Waifu yandere(Collection) - Capítulo 97
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97: Blake belladonna rwby 97: Blake belladonna rwby Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.
Agrego personajes no me pertenecen.
Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.
Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.
 Recuerdan que en el capítulo contexto mencioné que esto tiene ayuda de ia pues adivinen  Uffff talkie jodida App como te amo y me ayuda con eso de tema de waifu aunque meh ciertos puntos.
Sigo buscando una versión aceptable de mi diosa kuku.
Deberían probarla es entretenida por un rato aunque color paint me gasta más tiempo.
Y la otra app de escribir se llama languagetool.org y sirve para corregir ciertos errores……..aunque esa porquería cobra premium si escribes demasiado Bueno ya con eso comencemos con el capitulo, menciono esto y aclaro porque recuerdo que alguien pregunto si la ia sirve para hacer historias y les diré que no.
No escribe polno(nopor) ni nada violento entonces fallo como creacion.
  Tn.
Estadísticas.
Servant Tn — Clase: Rider Nombre verdadero: Desconocido (registrado como “Tn”) Origen: Tercer Reich / Segunda Guerra Mundial (realidad alterna) Alineación: Lawful–Evil Clase: Rider Invocado por: Blake Belladonna Parámetros Estadística Rango Descripción Fuerza A Puede levantar e impactar como una máquina de guerra; letal en combate cuerpo a cuerpo.
Resistencia B Capaz de recibir daño pesado antes de caer; entrenado para sobrevivir campos de batalla.
Agilidad B Rápido para su tamaño y entrenamiento militar; puede flanquear o maniobrar con efectividad.
Maná C Requiere mucho suministro externo para mantener activo su Noble Fantasma.
Suerte C El destino no siempre lo favorece; depende más de estrategia y brutalidad.
Noble Fantasma A~EX Poder absoluto contenido en un tanque maldito; depende del suministro de maná.
Habilidades de Clase y Personales Montura (Clase): A Permite manejar cualquier tipo de vehículo con eficiencia sobrehumana, en especial tanques y maquinaria bélica.
Resistencia Mágica: C Puede resistir hechizos menores y maldiciones de bajo nivel, pero es vulnerable a magia de alto rango si no está en su tanque.
Fanatismo Bélico (Personal): A Tn combate con una devoción ideológica absoluta.
Aumenta su rendimiento si actúa en nombre de una “causa justa” (según su visión).
Puede resistir efectos mentales y ganar ventaja moral frente a Servants que representen libertad, desorden o decadencia.
Presión del Acero: B Su sola presencia infunde una sensación de avance implacable.
Reduce la agilidad y moral del enemigo en un radio corto, como si enfrentaran a un escuadrón blindado.
Disciplina del Frente Oriental: B Resiste efectos de miedo, tortura o manipulación mental.
Su entrenamiento y vivencias en campañas brutales le hicieron inmune al sufrimiento psicológico.
Noble Fantasma: “Panzerlied: Gottes Hammer” Rango: A (modo normal), EX (modo absoluto) Tipo: Anti-Ejército / Anti-Ciudad Descripción: Invoca el tanque Panzer modificado, un Tiger II restaurado y mejorado por la energía del Trono de los Héroes.
Posee múltiples modos de disparo: Disparo normal: Un proyectil con explosión anti-fortaleza; consume maná moderado.
Ráfaga encadenada: 6 disparos consecutivos a gran velocidad, útiles para exterminar tropas.
Disparo EX: Una bala de uranio encantado con runas invertidas, que al impactar crea un cráter antimágico.
Requiere una gran reserva de maná, generalmente un Master dispuesto a pagar el costo (o morir por ello).
Mercurius lo catalogaria como molesto si se le deja solo.
El tanque es semi-autónomo, controlado por un espíritu artillero invocado junto a Tn, su antiguo compañero.
Equipo Secundario Luger P08 clásica Precisa, rápida y con memoria mágica de guerra: nunca falla dos veces en el mismo blanco.
Alabarda de Honor Rúnica Símbolo de mando y arma cuerpo a cuerpo.
Puede cortar escudos mágicos si el enemigo representa caos o desorden (según su ideología).
Perfil Psicológico Tn no es solo un guerrero.
Es un producto de propaganda, guerra y dogma.
Ve a su Master como una figura idealista a la que debe seguir sin cuestionamiento.
Cree que los Faunos, al ser oprimidos, están destinados a liderar una nueva era, con Blake como símbolo de esa pureza.
