Tn que en Rin. Y en su interior, algo desconocido despertaba. Porque aquel maná… aquel maná que fluía desde el fondo del círculo… no era puro.
Y ella lo sentía.
Un olor a maldición disfrazada de calidez.
Una energía que… llamaba. Pero por ahora, no dijo nada.
Rin caminaba con paso ligero, casi brincando, mientras abría las puertas hacia la sala de estar. Atalanta la seguía con movimientos silenciosos, su andar felino impecablemente disciplinado, mientras Tn caminaba un poco más atrás, como quien es arrastrado por la corriente de dos tormentas distintas.
—¡Piénsalo! —exclamó Rin, agitando una mano como si dibujara fórmulas en el aire—. Seis sellos de comando. ¡Seis! Eso significa el doble de control, el doble de tanques lanzados, el doble de posibilidades tácticas. ¡Estamos en una posición privilegiada desde el principio!
—Eso también significa que si uno de los dos cae… el otro no puede sustituir la conexión —murmuró Tn, lanzándole una mirada cansada desde el sillón donde se dejó caer.
—¡Bah! —Rin agitó la mano, como si espantara una mosca—. No vamos a caer. No si tú sigues siendo mi batería mágica, podre llenar todas las gemas magicas que quiera.
—No firmé para lo último…..
—Demasiado tarde. Lo haces gratis.
Atalanta los observaba en silencio. Se había quedado de pie junto a una de las ventanas, como un lince observando desde lo alto de un árbol. Su mirada recorrió el lugar con atención: muebles bien cuidados, estantes llenos de libros mágicos, un sofá ligeramente desordenado con una manta color granate. Era un hogar. Imperfecto, cálido, habitado.
Peculiar, pensó.
Sus ojos felinos se detuvieron un instante más largo en Tn. El joven tenía la mirada tranquila, aunque había algo oscuro detrás de sus ojos. Su energía… no era común. Era abundante, casi monstruosa. Contenida. Su maná era espeso, y no del tipo que se obtiene con simples rituales. No le gustaba. No le desagradaba. Solo… lo recordaría.
Finalmente habló.
—Este lugar es cómodo… pero poco apto para una guerra. ¿Son los dos mis Maestros?
Rin se giró, aún animada.
—Técnicamente sí. Invocamos al mismo tiempo, al mismo Servant, y el Grial decidió repartir los sellos en partes iguales. Supongo que es su forma de decir “se las arreglan juntos”.
—El Grial… —murmuró Atalanta—. ¿Por qué buscan su poder? ¿Cuál es su deseo?
Tn y Rin se miraron brevemente.
—Yo quiero alcanzar la Raíz —respondió Rin con confianza—. No por ego, sino porque es lo que mi padre quería. Quiero terminar lo que él empezó. Es un camino largo y complejo el camino de un magus, pero…
—…honesto —agregó Tn con tono suave.
Atalanta giró su rostro hacia él.
—¿Y tú?
Él se encogió de hombros.
—Mientras pueda sobrevivir a esta guerra con todos mis órganos dentro de mi cuerpo y Rin no me endeude más… creo que eso ya es un milagro. No pido mucho. No quiero más sangre de la necesaria.
Sus palabras no sonaban heroicas. Ni ambiciosas. Eran humanas. Dolorosamente reales.
Atalanta los observó a ambos durante unos largos segundos. Su expresión era dura, su ceño apenas fruncido. Estaba calibrando. Evaluando. En su tiempo, las palabras eran baratas. Las intenciones, incluso más.
Pero no detectó falsedad.
Rin realmente quería cumplir el sueño de su padre como todo magus en una maldita familia.
Tn realmente solo quería sobrevivir y proteger algo de estabilidad.
Era extraño. Estaba acostumbrada a amos que pedían venganza, gloria, resurrección o poder. Estos dos… no parecían codiciosos.
Y entonces, con voz tranquila, casi sin emociones, ella respondió.
—Yo no deseo el Grial para mí. Solo deseo un mundo donde los niños no sufran. Donde no deban morir ni llorar ni temer al amanecer. Eso es todo.
Rin parpadeó. Tn también.
—Eso es… —empezó Rin, algo desconcertada—. Noble. Supongo.
Noble para un heroe griego de su calibre.
—Difícilmente práctico —añadió Tn, sin ironía, solo con honestidad salvar a todos si claro, como si eso fuera tan facil, personas mas fuertes lo intentaron. Los mesias y profetas fueron buenos ejemplos.
Atalanta no se molestó. Su mirada volvió a la ventana.
—Lo sé. Pero ese es mi deseo. Siempre ha sido así. Desde que fui abandonada… desde que los vi morir. La inocencia es lo único que vale la pena proteger en este mundo de fieras.
Un silencio denso cayó sobre la sala.
Tn se inclinó un poco hacia adelante, frotándose la nuca.
—Bueno… quizás no seas tan peligrosa como pensé.
—O quizás lo soy exactamente por eso —murmuró ella, sin volverse.
Rin frunció los labios, aunque su tono fue más amable.
—Una cazadora salvaje al servicio de Artemisa. Una guerrera de corazón noble con una misión casi imposible… suenas más como una heroína trágica que algo que esperabamos
—Aun las tragedias pueden cazar. Y matar. Si es por una buena causa.
Y ahí estaba. El filo oculto detrás de los ojos serenos.
Tn lo notó.
Y Rin… también.
Pero por ahora, no dijeron nada más.
La noche caía con lentitud, y en la sala donde la luz de una lámpara cálida iluminaba los rostros de tres almas unidas por el azar, la Guerra del Santo Grial había comenzado en silencio.
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