Waifu yandere(Collection) - Capítulo 90
- Inicio
- Todas las novelas
- Waifu yandere(Collection)
- Capítulo 90 - 90 Ruby Rose part 6 rwby
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
90: Ruby Rose part 6 (rwby) 90: Ruby Rose part 6 (rwby) Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.
Agrego personajes no me pertenecen.
Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.
Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.
El cuarto donde Ruby estaba encerrada era húmedo, oscuro, y olía a polvo acumulado por años.
Las paredes estaban descascaradas, los ventanales sellados con tablones viejos.
La única luz entraba por una rendija en lo alto, apenas suficiente para saber que no estaba atrapada en un sueño.
Sus muñecas dolían por las ataduras.
Ya no intentaba zafarse, no porque no quisiera, sino porque estaba ahorrando fuerza.
Sabía que iba a necesitarla más adelante.
Apretó los labios, sentada contra la pared con las piernas recogidas, y dejó que su mente divagara.
—Tn… —susurró.
Recordó la primera vez que él se negó a tomar su mano.
Recordó cómo después aceptó su comida, cómo su bufanda se convirtió en un símbolo entre ambos, y cómo durmieron juntos, sin miedo.
Ruby sonrió débilmente.
—No vas a romperte —se dijo en voz baja—.
Tn no se rompió, ni cuando todos lo molestaban… tú tampoco.
Aunque las lágrimas amenazaban en sus ojos, no les dio paso.
Solo respiró hondo.
Quería ser fuerte por él.
Porque si él la estaba buscando… no podía dejar de creer en eso.
Mientras tanto, en otra parte de la academia, Tn caminaba solo.
El ambiente era opresivo, como si todo Beacon supiera lo que había pasado pero fingiera ignorarlo.
No podía ir con los profesores.
Glynda apenas toleraba su presencia.
Ozpin nunca bajaba de su torre.
Los demás lo evitaban o lo miraban como una bomba de tiempo.
Nadie lo ayudaría a encontrar a Ruby.
—Ella no se iría sin decir nada… —murmuró, con los colmillos rozando el borde de sus labios.
Su nariz se alzó, los sentidos abiertos.
El aire no mentía.
No olía a miedo reciente… pero sí había un vacío.
Como si alguien hubiera limpiado un lugar donde antes hubo algo puro.
Como si hubieran arrancado una flor del suelo.
Pasó junto a Jaune ese día, en uno de los pasillos.
—¿Tienes algún problema, lobo ciego?
—dijo Jaune con una mueca.
Tn se detuvo.
Sus orejas se movieron apenas, como captando un sonido lejano.
—¿Dónde está?
—preguntó, con voz baja.
Grave.
Jaune sonrió, pero sus ojos eran de desprecio.
—¿De quién hablas?
¿Tu mascota, tal vez?
Quizá se aburrió de estar con un animal como tú.
No hubo respuesta inmediata.
Solo una respiración.
—No tienes idea de lo que hiciste —murmuró Tn—.
Pero voy a encontrarla.
Y cuando lo haga… Jaune solo rio.
—Tú ni siquiera puedes ver.
¿Qué vas a hacer, olerla por toda la escuela?
Tn tuvo suficiente.
Ya no más burlas, ya no más silencios.
Ya no más permitir que esos dos jugaran con su única luz.
Sus colmillos brillaron entre sus labios, los músculos de su cuello tensos, y una energía invisible brotó de su cuerpo como una tormenta contenida por demasiado tiempo.
Sus orejas de lobo se alzaron al máximo, alerta, vibrantes.
Su semblanza se activó en un solo latido.
Cardin avanzó con una burla.
—¿Y qué harás, ciego?
¿Vas a llorar por tu caperucita?
Pero no alcanzó a reaccionar cuando Tn se abalanzó hacia él con una velocidad y precisión inesperadas.
Una patada directa al pecho lo mandó contra las taquillas, rompiéndolas con el impacto.
Jaune trató de escapar del choque, pero Tn giró su mano en el aire con un gesto mínimo.
Jaune gritó, llevándose las manos entre las piernas cuando una fuerza invisible lo apretó desde la entrepierna con brutalidad.