No siente remordimientos.
No se cuestiona.
Solo obedece.
Su amor o afecto es expresado a través del servicio, el exterminio del enemigo y la protección absoluta de su Master(Reich).
La tierra temblaba.
Los corredores del búnker subterráneo eran laberintos de concreto agrietado y ceniza.
Tn, con el rostro manchado de sangre y el uniforme desgarrado por la metralla, corría apoyándose en las paredes, con una mano sobre la herida abierta en su cabeza.
El estruendo de los tanques enemigos sacudía cada metro del complejo.
Su respiración era áspera, pero sus ojos aún ardían con fanatismo.
—¡Mein Führer…!
¡Mein Führer!
—gritaba, la voz descompuesta por la urgencia, el dolor y la lealtad absoluta.
Las paredes temblaron.
Un proyectil blindado perforó uno de los costados del pasillo y el concreto explotó en llamas y humo.
Varios soldados alemanes cayeron, gritando, mientras otros eran aplastados por escombros.
Desde el agujero abierto, soldados aliados con insignias del Proyecto Manhattan entraron, disparando sin piedad.
Tn se detuvo.
Ya no tenía balas.
Su Luger estaba vacía y chamuscada por el calor.
Pero aún tenía su alabarda, el símbolo del caballero del Reich, una arma ceremonial modificada con titanio, grabada con runas robadas de manuscritos Nordicos antiguos.
Sin dudar, se abalanzó sobre el primer pelotón.
—¡Für das Vaterland!
—rugió.
La alabarda cortó carne y metal.
Un rifle fue partido en dos.
Una garganta desgarrada.
Rodillas destrozadas.
Un disparo pasó rozando su mejilla, pero él no se detuvo.
En su mente no había estrategia, solo instinto, obediencia, y fe ciega.
Uno tras otro, los enemigos caían, hasta que el suelo quedó regado de sangre, humo y cuerpos.
Sus pasos se tambalearon.
Su cuerpo cedía.
Fue entonces que lo vio.
A través de la siguiente compuerta —la última antes del núcleo de mando—, Hitler estaba allí, de pie, enfrentando a un hombre envuelto en radiación, traje pristino y rodeado por la energía nuclear, ojos como soles muertos.
Julius Robert O.
El unico usuario del ewigkeit de la fuerza aliada.
Detrás de ellos, la lanza de Longinus, robada del Vaticano, flotaba en el aire entre ellos, su punta temblando con poder santo y prohibido.
Tn dio un paso… …pero una explosión lo detuvo.
La pared colapsó sobre él.
El techo crujió como huesos rotos y las vigas cayeron.
Fue arrojado hacia atrás por el impacto.
Desde el suelo, semi enterrado bajo concreto y metal, alcanzó a mirar una última imagen: su Führer siendo lanzado por el aire, el puño ardiente del indigno extranjero estrellándose contra su pecho.
El sonido fue como el estallido de una estrella lejana.
—…ganará… él ganará… —susurró Tn, con la boca llena de sangre.Una viga habia atravesado su parte baja dle abdomen.Sus ojos se cerraron mientras la estructura cedía por completo.
Todo era fuego, ruido, y oscuridad.
El Reich caía.
Silencio.
… Tn abrió los ojos.
No había fuego.
No había gritos.
No había ruinas.
Solo una llanura blanca infinita, donde el tiempo no existía, ni el dolor, ni la derrota.
Estaba de pie.
Su cuerpo intacto, como en sus mejores años de campaña.
Su uniforme reluciente, su alabarda aún en mano, su pistola restaurada.
Su rostro no reflejaba duda.
Solo confusión.
Delante de él, figuras que no reconocía: guerreros de todos los tiempos, de todas las eras.
Algunos con espadas doradas, otros con extremedidades extras, otros con alas, o vestidos con trajes extraños.
Una voz sin rostro habló desde la niebla:—Tn.
Jinete del Reich.
Héroe del aguila de hierro.
Has sido inscrito en el Trono de los Héroes.
—¿Qué… es este lugar?
—preguntó Tn, con la mano firme sobre su arma.
—Aquí esperan los que dejaron huella… para ser llamados nuevamente por los vivos.
Tn apretó los dientes.
—¿Mi Führer está aquí?
—No.
Pero puedes ser invocado… si alguien te desea.
Si alguien necesita el acero, el orden, la guerra.
