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What If, Naruto con byakugan - Capítulo 111

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111: Capítulo 110: Regreso de los fantasmas 111: Capítulo 110: Regreso de los fantasmas Mientras Naruto observaba la guerra desde su trono en Kirigakure, el mundo recordaba una verdad brutal que la paz relativa había ocultado: la historia la escriben los sobrevivientes, y Obito Uchiha estaba decidido a ser el único autor.

Semanas antes de la Cumbre de los Kages, en la torre más alta de Amegakure, la lluvia caía con una tristeza infinita.

Nagato Uzumaki, emaciado y conectado a la máquina del Gedō Mazō, tosía sangre.

Su cuerpo estaba al límite tras controlar los Seis Caminos del Dolor para mantener el orden en la Aldea de la Lluvia.

—La captura del Ocho Colas es imperativa…

—murmuró Nagato, sin notar la distorsión espacial detrás de su silla mecánica.

—Ya no eres necesario para eso, Nagato —dijo una voz grave.

No hubo tiempo para el Shinra Tensei.

Obito se materializó, atravesando el respaldo de la silla y el pecho de Nagato con una estaca de madera negra imbuida en chakra de anulación.

Nagato abrió los ojos, el Rinnegan temblando de incredulidad, mientras escupía una bocanada de sangre oscura.

—¡NAGATO!

—el grito de Konan rompió el sonido de la lluvia.

Konan reaccionó al instante, convirtiendo su cuerpo en miles de papeles explosivos para envolver al intruso.

Pero Obito, intangible, simplemente caminó a través de la tormenta de papel.

Antes de que Konan pudiera detonar sus sellos, Obito apareció frente a ella, sujetándola del cuello con una fuerza brutal mientras la mantenía bajo un Genjutsu paralizante con su Sharingan.

—Reaccionaste tarde, ángel de papel —susurró Obito—.

Tu dios ha muerto.

Y tú te irás con él.

Con un crujido seco, el cuello de Konan se rompió.

Obito dejó caer el cuerpo de la mujer junto al de Nagato.

Sin remordimientos, arrancó los ojos del Rinnegan de las cuencas del Uzumaki.

—Estos ojos nunca te pertenecieron —dijo Obito, implantándose uno en ese mismo instante—.

Ahora, la verdadera Akatsuki renace bajo mi mando absoluto.

De vuelta al presente, en una caverna subterránea cerca del Cementerio de las Montañas, Obito estaba de pie frente a su ejército de élite.

No había bajas.

La deserción de Itachi había sido el único contratiempo, pero la fuerza bruta restante era aterradora.

Sasori pulía sus marionetas humanas.

Deidara, furioso por no haber podido matar a Sasuke, moldeaba arcilla con impaciencia.

Hidan afilaba su guadaña mientras Kakuzu contaba el dinero de las recompensas de los Jinchūrikis menores.

Kisame sonreía, y Zetsu emergía del suelo.

Pero la verdadera fuerza no eran los vivos.

Obito miró a Orochimaru, quien estaba de pie con la mirada vacía, esclavizado por un Genjutsu del Mangekyō.

—El Edo Tensei requiere almas —dijo Obito—.

Y las más fuertes están atrapadas en el estómago del Shinigami.

Orochimaru, hazlo.

Bajo el control de Obito, Orochimaru se colocó una máscara demoníaca del Templo Uzumaki.

La figura espectral de la Parca apareció.

Orochimaru rajó su propio estómago, liberando las almas selladas de los Hokages anteriores.

—¡Invocación: Edo Tensei!

—exclamó Kabuto Yakushi, golpeando el suelo.

Decenas de ataúdes se alzaron.

Las tapas cayeron con un golpe sordo, revelando una alineación que hizo temblar la tierra.

—He traído a las leyendas —siseó Kabuto—.

Sakumo Hatake, el Colmillo Blanco.

Maito Dai, el maestro de las Ocho Puertas.

Nagato, el líder caído.

Pero eso no es todo…

De los ataúdes principales emergieron Hashirama Senju, Tobirama Senju, Hiruzen Sarutobi y Minato Namikaze.

Antes de que pudieran hablar, Kabuto les incrustó talismanes de control total.

—Nadie en la Alianza está preparado para esto —dijo Obito, ajustándose su abanico de guerra—.

Zetsus para la carne de cañón.

Akatsuki para los generales.

Y los Kages muertos para el terror psicológico.

Mátenlos a todos.

La Cuarta Gran Guerra Ninja no comenzó con escaramuzas; comenzó con una masacre.

La Gran Alianza Shinobi, confiada en sus números (80,000 ninjas), chocó contra el ejército de 100,000 Zetsus Blancos reforzados.

Pero el problema no eran las plantas humanoides.