Cayó de rodillas, con lágrimas por el dolor.
Tecnica secreta: Torcion Testicular —¡Basta…!ahghghghgh ¡¿Qué te pasa?!
—gritó con voz temblorosa.
—¿Dónde está Ruby?
—dijo Tn con una voz que no parecía humana.
Su tono era bajo, seco, como una cuerda que se estaba tensando hasta romperse.
Cardin se levantó, tambaleante, alzando su espada.
Pero Tn estiró un brazo al aire y fragmentos del edificio, trozos de concreto, metal y vidrio rotos, se alzaron como si flotaran.
Con un gesto rápido, los lanzó hacia Cardin, haciéndolo rodar al suelo y cubriéndose mientras los escombros volaban a su alrededor.
El caos llamó la atención.
Varios alumnos empezaron a correr por el pasillo, gritando: —¡Alguien busque a un profesor!
¡Está pasando algo con el fauno!
Cardin gritó con furia.
—¡Eres solo un animal!
¡Te vamos a encerrar como tal!
Tn dio un paso hacia él, su silueta temblando por la energía que lo rodeaba.
Su semblanza colapsaba la gravedad a su alrededor.
—No volverán a repetirlo… —dijo Tn, la voz quebrada por el dolor y la rabia.
Jaune, aún entre quejidos, vio una oportunidad y se lanzó por la espalda.
Pero fue un error.
Tn giró apenas, y con un latido de su poder, Jaune fue arrojado violentamente contra una pila de escombros, golpeando con un sonido seco y quedando inmóvil por unos segundos, tosiendo.
El pasillo estaba lleno de energía distorsionada.
Las luces temblaban.
El ambiente era espeso, irrespirable.
Tn estaba perdiendo el control.
Y aún así, en medio de su furia, solo una cosa ocupaba su mente: Ruby.
¿Qué le habían hecho?
¿Dónde estaba?
¿Estaba asustada?
¿Llorando?
¿Herida?
Tn cayó de rodillas unos segundos, temblando de ira.
Apretó la bufanda en su mano con fuerza.
Su respiración era densa, cargada de dolor.
Y entonces, oyó pasos apresurados…
las autoridades llegaban.
Pero ya era tarde para detenerlo.
Tn respiraba agitado, pero era una respiración que no buscaba aire… sino control.
El dolor en su pecho no venía de golpes.
Era un vacío.
Un abismo.
Ruby estaba desaparecida.
Y ante él, los causantes trataban de huir como ratas.
Jaune se arrastraba por el suelo, buscando escapar por un pasillo lateral, pero Tn giró apenas la cabeza, sus orejas captaron el movimiento.
Su semblanza respondió con inmediatez.
Una fuerza invisible lo sujetó del tobillo y lo estrelló de cara contra el suelo.
—No.
Tú te quedas —gruñó.
Apenas consciente, Jaune gimió del impacto.
Su espada quedó lejos, fuera de alcance.
No tenía cómo defenderse.
Tn movio su mano, garras remplazaron la punta de sus dedos,sangre parecio salir de ellas, enterro la mano direto en la espada de Jaune el cual solo lloro.
-R-ruby……Kghgu-La semblanza se activo de nuevo usandola para que su mano lograra tocar la espina dorsal del pobre diablo arc, un sonoro crack fue lo unico en el pasillo, el cerebro de Jaune apenas y tuvo una milesima de segundo para registrar el dolor y otro segundo mas para que su cerebro diera indicio de dolor.
Tn retiro su mano ensangrentada, el liquido caia.Caia de su mano pero en la palma habia algo.
Un fragmento de hueso, el desgraciado no volveria a levantarse.
Ahora solo quedaba Cardin.
El grandulón tosía sangre, cubriéndose con el brazo, pero no fue suficiente.
Tn levantó su mano, y la energía lo rodeó como un halo.
Cardin fue alzado en el aire como si fuera un muñeco de trapo.
—¿Dónde está?
—preguntó Tn.
Su voz no era un rugido.
Era un susurro lleno de veneno.
Y eso lo hacía más aterrador.
Cardin escupió saliva al suelo, luchando contra la fuerza que lo retenía.