La niebla lo envolvió.
Y mientras su cuerpo desaparecía, Tn sintió una certeza profunda crecer en su pecho: Volvería a luchar.
Y esta vez, para una nueva causa.
Un nuevo amo.
Un nuevo Reich.
(Renmant mundo moderno) Menagerie dormía.
La isla tropical, hogar de los Faunos exiliados y olvidados, respiraba con la calma nocturna de su mar lejano, sus palmeras quietas, sus casas elevadas sobre pilotes de madera.
Pero no todos dormían en paz.
Una figura avanzaba por los caminos de tierra.
Blake Belladonna, joven, agotada, con las orejas gachas y el corazón al borde del colapso emocional, caminaba en silencio con los pasos arrastrados de alguien que ya no podía fingir.
Su mejilla tenía un moretón.
Su aura trataba de repararlo, pero no sanaba del todo.
No porque su energía fuera baja… sino porque su mente no lo permitía.
Era el tercer golpe en una semana.
Adam.
Ese nombre le provocaba un escalofrío.
Un nudo.
Un rechazo.
Una sombra donde antes hubo pasión.
—Lo siento… lo siento, pero tú no entiendes, Blake… el mundo no cambiará con palabras suaves… —eso le decía él, justo antes de perder el control.
Antes de empujarla contra una pared.Antes de gritarle con esos ojos llenos de fuego.
Ya no podía más.
Habían luchado juntos en el Colmillo Blanco por años, pero cada vez que Adam hablaba, sus palabras eran más oscuras, más crueles, menos dirigidas a la justicia y más al odio.
Había dejado de luchar por los Faunos.
Ahora luchaba por destruir a los humanos.
A todos.
Blake, en cambio… quería algo distinto.
Algo más difícil.
Algo que no se construía con cadáveres.
Por eso se fue.
No volvió a su casa.
No podía ver a su madre en ese estado.
No soportaría la mirada preocupada de su padre, tan fuerte y justo, ni la compasión de su hermano.
No quería compasión.
Solo silencio.
Caminó hasta un pequeño claro entre los riscos del este, donde la brisa era fría pero honesta, y el mar rugía abajo, recordándole que el mundo era más grande que su dolor.
Se sentó sobre una roca, con las piernas cruzadas, y sacó de su bolso algo que le permitía fingir normalidad.
Un libro.
“Amantes Ninjas II: Sombra sobre la Luna Carmesí” Version extra erotica +18 Edición limitada.
Rústica.
De esas novelas que queman las mejillas, pero también las preocupaciones……..o para hacerse la paja.
Blake tosió.
—No es por lo… candente.
La historia es interesante.
Y los personajes están bien escritos… —murmuró para sí, abriendo el libro por donde lo había dejado.
Página 143.
La historia seguía.
La kunoichi de la niebla estaba a punto de confesar su amor al espía ciego del Clan ojos de loto cuando algo… no encajó.
Blake frunció el ceño.
Entre el diálogo y las notas de autor, apareció un símbolo extraño.
No era parte del texto original.
Era como si alguien lo hubiera insertado manualmente: un conjunto de runas antiguas, garabateadas con tinta roja y espesa, como si estuvieran… vivas.
Bajo ellas, en una letra antigua pero legible: “Cuando el mundo te niegue su luz, y el alma ya no encuentre camino… Pronuncia mi nombre, y seré espada, escudo y lanza.
El hierro responderá a la sangre.” Blake sintió un escalofrío.
Pasó la página.
Ahí estaba.
Un ritual completo.
Instrucciones meticulosas: círculo, palabras antiguas, nombres que parecían tan prohibidos como seductores.
Era ridículo.
Era absurdo.
Era como si alguien hubiera escrito un hechizo para convocar a… ¿una invocacion?
¿Un guerrero?
¿Un demonio?
¿Y si funcionaba?
Blake miró sus manos.
Las cicatrices bajo su ropa.
La soledad que no podía admitir.
La rabia que no quería expresar.
Y sintió, por primera vez en semanas, curiosidad sincera.
—No tengo nada que perder, susurró.
Sacó su cuaderno.
Con cuidado, comenzó a copiar el ritual.
Cada símbolo.
Cada palabra.
La tinta se deslizaba con fluidez, como si el propio papel la deseara.
Como si algo al otro lado hubiera estado esperando ese gesto.
Cuando terminó, cerró el libro con fuerza.
