What If, Naruto con byakugan - Capítulo 106
- Inicio
- Todas las novelas
- What If, Naruto con byakugan
- Capítulo 106 - 106 Capítulo 108 El trono de la calma
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
106: Capítulo 108: El trono de la calma 106: Capítulo 108: El trono de la calma Desde el día en que el océano se abrió y la tormenta cesó, Kirigakure dejó de ser una aldea oculta entre la niebla para convertirse en el santuario de un dios viviente.
La lluvia perpetua que había caracterizado al País del Agua durante décadas cambió; ahora, una bruma fina, cargada de estática y ozono, cubría las islas.
No era un clima natural, era la exhalación constante del chakra de Naruto Uzumaki.
Naruto no se ocultaba.
Había tomado residencia en la torre más alta, la misma que solía pertenecer a Yagura.
Pasaba los días sentado en el borde del balcón, con las piernas colgando hacia el vacío, observando el horizonte con sus ojos, ahora permanentemente plateados y rodeados por las Gudōdama que orbitaban en silencio perezoso.
Sin embargo, la paz exterior contrastaba con la guerra en su mente.
El paisaje mental de Naruto, ahora un océano infinito bajo un sol cian, era el escenario de una discusión feroz.
—¡Se están moviendo, Naruto!
—el rugido de Kurama agitó las aguas mentales, creando olas gigantescas—.
Puedo sentirlo.
Matatabi (el Nibi) está siendo acorralada en las montañas del País del Rayo.
Kokuō (el Gobi) está huyendo en los bosques de Iwagakure.
Akatsuki ha acelerado el paso.
Isobu emergió de la profundidad, su voz cargada de una angustia pesada.
—Mis hermanos están cayendo, Naruto.
El sello que los protegía era el anonimato, pero ahora que tú te has revelado como una potencia divina, Akatsuki sabe que el tiempo se acaba.
Están cazando a toda velocidad para completar la estatua antes de venir por mi y por Kurama.
Debemos intervenir.
Naruto, sentado sobre la superficie del agua mental en posición de loto, no abrió los ojos.
—No.
—¿¡No!?
—bramó Kurama, mostrando sus colmillos—.
¡Están matando a mi familia!
¡Tienes el poder para cruzar el continente en minutos y aplastar a esos insectos de capas negras!
¿Por qué esperas?
Naruto abrió los ojos en su mente.
Eran fríos, calculadores.
—Porque si salgo ahora, seré un bombero apagando incendios por todo el mundo, cansándome, persiguiendo sombras.
Akatsuki opera en células dispersas.
Quieren que me mueva.
Quieren que deje Kirigakure desprotegida y que me agote cazándolos a ellos.
Naruto se puso de pie, y su proyección mental creció hasta mirar al Zorro a los ojos.
—Escúchenme bien.
No tienen que temer por una amenaza inminente mientras estén conmigo.
Yo soy el muro.
Yo soy el final del camino.
Dejen que Akatsuki cace a los débiles.
Cuando vengan por el Nueve Colas y por el Tres Colas…
cuando vengan a este océano…
se encontrarán con algo que no pueden sellar.
—Es cruel…
—susurró Isobu.
—Es guerra —sentenció Naruto—.
Y en la guerra, el rey no abandona su trono para perseguir peones.
Esperamos.
En el mundo físico, la inacción de Naruto tuvo consecuencias inmediatas.
Akatsuki, sintiendo la perturbación masiva del chakra de Naruto en el País del Agua, entendió el mensaje: El Jinchūriki del Kyūbi había evolucionado.
Pain dio la orden de Caza Total.
Día tras día, mientras Naruto meditaba en la torre, sentía cómo las “estrellas” en el mapa de su red sensorial se apagaban.
Primer día: Una firma de chakra ardiente y felina en el País del Rayo.
Yugito Nii.
Naruto sintió el momento exacto en que su conexión con el Nibi fue arrancada.
Fue como un pinchazo en la nuca.
Tercer día: Una firma pesada, de lava y vapor, en el País de la Tierra.
Roshi.
El anciano Jinchūriki del Yonbi fue silenciado.
Naruto apretó el borde del balcón hasta pulverizar la piedra, pero no se movió.
Quinto día: Una firma burbujeante en el País de la Cascada.
Fuu.
La luz se extinguió rápido, sin apenas lucha.