—¿Qué vas a hacer, ciego de mierda?
¿Morderme?
¿Llorar por tu novia perra?
¡Seguro ya está gritando por ayuda y tú aquí, jugando al héroe!
Entonces ocurrió.
Un estruendo de viento y energía.
Una vara descendiendo.
Tn fue golpeado por una fuerza brutal que lo arrojó contra la pared como si fuera un saco de huesos.
El aire salió de sus pulmones con un jadeo seco.
Desde el humo y la tensión mágica emergió Glynda Goodwitch, su silueta recta, imponente, su semblanza vibrando de poder.
—¡Detente ahora mismo, Tn!
—rugió, con la voz de alguien que no pedía… ordenaba.
Tn cayó de rodillas, tambaleante.
Sus orejas temblaban, su semblanza aún chispeaba alrededor suyo, como si se resistiera a apagarse.
Su cuerpo dolía, pero más dolía el hecho de que la única persona que podía detenerlo, no quería escuchar la verdad.
—Glynda… —murmuró entre dientes—.
Me obligaron.
Ellos hicieron algo… a Ruby.
—¿A Rose?
—preguntó ella, sin bajar la guardia.
—¡Sí!
¡La tomaron!
¡Ella nunca desaparecería sin decirme nada!
¡Y ellos sabían algo!
Glynda cerró los ojos un instante, pero no bajó la vara.
—Incluso si eso fuera cierto, Tn… atacaste estudiantes.
Causaste daños graves.
Te advertí… esto va más allá de un castigo.
Esto es motivo de expulsión inmediata.
Tn bajó los brazos.
Parecía rendirse por un segundo.
Pero no era resignación.
Era rabia.
—No.
Ustedes me fallaron primero.
La energía volvió a rodearlo, su semblanza fluyendo como un río desbordado.
—Me fallaron cuando dejaban que me golpearan.
Cuando me ignoraban.
Cuando no dijeron nada.
¡Y ahora Ruby…!
Glynda tensó la mandíbula.
La vara se cargó de poder.
—Tn.
Basta.
Pero Tn no iba a parar.
No hasta encontrarla.
El pasillo temblaba con la tensión de las auras en colisión.Tn, a pesar del sudor, el cansancio y la rabia latiendo en cada fibra de su cuerpo, no retrocedía.
Tal vez era ciego.
Tal vez no tenía entrenamiento formal como Glynda.
Tal vez.
Pero lo que sí tenía era una razón para luchar.
Ruby.
Glynda lanzó su vara hacia adelante.
Su semblanza la envolvió como un látigo invisible, y con un movimiento casi imperceptible, trató de contener el campo psíquico de Tn.
Sin embargo, su aura fue bloqueada de inmediato.
La telequinesis de ambos chocó con fuerza, el aire se comprimió entre ellos, vibrando con energía invisible.
Una onda de choque levantó polvo y astillas de piedra del suelo.
—Impresionante —murmuró Glynda—.
Nunca imaginé que fueras tan… obstinado.
—No me rendiré por ella —gruñó Tn, sus orejas echadas hacia atrás, los colmillos expuestos—.
Aunque me arrastre hasta sangrar.
Soltó su semblanza.
El campo se disipó un instante, y Tn se lanzó hacia adelante.
Glynda reaccionó rápido, alzando el brazo para desviar el primer golpe.
El puño de Tn chocó contra su guardia con un chasquido seco.
La profesora apenas retrocedió, firme como una roca, pero su rostro ya no mostraba dureza.
Era evaluación.
Precisión.
Ella levantó la pierna y lanzó una patada baja, rápida y certera, buscando su costado.
Tn, sin embargo, reaccionó como un animal salvaje.
Bajó su centro de gravedad y se dejó caer sobre sus cuatro extremidades, como un lobo acechante, esquivando por centímetros.
Su respiración era áspera, rítmica, brutal.
Su aura se agitaba en oleadas erráticas.
Saltó otra vez, esta vez más bajo, buscando su flanco.
Pero Glynda no era una cazadora inexperta.
Con la elegancia que la caracterizaba, sacó su fusta, una extensión de su semblanza, y la activó con un movimiento seco.