No lo haría aún.
Pero sabía que lo haría.
Muy pronto.
.
.
El cielo sobre Menagerie estaba despejado, pero en ese claro, entre riscos, la atmósfera era otra.
La brisa marina cesó.
El aire, cálido hace unos momentos, se volvió pesado.
Casi denso.
Blake, de rodillas sobre la tierra, completaba el círculo de invocación con un palo afilado y tiza rojiza, trazando cuidadosamente los símbolos que había copiado del libro.
Algunos parecían garabatos sin sentido, otros tenían una forma que la perturbaban.
—Esto es ridículo… —susurró, pero no se detuvo.
Era como si algo más, una parte felina de su alma, la obligara a continuar.
Su instinto.
Su necesidad de entender.
De controlar algo.
Cualquier cosa.
Porque ya no podía controlar su vida.
Cuando el círculo estuvo terminado, se levantó lentamente, y sostuvo el papel con las palabras antiguas.
Su voz temblaba, pero su determinación era más fuerte que la duda.
—”Hierro y Plata como base.
Piedras y el Archiduque de Pactos como cimientos.
Mi maestro Schweinorg como ancestro.
Las puertas cardinales se cierran.
Comienza desde la corona y sigue el camino bifurcado que te lleva al reino.
Llena, llena, llena, llena, llena.
Repítelo cinco veces.
Pero cuando cada uno esté lleno, destrúyelo.
Preparado.
Te lo ordeno, ven a mí.
Tu espada controlará mi destino.
Siguiendo las normas del Santo Grial, responde si aceptas mi voluntad y razón.
Juro aquí que seré todo lo bueno del mundo eterno.
Que expondré todo el mal del mundo eterno.
Por los siete cielos que acogen tres poderosas palabras, ven a mi desde el círculo del balance.
¡Protector Del Equilibrio!
… Nada.
Blake parpadeó.
Sintió una punzada de decepción.
—¿Era obvio, no?
Como si un hechizo en un libro erótico fuera real… —suspiró.
Pero entonces… el viento cambió.
No sopló.
Rugió.
Las hojas se arremolinaron con violencia, la arena se levantó como un remolino, y el círculo dibujado comenzó a arder con una luz extraña, púrpura y dorada, como fuego alimentado por odio antiguo.
Un rugido lejano —metálico, monstruoso— se escuchó en algún punto, como si un motor estuviera cobrando vida en el corazón de la tierra.
—¿Q-qué…?
—Blake retrocedió, cubriéndose el rostro.
La luz fue cegadora.
Y entonces, del centro del círculo, emergió una figura.
Primero sus botas resonaron sobre la piedra.
Luego, el brillo metálico de una alabarda trazó un arco al ser clavada en el suelo.
Un instante después, la luz se disipó… y lo vio.
Un chico.
Casi de su edad, pero con una postura tan rígida y firme que parecía más estatua que humano.
Su uniforme era oscuro, de líneas rectas, con medallas, correas y hombreras que no reconocía, pero que desprendían autoridad.
Su pecho estaba decorado con símbolos olvidados.
En su cabeza llevaba una gorra de oficial.
Su rostro era sereno… pero vacío.
Y entonces… se inclinó ante ella.
El mundo pareció contener la respiración.
Blake retrocedió un paso.
Su cuerpo tembló.
¿Qué… había hecho?
El chico levantó su gorra con la mano derecha, revelando unos ojos, duros, entrenados para mirar la muerte sin parpadear.
Su voz era cortés, profunda, con un acento extranjero, antiguo… de guerra.
—¿Eres tú… mi Master?
—preguntó, con una leve reverencia más marcial que devota.
Blake no supo qué responder.
Sus labios se abrieron… pero no salió sonido.
Su corazón latía con fuerza.
No entendía el uniforme.
No entendía el idioma que ardía aún en el aire.
No entendía cómo, ni por qué… Pero sí sabía algo: Había traído algo real.
Algo… peligroso.
Y estaba ahora a su lado.
El aire aún chispeaba con la energía residual del ritual.
Blake retrocedió con rapidez, sus orejas erizadas.
El suelo bajo sus pies aún brillaba levemente con las brasas del círculo mágico, pero su atención estaba completamente fija en el extraño que acababa de aparecer.
Él no se movía.
Solo la miraba.
De pie, como una estatua armada.
El chico —o lo que fuera— inclinó ligeramente la cabeza al verla retroceder.
