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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 9

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  4. Capítulo 9 - 9 Jeanne alter parte 2 fgo
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9: Jeanne alter parte 2 (fgo) 9: Jeanne alter parte 2 (fgo) Chaldea había llegado a la singularidad de Francia, una era fracturada en ruinas donde el tiempo y la historia se mezclaban en un caos apocalíptico.

El equipo de Chaldea y su equipo, liderados por Ritsuka Fujimaru (aquel Maestro torpe y cobarde), habían sido enviados con una misión clara: destruir la singularidad y restaurar el flujo correcto de la historia.

Pero como siempre sucedía, la historia tenía otros planes, y el poder del guion había favorecido a los valientes (o desafortunados, según se viera) Ritsuka.

A pesar de sus limitaciones y la falta de un poder real, Ritsuka había logrado lo imposible.

Como siempre, con el apoyo de sus Servants, había sido capaz de reunir a un equipo de aliados que lo ayudarían a enfrentar las amenazas de la singularidad, y en este caso, la mayor amenaza era Jeanne Alter, quien había caído profundamente obsesionada de Tn, su “propiedad” en una posesión que rayaba en la obsesión.

Mientras tanto, Jeanne Alter se encontraba más allá de cualquier lógica, ahogando a Tn con su afecto peligroso y posesivo.

Cada día era una cárcel de adoración y control.

Tn vivía bajo su sombra constante, nunca sabiendo si podía hacer algo por sí mismo o si su vida era completamente dirigida por los caprichos de Jalter.

En su mundo, él ya no pertenecía a sí mismo.

Estaba atrapado en su amor retorcido, y mientras más intentaba resistirse, más fuerte se volvía su influencia.

Pero algo en los rumores que circulaban por las ruinas de Orleans captó su atención.

Había guerreros misteriosos, Servants, luchando con fuerza inhumana contra los wyverns que acechaban las ruinas.

Jeanne Alter escuchó a través de las conversaciones susurros sobre esos guerreros y la creciente presencia de un poder aún mayor en el aire.

Más importante aún, supo que estos seres representaban una amenaza directa hacia ella y Tn.

Ella temía que su amado pudiera ser arrebatado de sus manos, que pudiera separarse de su mundo, y que su control sobre él se desvaneciera.

El pavor se apoderó de su ser.

No importaba cuántas batallas hubiera librado en el pasado, ni cuántos enemigos hubiera destruido, el pensamiento de perder a Tn era insoportable.

¿Quién podría ser tan audaz como para intentar separarlos?

Sus ojos destellaron con furia mientras la sensación de una amenaza inminente comenzaba a devorarla por dentro.

Jeanne sabía que el único camino posible para evitar esa separación era apelar a un poder aún mayor: el Santo Grial.

El Santo Grial, la fuente de todos los deseos, era conocido por su capacidad para cumplir incluso los deseos más oscuros, pero también traía consigo el peligro de corromper a aquellos que lo pedían.

Para Jeanne, ese riesgo era irrelevante.

Solo había un deseo que importaba, y ella lo pediría sin importar el precio.

“Tn…

solo mío…

para siempre.” Con determinación, Jeanne Alter se embarcó en la búsqueda del Grial, dispuesta a hacer lo que fuera necesario para asegurarse de que ningún poder en la singulridad pudiera separarla de su amado Tn.

No importaba quién intentara desafiarla, ya fueran las bestias mágicas o los propios Servants que luchaban contra ella.

El grial la otorgaría lo que más deseaba.

En las ruinas del antiguo altar, rodeada de vestigios de antiguas batallas, Jeanne Alter se postró ante el Grial, invocando su poder con una mezcla de desesperación y devoción.

El Grial, al responder a su llamado, destiló una energía oscura y cegadora.

Las sombras de la historia se entrelazaron, y Jeanne susurró su deseo, su voz un eco resonante: — Dame poder.

Dame lo que mas quiero.

Haz que Tn sea solo mío.

La respuesta del Grial fue inmediata, una explosión de poder que recorrió todo su cuerpo.

Jeanne Alter sintió cómo la esencia de su santo grafico se ampliaba.

Su poder se elevó, sus ojos brillaban con la certeza de que nada ni nadie podría desafiarla.

Ahora, con este poder divino, el Santo Grial había cumplido su deseo, y Tn se convertiría en su propiedad para siempre.

Pero en el exterior, la amenaza de los nuevos héroes de la Singularidad, se hacía más evidente.

Ritsuka y su equipo, sabían que el tiempo para intervenir se estaba agotando.

