Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Waifu yandere(Collection) - Capítulo 86

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Waifu yandere(Collection)
  4. Capítulo 86 - 86 lapiz lasuli parte 2 Steven universe
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

86: lapiz lasuli parte 2 (Steven universe) 86: lapiz lasuli parte 2 (Steven universe) Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.

Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

 _______// El sonido grave de propulsores en descenso rompió el silencio del amanecer.

A lo lejos, las aves nativas levantaron vuelo, y hasta los capibaras —habitualmente impasibles— se encogieron levemente ante la vibración que sacudía el suelo.

Desde el punto más alto de la colina, Tn y Lapis observaban la nave aproximarse, su forma majestuosa y tallada con precisión impecable.

Como un diamante de verdad, flotando y bajando del cielo.

Tn había sido el primero en despertar, con Lapis aún dormida sobre su torso.

Había abierto los ojos y jadeado suavemente al ver a los capibaras acurrucados a su alrededor.

Uno incluso roncaba.

Con un movimiento algo torpe, intentó incorporarse… y terminó haciendo que Lapis rodara hacia el suelo con un ¡uf!

suave.

—“¡Agh…

¿Tn?” —protestó ella mientras se incorporaba, sacudiendo la tierra de su vestido y mirándolo entre molesta y aún medio dormida.

—“Lo siento.

…..Ya viene.” —dijo él, señalando el cielo con una mano mientras se acomodaba la ropa.

Lapis siguió su mirada.

Su expresión cambió de inmediato al ver la silueta descendente de la nave.

Era enorme.

Brillante.

Hermosa.

Peligrosamente elegante.

Ambos ajustaron su postura de inmediato, adoptando la posición de saludo correspondiente.

Manos al pecho, espalda recta, mirada baja pero atenta.

La tierra vibró al aterrizar la nave.

Un silencio reverente llenó el aire, roto únicamente por el sonido de una compuerta deslizándose hacia un lado.

Y entonces apareció ella.

Alta.

Delicada.

Brillante como una flor nacida de cristal puro.

Diamante Rosa.

Su silueta era menos imponente que la de Azul o Amarillo, pero más viva.

Sus movimientos eran suaves pero impulsivos, como si una parte de su alma quisiera danzar mientras la otra se esforzaba por parecer majestuosa.

A su lado, su Perla descendía con movimientos pulidos y mecánicos.

Su gema en la frente proyectaba una tenue luz, siempre procesando, siempre anotando.

Tn y Lapis se inclinaron al unísono.

—“Mi diamante.” —dijeron al unísono, con la entonación perfecta.

Pero Rosa… no los miraba.

Sus ojos estaban clavados en el paisaje.

Y luego, en el suelo.

Más específicamente, en el grupo de capibaras que se había rehusado a irse y miraban a la recién llegada como si no entendieran qué era exactamente.

—“¡Oh… oh, oh, mira, Perla!” —exclamó Rosa con emoción contenida—.

“¿Qué son esas cosas?

¡Parecen almohadas vivas!” Se agachó con sorprendente rapidez —algo que ningún otro diamante haría— y tomó entre sus brazos a uno de los capibaras, que solo la olfateó y luego se quedó completamente quieto, cómodo como si la estuviera reconociendo como una roca cálida bajo el sol.

—“Son…

adorables.” —“Categoría: roedor terrestre, comportamiento gregario, herbívoro pasivo, sin capacidades ofensivas ni defensivas.” —dijo Perla, proyectando una pantalla holográfica desde su gema—.

“Nombre local: Capibara o coconutdoggy.” Rosa frotó su mejilla contra el pelaje del animal.

—“¿Puede vivir en una habitación?” —“Es posible, aunque requeriría condiciones naturales específicas.” —“¡Entonces quiero una habitación con césped!” —rió Rosa—.

“Y una pequeña charca.

¡Y quiero otro!

¿Puedo tener dos?” Tn y Lapis seguían en silencio.

Sin moverse.

Solo observando de reojo con respeto —y creciente incertidumbre— mientras la diamante que ahora gobernaba su colonia jugaba con una criatura terrestre.

