What If, Naruto con byakugan - Capítulo 116
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- Capítulo 116 - 116 Capítulo 115 El bucle del destino
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116: Capítulo 115: El bucle del destino 116: Capítulo 115: El bucle del destino La guerra se había fragmentado en tres escenarios de pesadilla simultáneos.
En el desierto, los Kages luchaban por orgullo.
En la cueva, los hermanos Uchiha luchaban por el control.
Y en el norte, Naruto volaba hacia el destino, ignorante de que el tablero estaba a punto de ser pateado una vez más.
En el cráter dejado por los meteoritos, la Alianza Shinobi había dejado de existir.
Solo quedaban cinco figuras de pie, jadeando, sangrando y consumiendo sus últimas reservas de chakra.
Tsunade tenía el Sello Byakugō activo, su piel cubierta de líneas negras, sanando una herida en el abdomen que habría partido a cualquier otro ninja en dos.
El Raikage había perdido su brazo izquierdo en un ataque suicida fallido.
Mei Terumī apenas podía mantener su postura, con el cabello chamuscado.
Gaara y Onoki flotaban en una plataforma de arena, agotados tras detener el primer meteorito.
Frente a ellos, Madara Uchiha ni siquiera parecía haber comenzado a pelear en serio.
—Son persistentes —dijo Madara, sacudiéndose el polvo de su armadura—.
Me recuerdan a Hashirama.
Tienen la voluntad, pero carecen del poder.
—¡No nos subestimes!
—gritó el Raikage, cargando de nuevo con velocidad del rayo.
Tsunade lo siguió, lanzando un golpe capaz de romper montañas.
Mei lanzó un dragón de agua y lava combinados.
Madara suspiró.
—Ya he visto sus trucos.
El aburrimiento es el peor enemigo de un inmortal.
Madara realizó un sello manual: Mokuton: Tajū Mokuton Bunshin no Jutsu.
De su cuerpo brotaron ramas que se formaron en figuras humanas.
En un instante, veinticinco clones de madera de Madara rodearon a los cinco Kages.
Cinco clones por cada Kage.
La desesperanza cayó sobre los líderes como una losa de plomo.
Madara se cruzó de brazos, levitando ligeramente con su Susano’o original desactivado.
—Ustedes son los Cinco Kages —dijo con una voz tranquila, casi cortés—.
Sería una falta de respeto no luchar con todo contra la máxima autoridad shinobi.
Los veinticinco clones de madera miraron a los Kages.
Al unísono, sus ojos cambiaron a Mangekyō Sharingan, y el chakra azul comenzó a materializarse alrededor de cada uno de ellos, formando costillas, músculos y armaduras espectrales.
Madara sonrió.
—Díganme…
¿quieren que estos clones usen Susano’o o no?
La pregunta no era una oferta táctica; era una sentencia de muerte.
Veinticinco guerreros gigantes de chakra azul se alzaron sobre el desierto.
Las espadas espectrales cayeron.
Tsunade gritó, lanzándose al frente para recibir el impacto que iba dirigido a los demás, pero incluso su regeneración tenía un límite.
Era el fin de la era de los Kages.
Lejos del estruendo, en la húmedad de la cueva, la batalla era mental y espiritual.
Kabuto Yakushi, en su Modo Sabio Dragón, era una fuerza de la naturaleza.
Podía manipular el entorno inorgánico, haciendo que las estalagmitas atacaran a los hermanos Uchiha como lanzas vivientes.
Su piel de serpiente lo hacía inmune al dolor, y sus párpados cerrados bloqueaban los Genjutsus visuales del Sharingan.
—¡Es inútil!
—río Kabuto, esquivando una flecha del Susano’o de Sasuke—.
¡He superado a Orochimaru!
¡He superado a los Uchiha!
¡Soy el ser perfecto!
Sasuke e Itachi se movían en perfecta sincronía.
Sus Mangekyō Eternos brillaban en la oscuridad.
Sasuke usaba el Amaterasu para controlar el terreno, mientras Itachi usaba el Yata no Kagami para bloquear los ataques sónicos de Kabuto.
—Sasuke —dijo Itachi con calma, mientras su Susano’o naranja desviaba una embestida de Kabuto—.
No intentes matarlo.
Necesitamos que cancele el jutsu.
—Es demasiado rápido, Itachi.
Su percepción sensorial en Modo Sabio es perfecta —respondió Sasuke, frustrado.
—Entonces no atacaremos sus sentidos físicos.
Atacaremos su destino.
Itachi desactivó su Susano’o y caminó hacia Kabuto.
Kabuto lanzó su ataque: Senpō: Hakugeki no Jutsu (Arte Sabio: Jutsu de la Furia Blanca).
Un dragón de luz y sonido estalló, cegando y ensordeciendo a Sasuke.
Kabuto aprovechó para atacar a Itachi con una espada de chakra, cortándolo por la mitad.
Pero Itachi se disolvió en cuervos.
Y la escena se repitió.
Kabuto atacó.
Itachi fue cortado.
Cuervos.
Kabuto atacó de nuevo.
Itachi fue cortado.
Cuervos.
—¿Qué pasa?
—pensó Kabuto, sintiendo un déjà vu nauseabundo—.
¡Ya te maté!
¡Ya hice este movimiento!
—Estás en mi bucle —la voz de Itachi resonó en la mente de Kabuto—.
Este es el Izanami.
A diferencia del Izanagi, que cambia el destino, el Izanami lo decide.
Itachi había atrapado la conciencia de Kabuto en un ciclo infinito de tiempo, repitiendo el mismo instante de la batalla una y otra vez.