La tensión en el aire era palpable, una calma inquietante había caído sobre el campamento de Chaldea mientras Ritsuka, Mash, Karna y Siegfried se preparaban para enfrentar la amenaza más peligrosa que habían encontrado hasta ahora.

Sabían que Jeanne Alter había alcanzado un poder desmesurado con la invocación del Santo Grial.

Sin embargo, lo que ninguno de ellos había anticipado era el uso del Grial para desatar un ser de una magnitud aterradora: Níðhöggr, el dragón oscuro de la mitología nórdica.

Cuando el Grial había respondido a los deseos de Jeanne Alter, su invocación no solo había fortalecido su propio poder, sino que había desatado una fuerza mucho más grande y peligrosa.

Un rugido resonó en los cielos, un sonido que helaba la sangre, y en un giro oscuro de la magia, una sombra colosal se alzó en el horizonte.

Níðhöggr, el dragon maligno, apareció ante ellos con ojos llameantes y escupiendo fuego.

Sus alas batieron con fuerza, creando vientos que parecían desgarrar bosques enteros.

Su presencia era tan abrumadora que el suelo temblaba bajo sus pies.

Ritsuka sintió su corazón latir con fuerza en su pecho.

La visión de un dragón de tal magnitud lo sobrecogió, y por un instante, se sintió pequeño e indefenso ante esa criatura apocalíptica.

Su miedo era casi palpable, y por un momento, se cuestionó si podrían realmente detener a una bestia tan formidable.

Pero sabía que no tenía opción.

La Singularidad debía ser destruida.

Con su mente trabajando a mil por hora, Ritsuka dio órdenes rápidas y precisas.

“Mash, Karna, Siegfried, ¡avancen!

¡Luchen contra el dragón!” Las palabras fueron rápidas, pero su tono estaba lleno de determinación.

Sabía que la batalla contra Níðhöggr sería titánica, pero confiaba en la fuerza de sus Servants.

A pesar de su miedo, Ritsuka no podía dejar que la ansiedad lo paralizara.

Si no luchaban ahora, el caos y la oscuridad consumirían todo.

Mash, con su escudo en mano, fue la primera en lanzarse al ataque, protegiendo a Ritsuka y a los demás con su inquebrantable defensa Lord Chaldea.

Karna, el héroe invencible, cargó con su lanza, listo para enfrentarse cara a cara con el dragón.

Siegfried, con su imponente espada, parecía no tener miedo a la muerte, avanzando con la nobleza de un caballero dispuesto a sacrificarse por una causa mayor.

Mientras tanto, Jeanne Alter observaba la batalla desde lo alto, su mente ardiendo con pensamientos y emociones incontrolables.

Su obsesión por Tn la estaba llevando a un límite que ella misma no había imaginado.

Mientras el campo de batalla se llenaba con los ecos de la lucha contra Níðhöggr, Jeanne sentía una ansiedad creciente dentro de sí misma.

Su atención no estaba completamente en el dragón ni en los enemigos de Chaldea; su mente estaba enfocada en Tn.

En las profundidades de la oscuridad, dentro de su refugio oculto, Tn temblaba, asfixiado por la desesperación.

Jeanne Alter había logrado mantenerlo cautivo bajo una amenaza constante.

La pequeña cueva que había construido para él estaba sellada con su propio fuego, una barrera impenetrable.

Ningún intento de escapar parecía posible, y cada vez que Tn intentaba moverse, las llamas de Jeanne Alter lo empujaban de nuevo al confinamiento.

Jeanne, desde su posición elevada, sabía que Tn estaba cerca.

Cada pensamiento que cruzaba su mente le decía que estaba más cerca de él, pero también sabía que había alguien que intentaría separarlos.

Ritsuka.

Mash.

Karna.

Siegfried.

Todos ellos.

Su obsesión por él solo crecía a medida que la batalla se desataba a su alrededor.

No permitiría que nadie, absolutamente nadie, se interpusiera entre ellos.

El fuego que rodeaba el refugio donde Tn estaba escondido se intensificó, y Jeanne, con un poder cada vez más incontrolable, comenzó a invocar llamas oscuras que desbordaban sus propios límites.

“Nadie lo tomará de mí,” murmuró, casi como un mantra, mientras se acercaba aún más al campo de batalla.

La niebla oscura que envolvía a Níðhöggr comenzó a tornarse aún más espesa, como si la misma presencia de Jeanne Alter estuviera fusionándose con el dragón.

Mientras tanto, el dragón y los Servants estaban atrapados en una batalla feroz.

Níðhöggr rugió, su aliento abrasador arrasó el suelo a su paso, y sus garras gigantes rasgaron el aire con una ferocidad que sólo podía ser comparada con el caos primordial.