—Te advertí.
El primer latigazo cruzó el aire como un relámpago.
Tn lo esquivó con un giro lateral, sintiendo cómo el viento le rozaba la mejilla.
El segundo fue directo a su torso.
Esta vez, lo bloqueó con ambas manos, el impacto resonó, haciéndolo retroceder arrastrando los pies, pero no cayó.
Siguió atacando.
Glynda se movía con precisión, cada golpe de su vara era un cálculo, una respuesta a una amenaza que crecía.
Pero Tn no era solo fuerza bruta… era instinto.
Luchaba como una bestia acorralada, sí… pero también como alguien que ya no tenía nada que perder.
Cada movimiento, cada choque de poderes, era como una pequeña explosión de energía en el pasillo semidestruido.
Los alumnos que miraban desde lejos no sabían si estaban presenciando una pelea.
Profesora y alumno en medio del pasillo destruido.
Tn esquivó otro latigazo por centímetros.
El silbido del aire cortado le rozó la mejilla, pero no se detuvo.
No esta vez.
Su cuerpo se impulsó con fuerza, sus piernas trazando una línea directa hacia Glynda.
La profesora no lo esperaba tan de cerca tan pronto, su semblanza ya se preparaba para otro impacto, pero no anticipó lo siguiente: Tn se deslizó bajo su guardia, y con un movimiento fluido, envolvió sus piernas con sus propios brazos, trabándolas firmemente a la altura de la cintura.
—¿Qué estás haciendo?
—demandó Glynda, sorprendida por la técnica más que por el ataque.
Tn giró sobre su eje con brutalidad, arrastrando el cuerpo de Glynda con él, y en una torsión rápida, la hizo girar en el aire como si fuera una extensión de su peso, aprovechando el momento y el desequilibrio para llevarla directamente contra el suelo de piedra.
¡THUD!
Glynda impactó con fuerza, el suelo se agrietó levemente bajo ella.
Su aura tembló, vibrando al absorber el daño del impacto.
Una exhalación contenida escapó de sus labios.
Tn se alzó, sin respiro, y elevó su puño envuelto en energía para rematarla con un golpe descendente.
Pero antes de que pudiera conectar, la barrera invisible de Glynda explotó en luz.
¡CHZZZT!
El puño de Tn fue repelido por un campo de aura sólido como acero, saliendo disparado hacia atrás por la fuerza del rechazo, una ráfaga de chispas flotó en el aire.
Tn aterrizó de pie, con los dientes apretados y el pecho agitado.
Su respiración sonaba como la de una bestia al borde del descontrol.
Pero aún pensaba.
No se iba a quebrar.
—Huh… eso fue…
inesperado —murmuró Glynda mientras se reincorporaba, sacudiéndose el polvo de los hombros—.
Me tomaste con la guardia baja, lo admito.
Sus gafas seguían firmes, pero su cabello estaba algo suelto.
Sus ojos ahora brillaban con una mezcla peligrosa de determinación y respeto.
Ella elevó su vara una vez más.
Esta vez sin moderación.
—Pero no volverá a suceder.
Ambos sabían que el siguiente intercambio no tendría contención.
Y ninguno daría un paso atrás.
La energía sísmica de Glynda explotó desde su cuerpo en un estallido radial, la fuerza de su aura empujó el aire como una onda expansiva brutal.
Tn apretó los dientes.
No podía retroceder.
Concentró toda su semblanza en una barrera telequinética envolvente, resistiendo el impacto con pura voluntad, manteniéndose firme sobre sus pies.
Pero el precio fue alto.
Una punzada ardiente lo atravesó desde la base del cráneo.
Su mente ya sobrecargada gritaba, y de su ojo derecho, una delgada línea de sangre comenzó a deslizarse lentamente por su mejilla.
El dolor lo hizo caer de rodillas.
—¿Has tenido suficiente?
—preguntó Glynda, bajando la vara con una mezcla de dureza y preocupación contenida.
Pero Tn no respondió con palabras.
Con un rugido bajo, giró desde el suelo y lanzó una patada baja a sus tobillos, lo bastante fuerte para desestabilizarla.