Para escapar, Kabuto tendría que aceptar su verdadera identidad y dejar de intentar ser alguien más (Orochimaru o un Dios).
Hasta entonces, su cuerpo físico en el mundo real quedó inmóvil, de pie como una estatua, con los ojos abiertos pero la mente perdida en la eternidad.
—Se acabó —dijo Itachi, acercándose al cuerpo paralizado de Kabuto.
Sasuke miró a su hermano con asombro.
—Perdiste la luz de un ojo para hacer esto.
—Un precio pequeño —respondió Itachi, su ojo izquierdo volviéndose blanco y ciego (aunque el derecho, gracias al trasplante de Sasuke, mantenía la visión eterna)—.
Ahora, detendremos la guerra.
Itachi levantó los párpados de Kabuto y usó su Sharingan restante para imponer una orden sobre la mente del Sabio Dragón: —Realiza los sellos: Rata, Buey, Mono, Tigre, Dragón, Jabalí.
Libera el Edo Tensei.
Las manos de Kabuto se movieron solas, obedeciendo la voluntad de Itachi.
—Edo Tensei…
¡Kai!
En todo el continente, ocurrió el milagro.
En el desierto, los cuerpos inmortales de Mū, Gengetsu, Rasa y A comenzaron a brillar con una luz blanca intensa.
En el bosque, los Siete Espadachines de la Niebla se detuvieron en medio de sus ataques, sus cuerpos deshaciéndose en polvo y luz.
Hanzō, Chiyo, Dan…
todos los guerreros revividos sintieron cómo sus almas eran llamadas de vuelta al Mundo Puro.
—¡Se están yendo!
—gritó Onoki, llorando de alivio mientras el clon de madera que estaba a punto de decapitarlo se detenía y comenzaba a brillar—.
¡Alguien ha detenido el jutsu!
Las almas ascendieron al cielo como luciérnagas masivas.
La guerra, al menos contra los muertos, había terminado.
Sin embargo, en medio del cráter, una figura no brillaba.
Madara Uchiha observaba cómo sus propios clones de madera desaparecían, pero su cuerpo principal permanecía sólido.
El brillo de la liberación lo rodeó por un segundo, y luego fue repelido.
Madara realizó una secuencia de sellos manuales a una velocidad imposible.
—Un jutsu de este calibre tiene un riesgo —dijo Madara, mirando sus manos—.
Si el invocado conoce los sellos de la liberación, puede rescindir el contrato con el invocador.
El chakra de Madara estalló, rompiendo el vínculo con Kabuto.
—Liberación del Contrato: Edo Tensei.
Madara miró a los Kages aterrorizados.
Ahora tenía un cuerpo inmortal, chakra infinito, y ya no dependía de nadie.
—Díganle al invocador que no sea tan descuidado la próxima vez.
Ahora…
terminemos con esto.
Lejos de allí, en el cuartel general de Obito, la situación dio un giro inesperado.
Naruto (el original) finalmente llegó al campo de batalla principal.
Frente a él, Obito estaba de pie sobre la cabeza del Gedō Mazō.
Pero Obito no estaba solo.
Junto a él, de pie como guardias pretorianos, había cuatro figuras que no habían desaparecido con la liberación de Kabuto.
Hashirama Senju.
Tobirama Senju.
Hiruzen Sarutobi.
Minato Namikaze.
Y más atrás, los Seis Jinchūrikis tampoco habían desaparecido.
—¿Qué significa esto?
—pensó Naruto, deteniéndose en el aire, sintiendo un escalofrío al ver el rostro de su padre—.
¡El Edo Tensei se rompió!
¡Sentí las almas subir!
¿Por qué ellos siguen aquí?
Obito rió bajo su máscara.
—¿Creíste que confiaría mi ejército más importante a un inestable como Kabuto?
Obito señaló hacia la base de la estatua.
Allí, oculto entre las raíces del Mazō, estaba Orochimaru.
El Sannin no estaba muerto, pero su consciencia estaba totalmente suprimida.
Un Zetsu Negro cubría la mitad de su cuerpo, y sus ojos tenían el patrón del Sharingan de Obito reflejado en ellos.
—Kabuto invocó a la infantería —explicó Obito—.
Pero obligué a Orochimaru a invocar a los Hokages usando las máscaras del Clan Uzumaki.
Orochimaru es el invocador de los Hokages, no Kabuto.
Y mientras yo controle la mente de Orochimaru…
Obito levantó su abanico de guerra (Gunbai).
—Los Hokages son míos.
La realidad cayó sobre Naruto como un mazo.
Su padre, el hombre que se sacrificó por él.
El Tercer Hokage, el abuelo que lo cuidó (a su manera).
El Primer y Segundo Hokage, los dioses de Konoha.
Todos estaban allí, con los ojos negros del Edo Tensei, listos para matarlo.
Minato dio un paso adelante.
Su cuerpo brillaba con un chakra amarillo, similar al de Naruto.
—Huye…
Naruto…
—la voz de Minato salió forzada, luchando contra el talismán—.
No puedo…
detenerme.
Obito hizo una señal.
—Mátenlo.
Los cuatro Hokages desaparecieron en un estallido de velocidad.
Tobirama apareció detrás de Naruto con un Hiraishin.
Hiruzen lanzó un dragón de fuego y tierra.
Hashirama invocó un Dragón de Madera.
Minato apareció frente a su hijo con un Rasengan cargado.
Naruto, sin el apoyo de Kurama y con el corazón helado por ver a su padre convertido en marioneta, apenas tuvo tiempo de levantar sus Gudōdama para bloquear.
La verdadera desesperación de la guerra acababa de comenzar.
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