Y entonces, sin forzar el gesto, esbozó una sonrisa leve.
Casi elegante.
—No temas, gnädige Dame.
No pretendo hacerle daño.
—Cerró los ojos mientras mantenía aquella sonrisa ambigua.
Luego, con una cortesía militar que no parecía encajar con su edad, volvió a preguntar—: ¿Eres tú… mi Master?
Blake tragó saliva.
Dio un paso más atrás, levantando su brazo instintivamente.
Su semblanza aún no estaba activada, pero sus sentidos gritaban.
—¡Aléjate!
—le ordenó, firme, pero temblorosa.
Él no se movió.
Solo bajó un poco la mirada.
Fue entonces cuando la vio.
Los tres sellos de comando que brillaban tenuemente en la mano derecha de Blake.
Tn entrecerró los ojos.
Su semblante cambió levemente, tornándose más solemne.
—Es cierto… —murmuró—.
Eres mi Master.
Pero… no hay guerra.
No hay Grial.
No siento la presencia de otros Servants.
Sus ojos se perdieron por un momento, y su cuerpo permaneció inmóvil, como si una corriente invisible recorriera su mente.
Entonces, en un segundo, miles de fragmentos de información comenzaron a ensamblarse en su conciencia.
Tecnología, nombres de naciones, mapas, idioma, historia…La Guerra había terminado.
Su mundo había muerto.
Los ideales del Reich… enterrados.
Los enemigos, difusos.
Alemania dividida.
Hitler muerto.
Y él, una reliquia sin causa.
Su cuerpo titiló con una leve distorsión mágica, como si sus circuitos de existencia vacilaran por una fracción de segundo.
Se llevó una mano al pecho, en silencio.
A pesar del adoctrinamiento, era un soldado.
Sabía procesar el caos.
Tn permaneció en silencio, reflexionando.
No había arios.
No había judíos.
No había enemigos americanos.
Y sin enemigos… ¿cuál era su propósito?
El trono de los heroes proporciono la informacion necesaria.Pero el pensamiento fue interrumpido por el leve crujido de grava.
Blake había activado su semblanza.
De ella emergió un clon espectral, humo negro que tomo su misma forma, reflejo exacto de su cuerpo.
Ambas —la real y su copia— se lanzaron al unísono hacia él, sus movimientos afilados, sincronizados como un baile letal.
Blake no era tonta.
No confiaba en él.
Y ahora que sabía que ese extraño sabía más de lo que aparentaba, que su poder podía rivalizar con un cazador… debía neutralizarlo antes de que fuera demasiado tarde.
La Blake real apuntó a su garganta.
La sombra fue a por su brazo dominante.
Pero Tn no se inmutó.
No se tensó.
No adoptó una postura defensiva.
Simplemente reaccionó.
Sus reflejos, entrenados en años de combate real, se activaron por sí solos.
Su brazo izquierdo desvió el golpe de la sombra con un movimiento seco, rompiendo la ilusión en una nube oscura.
Su mano derecha atrapó la muñeca de la Blake real en pleno vuelo.
El impacto fue como chocar contra una muralla.
Blake sintió el aire escapar de sus pulmones cuando su ataque fue detenido sin esfuerzo.
Sus pies tocaron el suelo con un giro defensivo y dio varios saltos hacia atrás, jadeando, mientras Tn simplemente la observaba… sin haber desenvainado su alabarda.
—Reflejos… buenos.
Ataque directo sin vacilación.
Eres veloz.
—dijo en voz baja, como si evaluara a un subordinado—.
Pero también impaciente.
Blake respiraba con fuerza, ojos abiertos, aura crepitando a su alrededor.
—¿Qué… eres tú?
—Lo que tú pediste.
—dijo Tn, firme, sin arrogancia—.
Y por ahora… soy tuyo.
Su mano aún sostenía con suavidad su gorra.
La volvió a colocar sobre su cabeza con precisión ceremonial, sus ojos de soldado centrándose en ella con una intensidad extraña.
Una mezcla de espera, análisis… y sumisión forzada.
Blake sintió un escalofrío.
No por miedo.Sino porque algo en él la miraba como si ya la conociera.
Como si supiera que ella sería quien le daría un nuevo propósito.
Y eso era más aterrador que cualquier poder.
El viento volvió a soplar con suavidad, arrastrando las hojas sueltas y disipando los restos del círculo mágico, como si el mundo intentara fingir que nada había ocurrido.
