What If, Naruto con byakugan - Capítulo 104
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- Capítulo 104 - 104 Capítulo 104 No fue tu culpa pero fue definitivo
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104: Capítulo 104: No fue tu culpa, pero fue definitivo 104: Capítulo 104: No fue tu culpa, pero fue definitivo El aire de Konoha, que alguna vez olió a hogar y a las hojas quemadas del otoño, se había vuelto una atmósfera extraña, densa y hostil para Naruto Uzumaki.
El regreso del Puente del Cielo y la Tierra no fue un desfile victorioso; fue una procesión silenciosa que recordaba más al traslado de un prisionero de guerra que al retorno de un héroe.
Mientras cruzaba las grandes puertas de madera de la aldea, Naruto podía sentir las miradas ocultas tras las ventanas.
Ya no eran las miradas de odio ciego de su infancia, sino algo mucho más corrosivo: miedo absoluto.
A su lado, el Equipo 7 era una sombra fracturada.
Yamato mantenía una distancia prudencial, con los ojos fijos en la nuca de Naruto como quien vigila una bomba de tiempo; Sakura caminaba cabizbaja, procesando la imagen de un Naruto que casi reduce a cenizas a Sasuke; e Ino…
Ino caminaba como una autómata, con la mirada vacía, cargando con el peso de una red sensorial que había intentado tocar el sol y terminó con las conexiones sinápticas calcinadas.
Esa noche, Naruto no buscó el sueño.
El silencio de su departamento le resultaba ensordecedor, una burla al caos que rugía bajo su piel.
Se sentó en posición de loto y descendió a las profundidades de su paisaje mental.
El agua de Isobu estaba en una calma sepulcral, reflejando el brillo naranja de las rejas de Kurama.
Naruto se sentía más pesado que nunca, como si sus canales de chakra estuvieran llenos de plomo derretido.
—Kurama…
responde —llamó Naruto, su voz mental resonando con una fatiga existencial—.
¿Por qué sigo sintiendo esta presión?
Pensé que cuando Isobu entró y su chakra inundó mi sistema, el equilibrio entre el agua y el fuego disolvería el sistema tricapa.
Se supone que el Sanbi debía ser el contrapeso, no un candado más en esta prisión.
El gran zorro de nueve colas se incorporó lentamente, sus ojos rojos brillando como carbones encendidos en la penumbra.
—Cachorro, eres un genio para la batalla pero un ignorante para la arquitectura de tu propia alma.
El sistema tricapa no es una pared de madera que puedas romper con más agua o más fuego; es una balsa lógica, un protocolo de seguridad que tu propio cuerpo ha aceptado como ley.
Kurama se acercó a las rejas, su aliento caliente agitando el agua de Isobu.
—Al principio, cuando tu cuerpo era un envase frágil, el sistema servía para que el Hyōton congelara el Raiton y así no te desintegraras.
Era una protección.
Pero cuando el Sanbi entró, el sistema no colapsó; se adaptó.
Reconoció al Sanbi como una “frecuencia de inestabilidad” adicional y generó una nueva capa de contención.
Ahora, en lugar de frenar dos fuerzas, está frenando tres.
Estás usando el 70% de tu energía solo para mantener la jaula cerrada desde dentro.
Por eso te desmayaste.
El motor se recalentó porque los frenos son demasiado potentes para tu voluntad actual.
—¿Entonces me está reteniendo?
—preguntó Naruto, apretando los puños sobre el agua—.
Siento que todos me usan.
El Consejo me quiere como su perro de ataque, Danzō me quiere como su experimento, incluso Mei…
ella me quiere como su heredero.
Todos ven el arma, Kurama.
Solo Ino intentó entrar para ver al hombre, y mi propio sistema casi la mata.
—Te está asfixiando —intervino la voz profunda de Isobu, emergiendo del agua—.
El sistema tricapa es una ley impuesta sobre tu carne.
Si intentas usar tu poder real para proteger a alguien o para destruir a un enemigo, el sistema responde aumentando la presión interna.
Estás muriendo de contención, Naruto.
