Warlock Way (idioma original español) - Capítulo 11
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11: Capítulo 11 Seleccionar 11: Capítulo 11 Seleccionar En las afueras del oscuro laberinto, tres figuras sentadas dentro de un carruaje rodeaban un orbe oscuro que parecía emitir un aura de misterio.
De su superficie emergían proyecciones en el aire, como destellos de luz que iluminaban el interior del carruaje.
En estas proyecciones, todos los niños que están en el laberinto se mostraban con claridad, como si fueran retratos vivientes.
Sin embargo, a medida que pasaba el tiempo, algunas de las imágenes de los niños comenzaban a desvanecerse.
El orbe oscuro mostraba el destino final de cada uno de ellos antes de que su imagen desapareciera.
“Veamos esta vez cuántos de ellos logran sobrevivir; la última vez solo lo lograron 23.
Aunque, bueno, no es que importe, ya que incluso muertos serán de utilidad.
Jajaja”, dijo Aldric, terminando con una risa siniestra.
Ante la vista de Aldric, observaba cómo algunos, ya sea por suerte o por evitar su muerte, caían justo en los agujeros negros que eran la salida rápida del laberinto.
El truco es que eran aleatorios, y no había muchos valientes dispuestos a adentrarse en ellos.
“Es fascinante cómo a veces la suerte actúa gracias a pequeños actos u errores.
A veces tienen el poder de llevarnos a la grandeza, otros a la perdición misma”, suspiró Aldric al no poder comprender esta ley tan abstracta que no tenía sentido o forma.
Simplemente aparece.
“Sí, son realmente afortunados de salir ilesos de aquel lugar, pero la suerte se termina tarde o temprano.
Solamente hace falta el momento justo”, dijo Adam con un clic y voz chirriante.
“Por mucho que me gustaría estar en desacuerdo contigo, Adam, tienes razón.
Solamente la intención y persistencia por el objetivo son lo que valen.
A ellos, tarde o temprano, les llegará su hora”, comentó Lanira mientras veía una imagen donde la pequeña Guinevere era absorbida por un pequeño agujero negro.
“Entonces, Adam, ¿ya elegiste a tus cinco candidatos para la apuesta?”, preguntó Lanira.
“Sí, fueron cuidadosamente elegidos.
Además, verifiqué que no hicieras trampa”, dijo Adam con clics y un tono que daba seguridad.
Señaló a los niños en las proyecciones.
“Mm, estás muy confiado, pero aquí eso no servirá”, dijo Lanira con un dejo de desdén.
“Este tonto cree que puede ganar.
Es una alegría que no sepa que se usa magia de adivinación antes de que cada niño entrara en el laberinto.
Lástima que esa magia es muy limitada, debido a sus muchas restricciones y consecuencias, pero eso redujo bastante la búsqueda.
Jajaja, esa recompensa va a ser mía”, pensó Lanira con un dejo de felicidad en su rostro, señalando a los niños entre los cuales estaba Blair.
“¿Ustedes qué están planeando hacer?”, preguntó desconcertado Aldric.
“Oh, simplemente estamos haciendo una apuesta, Lord Aldric.
Escogeremos a cinco niños; el que logre llegar más lejos en el laberinto con cualquiera de los niños elegidos, ganará la parte que le corresponde de las recompensas del otro en esta misión”, le dijo Lanira con una sonrisa encantadora.
“Por casualidad, ¿Lord Aldric desea participar en esta apuesta?
Obviamente, la parte que ganaremos en esta misión es más pequeña que la de usted, debido a su gran contribución en la batalla.
Pero al juntar la parte de Adam y la mía, sería casi igualar su tajada.
Obviamente, el juego, al haber empezado hace un rato, sería un poco injusto que seleccionara cinco, ya que tanto Adam como yo hemos perdido algún candidato.
Así que solamente elegirá uno.
¿Qué opina?”, dijo Lanira con una voz tentadora, mientras Adam se giraba a ver a Lanira inseguro, ya que esto no estaba en el acuerdo.
No estaba seguro de en qué confiaba ella para hacerle tal propuesta a Lord Aldric y hacer semejante restricción.
“¿Acaso esta estúpida está aburrida de vivir?”, se cuestionó Adam.
“Mm, pensándolo desde ese punto de vista, no vendrá mal tener toda la recompensa de esta misión.
En ese caso, escogeré al niño”, respondió Aldric con una voz serena, mientras que tanto Lanira como Adam sintieron un repentino pulso mágico surgiendo desde Aldric.
Ambos estaban inseguros de qué era eso, cuando una bruma negra surgió de su cuerpo y fue al laberinto.
Minutos después, la luz que surgía del orbe oscuro mostró la proyección de una figura: Eric, que estaba en el suelo de la caverna descansando y que, repentinamente, abrió los ojos como si algo lo inquietara.
“He hecho mi elección.
Espero con ansias su parte”, respondió Aldric con voz profunda.