Pero Blake lo sabía: algo había cambiado para siempre.
Ella mantenía la distancia, sus ojos dorados observando al extraño con recelo, sin bajar la guardia.
Aún sentía el leve cosquilleo de su semblanza latente, por si necesitaba defenderse otra vez.
—¿Acaso tú… usaste una semblanza?
—preguntó finalmente, sin rodeos.
El chico —Tn, aunque aún no se había presentado por nombre— negó suavemente con la cabeza.
Su respuesta fue seca, precisa: —No poseo una.
No soy un ser nacido de este mundo.
Fui… invocado por ti.
La forma en que lo dijo, con tanta claridad y convicción, hizo que Blake sintiera un pequeño nudo en el pecho.
No podía… no quería creerlo aún.
—¿Así que… ese ritual… funcionó?
—susurró, mirando su mano, los sellos de comando aún ardiendo tenuemente bajo la piel.
Como cicatrices recién marcadas.
Tn asintió.
—Me has traído a este mundo, Master.
Lo que desees… lo cumpliré.
Por tu palabra viviré.
Por tu orden marcharé.
Tú eres ahora mi Führer.
Y tal como los ejercitos dorados de la bestia marcharia de nuevo.
Esa última palabra, dicha con tanta reverencia, hizo que Blake frunciera el ceño.
Führer.
No entendía del todo su peso, pero sonaba… autoritaria.
Fanática.
Como un título de guerra.
Ella tragó saliva, sin saber qué responder a eso.
Durante unos segundos, ambos guardaron silencio.
Hasta que Blake, sin poder evitarlo, habló desde su dolor:—No quiero… que hagas nada por mí.
No así.
Solo… quiero ayudar.
A los míos.
A los Faunos.
No quiero más violencia sin sentido.
Quiero ser una cazadora para proteger, para cambiar las cosas.
El mundo ha tratado a mi pueblo como basura.
Como si no valiéramos nada… Su voz tembló, no por miedo, sino por una mezcla de impotencia y esperanza.
—Los Faunos merecen algo mejor.
Y si tú realmente estás aquí para seguir mis órdenes… entonces escucha mi sueño: quiero que los Faunos tengan un lugar digno.
Quiero que nadie tenga que pasar por lo que yo viví.
Lo que mi gente ha vivido.
Tn dejó de sonreír.
La expresión en su rostro se endureció como acero frío.
No por rechazo.
Sino porque algo, en lo profundo de su memoria, se encendió.
No eran los Faunos a quienes él recordaba.
No eran las calles de Menagerie.
Eran las ciudades de Silesia.
Las fronteras de Danzig.
Las familias alemanas aplastadas bajo tratados humillantes, condenadas por los pecados ajenos de imperios caídos.
Polonia.
Francia.
Inglaterra.
—Después de la Gran Guerra, —murmuró, mirando hacia el mar—, mi pueblo fue pisoteado.
Humillado.
Culpado por lo que otros hicieron.
No nos dejaron nada… solo ruinas y vergüenza.
Nos encerraron en fronteras, nos mataron con hambre y tratados.
Los nuestros… fueron tratados como animales.
Blake lo miró, sin saber qué decir.
Por primera vez, el soldado frente a ella parecía… herido.
Tn ajustó su gorra.
Sus ojos se afilaron.
—Pero luego… nos levantamos.
Y esta vez… —su voz se volvió más baja, como una promesa— no fallaremos.
Si esta es mi nueva causa… si los tuyos son ahora los míos… entonces me levantaré de nuevo.
No como antes.
No por el Reich solo… Sino por los Faunos.
El suelo pareció temblar levemente bajo sus botas.
—Los tuyos se alzarán.
Serán fuertes.
Serán respetados.
Y el humano común… aprenderá a inclinar la cabeza.
Blake contuvo el aliento.
No sabía si debía sentirse aliviada… o asustada.
Lo único que sabía… es que Tn hablaba con la fe ciega de un verdadero creyente.
Y ahora… esa fe estaba dirigida a ella.
Si Polonia ardio cuanod el Reich hizo llover oro sobre ella.
El mundo ardera cuando el temple del aguila de hierro haga llover su ira.
.
.
El claro quedó atrás, envuelto en silencio y brasas apagadas.La noche de Menagerie ya no parecía tan tranquila, ni tan cálida.