—¿Cómo lo elimino?
—No puedes hacerlo aquí —sentenció Kurama con una sonrisa cruel—.
La liberación del sistema tricapa provocará una descarga de energía térmica, gravitatoria y abisal que borraría a Konoha del mapa.
Necesitas un espacio vasto, un lugar donde la naturaleza sea tan inmensa que pueda absorber el impacto de un Dios rompiendo sus cadenas.
Necesitas el océano, Naruto.
Necesitas ir a Kirigakure.
Allí, rodeado de agua infinita y bajo el calor de la Mizukage, podrás hacer colapsar el sistema sin convertir tu hogar en un cráter.
A la mañana siguiente, el despacho de Tsunade era el escenario de una farsa política.
Los Ancianos de la Aldea, Koharu y Homura, estaban presentes, sus rostros grabados en una severidad que olía a rancio.
—Es inaceptable —sentenció Koharu, golpeando el suelo con su bastón—.
El informe de Yamato es claro.
Naruto Uzumaki amenazó de muerte a Sasuke Uchiha, el último de su linaje y un activo que la aldea aún espera recuperar.
Naruto ya no actúa como un shinobi de la Hoja; actúa como un soberano independiente.
—¡Sasuke es un traidor que se unió a Orochimaru!
—rugió Tsunade, aunque sus manos temblaban sobre el escritorio—.
¡Naruto hizo lo que ninguno de sus ninjas pudo: asustar a la Serpiente hasta hacerla huir!
—Ese es precisamente el problema, Tsunade —intervino Homura—.
Un arma que asusta incluso a un Sannin es un arma que no podemos permitirnos tener si no obedece al seguro.
La lealtad de Naruto está fracturada entre nosotros y la Niebla.
Si está dispuesto a matar a su “hermano” de equipo, ¿qué le impedirá volverse contra este Consejo cuando no estemos de acuerdo con sus métodos?
Debemos catalogarlo como Ninja Renegado y proceder a su expulsión inmediata.
En las sombras de los niveles inferiores de la Raíz, Danzō Shimura escuchaba la resolución a través de sus espías.
No hubo sorpresa en su rostro.
Para él, Naruto siempre había sido un recurso, no una persona.
—Sai ha fallado porque permitió que la humanidad de Naruto lo contaminara —murmuró Danzō a un subordinado inexpresivo—.
Pero Naruto ha triunfado porque su poder ha superado su propia capacidad de control.
Es hora de despertar al “Proyecto Cero”.
Si el Jinchūriki no puede ser la espada de la Hoja, será el sacrificio para forjar una nueva era.
Danzō firmó una orden con tinta negra.
La contingencia final de la Raíz fue activada.
Su misión: seguir a Naruto y, en el momento en que su sistema tricapa colapsara, recolectar sus ojos y el poder de sus Bijuus.
Mientras la política de la aldea decidía su exilio, Naruto se encontraba en el viejo muelle de madera, mirando el atardecer sobre el río Naka.
El sol se ponía, tiñendo el agua de un color naranja que le recordaba demasiado a la lava de Mei, pero el frío en sus manos le recordaba a Isobu.
Ino llegó arrastrando los pies.
Su red sensorial estaba vendada espiritualmente; no podía “sentir” a Naruto, y esa ceguera emocional la hacía sentir pequeña, vulnerable.
—Naruto…
—susurró ella, deteniéndose a varios metros.
No se atrevía a acercarse.
El aire alrededor de él vibraba con una estática que le erizaba el vello de los brazos.
Naruto se giró lentamente.
No había rastro del “Fantasma Gris” en su mirada en ese momento, solo un cansancio infinito.
—Ino.
Mañana partes hacia Sunagakure —dijo él.
No era una pregunta.
—Tsunade me lo dijo.
Dice que es una misión médica para ayudar a la Arena tras su crisis…
pero sé que es una excusa para alejarme de ti.
Naruto, no me dejes ir así.
No después de lo que pasó en el puente.