Glynda cayó hacia un lado, sorprendida por el contraataque.
Y en ese instante, mientras ella intentaba reincorporarse, Tn alzó una mano.
Sus dedos temblaban, su aura chispeaba… y concentró su telequinesis en la prenda superior de Glynda.
Con un tirón violento, los broches se desgarraron y la prenda fue arrancada hacia atrás, cayendo al suelo como una lona rasgada.Los pechos de fuera tan palidos con los pezones rosa fueron expuestos, el calor subio por el rostro de Goodwith.Por pudor y por sorpresa y pérdida de postura, Glynda se cubrió un instante, interrumpida.
Justo lo que Tn necesitaba.
En ese segundo de confusión, impulsó su cuerpo hacia delante.
Saltó a través de la abertura de la pared que él mismo había creado antes, usando su aura como empuje.
Corrió por el pasillo lateral, sin mirar atrás.
Sus pasos eran pesados.
Su mente ardía.
Su visión, aunque nula, estaba llena de imágenes de Ruby, de su aroma, de su calor.
Nada más importaba.
Ni castigo.
Ni expulsión.
Ni consecuencias.
Solo encontrarla.
.
.
.
Tn corría.
Sus pasos eran erráticos, casi descoordinados, pero seguía avanzando.
La sangre, caliente y espesa, resbalaba por su mejilla desde el ojo sangrante.
El dolor se volvía difuso, opacado por el estruendo dentro de su cráneo: la imagen insistente, distorsionada, de Ruby.
Su aroma.
Su voz.
Su calidez.
Pero su olfato… fallaba.
La sangre en sus vías nasales, el esfuerzo brutal que acababa de ejercer contra Glynda y los gritos del entorno lo habían colapsado por dentro.
Respiraba por la boca.
La esencia de Ruby ya no estaba en el aire.
Y eso lo estaba enloqueciendo.
Los corredores de Beacon se volvieron un laberinto de obstáculos.
Estudiantes se interpusieron.
—¡Aléjate, Tn!
—¿Qué haces?
¡No puedes correr así!
—¡Atacaste a la profesora Goodwitch!
—¿Qué demonios te pasa?
Eran voces.
Muchas voces.
Un muro de incomprensión.
Nadie entendía.
Nadie lo escuchaba.
Y no tenía tiempo para explicaciones.
—Capucha… —susurró, sin voz, sin razón.
Su aura crepitó.
Una corriente de energía flotó a su alrededor, comenzando a temblar con violencia.
Y entonces, Tn alzó ambas manos.
Una onda de fuerza telequinética, más amplia que las anteriores, se desplegó por el pasillo.
No era un ataque fatal, pero sí lo suficientemente potente para derribar a los estudiantes cercanos, lanzarlos a los lados, apartarlos como si fueran ramas en el camino de una tormenta.
Las ventanas temblaron.
Los cristales vibraron.
Papeles volaron.
Un trozo del suelo se agrietó.
El pasillo quedó despejado.
Los murmullos se convirtieron en gritos.
Algunos corrieron en busca de profesores.
Otros simplemente huyeron.
Y Tn siguió corriendo.
Tembloroso, herido… Pero sin detenerse.
Tn giró la esquina a toda velocidad, tambaleante, respirando con dificultad… y entonces el puño lo encontró primero que la advertencia.
El golpe fue seco, directo al pecho.
El aire se le escapó por la boca mientras su cuerpo salía disparado hacia atrás, estrellándose contra los casilleros del pasillo.
Un estruendo metálico acompañó la caída.
—¿¡Estás loco o qué!?
—rugió Yang, su silueta recortada por la luz, los cabellos ardiendo en llamas doradas como antorchas vivientes.
Se tronaba los nudillos con un chasquido intimidante, su semblanza vibrando con furia acumulada.
—Escuché que alguien estaba destruyendo media escuela, atacando estudiantes, ¡que hasta golpeaste a una profesora!
Y vienes a ser tú… —gruñó, acercándose paso a paso—.
El chico lobo.
Ok era oficial su hermanita no saldria con este maliante.
Le tuvo fe pero luego de todo este fiasco Ruby no tendria novio hasta los 20.
