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What If, Naruto con byakugan - Capítulo 103

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  4. Capítulo 103 - 103 Capítulo 103 El instinto de la presa
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103: Capítulo 103: El instinto de la presa 103: Capítulo 103: El instinto de la presa El aire en la plataforma superior de la guarida se había vuelto un medio denso y hostil.

La colisión entre el Susanoo incipiente de Sasuke y la presión gravitatoria del Tenseigan de Naruto estaba colapsando la estructura misma de la montaña.

Las grietas se extendían por el suelo como venas negras, y el cielo parecía combarse hacia abajo, atraído por el vacío que Naruto generaba con la sola presencia de su voluntad.

Sasuke, con el Mangekyō sangrando y la respiración entrecortada, forzaba su nueva visión para encontrar una apertura.

Pero no existía tal cosa.

Naruto se mantenía en el centro de la tormenta, con la chokutō de acero negro apuntando al suelo.

El sistema tricapa vibraba al borde del colapso: el Raiton naranja corría por su espada, contenido a duras penas por el vapor frío de Isobu, mientras el Tenseigan actuaba como un filtro agónico que evitaba que el odio de Kurama consumiera su conciencia.

—¿Eso es todo, Sasuke?

—preguntó Naruto.

Su voz no era humana; era un eco que vibraba desde el fondo de una fosa marina—.

Tu odio es pesado, pero mi carga es eterna.

Sasuke cargó un Chidori imbuido en las llamas del Amaterasu, lanzándose en un ataque de pura envidia y rencor.

Pero Naruto no se movió.

Simplemente extendió un dedo y una onda de repulsión del Tenseigan detuvo al Uchiha en seco, suspendiéndolo en el aire como un insecto atrapado en ámbar, deshaciendo la técnica enemiga por pura presión gravitatoria.

Naruto caminó hacia el Sasuke suspendido, ignorando el fuego negro que intentaba lamer sus pies.

Se detuvo a escasos centímetros, y por un momento, el brillo cian de sus ojos se tornó de un naranja volcánico.

—Escúchame bien, Sasuke —dijo Naruto, y su voz resonó no solo en el puente, sino en la mente de todos los presentes—.

Esta es la última vez que trataré de regresarte.

La próxima vez, te mataré.

Ino y Sakura ahogaron un grito, pero Naruto no se detuvo.

Su mirada era un abismo de indiferencia divina.

—No importa lo que diga el Consejo.

No importa la aldea.

No importa el pasado.

Si vuelves a cruzarte en mi camino como un estorbo, te borraré de este mundo.

Sasuke, por primera vez en su vida, sintió un frío que el Mangekyō no podía quemar: el miedo real a un depredador que ya no lo consideraba un igual.

Desde las sombras, Orochimaru observaba con una expresión que ya no era de curiosidad científica, sino de pavor instintivo.

A su lado, Kabuto sudaba frío, sosteniendo sus bisturís de chakra con manos temblorosas que se negaban a obedecer.

—Orochimaru-sama…

esto no es lo que planeamos —susurró Kabuto—.

Naruto Uzumaki no está luchando…

está manteniendo el mundo unido para que no colapse sobre él.

Si ese sistema tricapa falla ahora, la explosión de vapor y lava nos borrará de la existencia.

Orochimaru lamió sus labios con un gesto nervioso.

Había pasado décadas buscando el poder definitivo, pero lo que veía frente a él era un desastre natural con conciencia.

La presión del Tenseigan estaba empezando a afectar sus propias células, forzándolas a colapsar.

—Sasuke-kun es un prodigio…

pero Naruto es una anomalía —dijo Orochimaru, su voz quebrada por la urgencia—.

Si nos quedamos aquí, moriremos como daños colaterales.

¡Vámonos!

Naruto apretó el puño y la plataforma estalló hacia afuera.

Antes de que pudiera dar el golpe de gracia, una nube de serpientes y sellos de transporte envolvió al Sannin, a Kabuto y a un Sasuke humillado.

No fue una huida estratégica; fue una huida por pura supervivencia.

Orochimaru, el hombre que se creía eterno, había visto en los ojos de Naruto el final de todas las cosas.

—¡SASUKE!

—rugió Naruto, lanzando un tajo de su espada que cortó la montaña entera a la mitad.

El estruendo del derrumbe fue el único adiós.

El silencio que siguió fue sepulcral.

Naruto permaneció solo en el borde del abismo.

Sus manos temblaban violentamente; el esfuerzo de no romper la “jaula” del sistema tricapa para no matar a Ino y a los demás en el proceso lo había dejado al borde del síncope.

Se giró hacia su equipo.

El vapor aún salía de su boca al respirar.

Miró a Ino, quien retrocedió un paso, viendo en él a un extraño.

—Se han ido —dijo Naruto, envainando su espada con un clic sordo—.

Han huido porque saben que ya no pueden alcanzarme.

El brillo del Tenseigan se apagó, dejando sus ojos grises y cansados.

El sistema tricapa había resistido un día más, pero el ultimátum estaba dado.

Naruto Uzumaki ya no buscaba salvar a su amigo; ahora, solo buscaba el silencio de los que se oponían a su ascenso.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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