Lapis tragó saliva en seco.

—“Esto no es lo que esperaba.” Tn, sin apartar la vista del suelo, respondió con voz imperceptible:—“Pero podría ser mucho peor.” Mientras Diamante Rosa giraba alegremente con el capibara en brazos, señalando cada detalle del paisaje como si estuviera explorando un parque de diversiones, su Perla ya comenzaba a proyectar zonas de interés, modificaciones estructurales propuestas, e incluso posibles colores para embellecer el territorio.

Pero lo que no analizaban en ese momento… …eran las dos gemas que, en silencio, ya estaban marcadas por algo que ni siquiera la joven diamante.

Pero ninguno opoinaria sobre eso.

No eran tontos para opinar sobre un Diamante.

—“¡Eeeeh!” —gritó con júbilo Diamante Rosa mientras salía corriendo colina abajo, su capa ondeando como una nube de pétalos.

En sus brazos, el capibara aún seguía tranquilo, como si no notara que iba en manos de una entidad imperial que estaba violando cada protocolo de comportamiento de su clase.

Lapis y Tn, aún en posición de saludo, observaron por el rabillo del ojo cómo su nueva líder desaparecía detrás de unos arbustos, acompañada de un rastro de risas y hojas sacudidas.

Perla permaneció inmóvil durante un largo segundo, sin girarse, como si ya estuviera acostumbrada a este tipo de… escapes improvisados.

—“Ignoren eso.” —dijo con voz plana mientras proyectaba una nueva pantalla desde su gema—.

“Volveré por ella.

Ustedes dos… manténganse en sus funciones.

Una nave celda vendrá pronto para trasladarlos al satélite de este planeta.

Allí comenzará la construcción del Castillo Rosa.” Tn asintió, bajando finalmente la postura.

Lapis también.

—“¿Sabes cuánto tardará en llegar la nave celda?” —preguntó Tn, sin sonar ansioso, solo práctico.

—“Depende de cuánto tiempo tarde mi diamante en cansarse.” —respondió Perla secamente—.

“Puede que en unas horas… puede que mañana.” Dicho eso, Perla se giró sobre sus talones y comenzó a caminar con pasos medidos, su falda flotando detrás de ella mientras se adentraba en el follaje, siguiendo las señales vitales de su diamante con evidente resignación profesional.

El silencio volvió.

Y con él, un suspiro compartido.

Lapis se aflojó la tensión de los hombros y miró a Tn de reojo.

—“Podría haber sido peor.” —“Podría habernos encerrado en una burbuja por mirar mal a su Perla.” —añadió él con una sonrisa cansada.

Ambos rieron suavemente.

Era una risa cortada, pero sincera.

Mientras comenzaban a caminar de regreso a la zona de terraformación más cercana, Lapis alzó la vista al cielo.

La luna brillaba tímida en el día, apenas una línea blanca en el azul profundo.

Su próximo destino.

—“¿Crees que… podríamos quedarnos en el satélite?” —preguntó ella mientras moldeaba con una corriente de agua algunas rocas para la siguiente guardería.

Tn, a unos metros, ejecutaba cortes limpios en la tierra con un gesto de su mano.

Las secciones caían perfectamente, como rebanadas flotantes suspendidas por energía gravitatoria artificial.

—“Con un diamante, todo es posible.” —respondió—.

“Tal vez ni recuerde que mandó construir un castillo ahí.” —“No sería tan malo.” —añadió Lapis—.

“Tener un poco más de distancia del núcleo de Homeworld… seguir trabajando aquí, con el océano cerca.

El cielo.

La fauna.” —“Y tú.” —murmuró Tn sin pensar.

El agua que Lapis controlaba tembló levemente, salpicando por un instante como si algo dentro de ella se estremeciera.

—“…Y yo.” —repitió ella, en voz más baja.

Por un momento, la sensación fue como la de aquella noche: un mundo pequeño solo para ellos, oculto tras la capa de trabajo extenuante, donde podían ser simplemente dos gemas que habían aprendido a estar juntas.

Ambos se concentraron de nuevo en su labor.