Tn se incorporó como pudo.
La sangre del ojo aún corría, su respiración era errática, pero se irguió, aunque temblara.
—Yang… —murmuró.
Su voz era ronca, ahogada por la tensión.
—¿¡Qué demonios estás haciendo!?
—Yang lo interrumpió, sus ojos ya encendidos en rojo brillante.
Tn abrió la boca.
Dudó.
—…Ruby.
Yang se detuvo a solo unos pasos, los puños aún cerrados.
El fuego de su cabello chispeó.
—¿Qué?
—Ruby desapareció.
El silencio cayó como un telón pesado.
Por un momento, incluso los ecos de los pasillos cesaron.
Pero entonces otro golpe —más impulsivo que el anterior— lo lanzó contra la pared contraria.
—¡¿Y por qué no empezaste con eso?!
—gritó Yang.
El aura de Tn tembló, su espalda golpeando el muro.
Yang se acercó, su respiración pesada, los ojos brillando con furia.
—¿Dónde está?
¿Qué pasó?
¿¡Qué hiciste!?
—exigió, sin darle espacio para responder.
Porque Yang tenía el mismo problema que él: cuando la ira se apoderaba, no escuchaba.
Solo actuaba.
Tn se limpió la sangre de la boca.
Apretó los dientes.
Estaba cansado.
Dolido.
Y la única que parecía quererlo estaba desaparecida.
—¡Yo no le hice nada!
Alguien… se la llevó.
— Su voz salió con fuerza.
Casi un rugido.
Yang respiró profundo, luchando contra sus propios demonios, tratando de mantenerse en pie entre la duda, el enojo y el miedo.
Y aunque aún no lo admitía… una parte de ella empezaba a creerle.
Yang lo miró directamente a los ojos.
—Si es verdad que Ruby desapareció… —dijo con voz grave—, y si fue por tu culpa, Tn, te juro que no vas a salir caminando.
Las manos de Yang se cerraron con fuerza alrededor del cuello del fauno, no lo suficiente para asfixiarlo, pero sí para dejar en claro su furia.
Sus ojos eran brasas vivas, y su semblanza aún palpitaba en llamas suaves.
Pero luego de unos segundos, lo soltó bruscamente.
Tn no dijo nada.
Solo corrió.
Sus pasos lo guiaban más por instinto que por memoria.
La cabeza le dolía.
El ojo sangraba.
Pero el lazo invisible entre él y Ruby lo arrastraba con fuerza.
Yang fue tras él.
No confiaba completamente, pero… algo en ella latía como una alarma.
Algo no andaba bien.
No desde que Ruby no volvió a su cama la noche anterior.
Llegaron.
El pasillo estaba desierto.
Polvo.
Moho.
Un aula olvidada, con una puerta entreabierta, colgando apenas de sus bisagras.
Tn apenas tuvo fuerzas para abrirla.
Tropezó.
Cayó de rodillas.
Y entonces la vio o mas bien lo sintio.
Amordazada.
Atada.
Con los ojos llorosos.
Ruby.
El mundo pareció detenerse.
Tn se arrastró hasta ella, sus dedos temblorosos buscando los contornos de su cuerpo.
Ruby gimió, sus ojos abiertos, con lágrimas resbalando.
—Tn… —su voz era apenas un susurro ahogado por la mordaza.
Yang entró después.
Y al verla ahí, todo el enojo se esfumó.
—¡Ruby!
Rompió las cuerdas con brutalidad, sin siquiera molestarse en deshacer nudos.
Cortó con las manos desnudas, usando fuerza bruta, hasta que Ruby fue libre y la abrazó con fuerza.
—¡Hermana… hermana…!
—Ruby lloró, aferrándose a ella.
Tn se sentó contra la pared, respirando agitado.
El sonido en su cabeza era como un tambor.
Su visión, aunque nula, se tornaba más negra que nunca.
Todo vibraba.
Su semblanza colapsaba.
Su mente ardía.
Y entonces… el silencio.
Tn cayó.
Su cuerpo se desplomó como una marioneta sin hilos.
