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Warlock Way (idioma original español) - Capítulo 14

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14: Capítulo 14 Mana 14: Capítulo 14 Mana En el interior de la cueva, en un área de pasto verde, yacía dormido un niño de pelo negro.

Cerca de él estaban el pequeño grupo de niños sobrevivientes algunos de ellos charlaban, comían o estaban sentados sosteniendo la piedra negra en silencio.

De repente, la cueva empezó a temblar.

Esto despertó a Eric, que llevaba un tiempo durmiendo.

Desconcertado por lo que pasaba, miró a su alrededor en busca de respuestas sobre el temblor.

Solamente para encontrar las miradas confundidas o asustadas de los niños.

Lamentablemente, Eric no tenía la capacidad de ver lo que sucedía en el interior del laberinto; de lo contrario, se habría quedado impactado por lo que ocurría allí dentro.

Todo el lugar se estaba remodelando: cada piedra y pasillo se movían y cambiaban como si aquel lugar tuviera vida propia.

Además, si antes Eric había visto solamente algunas decenas o algunos cientos de Ouroti, ahora, debido al movimiento de los pasadizos, se reveló una zona oculta debajo de todo el laberinto.

Las criaturas en la gigantesca área subterránea se contaban por miles, como un enjambre que cubría el horizonte debido a la ominosa oscuridad que reinaba en aquel lugar.

Si Eric pudiera ver esto, probablemente se sentiría muy asustado.

Si uno de ellos casi lo mato.

Además, fue testigo de la carnicería que podían causar.

No podría imaginar lo que harían tantos juntos.

Y, ¿por qué hay tantos de ellos en ese lugar?

El temblor duró casi cinco minutos, calculó Eric, hasta que cesó por completo.

Al ver que no pasó nada en las cercanías, Eric no le prestó atención y procedió a recordar lo que había pasado.

‘Mm, entonces ahora tengo que resolver el problema de cómo sentir el maná que mencionó el anciano Aldric.

El problema es cómo haré para lograr esto, pero lo que sé es que esta piedra negra me ayudará a lograrlo.

La pregunta es cómo’, se cuestionó Eric, girando la piedra en sus manos y pensando en cómo hacerlo.

‘Debería preguntarle a los demás, quizá ellos sepan algo sobre esta cosa’, Eric se giró para verlos, pero solamente quedó decepcionado ya que la mayoría estaban dormidos salvo algunos pocos que al parecer de Eric estaban meditando o algo similar.

“Ahora que lo pienso, solamente hay treinta que salieron de allí.

¿Cómo lo lograron?”, sorprendido al no recordar a nadie que saliera con él.

‘Bueno serán dudas para después ahora tengo un problema más importante’, suspirando volvió su atención a la piedra en sus manos, ‘obviamente esta roca no es una simple decoración.

Quizás, si me concentro en ella o la sostengo lo suficiente, sentiré el mana’, pensó Eric.

Entonces se puso a trabajar en su idea: primero fueron solo segundos, luego se convirtieron en minutos.

Al final, cansado de esperar, Eric dejó de hacerlo.

Abrió los ojos y suspiró.

Sentía que había perdido el tiempo.

‘Estar concentrado en una roca intentando sentir algo que nunca he sentido en mi vida…

¿cómo piensan que lo haga?

Además, es más fácil decirlo que hacerlo.

¿Qué se supone que estoy buscando?

No es como si mágicamente al sentarme y concentrarme en una piedra ocurriera algún efecto.

¿Cómo se supone que debo concentrarme si nunca lo he hecho?

¿Y cómo llegué a esa conclusión?

Ah, supongo que ver muchos libros y películas seguramente me influye.

En ese caso, miremos esto desde otro punto de vista.

Además, como dijo el mago Aldric, todavía nos queda bastante tiempo para esperar a los demás.

Puedo experimentar y ver cómo lo lograré a prueba y error sino siempre puedo preguntarles a los otros’, pensó Eric, confiado en que lograría resolver aquel enigma y dejó la roca sobre su pierna.

Después de la decepción, porque aquello no funcionó, Eric recordó el consejo que le dijo el anciano acerca de los viales que encontró en el laberinto.

Entonces, rápidamente los buscó en sus bolsillos y los sacó.

Dos viales, uno de color dorado y otro rojo sangre, estaban en el césped.

“Bueno, no sabía para qué servían.

Fue verdaderamente útil que los guardara.

A veces es bueno guardar cosas raras; nunca sabes cuándo las vas a usar”, dijo Eric, alegre de tenerlos.

“Ahora, la duda es cómo hacerlo.

Mm, bueno, no es que nadie me dé la respuesta.

Solamente puedo beberlo y descubrir qué pasa después.