En el Frente de la Costa, Darui y la Primera División fueron diezmados no por Zetsus, sino por la combinación letal de Kakuzu y Hidan.

Sin Shikamaru allí para planear una estrategia perfecta, Hidan logró obtener sangre de varios comandantes, mientras Kakuzu desataba sus cinco corazones, bombardeando la playa con fuego, viento y rayo.

En el Frente del Bosque, Deidara y Sasori volaban sobre el campo de batalla.

—¡El arte es una explosión!

—gritó Deidara, lanzando su C3 sobre el centro de la formación médica.

Sasori, usando su marioneta del Tercer Kazekage, envenenó el aire con Arena de Hierro.

Sin Sakura ni Chiyo para contrarrestarlo, cientos de ninjas de la Alianza cayeron asfixiados y paralizados en minutos.

La moral de la Alianza se desplomó.

Esperaban pelear contra monstruos sin cerebro, no contra un equipo de criminales de Clase S que coordinaban sus ataques con precisión militar.

—¿¡Dónde está Naruto!?

—gritaban los ninjas de Konoha mientras eran masacrados—.

¡Se supone que es nuestro aliado!

Pero el cielo permanecía gris e indiferente.

Naruto no venía.

En el flanco derecho, la situación pasó de trágica a imposible.

Obito desplegó su nueva versión de los “Seis Caminos”.

Yugito Nii (2 colas), Roshi (4 colas), Han (5 colas), Utakata (6 colas) y Fuu (7 colas), Bee (8 colas)  aparecieron.

Todos tenían un Sharingan y un Rinnegan, y todos entraron en la Versión 2 de su manto de Bijuu al unísono.

Han cargó con su armadura de vapor, atravesando a la división de Kitsuchi como un tren bala.

Roshi fundió el suelo con lava, creando un mar de magma que se tragó a los usuarios de Doton.

Utakata llenó el bosque de burbujas explosivas.

Era una fuerza de la naturaleza coordinada por una sola mente.

La Alianza no tenía respuesta para seis bestias con cola atacando a la vez.

En el frente del desierto, la situación era crítica.

El Cuarto Escuadrón, liderado por Gaara y el Tsuchikage Onoki, se enfrentaba a la mayor concentración de Edo Tensei de alto nivel.

Frente a ellos, de pie sobre una duna, estaban los Cuatro Kages anteriores: El Segundo Tsuchikage (Mū), el Segundo Mizukage (Gengetsu), el Tercer Raikage (A) y el Cuarto Kazekage (Rasa).

Pero Kabuto había sido cruel.

Junto a ellos, había desplegado a tres figuras más.

Sakumo Hatake, con su tantō de chakra blanco brillando.

Maito Dai, con su piel roja, habiendo activado ya la Séptima Puerta en su estado inmortal.

Y Nagato, flotando en el aire.

—Padre…

—susurró Gaara al ver a Rasa.

—Esto es malo, chico —dijo Onoki, flotando con dificultad debido a su espalda—.

Mū ya es imposible de rastrear.

Pero con Nagato y el Colmillo Blanco aquí…

nuestras probabilidades son cero.

La batalla estalló.

El Tercer Raikage cargó como un tanque imparable, atravesando las defensas de arena de Gaara como si fueran papel.

Onoki intentó usar su Jinton (Elemento Polvo), pero Mū lo contrarrestó con el suyo propio, creando una explosión de luz que cegó a la división.

En medio del caos, Sakumo Hatake se movía como un relámpago blanco.

No mataba por placer, sino por eficiencia.

Docenas de ninjas de la Roca y la Arena caían con cortes precisos en la garganta antes de que pudieran ver quién los atacó.

—¡Gai!

¡Lee!—gritó alguien.

Maito Dai, envuelto en el vapor verde de las Puertas, destrozaba el suelo con cada paso.

Un solo golpe suyo desintegró una formación entera de marionetistas de Suna.

Al ser un Edo Tensei, no sufría el daño de las Puertas, convirtiéndose en una máquina de taijutsu infinita que podía mantener la Octava Puerta abierta sin morir.

Gaara fue lanzado por los aires por una onda de choque del Shinra Tensei de Nagato.

Cayó en la arena, tosiendo.

—¡Onoki!

—gritó Gaara.

El viejo Tsuchikage estaba siendo aplastado contra el suelo por la gravedad de Nagato.

—¡Maldición…!

—gruñó Onoki—.

¡Si tan solo…

si tan solo ese mocoso estuviera aquí!

Pero Naruto no estaba.

Obito, observando desde una colina lejana, sonrió bajo su máscara.

—Sal de tu escondite, Naruto.

O no quedará nadie para adorarte cuando decidas bajar de tu torre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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