Mash se mantenía firme, protegiendo a los demás, pero el poder del dragón parecía cada vez más abrumador.

Karna, lanzando su lanza de luz, logró herir al dragón en una de sus alas, pero el daño fue mínimo ante la fuerza titánica de la criatura.

Siegfried, con su espada, intentó cortar a través de las escamas del dragón, pero Níðhöggr parecía ser casi inmortal.

Cada ataque que lograban hacer solo le causaba un daño superficial.

La batalla se alargaba, pero en el interior de su mente, Jeanne Alter no podía dejar de pensar en una cosa.

Tn.

Él estaba allí, cercano, y todo lo que estaba sucediendo alrededor era solo un recordatorio de que su posesión sobre él se estaba desmoronando.

La incertidumbre, la posibilidad de perderlo, la amenaza de los guerreros de Chaldea… todo eso la estaba llevando al borde de la locura.

“No…

no puedo perderlo.

No dejaré que nadie se acerque a él.” La intensidad de su deseo y su desesperación la impulsaron a convocar más poder, y las llamas oscuras que la rodeaban comenzaron a arder con furia.

El aire se volvió espeso, la tierra tembló nuevamente, y Níðhöggr rugió en un eco que resonó por todo el campo.

La magia de Jeanne Alter comenzó a fusionarse con la de la bestia, y la oscuridad se extendió.

El rugido de Níðhöggr resonó como un trueno en el campo de batalla, mientras la criatura oscura se retorcía y se elevaba en el aire, llevando consigo una nube de destrucción.

Su poder, impulsado por el deseo de Jeanne Alter, estaba fuera de control, y nada ni nadie parecía poder detenerlo.

Los esfuerzos de Siegfried y Karna fueron heroicos, pero no pudieron evitar lo inevitable.

Karna, con su lanza divina, había logrado infligir un golpe significativo en el dragón, pero el precio fue alto.

El dragón, con un rugido ensordecedor, desató su Noble Fantasma más poderoso, una onda de destrucción que arrasó con todo a su paso.

Siegfried y Karna, quienes se habían lanzado con valentía hacia la criatura, fueron alcanzados por la explosión de magia primigenia, y la luz cegadora los tragó.

Fue una muerte instantánea para los dos guerreros, pero su sacrificio no fue en vano.

La explosión creó una brecha en la fuerza que mantenía a Níðhöggr y Jeanne Alter unidos, y esa rendija de oportunidad fue suficiente para que Ritsuka y Mash pudieran avanzar.

Ritsuka, con su corazón pesado por las pérdidas de sus compañeros, miró a Mash.

La determinación en sus ojos flaqueó, y aunque el miedo le atenazaba el pecho, sabía que no podían dar un paso atrás.

Níðhöggr había caído, pero ahora la batalla se desplazaba al lugar donde todo comenzó: la locura de Jeanne Alter y su obsesión por Tn.

Con una última mirada a la caída del dragón, Ritsuka y Mash se dirigieron rápidamente hacia el refugio oculto de Jeanne.

Jeanne Alter estaba allí, al borde de la locura, su cuerpo cubierto de heridas, pero su presencia seguía siendo una tormenta incontrolable.

En su rostro, una sonrisa macabra se formaba, similar a la expresión de un ser que no conocía límites, un reflejo de su propia oscuridad interna.

Su obsesión por Tn había alcanzado el punto de no retorno, y su poder estaba más allá de lo que Ritsuka y Mash podían comprender.

Al ver a Tn cerca, Jeanne Alter se lanzó hacia él, sus ojos brillando con una mezcla de desesperación y furia.

La sangre de Tn heló su cuerpo al instante cuando se encontró cara a cara con ella, sus ojos reflejando un desvarío que ya no podía contener.

Ella lo miró, y lo que vio en su rostro fue más perturbador que cualquier cosa que había experimentado antes.

La locura, el desespero y la necesidad se reflejaban en su mirada, como la mirada de un ser que había perdido su humanidad por completo.

Su sonrisa se alargó en una expresión que era una mezcla de angustia y satisfacción, como si hubiera alcanzado una meta que sólo ella podía entender.

— Tn… —susurró, su voz rota por el deseo incontrolable—.

¿Es que no soy suficiente para ti?

Tn, casi paralizado por la intensidad de su mirada, se alejó un paso, el terror anidando en su pecho.

No quería caer en esa trampa, no quería sucumbir a esa obsesión.

Pero Jeanne lo alcanzó con rapidez, tomando su ropa con una fuerza que no había mostrado antes.

