Warlock Way (idioma original español) - Capítulo 19
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19: Capítulo 19 Afinidad 19: Capítulo 19 Afinidad Un largo pasillo serpentea desde la entrada, iluminado por antorchas de fuego azul que proyectan destellos espectrales sobre las paredes.
El crepitar del fuego era el único sonido en medio de un silencio espeso.
Conduce hasta un amplio salón que parece devorar cualquier rastro de luz.
El aire es denso, saturado por el olor penetrante de la muerte y la decadencia, una mezcla sofocante de podredumbre y antiguo terror.
A ambos lados se alzan, como guardianes macabros, los cadáveres de incontables criaturas.
Algunos, enormes y deformados por una naturaleza cruel, yacen en avanzado estado de putrefacción, exhalando un hedor nauseabundo.
Otros, más pequeños, conservan una inquietante perfección, como si el tiempo se hubiera detenido sobre ellos.
Sus ojos vacíos miran al frente, fijos en una eterna vigilia.
Cuerpos esqueléticos, de huesos amarillentos y quebradizos, se mezclan con otros aún cubiertos de piel descompuesta y carne hinchada por los gases de la muerte.
Todos están dispuestos con una precisión perturbadora, como si custodiaran el pasillo, aguardando el instante en que algo, o alguien, se atreva a cruzar sus dominios.
A medida que el pasillo avanzaba, el aire se volvía más pesado, casi irrespirable.
Al final, la oscuridad se abría en un salón vasto, donde una figura encapuchada reposaba sobre una silla de madera vieja, carcomida por el tiempo.
Su túnica negra se fundía con las sombras, haciéndola casi indistinguible del entorno.
Una mano esquelética sostenía con firmeza una bola de cristal donde la imagen de un niño se mostraba con nitidez, como si fuera lo único vivo en ese lugar de pesadillas.
El aire parecía exhalar muerte.
Las paredes, los cuerpos, todo estaba impregnado por una presencia silenciosa y corrupta.
La figura permanecía inmóvil, envuelta en una calma helada, observando al niño dentro del orbe con una atención inquebrantable.
“Cuida del niño.
Su pérdida es inaceptable”, pronunció con una voz grave, apenas un murmullo que hizo vibrar el aire pesado del salón.
De entre las sombras emergió una serpiente pequeña, de movimiento preciso y contenido.
Su piel, casi negra, brillaba con reflejos metálicos a la luz tenue.
Sus ojos rojos, fríos y calculadores, destellaban con una inteligencia silenciosa.
Avanzó sin emitir sonido, deslizándose con una gracia fluida por el pasillo.
Las sombras se arremolinaban a su paso, ocultando y revelando su cuerpo con un ritmo irregular.
A cada tramo, su figura se desvanecía más en la oscuridad, hasta fundirse por completo con ella.
La figura encapuchada la siguió con la mirada hasta perderla de vista.
Luego, con un gesto lento y medido, dejó caer la bola de cristal.
El orbe cayó sin sonido; su brillo se extinguió antes de tocar el suelo.
La figura no se movió.
Las antorchas titilaron una vez más antes de apagarse.
El salón quedó sumido en una oscuridad total, fría y silenciosa, mientras la figura permanecía sentada, inmóvil, entregada a su quietud sombría.
En algún lugar lejano, el eco de un paso resonó, breve y solitario.
Por un pasillo iluminado con luz dorada avanzaban tres carruajes rodeados de caballeros negros.
En la parte trasera de uno de ellos yacía Eric, sujetando un libro.
Asombrado por lo que acababa de ocurrir, giró la cabeza hacia la figura que permanecía en silencio sobre la ventana, buscando una explicación.
“¿Qué fue eso?”, preguntó Eric.
“Eso fue el despertar elemental.
La torre creó este libro para guiar el camino de la magia y otras artes.
También ayuda a facilitar el proceso para que los aprendices comiencen su formación.
Pero se deben cumplir ciertos requisitos para lograrlo, porque el libro por sí solo no tiene valor, incluso si uno pertenece a la torre”, explicó la cabeza con calma.
“¿Qué requisitos?”, inquirió Eric.
“Bueno, dado que es información básica que aparece en varias partes del libro, no hay problema en contarlo.
Quien busque el despertar elemental debe alcanzar un determinado nivel de poder mental.
Además, lo más importante es tener una afinidad elemental.
Cumplir el primer requisito no sirve de nada sin ella”, continuó la cabeza, con paciencia.
Eric frunció el ceño, tratando de asimilar cada palabra.
“Entonces, ¿cómo puedo saber en qué nivel de poder mental estoy?”, preguntó finalmente, con el ceño todavía fruncido.
“En el libro, por supuesto.
Ábrelo en la parte de atrás.
Allí encontrarás esos atributos, que te darán una idea clara de tu nivel de combate y una estimación de tu vida útil, aunque esto último es solo especulación”, comentó la cabeza.
Eric dio la vuelta al libro con rapidez y lo abrió para ver a qué se refería.
Las finas hojas, de papel de excelente calidad, mostraban una escritura clara: Nombre: Eric Afiliación: Torre de la Noche Eterna Estatus: Aprendiz Rango: Despertado Despertado: D Afinidades: Fuego, Oscuridad, Tiempo Fuerza: 0.7 Agilidad: 0.7 Vitalidad: 0.8 Poder mental: 1.8 Reservas de mana: 1.7 Vida útil: 120 años Afinidades Fuego: Encarna la destrucción y la renovación.
Es la chispa que impulsa el cambio y el calor que mantiene viva la existencia.
Sus usuarios canalizan energía pura, capaz de consumir o forjar, de dar vida o reducir todo a cenizas.
Un poder que exige equilibrio; quien no domina sus llamas termina consumido por ellas.
Oscuridad: Encapsula el vacío, el misterio y lo desconocido.
Permite manipular sombras, ocultar presencias y distorsionar la percepción del entorno.
Sus usuarios pueden desorientar, proteger o atacar desde lo invisible según su dominio.
Un poder silencioso que fortalece a quien acepta lo que no se ve y consume a quien teme quedar solo dentro de él.
Tiempo: Encierra la capacidad de alterar la percepción o el flujo temporal.
Permite influir en la duración de los eventos, acelerar procesos o ralentizar el mundo que rodea al usuario.
Es un poder limitado por su propia naturaleza; cambiar el tiempo implica modificar el orden de las cosas.
Quien lo utiliza debe asumir las consecuencias que cada alteración deja en la realidad.
Eric abrió el libro y recorrió las páginas con los dedos, deteniéndose en cada cifra y descripción.
Su mirada saltaba de un apartado a otro, evaluando cada detalle, intentando comprender el alcance del poder que acababa de descubrir.
La luz dorada del pasillo se reflejaba sobre las hojas, parpadeando con el vaivén del carruaje.
De vez en cuando fruncía ligeramente el ceño o ajustaba el libro, consciente de que el camino que le esperaba estaría lleno de incertidumbres y desafíos.
Su destino estaba estrechamente ligado a las afinidades que apenas empezaba a comprender.
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