Al escuchar esas palabras, tanto Lanira como Adam estaban confundidos y preocupados por lo que acababa de hacer el anciano con esa extraña magia que invocó una bruma negra.
Pero al voltear a verse entre ellos y ver la confusión en los ojos del otro, estaba claro que ninguno de ellos tenía una respuesta.
Así que solamente podían limitarse a ver cómo se desarrolla esto y ver si Lord Aldric tendría razón en su predicción.
A medida que fue pasando el tiempo, más y más proyecciones de luz fueron desapareciendo.
En la visión de los tres, los niños murieron de varias formas: ahogados por el líquido negro, envenenados al beberlo en grandes cantidades, asesinados por los Ouroti y, sorprendentemente, aplastados cuando el pasillo por el que transitaban se derrumbó sobre sus cabezas, hasta que solamente quedaron 57 proyecciones.
“Interesante.
No esperaba que tantos de ellos llegaran hasta ahí.
Incluso aún más, aquel niño, a pesar de su corta edad entre los participantes, es verdaderamente cauteloso e inteligente”, dijo Adam con clics continuos en su voz.
“Estoy de acuerdo.
Lord Aldric hizo una buena elección.
Esperemos a ver si logra salir”, dijo Lanira.
En cuanto al anciano, Aldric se limitó a mirar las proyecciones y sacó una piedra redonda azul de su túnica.
Esta piedra estaba llena de inscripciones y extraños conjuntos que se unen entre sí como un extraño rompecabezas.
Al ver la piedra que sacó el anciano, tanto Adam como Lanira se sorprendieron.
Aquella era una piedra de comunicación bidireccional, y no estaban seguros con quién se iba a comunicar Aldric.
“Comunícale a Meredith que esta vez va a haber un cambio en la selección.
Dile que sería una lástima perder tan buenos aprendices.
Si es necesario, sacrifiquen algunos lotes que vienen en camino para ocupar su lugar”, informó Aldric a través de la piedra con voz serena.
“Aunque esta no es la primera vez que ocurre un evento así, sabes que aquellos participantes que no salgan a través de la brecha o agujeros negros deben ser castigados ejemplarmente, ya que la Torre de la Noche Eterna fue lo suficientemente misericordiosa para perdonar sus patéticas vidas”, surgió una voz mecánica a través de la piedra azul.
“Entendido.
Me aseguraré de hacerlo”, respondió Aldric con un tono calmado y volvió a guardar la piedra en su túnica.
Al escuchar la conversación, Adam y Lanira temblaron un poco, ya que era un evento poco frecuente que se realizaba.
Ellos dos sabían de primera mano a lo que se referían esas palabras, porque a ambos los seleccionaron así.
Esto los dejó en un pesado silencio, pero se recuperaron rápidamente y se concentraron en las proyecciones.
En ellas, los tres vieron la figura de Eric, que estaba ideando un plan para cruzar el puente.
En las otras se veían algunos grupos de niños que se habían unido para intentar escapar.
En alguna de estas proyecciones, vieron cómo un pequeño grupo de niños llegó a un área un tanto oscura, que era una gran caverna con líquido negro goteando del techo y formando algunos charcos.
Además, esta sala estaba llena de muchas grandes bolas de carne, las cuales palpitaban y tenían un color verde enfermizo.
Los niños, tal vez por ignorancia o curiosidad, se adentraron en esta sala.
Al principio no pasó nada, pero cuando uno de ellos empujó una masa de carne que les estorbaba el camino, vieron que esta, al rodar por el suelo, comenzó a contraerse y expandirse varias veces, hasta que finalmente explotó.
El niño que estaba cerca de eso, cuando algunos de aquellos residuos tocaron su cuerpo, empezó a derretirse.
Antes de que aquellos niños pudieran hacer algo para ayudarlo, los distintos charcos en la cueva comenzaron a moverse.
De ellos salieron muchas criaturas pálidas, que empezaron a soltar horribles chillidos: “GGGGRRRRRR”, durante unos cuantos minutos.
Finalmente, estas se levantaron gruñendo enojadas y, con rabia, se dirigieron a atacar a aquellos niños que escapaban al ver lo que sucedía.
“¡Tontos!
Entraron en el nido de esas criaturas.
Y, peor aún, destruyeron uno de sus huevos.
Ahora entrarán en un frenesí y matarán todo lo que se mueva en ese lugar,” comentó Adam con desdén, ya que, debido a eso, solamente le quedaba un participante.
“Ustedes vayan a la brecha y esperen, dejen que los Ourotí maten a los niños a su placer, solo deben sobrevivir cinco.
Recuerden que deben ser castigados por darles la oportunidad de sobrevivir,” dijo Aldric con voz profunda.
“De acuerdo, Lord Aldric,” dijeron Adam y Lanira al unísono.
Luego, abandonaron el carruaje para adentrarse en el laberinto.
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