Sus dedos se apretaron con tal intensidad que Tn sintió como si el aire fuera absorbido de sus pulmones.

— ¿No ves, Tn?

—la voz de Jeanne temblaba, como si luchara por controlar su locura—.

¿No ves lo que he hecho por ti?

He hecho todo por ti.

Todo por ti, porque te amo, te quiero para mí, siempre para mí.

No puedes irte.

No puedes dejarme.

Tn se tambaleó, sintiendo cómo su voluntad vacilaba bajo el peso de sus palabras.

Había algo irrefutable en la desesperación que emanaba de ella, un amor tan torcido que parecía consumirlo todo.

Pero a la vez, también había algo profundamente aterrador en la mirada que ella le otorgaba, una mirada llena de la misma clase de determinación y locura que podría ver en los ojos de alguien que no tenía nada que perder.

Ella estaba más allá de la redención.

Tn tragó saliva, su cuerpo tenso.

Trató de retroceder nuevamente, pero ella lo mantuvo firme, sus dedos apretando su ropa, como si pudiera desgarrarlo a través de su toque.

— ¿Es que acaso mi amor no es suficiente para ti?

—preguntó, su voz quebrándose mientras una lágrima caía por su mejilla.

Ella miró el rostro de Tn como si estuviera buscando algo en él, algo que no pudiese encontrar.

Sus ojos brillaban con una mezcla de ira y dolor.

Por un momento, Tn no supo qué hacer.

Sus pensamientos se desmoronaban.

¿Qué podría decirle a una mujer que había sacrificado tanto por él, pero que había perdido su humanidad en el proceso?

¿Cómo podría explicarle que su amor no era lo que ella pensaba que era?

— Nunca te he apartado de mi lado… —murmuró Jeanne Alter, su tono suave pero cargado con una angustia indescriptible.

Su rostro se acercó al de él, como si estuviera dispuesta a fundirse con él, a atraparlo por completo, a poseerlo en cuerpo y alma.

El llanto de Jeanne Alter era apenas audible, pero el dolor que se percibía en cada una de sus palabras atravesó el corazón de Tn.

Por un momento, todo lo que sintió fue una mezcla de lástima y terror.

¿Cómo podría escapar de esta pesadilla?

Y sin embargo, la respuesta estaba más cerca de lo que imaginaba.

Ritsuka y Mash llegaron finalmente a su lado.

Ritsuka observó la escena, su corazón latiendo.

Jeanne giró hacia él, su mirada furiosa, pero en sus ojos, había un destello de incertidumbre, un atisbo de duda que había estado oculto durante todo este tiempo.

La locura en su rostro se desvaneció solo por un momento, dejando ver una sombra de la mujer que alguna vez fue.

Pero ese destello de humanidad fue fugaz.

Ella cerró los ojos y, con un grito desgarrador, abrazó su poder una vez más.

La oscuridad que la rodeaba se espesó, su aura se expandió, y las llamas de su furia se avivaron.

Pero algo había cambiado.

Jeanne Alter había tocado la frontera entre la razón y la desesperación.

Ya no podía retroceder, pero también sabía, en lo más profundo de su ser, que el amor que sentía por Tn ya no podía salvarla.

Ritsuka se encontraba a un costado, la escena a su alrededor completamente distorsionada por la sirviente alter, el dolor y la desesperación.

Jeanne Alter, abrazando a Tn con una fuerza sobrehumana, irradiaba una energía oscura y corrosiva que parecía atravesar todo su ser.

La atmósfera se espesaba a medida que el poder de la Servant crecía, y a cada momento, el aire se volvía más denso y venenoso.

Tn, aún atrapado en el abrazo desesperado de Jeanne, luchaba por respirar, su cuerpo cada vez más debilitado por la energía negativa que lo rodeaba.

No sólo estaba siendo consumido por la fuerza de Jeanne Alter, sino que la misma energía del Grial, la fuente del poder oscuro que ella había invocado, lo estaba matando lentamente.

Ritsuka, con el corazón acelerado y las manos temblorosas, sacó el comunicador de su bolsillo.

El sonido de la estática lo golpeó por un momento antes de que la voz calmada pero preocupada de Romani se hiciera escuchar.

— Ritsuka, ¿me escuchas?

—dijo Romani, su tono grave.

— Sí, Doctor Romani, escucho.

Jeanne… Jeanne Alter está fuera de control.su poder… está destruyéndose.

Necesito saber qué hacer.

¿Cómo podemos detenerla?

—Ritsuka le explicó rápidamente la situación, sin poder disimular el pánico en su voz.

Romani, al otro lado de la comunicación, se quedó en silencio por un momento.