Ruby se soltó de Yang de inmediato y gateó hasta él, sosteniéndolo con ambas manos.
—¡Tn… Tn…!
¡Despierta!
Pero no respondía.
Más pasos se oyeron.
Profesores.
Autoridades.
Entraron como una tormenta, y al ver a Tn desmayado, lo tomaron sin muchas explicaciones.
Ruby gritó, quiso detenerlos, pero Yang la envolvió en sus brazos.
—Tranquila, tranquila… ya estás a salvo, Rubes.
—¡Pero Tn…!
¡Él… él vino por mí!
¡Él me encontró!
—Shh… tranquila.
Ruby temblaba.
Sus manos aún buscaban a Tn.
Pero él ya no estaba.
Se lo llevaron.
Y ahora… la cacería no era por un lobo suelto.
Era por lo que Beacon quería ocultar.
.
.
.
El sol apenas comenzaba a asomarse tras las torres de Beacon, pero el ambiente en la academia era todo menos tranquilo.
Profesores caminaban rápido por los pasillos, algunos con papeles en mano, otros murmurando entre dientes, intentando organizar lo imposible.
En la oficina principal, Ozpin estaba sentado detrás de su escritorio, la luz tenue de una lámpara reflejándose en sus lentes.
Un cigarro apagado colgaba en el cenicero lleno.
Frente a él, Glynda Goodwitch se mantenía de pie, firme como siempre, aunque la tensión en su mandíbula era evidente eso y el ojo morado como heridas poco visibles.
—Esto es grave, profesor.
—La voz de Glynda rompió el silencio, seca, directa.
Ozpin no respondió de inmediato.
En su mano derecha sostenía un sobre oscuro con un sello de cera rojo sangre.
En él, las iniciales H.P.
temblaban en su vista como si quemaran.
—Lo sé —murmuró finalmente, dejando el sobre sobre su escritorio con sumo cuidado—.
Más de lo que cualquiera aquí podría comprender.
Glynda dio un paso al frente, cruzando los brazos.
—El muchacho… ¿Tn?
¿Cómo está?
—Inconsciente —respondió ella—.
Aún tiene respuestas reflejas activas, su aura no ha bajado del todo.
Los médicos no saben cuánto podrá resistir en ese estado.
Ya estaba al límite cuando lo trajeron.
Ozpin cerró los ojos un segundo.
—Y los otros estudiantes… —Jaune Arc y Cardin Winchester… ambos están mal.
Aura destrozada, costillas rotas, conmociones internas.Arc presenta falta de genitales masculinos, y al aprecer un disco de la columna fue arrancado.
Los doctores no creen que vuelvan a poder empuñar un arma como antes.
Y si lo hacen… no será como cazadores.
Invalido y el otro no menos grave.
El director suspiró, llevando una mano a su frente.
—¿Y los daños?
Glynda asintió con gravedad.
—El ala sur está parcialmente clausurada.
Escombros, grietas en los muros, ventanas rotas… todo por el enfrentamiento.
Hay una docena de alumnos heridos, algunos con contusiones, otros con huesos fracturados por intentar detener a Tn.
—¿Y los videos?
—preguntó Ozpin, con tono más oscuro.
—Circulan entre estudiantes.
—Glynda bajó la mirada—.
Hay grabaciones de mí usando telequinesis para enfrentarlo.
En ninguna se muestra la razón real… solo un fauno ciego siendo atacado por una profesora.
Pesima publicidad que podria ocacionar un levantamineto contra la academia por racismo.
El silencio volvió a llenar la oficina.
Ozpin miró de nuevo el sobre negro.
Su garganta se secó.
—¿Y Ruby Rose?
—Está a salvo.
Yang no se le ha separado desde que la encontraron.
Están en un cuarto apartado… lejos de todo esto.
Ozpin se quitó los lentes.
—Hay algo que no entiendes, Glynda.
Este niño… Tn… no vino aquí por casualidad.
La profesora lo miró con confusión.
—¿Qué quiere decir?
Ozpin giró lentamente el sobre hacia ella.
Glynda reconoció el sello al instante.
—Howard… L.
—susurró.
Él lo envió.
Y ahora… si esto sale al ojo público… —¿Qué piensa hacer?
