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What If, Naruto con byakugan - Capítulo 102

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  4. Capítulo 102 - 102 Capitulo 102 La órbita del odio
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102: Capitulo 102: La órbita del odio 102: Capitulo 102: La órbita del odio La guarida de Orochimaru se abría como una herida en la tierra.

El equipo avanzaba por los pasillos de piedra, pero ya no había sigilo; la sola presencia de Naruto, con su chakra vibrando en una frecuencia de advertencia, hacía que las antorchas en las paredes parpadearan con un tinte azulado.

Llegaron a la zona superior, una plataforma circular abierta al cielo gris.

Allí, de pie sobre el borde del abismo, estaba él.

Sasuke Uchiha no se giró de inmediato.

El viento agitaba su capa blanca, y la Kusanagi en su cintura parecía absorber la poca luz que quedaba en el día.

—Han hecho mucho ruido para llegar hasta aquí —dijo Sasuke.

Su voz era una hoja afilada que cortó el aire—.

Sobre todo tú, Naruto.

Puedo oler el azufre y la humedad desde el otro lado de la montaña.

Naruto dio un paso al frente, ignorando el brazo extendido de Yamato.

Sus ojos plateados se fijaron en la espalda de su antiguo amigo.

—Sasuke.

Regresa a la aldea.

No voy a pedirlo dos veces.

Sasuke se giró lentamente, y el impacto fue inmediato.

Sus ojos no eran el Sharingan común.

El patrón geométrico y letal del Mangekyō Sharingan giraba con una furia contenida.

—¿Regresar?

¿A ese nido de mentiras donde tú ahora eres el perro faldero de los Ancianos?

—Sasuke soltó una carcajada que heló la sangre de Sakura—.

Mírate, Naruto.

Te has convertido en una quimera.

Usas el poder de la Niebla y los ojos de un Dios, pero sigues arrastrando a estos estorbos contigo.

Sin mediar palabra, el aire estalló.

Sasuke se movió con una velocidad que desafiaba la percepción, pero Naruto ya no dependía de la vista.

Con el Tenseigan activo, el mundo se movía en cámara lenta.

—¡Amaterasu!

—rugió Sasuke.

Las llamas negras brotaron del vacío, buscando consumir a Naruto.

Ino gritó, pero Naruto ni siquiera parpadeó.

Extendió su mano derecha y, usando el Elemento Vacío, creó una distorsión gravitatoria que succionó las llamas negras hacia un punto infinitesimal antes de que pudieran tocarlo.

—Tus ojos ven el destino, Sasuke, pero los míos controlan el espacio donde ese destino ocurre —sentenció Naruto.

Naruto desenvainó su chokutō de acero negro.

El choque de espadas generó una onda de choque que agrietó la plataforma.

Chidori contra Raiton-Yōton.

La electricidad azul de Sasuke chocó contra el plasma naranja que brotaba de la hoja de Naruto.

El sistema tricapa de Naruto vibraba peligrosamente; el aviso de Kurama estaba ahí: si forzaba el bloqueo, moriría, pero si no lo hacía, el Mangekyō lo descuartizaría.

En medio del duelo de titanes, Sai permanecía inmóvil.

En su mano derecha sostenía el pergamino de la Raíz, el contrato de asesinato que Danzō le había encomendado.

Miró a Sakura, que intentaba desesperadamente buscar una apertura para ayudar, y a Ino, que apenas podía mantenerse en pie, con su red sensorial aún quemada.

—”Naruto Uzumaki es una amenaza.

Sasuke Uchiha es la herramienta de eliminación” —las palabras de Danzō resonaban en su cabeza.

Sai vio cómo Naruto, en un pico de poder, liberaba un rastro de Vapor Ácido que obligó a Sasuke a retroceder.

En ese momento, Naruto quedó vulnerable por el esfuerzo de su sistema tricapa intentando frenar el flujo.

Era el momento perfecto para que Sai clavara su tanto en la espalda de Naruto y completara la misión.

—¿Qué estás haciendo, Sai?

—gritó Sakura, notando la dirección de su mirada.

Sai miró el pergamino y luego miró a Naruto.

Vio el sufrimiento en el rostro de su compañero, la lucha interna de un hombre que prefería quemarse vivo antes que dejar que su poder dañara a los suyos.

Por primera vez, el dibujo en el corazón de Sai cobró vida.

—Lo siento, Danzō-sama —susurró Sai.

En lugar de atacar a Naruto, Sai desplegó su pincel y dibujó dos leones de tinta colosales que se lanzaron contra Kabuto, quien intentaba flanquear a Ino.

Sai había elegido.

No eligió a Konoha, ni a la Raíz; eligió el vínculo que Naruto, incluso en su estado monstruoso, seguía proyectando.

Sasuke, enfurecido por la resistencia de Naruto, activó la caja torácica de un Susanoo incompleto, de un color púrpura oscuro.

—¡Muere con tus ideales, Naruto!

Naruto sintió que su sistema tricapa crujía.

El calor de la lava estaba rompiendo los sellos de hielo.

—¡Rómpelo, cachorro!

—rugía Kurama—.

¡O el Susanoo nos aplastará aquí mismo!

Naruto soltó un rugido de agonía.

Su aura cian se volvió roja y naranja.

El agua de Isobu empezó a hervir alrededor de sus pies.

El Puente del Cielo y la Tierra había sido solo el prólogo; aquí, en la guarida de la serpiente, el Fantasma Gris estaba a un segundo de perder su humanidad para sobrevivir al odio del Uchiha.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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