Ritsuka no sabía si la estática interfería o si el mismo Romani se estaba tomando tiempo para formular una respuesta.

Finalmente, Romani habló con seriedad.

— Lo peor es que el Grial… el Grial ha sido absorbido por Jeanne Alter.

La única forma de detenerla, de romper su vínculo con el poder del Grial, sería recuperar esa fuente de poder.

Pero… el problema es que mientras ella esté abrazandolo de esa manera, su energía lo está afectando gravemente.

La energía negativa que emana del Grial está enfermando a Tn rápidamente.

Es posible que no sobreviva mucho más tiempo a este contacto.

Ritsuka apretó los dientes, frustrado y preocupado.

¿Qué podía hacer?

No podían simplemente quitarle el Grial a Jeanne, no cuando ella estaba tan conectada a él.

— ¿Hay alguna otra manera?

¿Una forma de detener la singularidad?

— Romani suspiró y, al otro lado, el sonido de su respiración era una señal clara de que las opciones eran limitadas.

— Si pudieras hacer que Jeanne Alter se separara del grial, eso podría ser un primer paso.

Pero el problema es que su obsesión por él es tan profunda que… si sigues presionándola, podría tomar decisiones aún más drásticas.

Pero no me malinterpretes, no podemos quedarnos de brazos cruzados mientras la singularidad muere.

Ritsuka miró a Jeanne Alter, que todavía mantenía a Tn entre sus brazos, y su corazón se hundió al ver la expresión del joven.

Su rostro pálido y su respiración irregular eran indicativos de lo grave que era la situación.

Jeanne, por su parte, parecía casi indiferente a lo que ocurría, su atención completamente centrada en Tn, a quien apretaba con una desesperación insostenible.

Pero en ese instante, las palabras de Romani se vieron interrumpidas por un sonido fuerte en el comunicador.

Jeanne Alter, al percatarse de que alguien hablaba, levantó la cabeza y giró hacia el pequeño dispositivo, que brillaba en las manos de Ritsuka.

Sus ojos, llenos de un fuego salvaje, se centraron en él, y una furia indomable emergió.

— ¿QUIÉN SE ATREVE A HABLAR DE NOSOTROS?!

—gritó con una intensidad que hizo que el suelo temblara, y una ola de energía corrosiva se desató de su cuerpo, arremolinándose a su alrededor con la fuerza de una tormenta.

— Tn… es mi Tn.

No te acerques.

¡No te acerques a él!

—gritó, las palabras llenas de una rabia visceral.

En ese momento, la presión de la situación parecía alcanzarlo todo, pero Jeanne no lo escuchó.

En cambio, su rostro se distorsionó en una expresión de pura desesperación.

— ¡NO!

¡NO LO TOQUES!

¡ÉL ES MÍO!

—gritó, su voz grave y temblorosa.

La furia en sus ojos era absoluta, pero también lo era la angustia.

Fue entonces cuando Romani, que había estado observando la situación desde su monitor, tosió ruidosamente, como si estuviera tratando de encontrar palabras para lo que veía.

— Ritsuka, debes hacer algo rápido.

Si no separas a Jeanne de Tn, la energía negativa del Grial lo matará.

Pero también hay algo más que debes saber.

Si el Grial se destruye ahora, la Singularidad misma podría colapsar, y todo lo que hemos hecho hasta ahora podría desmoronarse.

Ritsuka sintió un nudo en el estómago.

La decisión no podía esperar.

Jeanne lo miró con furia, pero en sus ojos había algo más: miedo, miedo a perderlo todo.

Romani continuó, ahora con voz quebrada: — Jeanne… tú tienes que elegir.

Si sigues aferrándote al Grial, perderás a Tn, perderás el control, y perderás la Singularidad.

Si lo entregas, podrías salvarlo, pero a costa de tu propia vida, y posiblemente de tu relación con él.

Debes tomar una decisión.

Jeanne Alter se quedó en silencio por un momento, mirando a Tn, quien apenas podía mantenerse en pie.

Su respiración era agitada, y sus ojos se llenaron de lágrimas.

Un silencio pesado cayó sobre el campo de batalla.

— ¿Qué debo hacer?

—preguntó, su voz rota de desesperación Notas: 7w7 bien parte dos completada y fueron 4k palabras, si quieren parte tres ya se la saben y en la siguiente parte veremos que escoge jalter.

Y recuerden no son caps yanderes de una sola parte, consiste en darle más o menos historia y desarrollo.

No quiero el genérico lo secuestra,abusa,tiene hijos.

Se volvió aburrido y quiero alterar la formula.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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