Sabían que no podían confiar plenamente en esa calma.

Pero mientras el cielo no se tiñera de órdenes… Mientras la nave celda no aterrizara… Mientras Diamante Rosa jugaba con criaturas terrestres…Podían fingir que aún eran libres.

Y eso, para ellos, era suficiente… por ahora.

.

.

Pasaron horas.

El cielo ya comenzaba a teñirse de dorado cuando Diamante Rosa regresó.

Su capa estaba sucia de polvo y pasto, y sus brazos cargaban no uno, sino al menos tres animales distintos: un capibara, un perezoso de movimientos lentos colgado de su hombro y un pequeño lagarto de colores vivos aferrado a su muñeca.

Perla, que ya la esperaba con las manos cruzadas, mantuvo una expresión neutral.

—“Mi diamante, creo que deberíamos dejar a los animales en libertad… por ahora.

Podemos construirles un hábitat seguro en cuanto se establezca el palacio.

De lo contrario, podrían estresarse en ambientes artificiales.” —“¿Pero… y si se escapan?” —dijo Rosa, con una mirada suplicante y labios temblorosos.

—“Sería su hábitat natural.

Volveremos por ellos cuando este listo.” Un largo silencio.

Finalmente, Rosa suspiró y dejó que el capibara descendiera con una caricia lenta.

Los demás animales pronto le siguieron.

El perezoso ni siquiera se movió, simplemente se dejó colgar de una rama cercana.

—“Estaré triste…” —murmuró Rosa—.

“Pero quiero que estén felices.” Tn y Lapis, desde una distancia prudente, terminaron los últimos ajustes en la guardería que habían estado construyendo: cavidades circulares, terrazas de reposo cristalino, canales de agua suavemente entubados para humedecer el ambiente sin provocar erosión.

Y entonces lo vieron.

Una nave celda descendía con pulcritud.

No era intimidante ni enorme, sino funcional: diseñada para transporte de operarios de bajo a medio rango.

De ella descendieron varias cuarzos de uniforme perla claro.

Eran imponentes, pero no hostiles.

Portaban herramientas, planos y materiales para fortificación.

Una de ellas se acercó, revisó sus identificaciones, y les indicó con voz firme pero respetuosa—“Terraformadores Tn y Lazuli.

Por orden de la Perla de Diamante Rosa, serán trasladados al satélite para asistir en la construcción del Palacio Rosa.

Suban a bordo.” Tn y Lapis intercambiaron miradas breves… y asintieron.

🌒 El viaje a la Luna fue corto, pero demasiado callado.

Lapis observó el planeta Tierra hacerse más pequeño desde la ventana de energía líquida, sus ojos perdiéndose en el azul de los océanos.

Tn la miró un instante… y luego se sentó junto a ella.

—“¿Estás bien?” —preguntó él con voz suave.

Lapis dudó un momento antes de asentir.

—“Solo… nunca me había sentido tan vinculada a un lugar.

Ni siquiera Homeworld me causó esta sensación.” —“A mí tampoco.” —respondió él—.

“Quizá… porque allá nacimos.

Pero aquí… vivimos.” El brillo en su ojo izquierdo se apago ante el pensamiento, Lapis volteó a verlo con una sonrisa pequeña, cansada.

—“Siempre dices cosas raras.

Pero… a veces tienen sentido.” Tn no respondió.

Solo le dio un leve codazo en el hombro, amistoso, y Lapis soltó una risa seca.

🌕 Cuando descendieron en la Luna, la visión era distinta: todo era blanco.

Polvo, rocas, cráteres.

Pero al fondo, se erguía una estructura cristalina en desarrollo.

El futuro Palacio Rosa.

Varias bismutos trabajaban sin descanso, modelando el suelo, levantando torres, proyectando refuerzos con tecnología de compresión.

Cada una tenía un martillo formado de su cuerpo y una armadura de trabajo.

El sitio era vibrante, a pesar de estar en un satélite muerto.

Tn recibió sus instrucciones de inmediato: aplanar el terreno para la expansión principal.

Usó sus cortes invisibles con precisión, haciendo que bloques de piedra lunar cayeran en líneas perfectas.