Aquel anciano dijo que eran para mejorar el poder mental; no creo que tenga la necesidad de engañarme”, murmuró Eric.

Luego, con confianza, recogió el vial dorado y quitó la tapa que lo sellaba.

Primero, por curiosidad y cautela, lo olió.

Tristemente, no logró captar ningún aroma.

Eric ya no dudó y decidió beberlo.

Cuando este líquido dorado tocó su boca, tenía una textura viscosa y, sorprendentemente, no tenía sabor, haciéndolo raro para beber.

Rápidamente terminó el vial y lo puso en el suelo.

Al principio, Eric no sintió nada, como si aquel vial no hubiera servido para nada.

Pero, a medida que pasaba el tiempo, Eric sintió algo similar a un hormigueo o cosquilleo suave en la parte superior de su cabeza.

Esta serie de pequeñas vibraciones y ondas era realmente relajante, durando algunos minutos y extendiéndose por toda su cabeza.

Cuando ese sentimiento estaba terminando, Eric sintió que su vista se aclaraba al mirar a su alrededor.

Antes, el mundo era opaco.

Ahora, era más vivo y claro.

Además, se calmó el cansancio que le había dejado el laberinto.

“Mm, eso realmente se sintió bien.

Me siento relajado y con una sensación de claridad”, dijo Eric, asombrado por lo efectivo que fue el vial.

Al recordar lo que ocurrió, Eric rápidamente puso su mirada sobre el vial rojo, para así, con ágiles manos, quitarle la tapa y beberlo todo sin dudar.

Al beber este vial, Eric notó que sí eran diferentes.

No solo por el color.

Tenía un olor y un sabor metálicos con un toque salado.

Además, sentía una calidez y viscosidad en su boca.

Eric lo bebió rápidamente, como el anterior, pero quedó un poco desconcertado.

En esa poción él creía saber qué había en su interior.

Pero, de repente, una pesadez lo invadió.

Era como si algo le robara sus energías.

Pero antes de que pudiera pensar en eso, aquella sensación de la poción anterior lo invadió de nuevo, mucho más intensa que la anterior.

A medida que esto seguía, el cuerpo de Eric se ponía más débil hasta el punto en que no podía moverse, quedando acostado en aquel césped.

“¿Qué demonios está pasando?”, se cuestionó Eric, asustado por si acaso había tomado algún veneno o algo similar.

Pero antes de que pudiera seguir cuestionándose, su visión se tornó negra y cayó inconsciente.

Si Eric estuviera despierto, habría sentido que, al desmayarse, aquel efecto en su cabeza desapareció y la sensación de perder energía se detuvo.

Así, el silencio volvió a reinar en la caverna.

El anciano estaba en su carruaje viendo por la ventana el lugar por donde habían entrado.

Siete figuras salían del laberinto.

De estas, cinco estaban en muy mal estado y flotaban en una niebla verde.

Las otras dos, vestidas con túnicas, se acercaban al carruaje.

Al acercarse, ellos vieron a los niños y a Eric, que estaba inconsciente en un lugar cercano al carruaje.

“Tskkk, llegamos tarde.

Este niño ni siquiera dudó en beberlo.

Ya no es posible hacer nada para que me los dé”, dijo Lanira con un tono triste y lastimero.

Para ella, este día había sido muy costoso a pesar de todas sus preparaciones, y con su hechizo ni siquiera fue capaz de ganar.

Esto la dejó de mal humor.

“Nadie puede resistir la tentación de poder mejorar.

Es posible que Lord Aldric le dijera para qué eran ambos viales”, comentó Adam con clics continuos.

“Sí, pero vendiendo ambas pociones conseguiría al menos algunas piedras mágicas.

Sobre todo, por la poción Nectar Solis que no tiene efectos secundarios”, dijo Lanira con un suspiro.

Luego, dejando de prestarle atención a Eric, se giró para entrar en el carruaje.

Al entrar, vieron al anciano en la silla, mirando hacia la ventana.

“Lord Aldric, los niños están afuera y fueron debidamente castigados”, le dijo Adam a Aldric con crujidos en su voz.

“Bien, usen el contrato y márquenlos.

Ahora sus vidas son de la torre; denles los cuidados adecuados”, respondió Aldric con voz profunda.

“Sí, Lord Aldric”, respondieron Adam y Lanira.

Ambos se giraron para salir del carruaje y llevar a cabo las órdenes del anciano.

Justo al atravesar la puerta, una voz los interrumpió.

“Una última cosa antes de que se vayan: terminen los preparativos antes de que lleguen las demás caravanas”, les dijo Aldric antes de que una brisa cerrara la puerta tras de ellos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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