Cada muerte era un golpe que Kurama recibía con un gruñido de dolor, pero Naruto se mantenía impasible, absorbiendo la culpa y transformándola en una resolución fría.
Estaba dejando que el enemigo se confiara, que llenara su estatua, que creyera que el “Dios de la Niebla” era indiferente.
La puerta del balcón se abrió.
Mei Terumī entró, llevando una bandeja con té y pergaminos de inteligencia.
Llevaba su sombrero de Kage, pero su postura era menos rígida cuando estaba cerca de él.
A pesar de ser la líder de la aldea, la presencia de Naruto había alterado la jerarquía natural.
Él no era su subordinado; era una fuerza de la naturaleza que ella hospedaba.
—Otro reporte de Konoha —dijo Mei, dejando la bandeja sobre una mesa de piedra—.
Tsunade está furiosa.
Dice que tienes la obligación moral de interceptar a Akatsuki.
Los otros Kages están convocando una Cumbre de Emergencia para tratar tu “neutralidad hostil”.
Creen que estás dejando que Akatsuki gane poder para luego enfrentarte al vencedor.
Naruto tomó la taza.
El líquido hirvió al contacto con su mano, pero él lo enfrió instantáneamente con una micro-manipulación de viento.
—Que piensen lo que quieran.
El miedo los mantiene a raya.
Si creen que soy un villano, no intentarán invadir Kiri mientras “duermo”.
Mei se acercó a la barandilla, poniéndose a su lado.
Miró el perfil de Naruto: su piel perfecta, el brillo antinatural de sus ojos, las esferas negras flotando.
—Te estás alejando, Naruto.
No solo de Konoha, sino de la humanidad.
Siento cómo el kyubi aúlla en tu interior por la muerte de sus hermanos, y tú…
tú ni siquiera parpadeas.
Naruto giró la cabeza hacia ella.
La distancia en sus ojos era abismal, pero cuando la miró a ella, hubo un destello de reconocimiento, de anclaje.
—No es indiferencia, Mei.
Es paciencia.
Mei extendió la mano y tocó su brazo.
A diferencia de antes, cuando su sistema tricapa quemaba o congelaba, ahora la piel de Naruto tenía una temperatura estable, aunque vibraba con una electricidad latente.
—¿Por qué te quedas aquí?
Podrías ir a cualquier parte.
Podrías destruir Akatsuki mañana si quisieras.
¿Por qué Kirigakure?
Naruto dejó la taza y miró hacia la aldea bajo la niebla.
Vio a los niños jugando, a los ninjas entrenando, ignorantes de que el apocalipsis estaba ocurriendo en el continente.
—Porque tú me diste el mar —respondió Naruto suavemente—.
Cuando mi propia aldea me vio como un arma defectuosa y Danzō intentó reciclarme, tú me ofreciste el abismo para renacer.
Naruto se giró completamente hacia ella, y las Gudōdama se apartaron para no interponerse.
—El mundo se está moviendo rápido, Mei.
Las luces se están apagando.
Pronto, solo quedaremos Killer Bee y yo.
Y cuando vengan por mí, la guerra llegará a tus costas.
—Que vengan —dijo Mei, con una sonrisa feroz—.
Kirigakure no entregará a su huésped.
Naruto negó con la cabeza, acercándose un paso.
La diferencia de altura y poder era palpable.
—No, Mei.
Tú no me proteges a mí.
Mientras yo esté sentado en esta torre, mientras mi chakra cubra estas islas…
nadie te tocará.
Ni Akatsuki, ni Madara, ni la Hoja.
Mei sintió un calor subir por su cuello que no tenía nada que ver con su Kekkei Genkai.
Era una declaración de posesión y protección absoluta.
Naruto no estaba allí por política; estaba allí porque había elegido a Mei como el único punto fijo en su universo en expansión.
—Entonces espera en tu trono —susurró Mei, recuperando la compostura de una Kage—.
Yo manejaré la política y las cumbres.
Tú guarda tu fuerza para cuando la verdadera noche caiga.
Naruto volvió a mirar al horizonte.
—Ya viene.
Siento una firma de chakra acercándose al País del Hierro.
Los Kages se van a reunir.
Y Sasuke…
Sasuke también se dirige hacia allá.
El “Dios del Clima” cerró los ojos.
La espera estaba a punto de terminar, y la sangre que había evitado derramar pronto inundaría el mundo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com