A unos metros, Lapis invocó corrientes de agua concentrada desde un contenedor, moldeándolas como pinceles para pulir los caminos recién cortados, suavizando las imperfecciones y dejando reflejos como de espejo líquido.

El trabajo fue constante… .

Cada tanto, Tn alzaba la mirada hacia ella, y ella hacia él.

Sin palabras, se comunicaban.

Tn pasaba la mano por su frente, removiendo polvo, y Lapis le lanzaba una gota de agua juguetona que le caía justo sobre la nariz.

En un descanso, ambos se sentaron sobre un bloque de corte recién terminado.

Tn sacó una pequeña piedra con brillo natural y se la mostró.

—“¿Crees que esto sería bonito en una pared?” —preguntó.

—“Tal vez… si sabes dónde ponerlo.

Aunque me gustaba mas esa piedra verde en la Tierra.” —dijo ella, tomando la piedra y girándola entre sus dedos.

—“Mmmm, ¿Jade?” —“¿Brillante…era agrdable incluso en ese desierto?” —sonrió con su cabello meciendose—.

“No lo crees.” Ambos rieron.

No hubo más que decir.

Pero en ese fragmento de Luna, bajo la luz reflejada de la Tierra, Tn y Lapis estaban exactamente donde querían estar: juntos, lejos, y sin nadie que supiera lo que realmente los unía.

Sentados sobre una losa de obsidiana lunar recién cortada, el trabajo parecía haberse detenido, aunque solo por un momento.

Las herramientas habían sido silenciadas, las bismutos estaban más lejos supervisando los refuerzos estructurales del ala sur del futuro palacio.

El polvo flotaba suavemente en el aire seco, atrapado en la casi inexistente gravedad.

Y allí estaban ellos.

Lapis Lazuli y Obsidiana Tn.

La Tierra brillaba detrás de ellos, suspendida como una joya azul en el cielo negro.

Inmensa, silenciosa, y viva.

El cabello de Lapis se elevaba levemente, flotando como una corriente líquida.

Sus piernas rozaban las de Tn sin querer.

O quizás… queriendo un poco.

El silencio era cómodo.

Inmenso.

Casi demasiado.

Entonces, sin pensar, sin planearlo… ocurrió.

Los rostros se inclinaron apenas.

Los ojos entrecerrados.

Una respiración compartida.

Un beso.

Pequeño.

Rápido.

Tan fugaz como un suspiro de meteorito cruzando la atmósfera.

Apenas un roce.

Casi una pregunta.

En algún lugar, muy lejos de allí, una estrella caía.

Y por un instante, la Luna se volvió un lugar tibio.

Lapis se quedó congelada, con los labios separados en un hilo invisible.

Sus párpados temblaban levemente.

Tn la observó.

No dijo nada.

No se movió.

Solo respiró.

Y fue entonces cuando ella apartó la mirada.

Rápido.

Torpe.

Como si acabara de hacer algo prohibido y delicioso.

—“Yo… deberíamos…” —empezó a decir, su voz baja—, “hay que… seguir trabajando.

Nos falta aún… la zona este.” Se levantó de golpe, sacudiéndose el vestido como si pudiera arrancarse el momento de encima.

Pero no lo hizo con vergüenza.

Sino con un temblor de felicidad.

Inestable.

Rara.

¿Era esto alegría?

¿O confusión?

Tn no respondió enseguida.

Cerró los ojos, sonriendo con calma.

—“Sí.

Ya falta poco.” —murmuró—.

“Y luego… podremos descansar.” Ella lo miró de reojo, con una sonrisa apenas dibujada, como si quisiera decir algo más… pero no supiera cómo.

Volvieron a sus tareas.

Ella invocó agua de nuevo, moldeándola con más precisión que nunca.

Él levantó una mano y trazó un nuevo corte perfecto sobre la roca.

El beso ya había pasado.

Pero había quedado ahí.

En la memoria.

En el reflejo de la Tierra sobre una gema.

En el modo en que las manos de ambos ya no temían rozarse mientras trabajaban.

