What If, Naruto con byakugan - Capítulo 105
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- Capítulo 105 - 105 Capítulo 105 El precio
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105: Capítulo 105: El precio 105: Capítulo 105: El precio La deserción de Naruto Uzumaki no fue un evento silencioso; fue un terremoto político que sacudió los cimientos de las Cinco Grandes Naciones.
En menos de veinticuatro horas, el nombre del “Fantasma Gris” pasó de ser un rumor de guerra a encabezar el Libro Bingo internacional.
En la Torre del Hokage, la atmósfera era de funeral.
Tsunade observaba con impotencia cómo los documentos oficiales eran sellados frente a ella por los Ancianos.
La presión de las otras aldeas, temerosas del poder descontrolado de un Jinchūriki con el Tenseigan, había sido asfixiante.
—Ya es oficial —anunció Homura con voz monótona—.
La recompensa internacional por Naruto Uzumaki ha sido fijada.
Kumogakure y Iwagakure han aportado cifras astronómicas para su eliminación.
Konoha, para mantener la fachada de control, ha puesto su propia cifra.
Tsunade leyó el cartel con las manos temblorosas: Estado: Ninja Renegado de Clase S+.
Orden Oficial: Captura viva (Prioridad Absoluta).
Orden Extraoficial (Sello de la Raíz): Extracción ocular inmediata y sellado de Bijuus.
A kilómetros de allí, saltando sobre las crestas de las olas hacia el País del Agua, Naruto se detuvo sobre un pilar de piedra en medio del océano.
Sostenía el Libro Bingo que había arrebatado a un mensajero en el camino.
Al ver su propio rostro y la cifra sobre su cabeza, una risa amarga y cargada de odio escapó de sus labios.
—Es irónico, ¿no, Kurama?
—dijo Naruto, apretando el papel hasta que empezó a humear por el calor de su chakra—.
Sasuke lleva tres años fuera, se unió a un criminal internacional, atacó a sus compañeros y no tiene una recompensa de este nivel.
Yo salvo a la aldea, detengo a Orochimaru, y me marcan como a una bestia rabiosa.
A él lo quieren “rescatar”, a mí me quieren “extraer”.
—Te lo dije, cachorro —rugió Kurama en su mente—.
El mundo no teme a la maldad de un Uchiha; temen a la libertad de un Dios.
A Sasuke lo ven como a un hijo pródigo al que pueden castigar.
A ti te ven como a un desastre natural que solo pueden intentar embotellar.
Naruto llegó finalmente a la torre principal de Kirigakure.
No entró por las puertas; aterrizó directamente en el balcón de la Mizukage, donde la bruma era tan espesa que ocultaba incluso la luz del sol.
Mei Terumī lo esperaba, recostada contra la barandilla.
No vestía sus ropas formales, sino un atuendo de combate ligero.
Al ver a Naruto, su mirada se suavizó, pero no se movió para abrazarlo.
Podía sentir el calor errático que emanaba del sistema tricapa de su alumno.
—Has tardado, “renegado” —dijo Mei con una sonrisa melancólica—.
He visto los carteles.
Te han puesto un precio más alto que el de algunas naciones pequeñas.
—Konoha me ha dado la espalda, Mei —respondió Naruto, envainando su espada negra—.
Dicen que me capturarán vivo, pero sus órdenes secretas piden mis ojos.
Me usan como si fuera una herramienta y me desechan cuando empiezo a pensar por mi cuenta.
Mei se acercó, deteniéndose justo antes de entrar en el radio de calor de Naruto.
—Por eso estás aquí.
Konoha es una tierra de bosques y raíces que intentan atarte.
Pero aquí tenemos el océano.
Naruto, hay una fosa abisal a varias millas de la costa.
Es un lugar donde la presión del agua es tan inmensa que nadie, absolutamente nadie, podrá decirte qué hacer con tu poder.
Allí abajo, podrás liberar el sistema tricapa.
El océano absorberá el vapor, la lava y el vacío.
Mei le puso una mano en el pecho, sintiendo los latidos violentos de su sistema.
—Baja al fondo, Naruto.
Libérate.
Demuéstrales que no eres un arma que puedan guardar en un cajón.
Sé el océano mismo.
Mientras Naruto se preparaba para partir hacia el ritual en alta mar, una sombra se deslizaba por las costas del País del Agua.
No era un humano, ni tampoco un animal.
El Proyecto Cero era una aberración de la ingeniería de Danzō.
Su cuerpo era una amalgama de tejido artificial y biomasa cultivada a partir de células de Hashirama, pero desprovista de voluntad propia.
Su piel era de un blanco lechoso y carecía de rostro, a excepción de múltiples Sharingans incrustados quirúrgicamente a lo largo de sus brazos y pecho, todos girando en una sincronía macabra.
Este ser no usaba técnicas; su sola presencia generaba un campo de interferencia que anulaba el chakra elemental en un radio de cien metros.
Su chakra era inestable, una masa crítica que amenazaba con explotar, diseñada específicamente para actuar como un agujero negro que devoraría las frecuencias de Naruto.
—Objetivo localizado —vibró una voz sintética en la mente del Proyecto Cero—.
Jinchūriki dual.
Proceder a la neutralización y recolección ocular.
Naruto se adentró en el mar, caminando sobre el agua hasta que la costa de la Niebla desapareció.
El cielo se oscureció y las olas empezaron a hervir a su alrededor.
—Es el momento —dijo Isobu—.
Sumérgete.
Si el sistema tricapa se rompe en la superficie, el cielo mismo se quemará.
Naruto inhaló profundamente el aire salino, el último rastro de humanidad que sentiría en mucho tiempo, y se dejó hundir en las profundidades azules.
No sabía que, mientras descendía hacia su libertad, la pesadilla de Danzō ya estaba bajo el agua, esperándolo para cerrar la jaula para siempre.
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