Intenté entrar para salvarte, para recordarte quién eres…
—No fue tu culpa, Ino —la interrumpió Naruto.
Su voz era suave, una caricia triste en medio de la tormenta—.
Intentaste salvar a un hombre que está siendo devorado por su propio poder.
Pero lo que viste allí dentro, ese vapor…
eso es lo que soy ahora.
Una máquina que ni yo mismo sé cómo apagar.
Ino dio un paso adelante, con lágrimas resbalando por sus mejillas.
—¡No me importa!
Puedo aprender, puedo encontrar la forma de estabilizar tu red sensorial sin quemarme.
¡No me alejes!
—No es una elección, Ino.
Es una necesidad —sentenció Naruto, y por un segundo, el Tenseigan brilló con una autoridad divina que la hizo detenerse en seco—.
Prohíbo cualquier contacto sensorial conmigo de ahora en adelante.
No lo digo por odio, ni porque me sienta superior.
Lo digo porque mi sistema tricapa ya no reconoce el amor; reconoce intrusos.
Si vuelves a intentar entrar, el vapor te matará antes de que yo pueda parpadear.
No quiero cargar con tu cadáver además de toda esta sangre.
Ino sollozó, sintiendo que el suelo desaparecía bajo sus pies.
—Siento que todos te están usando, Naruto…
y me duele que tú sientas que yo soy igual.
Naruto se acercó un paso, solo uno, permitiendo que por un instante ella viera la fragilidad tras el poder.
—Tú eres la única que no me usa, Ino.
Por eso te envío lejos.
Todos los demás quieren un pedazo de mi chakra o de mis ojos.
Tú querías mi alma, y mi alma es lo que está ardiendo para mantener este sistema activo.
El amor sigue ahí, lo juro por mi vida, pero la confianza…
la confianza en que puedo estar cerca de ti sin destruirte murió en el puente.
Quédate en Suna.
Allí estarás a salvo del monstruo en el que debo convertirme para ser libre.
Ino no gritó.
No peleó.
Simplemente se dio la vuelta y se marchó, sintiendo que el ancla que alguna vez los unió se había roto definitivamente.
No había odio entre ellos, solo una separación definitiva impuesta por la tragedia del poder.
Esa misma madrugada, Naruto Uzumaki no se presentó a su entrenamiento.
Dejó su banda de regulación sobre la mesa de su cocina, no rayada, sino simplemente abandonada.
Dejó una nota breve para Tsunade: “Voy a buscar mi libertad donde el agua nunca termina.
No envíen a nadie, o no me haré responsable de lo que mis jutsus les haga a sus ninjas”.
Activó el Hiraishin, no hacia un punto marcado, sino hacia la frecuencia que Mei Terumī había dejado grabada en su hombro.
En un destello de estática cian y naranja, Naruto desapareció de las fronteras del País del Fuego.
Corrió a través del bosque, saltando de rama en rama con una velocidad que desdibujaba el paisaje.
El sistema tricapa vibraba, protestando ante la cercanía de la Niebla.
Naruto podía sentir a Isobu agitarse con anticipación; el Sanbi quería volver a casa.
Naruto sentía que cada paso hacia el mar era un paso hacia la destrucción de su propia jaula.
—Cachorro…
prepárate —advirtió Kurama—.
El colapso del sistema tricapa será doloroso.
Y la Raíz no es la única que viene tras nosotros.
Siento una presencia vacía, algo que Danzō ha soltado para darnos caza.
Naruto no se detuvo.
Miró hacia el horizonte, donde el océano infinito empezaba a asomar entre la bruma.
—Que vengan —susurró Naruto, desenvainando su espada negra—.
Si el sistema tricapa cae hoy, no habrá jaula en este mundo que pueda contener lo que voy a desatar.
No estoy perdiendo mi humanidad…
estoy reclamándola a través del fuego.
Kirigakure apareció entre la niebla, y en lo alto de la torre más alta, la silueta de Mei Terumī lo esperaba.
No como una líder política, sino como la mujer que entendía que para renacer, primero hay que estar dispuesto a quemarse por completo.
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