Y mientras las sombras del castillo crecían detrás de ellos… .

.

.

.

Pasaron años.

Para las gemas, eso no significaba vejez ni desgaste.

Pero sí… desgaste emocional.

Cansancio mental.

Rutina.

La colonia crecía lentamente, moldeada bajo los impulsos caprichosos de Diamante Rosa.

Las órdenes cambiaban según su humor: hoy una torre, mañana un salón con ventanas ovaladas “porque los círculos le hacían sentir atrapada”, pasado mañana una habitación solo para guardar musgo decorativo que le había fascinado en un planeta menor.

Ordenes,caprichos, y mas cosas que uno esperaria de un infante.

Tn y Lapis, obedientes, cumplían.

Pero también aprendieron a evadir.

En las noches sin órdenes, se escabullían por corredores incompletos o zonas no cartografiadas de la Luna.

Se sentaban en secciones donde los cristales aún no brillaban, lejos del radar de Perla.

Hablaban.

Se reían.

Miraban la Tierra flotando en el cielo negro, imaginando qué criaturas nuevas habrían nacido desde la última vez que la pisaron.

Y de vez en cuando, Tn tomaba la mano de Lapis.

No como una gema.

Sino como algo distinto.

Algo que no sabían nombrar.

Imitaban el comportamiento que notaron en algunas especies nativas de la Tierra.

🌑 Los problemas comenzaron como rumores.

Una gema del sistema había desaparecido.

Una guardería en el hemisferio sur de la Tierra había sido invadida.

Una extraña Cuarzo rosa —demasiado alta para ser una simple soldado— lideraba una revuelta contra las órdenes diamante.

Al principio, Diamante Rosa lo trató como un juego.

Reía en su trono lunar, que había hecho diseñar solo para sí.

Decía que alguien así debía tener “demasiado tiempo libre”.

Pero cuando empezaron a atacarse guarderías importantes, y una esmeralda veterana regresó en forma de gema burbujeada, incluso Perla mostró tensión en su postura.

Tn y Lapis lo sabían.

La colonia estaba tambaleando.

—“No podemos hacer nada sin órdenes.” —murmuró Tn mientras ambos descansaban cerca del domo central, bajo la falsa atmósfera lunar.

—“Y si recibimos una que no queremos obedecer… ¿qué haremos?” —preguntó Lapis, con la voz más temblorosa de lo habitual.

Tn no respondió de inmediato.

Solo giró su rostro y la miró.

Con suavidad.

Y dijo—“Si es contigo… obedeceré hasta el final.” .

.

.

Y entonces llegó la orden.

Diamante Rosa los llamó a ambos en privado.

En una sala circular, con cristales flotando a medio ensamblar, les habló con una voz distinta.

Menos juguetona.

Más… cansada.

—“Ustedes dos… necesito que vayan a la Tierra.” —dijo sin rodeos.

Tn frunció el ceño.

Lapis solo asintió lentamente.

—“¿A qué región?” —preguntó él.

—“Península cerca del mar del golfo mmm Yu-yu-yucatán.

Hay una zona tranquila, muy rica en agua dulce y selvas.

Quiero que… permanezcan ahí.

Hagan como si el conflicto no existiera.

Protéjanse.

Y… observen.” —“¿Observar qué?” —preguntó Lapis, directa.

Diamante Rosa sonrió.

No respondió.

Y su Perla, detrás, desvió la mirada.

Sus labios temblaron apenas.

Pero no habló.

La audiencia terminó ahí.

Días después, Tn y Lapis descendieron en una nave sencilla sobre un claro en plena selva tropical.

El aire era húmedo, caliente, y estaba cargado de sonidos de vida.

Desde las copas de los árboles hasta las cuevas ocultas entre la piedra caliza, todo vibraba con presencia.

Agua cenote.

Lianas.

Cantos nocturnos.

El cielo estrellado.

Instalaron su punto de observación en una caverna de cuarzo blanco natural, a pocos metros de una laguna de aguas profundas.

Allí vivían.

Silenciosos.

Juntos.

Vigilantes.

Afuera, el mundo temblaba.