Ozpin tragó saliva.
—Preparar un comunicado.
Diremos que fue un altercado menor… una pelea entre estudiantes que escaló.
Nada más.
Glynda lo miró como si hubiera perdido el juicio.
—¿Y el secuestro?
¿La destrucción?
¿Las lesiones?
—Todo eso lo reduciremos a “circunstancias extraordinarias”.
—Ozpin se levantó y caminó hacia la ventana—.
Nadie… absolutamente nadie puede enterarse de que Beacon falló… al estudiante de Howard L.
Del otro lado del campus, en una sala privada, Ruby se aferraba con fuerza al brazo de su hermana mayor.
—¿Van a… van a expulsarlo?
—preguntó, la voz temblorosa.
Yang no respondió.
Solo la abrazó más fuerte.
Yang acariciaba suavemente el cabello de Ruby, sentada junto a ella en el sofá del salón privado.
La habitación estaba cerrada con llave, lejos de las miradas de los estudiantes y del bullicio que reinaba en Beacon desde los eventos recientes.
Ruby no había dicho una palabra desde que despertó en los brazos de Yang, pero ahora… necesitaba hacerlo.
—No van a expulsarlo… ¿verdad?
—susurró Ruby, con la voz ronca, los ojos aún húmedos.
Yang respiró hondo, escondiendo su propia frustración.
—No lo sé, Ruby… pero vamos a hacer todo lo posible para que no lo hagan.
Ruby asintió lentamente, pero no pudo contener el temblor en sus manos.
Yang la rodeó con sus brazos una vez más, dándole tiempo.
Luego, con delicadeza, preguntó: —¿Qué fue lo que pasó, exactamente?
¿Quién te hizo esto?
Ruby cerró los ojos, y al principio fue apenas un murmullo—Jaune… y Cardin.
Yang se quedó rígida.
Su mandíbula se apretó con fuerza, pero no interrumpió.
Ruby continuó, en voz baja, como si hablarlo hiciera que todo se volviera más real.
—Me estaban esperando.
Dicen que querían… castigar a Tn.
—Su voz se quebró un poco—.
Porque él los había humillado antes.
Querían quitarle… lo único que parecía importarle.
—Tú —murmuró Yang, con los ojos encendidos por una rabia que luchaba por contener.
Ruby asintió lentamente.
—Cardin me golpeó… me ató… y me dejaron en un salón abandonado.
Jaune se quedó… como vigía, creo.
—Respiró hondo, intentando no llorar otra vez—.
Estuve allí un tiempo, pero Tn… me encontró.
Yang bajó la mirada, apretando los puños.
Lo que quería era ir a la enfermería y romperle el rostro a Jaune, a Cardin, a todos.
Pero Ruby estaba primero.
Siempre lo había estado.
—Te juro, Rubes… si no lo castigan ellos, lo haré yo.
En ese momento, la puerta se abrió.
Ozpin entró con paso firme, sus gafas reflejaban la tenue luz de la sala.
Llevaba su bastón en la mano, no por necesidad, sino por costumbre.
Cerró la puerta detrás de él y respiró lentamente antes de hablar.
—Ruby… —dijo con voz grave—.
Necesito que me digas todo lo que ocurrió.
Sin omitir nada.
Ya hemos escuchado rumores, pero quiero los hechos.
Ruby lo miró, aún abrazada a su hermana, y asintió con lentitud.
—¿Esto va a afectar a Tn?
Ozpin no respondió de inmediato.
Luego, con una mirada cansada, dijo: —Eso dependerá de lo que me digas… y de cómo lo digas.
Ruby tragó saliva.
No era tonta.
Sabía que Beacon, como todas las academias grandes, tenía una imagen que proteger.
Sabía también que no todos los profesores eran como ella esperaba… y que Tn estaba en una posición peligrosa.
Pero también sabía que alguien debía decir la verdad.
Y lo haría.
Por él.
Por su lobo.
Votos.
yang xiao long parte 7.siguiente en llegar (y para el que diga cuanto la siguiente votacion pues facil…..queda artoria y nitocris y hay dire votaciones y podran elegir) .
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com