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Warlock Way (idioma original español) - Capítulo 21

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21: Capítulo 21 Torre 21: Capítulo 21 Torre Los ecos de unos pasos resonaban en el vasto corredor, rompiendo la quietud que lo envolvía.

Cada pisada, firme y apresurada, se multiplicaba en la inmensidad de las paredes de mármol que se alzaban hasta perderse en la penumbra.

El suelo de piedra pulida reflejaba apenas la luz que se filtraba por los altos ventanales, proyectando sombras alargadas y un juego de luces y oscuridad.

El pasillo, dominado por la arquitectura de un tiempo olvidado, estaba flanqueado por columnas imponentes que sostenían un techo tan alto que parecía un cielo de piedra.

A lo largo de las paredes, estatuas antiguas se alzaban en nichos esculpidos con detalle: guerreros con armaduras, magos con bastones y criaturas de formas inhumanas observaban en silencio el paso apresurado, sus miradas vacías impregnadas de solemnidad.

Algunas mostraban el desgaste de los siglos, pero aún conservaban una presencia que imponía respeto.

Entre las sombras emergió una mujer que avanzaba con decisión.

Vestía una túnica azul que ondeaba con cada paso, los bordados dorados destellando en la penumbra.

Su piel, blanca como el mármol que la rodeaba, contrastaba con la intensidad de su cabello rubio, suelto sobre los hombros.

A pesar de su belleza serena, había en su rostro una tensión contenida.

No parecía temer, pero algo la mantenía en guardia.

Sus ojos, claros como el cielo, recorrían el corredor buscando a alguien, mientras el eco de sus pasos marcaba el ritmo de su prisa.

Así, ella avanzó hasta el final del pasillo, donde una imponente puerta metálica se alzaba frente a ella.

Su superficie estaba cubierta de patrones dorados, rojos y negros que se entrelazaban como si contaran historias antiguas.

Los grabados, finos y precisos, mostraban escenas del pasado: batallas, invocaciones, creaciones imposibles.

Cada figura, detenida en el metal, parecía conservar un fragmento de vida.

En el centro de esta obra, un aterrador aro de metal negro se destacaba con una intensidad inquietante.

Dentro del aro, se distinguían figuras monstruosas: una amalgama grotesca de tentáculos retorcidos, garras afiladas y ojos llameantes que se fusionaban en formas abominables.

Desde el aro surgían corrientes de hilos de hierro negro que chocaban con el piso, contrastando dramáticamente con los numerosos hilos de hierro rojo esparcidos por el suelo, que retrataban una miríada de cadáveres.

La mujer observó las imágenes grabadas en la puerta y una leve duda cruzó su rostro.

Aun así, continuó avanzando.

La puerta, al sentir su presencia, se abrió lentamente de par en par, dejando ver el interior.

Dentro se extendía una amplia sala con una gran mesa redonda en el centro y varias sillas de piedra finamente talladas a su alrededor.

Casi todas estaban vacías, excepto una, ubicada al fondo del salón.

En ella reposaba una figura envuelta en una túnica carmesí y con una máscara dorada que cubría su rostro.

Al percibir la llegada de la mujer, la figura giró la cabeza hacia ella.

“¿Qué inquieta tu mente para que muestres esa expresión?”, preguntó con voz suave y pausada.

“Hubo un contratiempo con uno de los cargamentos de aprendices que debía llegar hasta aquí”, respondió la mujer rubia, mostrando cierta tensión.

“Se encontraron con una anomalía en el trayecto.” “¿Una anomalía?”, repitió la figura, con un matiz de interés.

“¿A qué te refieres, Meredith?” “El mago Aldric informó que, mientras patrullaba las afueras de la torre, cerca de la barrera, un ser capaz de manipular la magia de las sombras se acercó a su caravana.

Lo detectó gracias a su afinidad con ese elemento y al uso del hechizo Revelación de la sombra.

Según su informe, dicho ser posee una habilidad de combate igual o incluso superior a la de Aldric”, explicó Meredith.