Pero ellos… aún creían que podían esconderse bajo el follaje verde.

Aún creían que podían esperar.

.

.

.

.

La selva los rodeaba.Bien ambos disfrutaban de la naturaleza.

Verde denso.

Vivo.

Cada hoja susurraba secretos antiguos.

Cada noche traía cantos distintos.

Tn y Lapis, ocultos bajo las raíces de la Tierra, habitaban una cueva de cuarzo que brillaba con la luz de los luciérnagas que Lapis mantenía flotando como pequeñas estrellas.

Día tras día, ambos observaban el mundo exterior en silencio.

Y lo más fascinante no eran los animales.

Ni las aves.

Ni los jaguares.

Era… los humanos.

Una pequeña tribu nómada habitaba no muy lejos.

Sin tecnologías.

Sin cristales.

Solo piel, manos, fuego y canto.

Se reunían en círculo, contaban historias con danzas y luces.

Cazaban.

Cuidaban.

Reían.

Lloraban.

Existían.

Y una vez, bajo la lluvia, Tn y Lapis vieron algo que no comprendieron.

Una pareja humana se había refugiado bajo un árbol.

Se tocaron.

Se acercaron.

Se besaron.

Y luego, entre movimientos suaves, unirse.

No como una fusión.

No como una danza.

(Nt:El priemr nopor en la historia registrada por gemas XD) —“¿Qué están… haciendo?” —susurró Lapis, con los ojos muy abiertos.

Tn, aún más desconcertado, no supo qué decir.

—“¿Es eso una forma de fusión?” —preguntó él.

—“No… no hay luz.

No hay danza.” —“Pero… parece íntimo.

Más… físico.” Tal vez el defecto humano, eran seres organicos de carne no se fuscionan…………..o si.

Durante semanas, observaron más.

Y con el tiempo, lo comprendieron: de ahí nacían los mini humanos (niños).

No por corte ni por gema.

Sino por unión.

Carne con carne.

Amor.

Instinto.

Necesidad.

Y entonces surgió la pregunta inevitable, una noche en la que la lluvia golpeaba el techo de piedra y Lapis se recostaba junto a Tn, su cabeza sobre su hombro—“¿Crees que podríamos… intentar?” —susurró ella.

Tn giró el rostro, sorprendido.—“No… tenemos cuerpos como ellos.” —“Lo sé.

Pero… ¿y si es otra forma de comprender lo que sentimos?” —“¿Lo que……

sentimos?” —“Sí…” —dijo Lapis,mientras su mano apartaba un mechon de su cabello— “…eso.” Y lo intentaron.

Con torpeza.

Con confusión.

Se tocaron.

Se abrazaron.

Se besaron más de lo habitual.

Se acercaron como humanos.

Se acostaron piel con piel.

Pero no sucedió nada como lo visto.No habia una vara entre las piernas de Tn ni un agujero entre las piernas de Lapiz.

No hubo nacimiento.

Ni unión física como en las tribus.

Solo calor.

Y el silencio.

Y al final, solo suspiros.

—“No somos como ellos.” —murmuró Tn, mirando el techo cristalino.

—“No.

Pero tampoco somos como las otras gemas.” —respondió Lapis, aferrándose a su brazo.

No entendieron lo que hicieron.

Pero sí lo que sintieron.

Y eso fue suficiente.

🌒 Pasaron más años.

El cielo comenzó a rugir.

Los vientos cambiaron.

Los ecos de la guerra, antes lejanos, empezaron a rozar incluso el corazón de la selva.

Un día, vieron algo distinto: Una gema rota, caída desde el cielo, como una estrella que ya no brillaba.

No estaba sola: dos crystal gems aparecieron y se la llevaron.

Lapis y Tn se miraron.

Su escondite… ya no estaba tan oculto.

Y el susurro de algo terrible empezó a escalar: la guerra había comenzado de verdad.

Y ya no podrían mantenerse al margen.

El calor húmedo de la selva parecía envolverlos como una manta sofocante.

Desde hacía días, las aves no cantaban.

El viento se había vuelto espeso, denso, como si presintiera el desastre que se acercaba.

