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Warlock Way (idioma original español) - Capítulo 20

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20: Capítulo 20 Esfera 20: Capítulo 20 Esfera “Niño, deberías considerarte afortunado.

Son pocos los que llegan a dominar el poder del tiempo… y todo don, por grande que sea, exige un precio”, dijo la cabeza con voz profunda, mientras las llamas en sus ojos recorrían el libro de Eric con una calma antigua.

“Con tus otras afinidades, no dudo que serás un mago valioso cuando la guerra resurja”.

Las llamas comenzaron a contraerse y expandirse con un ritmo errático, como si el fuego respirara por última vez.

“Vaya… parece que mi tiempo aquí se agota.

Tal vez volvamos a vernos, si logras vivir lo suficiente.

Escucha bien, porque esto pocos lo comprenden: si eliges quedarte en la torre y sigues el camino de la magia sin renunciar a tu humanidad, tu vida será tranquila, anónima… quizás larga.

Pero si estás dispuesto a romper tus límites, si aceptas sacrificar lo que eres por poder y conocimiento, la gloria y la inmortalidad te esperarán.

Solo que, cuando llegues allí… ya no quedará nada de ti”.

La cabeza calló.

Las llamas de sus ojos se extinguieron con un leve chisporroteo, y su voz se disolvió como humo en el aire.

Solo quedó el eco de sus palabras y un vacío que se extendió por el carruaje.

En esa oscuridad inmóvil, Eric seguía sentado, el libro entre las manos.

Observó la cabeza inerte, con las cuencas vacías y la piel seca como ceniza.

En su vida anterior, había estado dispuesto a morir por sus ideales y por las personas que amaba.

Pero ese mundo ya no existía.

Las caras, los nombres, las razones por las que había luchado… todo se había desvanecido.

Lo que lo había definido se sentía ahora lejano, hueco… como si nunca hubiera importado.

‘Ah…

solo el tiempo me dará la respuesta.

Debo seguir adelante y hacer lo que crea correcto.

Ahora no soy nadie, no tengo nada que perder, pero sí mucho que ganar.

Hay un mundo entero esperándome ahí afuera, listo para ser descubierto’, pensó Eric mientras observaba el Libro de los Muertos entre sus manos.

Sabía que ese libro marcaría el comienzo de su camino, y lo estudió durante horas, sin apartar la vista de sus páginas.

Afuera, los caballeros negros continuaban su marcha, vigilando sin descanso los nueve carruajes.

En el principal, Aldric permanecía sentado en su silla, leyendo un libro negro con la misma concentración de siempre.

De vez en cuando bebía de una copa con un líquido oscuro que, por la expresión en su rostro, parecía disfrutar.

Cerca de él estaban Adam y Lanira, sentados alrededor de una mesa, discutiendo entre sí.

‘Es como mezclar la luz y la oscuridad, opuestos que no pueden coexistir, pero que aun así se atraen solo para destruirse’, pensó Aldric, irritado por no poder concentrarse en sus estudios.

Entonces sintió algo.

Una presencia poderosa se acercaba con rapidez, tan intensa que podía compararse con la suya.

‘¿Quién viene hacia nosotros?

El decano no mencionó a nadie que debiera interceptarnos’, pensó, en alerta.

Se volvió hacia la ventana y dirigió su mirada al punto donde percibía aquella energía.

Sus pupilas se estrecharon en rendijas, rodeadas por un patrón de símbolos, pero para su desconcierto no vio nada.

El pasadizo estaba vacío.

Aldric actuó de inmediato.

A través de su vínculo mental, ordenó a los caballeros negros formar una línea al frente, aunque solo fuera para ganar un instante de ventaja.

“¿Qué sucede?”, preguntaron Adam y Lanira al notar el movimiento repentino de los caballeros.

Pero Aldric no respondió.

Se había levantado de su silla, observando con atención el pasadizo.

Tomó su bastón y se preparó en silencio.

Adam y Lanira intercambiaron una mirada.

Sabían lo que significaba esa reacción.

Si Aldric se ponía en guardia, era porque algo serio se acercaba.

Y si aquello lo inquietaba a él, ellos apenas tendrían tiempo de resistir.

A medida que pasaban los segundos, el aire se volvía cada vez más denso.

Aldric sintió que la presencia ya estaba frente a los caballeros, pero por más que intentó verla, no pudo.

El ser atravesó el muro de caballeros sin causarles daño; fue como si hubieran intentado detener al viento.

Aldric se preparó para cualquier ataque.

Su cuerpo emanaba un maná intenso, visible incluso para los mortales como una distorsión en el aire.

Adam y Lanira lo sintieron de inmediato.

El peso de esa energía los hizo temer lo peor.

Sabían que, si el combate comenzaba, apenas tendrían tiempo de escapar.

Sus contratos con la torre les impedían huir sin medir antes la fuerza del enemigo, lo que hacía la situación aún más desesperante.

Aldric mantenía su atención fija.

Era el único capaz de percibir con claridad cómo esa presencia avanzaba hacia su carruaje.

Estaba a punto de liberar todo su poder cuando notó un cambio repentino: el ser desvió su rumbo y se dirigió hacia el carruaje del flanco izquierdo.

La tensión se disipó un instante, pero enseguida volvió a sentirla al recordar quién viajaba allí.

Giró la mirada, expectante.

No entendía por qué alguien con semejante fuerza se interesaría en un simple niño.

Desde la ventana, Aldric dirigió la mirada hacia el carruaje donde viajaba Eric.

Concentró su hechizo en esa dirección y añadió varios conjuros auxiliares para obtener una lectura más precisa.

Finalmente detectó una masa de oscuridad, del tamaño de una esfera pequeña, suspendida sobre el techo, inmóvil.

No tenía idea de lo que era capaz de hacer, pero no pensaba intervenir.

Arriesgar su vida por un niño rescatado del laberinto no tenía sentido.

Si algo salía mal, solo afirmaría que nadie había cruzado el laberinto salvo los que escaparon por los portales, y se encargaría de borrar el resto.

Intrigado, intentó establecer contacto con la esfera mediante su poder, pero no obtuvo respuesta.

Aquella entidad no deseaba comunicarse.

Consciente de ello, ordenó a los caballeros negros reanudar la marcha y mantener la formación, aunque dejando ese carruaje ligeramente separado del grupo.

Luego metió la mano en su túnica y extrajo una piedra azul.

Inyectó parte de su maná hasta que la piedra emitió un brillo blanco tenue.

“Tenemos una situación”, dijo con voz grave.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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