“No me lo estás diciendo todo, Meredith.

Es poco probable que alguna facción rival haya dado con nuestra ubicación.

Si ese fuera el caso, ya tendríamos magos y criaturas atacando las entradas de la torre.

Así que, si apareció dentro del perímetro, solo puede haber surgido desde aquí mismo”, replicó la figura, su voz perdiendo el tono calmado.

“Dime, ¿cómo describió esa anomalía y qué está haciendo ahora?” “De acuerdo con Aldric, se trata de una esfera de oscuridad, del tamaño de una cabeza humana.

Por desgracia, es toda la información que me dio.

Aun así, hay algo más: el ser no intentó comunicarse, y lo más extraño, decana, es que no fue tras Aldric ni sus acompañantes.

En cambio, se dirigió al carruaje del niño que superó la prueba del laberinto y ahora flota sobre él, siguiéndolo”, respondió Meredith, con incertidumbre en la voz.

“¿Una esfera de oscuridad, dices?”, repitió la figura, con un tono grave.

“Sí, decana.

¿Acaso sabe de qué se trata?”, preguntó Meredith, con cierta curiosidad.

“Lo sé”, respondió.

“No me sorprende que no lo reconozcas.

Aquella persona pertenece a un pasado muy remoto, casi tan antiguo como las imágenes talladas en esa puerta.

No esperaba que siguiera con vida después de tanto tiempo.” “¿Como la puerta?”, murmuró Meredith, sorprendida.

“¿Entonces presenció la incursión del Dreadveil?” “Veo que conoces bien las antiguas historias”, dijo la figura, con un matiz de aprobación.

“Pocos conservan interés por ellas; el paso del tiempo las volvió leyendas, distorsionadas o destruidas por quienes temían lo que contenían.

Sin embargo, todo lo que cuentan es real, aunque incompleto.

Lo que ocurrió fue un cataclismo que casi acabó con nuestro mundo.” Guardó silencio un instante antes de continuar: “Esa persona no presenció el desastre en su totalidad.

Era apenas una aprendiz en aquel entonces, pero, aun así, logró sobrevivir… a su manera.” “Es inquietante pensar que todo eso ocurrió en nuestro mundo: tanta muerte, tanta destrucción…

Pero al final, los magos logramos vencer y expulsar al enemigo”, comentó Meredith con una sonrisa leve.

“¿Vencer?” La decana dejó escapar una breve risa.

“No, niña.

No ganamos.

Ellos se marcharon por voluntad propia y sellaron el portal en el Valle del Terror.

¿Por qué lo hicieron?

Nadie lo sabe.

Solo sabemos que aparecieron de la nada, arrasaron todo a su paso y luego desaparecieron.

Nada más.” La voz de la decana se volvió más grave al final, y Meredith bajó la mirada, sin saber cómo responder.

Por un momento, sintió un peso extraño, una mezcla de duda y miedo.

Pero ese silencio duró poco.

“Dejemos esas historias para otro momento”, continuó la decana con serenidad.

“Dile a Aldric que no se inquiete.

Esa entidad no le hará daño mientras no interfiera.

En cuanto al niño, parece haber captado su atención, así que ignora el incidente y sigue con tu labor.

Trátalo igual que a los demás.

Y advierte a los magos de la torre que no intenten eliminarlo.

No quiero bajas antes de que la guerra empiece.” “Así será, decana.” Meredith hizo una reverencia ligera.

“Con su permiso, otros asuntos requieren mi atención.” Se giró y caminó hacia la salida.

Al cruzar el umbral, la enorme puerta comenzó a cerrarse lentamente tras ella, su sonido metálico resonando en la sala vacía.

“Una cosa más”, dijo la voz de la decana antes de que la puerta se cerrara por completo.

“Prepara a ese niño con cuidado.

Podría sernos útil en el futuro.” Meredith se detuvo un instante y volvió la vista hacia las imágenes grabadas en la puerta.

Luego retomó el paso, avanzando por el largo corredor de mármol con determinación.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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