Blake caminaba por los senderos estrechos de tierra, con los brazos cruzados, perdida en pensamientos mientras a su lado, el soldado espectral la seguía en silencio, como una sombra que no tocaba el suelo.
Los ruidos de la selva, el crujido de las ramas, y el murmullo del mar se sentían lejanos, irreales.
Tn caminaba como si hubiera marchado mil veces por esa misma ruta, aunque nunca había estado ahí.
—Volvamos a casa —murmuró Blake, tras un largo silencio.
Su voz no era débil… solo cansada.
Él asintió con una reverencia militar, sin una palabra de más.
Pero mientras avanzaban, ella no pudo reprimir su inquietud.
Giró el rostro y lo miró de reojo.
—Necesito saber qué eres.
Exactamente.
—Como desees, Master —respondió él con voz firme, como si se tratara de un informe de batalla.
Se cuadró ligeramente, su mirada fija al frente: —Soy Tn, Servant de clase Jinete, categoría “Rider”.
Fui comandante de una división blindada en la Gran Guerra Global, unidad de élite del Tercer Reich.
Mis habilidades son las siguientes: • Montura A – Capacidad total para pilotar maquinaria terrestre, especialmente tanques.
• Fanatismo Bélico A – Incremento de habilidades al actuar en nombre de una causa ideológica.
• Disciplina del Frente Oriental B – Alta resistencia mental, física y emocional.
• Presión del Acero B – Intimidación pasiva sobre enemigos débiles de voluntad.
• Noble Fantasma: “Panzerlied: Gottes Hammer” — Tanque artillero personal, rango A~EX.
—También manejo combate cuerpo a cuerpo con arma de asta, y tengo experiencia en estrategia de asedio.
Blake apenas parpadeó.
¿Tanque?
¿Panzer?
¿Frente oriental?
Las palabras eran como fragmentos de una lengua antigua y peligrosa, pero las memorizó, una por una.
—¿Y necesitas… sustento?
¿Comida?
¿Dormir?
¿algo?
—preguntó con una mezcla de curiosidad práctica y preocupación.
Tn negó.
—Mi existencia depende del maná.
En este mundo, al no haber una Guerra por el Santo Grial, no hay un sistema activo que me sostenga de forma autónoma.
Sin embargo… tu aura me sirve como reemplazo.
No es maná como el que proveería un magus tradicional, pero su flujo es lo bastante estable para mantenerme funcional.
No perfecto, pero suficiente.
Robaria almas luego para mantener su sustento.
Blake bajó la mirada a su mano, los sellos de comando aún ardían, como si fueran cicatrices frescas.
—Entonces… estás literalmente ligado a mí.
—Correcto.
Hasta que tú lo desees.
—¿Y si no quiero que alguien te vea?
Tn, sin decir nada más, se desvaneció en una bruma transparente, dejando atrás un susurro metálico.
Su voz, sin cuerpo, emergió como un eco en su oído—Puedo adoptar forma astral.
No visible para los no iniciados.
Aún puedo hablar contigo, si así lo deseas.
Blake asintió lentamente, su expresión volviéndose más introspectiva.El camino ya casi llegaba a su casa.
Cuando llegaron, se movió como una sombra, hábil, acostumbrada al sigilo.
Entró sin encender luces, cruzó el recibidor y subió las escaleras como si flotara.
Aún no podía mirar a su madre a los ojos.
Aún no tenía fuerzas para explicarse.
No todavía.
Abrió la puerta de su habitación.
Cerró.
Pasaron unos segundos.
—Ya puedes aparecer —murmuró.
Y allí estaba.
Tn, sentado en el borde de su cama, una pierna cruzada sobre la otra, los guantes en el regazo, el uniforme perfectamente planchado, la gorra ladeada en una inclinación casi ceremonial.
Parecía… parte del mobiliario.
Como si siempre hubiera pertenecido a ese lugar.
Blake lo observó con atención.
Ya no había miedo.
No realmente.
Solo un extraño silencio interno… y una creciente conciencia de lo que eso implicaba.
Tenía a alguien dispuesto a todo.
A matar.
A morir.
A obedecer.
Una herramienta peligrosa.
Un arma perfecta.
Y era suya.
Blake cruzó los brazos.
No habló aún.
Solo lo miraba.
El soldado no rompió el silencio.
Solo la esperó, con la paciencia de un lobo entrenado.
La noche avanzaba.
Pero para Blake Belladonna… la guerra apenas comenzaba.
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