—“Rose Cuarzo atacó la corte de alto rango…” —susurró Lapis, agazapada bajo las ramas con el rostro tenso.—“Dicen que una Perla la acompaña.

Una… que habla.

Que piensa por sí misma.” Imaginar una perla sin Ama era imposible, ellas solo pertenecian a gemas de elite.

Tn no respondió.

Tenía la mirada clavada en el cielo nublado, donde destellos rosas y blancos cruzaban la atmósfera, como relámpagos fracturando el firmamento.

—“¿Y ahora también un Zafiro y un Rubí?

¿Qué está pasando, Tn?” —insistió ella, dando un paso hacia él.

—“Está pasando… lo inevitable.” —dijo él, sin apartar la vista—.

“El sistema se está rompiendo.

Y nosotros estamos atrapados en medio.” —“¡Entonces volvamos con nuestra diamante!

Que nos saque de aquí, que nos lleve lejos.

No hemos hecho nada malo…” —su voz se quebró.

Tn apretó los dientes.

—“Para ellas… haber estado en este planeta ya es razón para encerrarte en una burbuja.” Inocentes o no, salir de la tierra y presentarse ante la corte de gemas , ya seria una sentencia horrible,serian puestos en investigacion y extraccion de informacion.

Tn podria recistir lo que le hicieran,pero…….no a lapiz.

No a ella.

—“¿Y unirnos a Rose?” —“No confío en nadie que haga estallar guarderías, Lapis.” Ambos callaron.La selva estaba demasiado callada.

Fue entonces cuando ocurrió.

Tres destellos.

Tres figuras descendiendo entre los árboles.

Gemas.

Una rebelde con gemas en ambas manos.

Otra con ojos como cuchillas.

Y la tercera, envuelta en energía rosa.

—“¡Ustedes!” —gritó una de ellas—.“¡Identifíquense!” —“¡No queremos problemas!” —respondió Lapis, dando un paso al frente con las palmas alzadas.

—“Solo estamos esperando órdenes de Diamante Rosa.

No somos soldados.

¡No somos enemigos!” Pero las palabras cayeron en el vacío.

Una esfera de luz azul zumbó en el aire y explotó cerca, derribando a Lapis contra el agua.

—“¡LAPIS!” —gritó Tn, corriendo hacia ella, el miedo subiéndole por la garganta.

Ella se retorcía entre el lodo y las raíces mojadas.

Herida.

Aturdida.

—“¡Basta!” —rugió Tn, alzando el brazo.

Un corte.

Invisible.

Silencioso.

Letal.

Una media luna negra recorrió el aire.

Las tres figuras apenas tuvieron tiempo de pestañear.

El golpe las atravesó como sombra líquida.

Los cuerpos estallaron en humo.

Solo quedaron las gemas, rodando por el suelo con un sonido seco.

Tn cayó de rodillas.

Sus manos temblaban.

—“No… no quería…” —murmuró, mirándose los dedos—.

“Solo… querían hacerte daño.” Lapis salió del agua jadeando.

Al verlo, se acercó con pasos inseguros, sus labios pálidos, la mirada entre el horror y el alivio.—“¿Qué hiciste…?” —susurró.

—“Te protegí.” —su voz era baja, rota—.

“No puedo permitir que te hagan daño.

Ni ellas… ni nadie.” —“Pero… eran gemas de Homeworld…” —Lapis se arrodilló a su lado, sus manos en sus mejillas—.

“¿Y si… solo querían hablar?” Tn la miró.

Con el alma en los ojos.

Odiaba que ella fuera tan inocente con respecto a enemigos.

—“No atacan a quien quieren escuchar.” El silencio los envolvió.

Las gemas caídas seguían brillando con un fulgor tenue sobre la tierra mojada.

—“Tn…” —murmuró Lapis— “…no quiero luchar.” —“Lo sé.” —“Pero tampoco quiero perderte.” —“Entonces…” —susurró él, acercando su frente a la de ella— “…vamos a seguir juntos.

Aunque el mundo se derrumbe.” Y en la distancia, el cielo rugió.

Eso se pondria peor.



Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo