What If, Naruto con byakugan - Capítulo 101
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- Capítulo 101 - 101 Capítulo 101 La ancla que decidio entrar
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101: Capítulo 101: La ancla que decidio entrar 101: Capítulo 101: La ancla que decidio entrar El silencio en el claro del bosque era más aterrador que el estruendo de la batalla.
El suelo, transformado en una costra de obsidiana y ceniza, aún irradiaba un calor que hacía vibrar el aire.
Naruto yacía en el centro, inmóvil, con jirones de su chaqueta fundidos a la piel y su espada negra vibrando con una estática residual.
Yamato y Sakura mantenían la distancia, tratando de estabilizar el perímetro, pero Ino no escuchó razones.
Para ella, el cuerpo de Naruto no era una zona de peligro, sino un laberinto en el que su ancla se estaba perdiendo.
—Si no puedo alcanzarlo por fuera, lo traeré de vuelta desde dentro —susurró Ino.
Sus manos temblaban, no de miedo, sino por la sobrecarga sensorial que ya estaba sufriendo.
Se sentó frente al cuerpo inconsciente de Naruto y formó el sello del clan Yamanaka.
Esta vez no era una simple comunicación; era el Shinkenshin: Invasión Mental Profunda.
Ignoró las advertencias de Sakura sobre la temperatura del chakra de Naruto y proyectó su conciencia hacia el abismo.
Al entrar, Ino no encontró el paisaje mental habitual.
Fue recibida por una tormenta de vapor corrosivo.
La red de chakra de Naruto era un campo de batalla: el agua de Isobu hervía bajo la presión del fuego de Kurama, y en el centro de ese caos, la frecuencia de Mei Terumī brillaba como una herida abierta de color naranja incandescente.
Para Ino, esa frecuencia —la marca de la lava, el rastro de la Mizukage— era el parásito que estaba devorando al Naruto que ella amaba.
Con una determinación que rozaba la locura, Ino concentró todo su poder espiritual para envolver la frecuencia de Mei.
—Fuera…
—gruñó Ino en el plano astral—.
¡Fuera de su cabeza!
¡Él no te pertenece!
Ino intentó “borrar” el rastro de la lava, usando su energía mental para aislar la influencia de Mei y reconectar a Naruto con su propia esencia.
Por un segundo, creyó que lo estaba logrando; el calor pareció ceder ante la pureza de su intención.
Pero el sistema de Naruto ya no era humano, ni tampoco era algo que pudiera ser “curado” por métodos convencionales.
La mezcla de Isobu, Kurama y el Tenseigan había creado un protocolo de defensa instintivo.
En cuanto Ino tocó la frecuencia de Mei, el sistema tricapa reaccionó como un organismo herido.
El agua abisal del Sanbi y el calor del Kyūbi se comprimieron instantáneamente bajo la mirada gélida del Tenseigan.
El resultado fue una explosión de Vapor Sensorial Corrosivo dentro del espacio mental.
No era fuego físico, era un ácido psíquico que atacó directamente los nervios de Ino.
—¡AAAAAAAH!
—el grito de Ino no solo resonó en su mente, sino que escapó de sus labios en el mundo real.
El vapor mental quemó sus conexiones sinápticas.
En su visión, la figura de Naruto se distorsionó, volviéndose una silueta de magma y sombras que la expulsó violentamente de su red.
Ino cayó hacia atrás, con sangre brotando de su nariz y oídos.
Sus ojos estaban inyectados en sangre y sus manos se retorcían en espasmos.
Sakura corrió a auxiliarla, horrorizada al notar que la red de chakra de Ino estaba “quemada”, como si hubiera intentado tocar el sol con las manos desnudas.
En ese mismo instante, los ojos de Naruto se abrieron de golpe.
Ya no eran plateados, sino de un azul eléctrico cruzado por vetas naranjas.
Se incorporó lentamente, el vapor real brotando de sus poros mientras su sistema se estabilizaba.
Miró a Ino, que sollozaba en el suelo, incapaz de articular palabra, con su percepción sensorial fracturada.
Naruto no necesitó que nadie le explicara nada.
A través de su vínculo con los Bijuus y el Tenseigan, sintió el eco del ataque de su propio sistema contra ella.
Sabía exactamente lo que Ino había intentado hacer: había intentado “salvarlo” de Mei, y su propio poder la había mutilado por considerarla una intrusa.
—Te dije que no entraras, Ino —dijo Naruto.
Su voz era un susurro hueco, carente de la calidez de antes—.
Mi mente ya no es un lugar para las personas.
Es un motor…
y tú acabas de quemarte con el escape.
Naruto se puso de pie, tomando su espada negra.
La miró con una mezcla de culpa y una nueva, aterradora indiferencia.
El ancla había intentado entrar para detener la tormenta, pero solo había logrado quedar dañada en el proceso.
La grieta entre ellos, que antes era una sospecha, ahora era una herida física y mental que amenazaba con no cerrar jamás.
El silencio que siguió al colapso de Ino fue más que un vacío de sonido; fue una presión física que aplastó al equipo.
En el claro calcinado, el aire aún sabía a ozono y a la esencia metálica del chakra quemado.
Naruto permanecía de pie, observando sus manos, mientras Sakura intentaba estabilizar los nervios sensoriales de una Ino que temblaba convulsivamente.
A kilómetros de allí, en las entrañas de la guarida de Orochimaru, el ambiente era radicalmente distinto.
Sai se movía como una mancha de tinta entre los pasillos de piedra, ignorando las órdenes de Yamato.
Su objetivo estaba frente a él.
Sasuke Uchiha estaba sentado en un trono de roca, con la mano sobre la empuñadura de su Kusanagi.
Sus ojos, rojos como la sangre fresca, giraban en el patrón complejo del Mangekyō.
—Eres de la Raíz —sentenció Sasuke, su voz cortando el aire con una frialdad absoluta—.
Habla rápido antes de que decida que tu existencia me aburre.
Sai no mostró miedo.
Desplegó un pergamino que no contenía dibujos, sino sellos oficiales de Danzō Shimura.
—Vengo en nombre de la verdadera voluntad de la Hoja —dijo Sai monótonamente—.
Danzō-sama cree que Naruto Uzumaki se ha convertido en un peligro incontrolable.
Su alianza con la Niebla y su poder híbrido lo han vuelto un factor externo.
La propuesta es simple: una alianza estratégica.
Ayúdanos a eliminar la amenaza que representa Naruto cuando pierda el control, y la Raíz te facilitará el acceso a los archivos clasificados sobre Itachi.
Sasuke soltó una risa seca, una vibración de puro odio.
—¿Creen que necesito ayuda para matar a ese fracasado?
El Mangekyō verá a través de su vapor y su lava.
Pero dile a tu amo que aceptaré sus informes.
Quiero saber exactamente qué tan profundo ha caído Naruto en su propia desesperación.
En el claro del bosque, Naruto cerró los ojos, hundiéndose de nuevo en su paisaje mental.
El agua de Isobu le llegaba a las rodillas y el calor de Kurama le golpeaba el rostro.
—Kurama…
responde —exigió Naruto—.
Ino casi muere al intentar tocar mi frecuencia.
Siento que mi propio poder me está asfixiando.
¿Es el sistema tricapa lo que me retiene?
Kurama se asomó entre las sombras de las rejas, sus ojos brillando con una sabiduría cruel.
—Cachorro, el sistema tricapa fue una balsa en medio de un océano de mierda.
Al principio, cuando tu cuerpo era débil, necesitabas que el Hyōton congelara el Raiton y que el Tenseigan filtrara mi chakra.
Era una jaula de seguridad.
Sin ella, habrías explotado hace años.
El Zorro dio un paso adelante, haciendo vibrar el agua.
—Pero ahora, esa balsa se ha vuelto un ancla.
El sistema está diseñado para contener, para “estabilizar”.
El problema es que tu voluntad ha crecido más que la estructura.
Al intentar usar el Yōton y el agua de Isobu al 100%, el sistema tricapa interpreta ese poder como una anomalía y trata de frenarlo.
Es como intentar correr a máxima velocidad con los frenos puestos: el motor, que es tu cuerpo, termina por incendiarse.
Naruto apretó los dientes.
—Entonces, ¿por eso perdí el conocimiento?
—Exacto —rugió Kurama—.
Si sigues forzando el poder real a través de esos filtros de “seguridad”, el sistema colapsará definitivamente.
Y cuando eso pase, no habrá desmayo que te salve.
Tu red de chakra se convertirá en ceniza desde adentro.
Estás muriendo porque tienes miedo de romper la jaula y aceptar que ya no eres el chico que necesita protección.
Naruto abrió los ojos en el mundo real.
El vapor que emanaba de su piel se había enfriado, dejando una película de sal y sudor.
Miró a Ino; ella estaba despierta, pero sus ojos estaban apagados, evitando el contacto visual con él.
El daño en su red sensorial la había dejado en un estado de vulnerabilidad que nunca había conocido.
Yamato se puso en pie, ajustando su chaleco táctico.
Su mirada hacia Naruto ya no era la de un líder a un subordinado, sino la de un carcelero a una bestia que sabe que no podrá contener por mucho tiempo.
—Sai no ha regresado —dijo Yamato, rompiendo el silencio incómodo—.
Sakura, ¿Ino puede caminar?
—Sí…
—susurró Sakura, ayudando a su amiga a levantarse—.
Pero no puede usar técnicas sensoriales por ahora.
Está…
bloqueada.
Naruto se colgó la chokutō negra a la espalda.
El peso del acero se sentía reconfortante en comparación con la confusión de su chakra.
—No necesitamos rastreo —dijo Naruto, su voz resonando con una autoridad gélida—.
Puedo sentir a Sasuke.
Su odio es una frecuencia que el Tenseigan puede ver incluso a través de las montañas.
El equipo se puso en marcha, moviéndose a través del bosque devastado.
Nadie hablaba.
La advertencia de Kurama resonaba en la cabeza de Naruto: el sistema lo estaba matando por intentar ser “seguro”.
Frente a ellos, la guarida de Orochimaru los esperaba, y con ella, la necesidad de decidir si Naruto rompería su última defensa para alcanzar al Uchiha, aunque eso significara dejar de ser humano para siempre.
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