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What If, Naruto con byakugan - Capítulo 118

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118: Capítulo 117: El objetivo invisible 118: Capítulo 117: El objetivo invisible El norte del País del Rayo se había convertido en una trituradora de carne y chakra.

Naruto Uzumaki, envuelto en el manto azul profundo de Isobu, se movía a velocidades que desafiaban la física, pero incluso para un dios autoproclamado, la situación era insostenible.

Frente a él, los cuatro Hokages inmortales coordinaban sus ataques con una precisión perfecta.

Minato aparecía y desaparecía en destellos amarillos, obligando a Naruto a mantener sus Gudōdama en modo defensivo constante.

Tobirama usaba el Hiraishin para redirigir los dragones de agua de Naruto contra él mismo.

Hiruzen bombardeaba con los cinco elementos, y Hashirama…

el Dios de los Shinobi, retenía a Naruto con su Mokuton, drenando el chakra de Isobu con cada contacto.

Y detrás de esa muralla de leyendas, los Seis Jinchūrikis transformados abrieron sus fauces.

Partículas negras y blancas comenzaron a condensarse en un solo punto central.

Una Bijuudama Combinada de proporciones apocalípticas estaba a punto de nacer.

Dentro del paisaje mental, el océano de Isobu estaba agitado por tormentas.

La tortuga gigante luchaba por mantener el flujo de chakra hacia Naruto, pero el estrés del combate contra cuatro Kages y seis bestias estaba llevando su resistencia al límite.

—No puedo mantener el ritmo defensivo, Naruto —advirtió Isobu—.

Si Minato nos marca una vez más, no podré reaccionar a tiempo.

En la oscuridad de la cueva, Kurama observaba.

Sus ojos rojos seguían cada movimiento de la batalla a través de los sentidos de Naruto.

Veía a sus “hermanos” —el Nibi, el Yonbi, el Gobi…— siendo esclavizados, reducidos a baterías para una estatua muerta.

Y veía a Naruto, luchando con una eficiencia fría pero insuficiente.

El Zorro gruñó.

Odiaba la arrogancia de Naruto.

Odiaba cómo había dejado morir a Baki.

Pero odiaba aún más a Madara y a Obito.

Y, sobre todo, su instinto de conservación era absoluto.

Si Naruto caía aquí, Kurama sería arrastrado al Gedō Mazō.

—Maldita sea.

Kurama no se levantó.

No salió de la oscuridad.

Simplemente, dejó de retener su chakra.

Abrió una pequeña válvula en su núcleo.

Un hilo de chakra dorado, denso y caliente, fluyó hacia el océano de Isobu, mezclándose con el agua fría.

Isobu sintió el cambio de temperatura y miró hacia la cueva.

—Kurama…

—Cállate, tortuga —interrumpió el Kyūbi ásperamente—.

No lo hago por él.

No lo he perdonado.

Pero si muere, yo pierdo.

Y me niego a ser la mascota de ese Uchiha.

En el mundo real, Naruto sintió la inyección.

Fue sutil, no el torrente de poder de antes, sino un goteo de vitalidad pura que restauró sus músculos y agudizó sus reflejos.

El manto azul oscuro ganó un matiz violeta momentáneo.

Naruto no dijo nada.

No hubo un “¡Gracias, Kurama!” ni una celebración.

Solo un asentimiento interno, un reconocimiento silencioso de que la tregua armada había vuelto.

—¡Ahora!

—gritó Obito.

La Bijuudama gigante, una esfera de destrucción del tamaño de una montaña, fue disparada.

El aire se rasgó con un chillido agudo mientras la masa de energía avanzaba.

Naruto plantó sus pies en el suelo.

“Viene hacia mí,” calculó.

“Es demasiada masa para desviarla con gravedad.

Tendré que usar las Gudōdama para crear una barrera de vacío y…” Naruto concentró todo su poder defensivo al frente.

Hashirama y Minato se apartaron para no ser vaporizados.

Pero entonces, ocurrió lo impensable.

La Bijuudama no bajó su trayectoria para golpearlo.

Pasó zumbando a cincuenta metros sobre su cabeza.

La presión del aire al pasar casi lo derriba, pero la esfera siguió su camino.

Naruto se giró, confundido, viendo cómo la bola de energía se alejaba hacia el horizonte sur a una velocidad hipersónica.

—¿Fallaron?

—se preguntó.

Una Bijuudama de ese tamaño no se “falla”.

Entonces, sus ojos se abrieron con horror al trazar la línea recta que la esfera estaba recorriendo en el mapa geográfico.

No iba hacia la Alianza en el campo de batalla.

Iba mucho más lejos.

Hacia Kumogakure.

—El Cuartel General…

—susurró Naruto.

Obito rió, una risa seca y cruel.

—¿Creíste que eras el único objetivo, Naruto?

Para ganar una partida de shogi, a veces no atacas al rey.

Atacas a la mano que mueve las piezas.

Sin cerebro, la Alianza es solo un cuerpo convulsionando.

A cientos de kilómetros de distancia, en la oficina circular del Cuartel General de la Alianza, las alarmas de chakra sonaron con un tono que nadie había escuchado antes.

Ao, el ninja sensorial de Kiri con el Byakugan, miró la esfera de agua.

Su rostro perdió todo color.

—Un objeto masivo de chakra se aproxima.

Velocidad incalculable.

Impacto en…

treinta segundos.

—¿Podemos desviarlo?

—preguntó Mabui, la secretaria del Raikage, ya preparando su Jutsu de Transferencia Celestial.

Ao negó con la cabeza, temblando.

—Es demasiado denso.

Y demasiado rápido.

Nada de lo que tenemos puede pararlo.

Un silencio pesado cayó sobre la sala.

Todos entendieron.

Iban a morir.

Shikaku Nara no se levantó de su silla.

No gritó.

Simplemente cerró los ojos un segundo, exhaló el humo de la tensión, y volvió a abrirlos con una claridad absoluta.

—Inoichi —dijo Shikaku—.

Conéctanos.

Inoichi Yamanaka, con lágrimas silenciosas bajando por sus mejillas, asintió.

—¿Con Naruto?

—No…

—Shikaku miró el mapa.

Naruto estaba luchando por su vida; distraerlo ahora con su muerte podría romperlo definitivamente—.

Él está peleando su propia guerra.

Conéctanos con el campo de batalla.

Con nuestros hijos.

Con la Alianza.

El Jutsu de Transmisión Mental se activó por última vez.

En el campo de batalla, miles de ninjas escucharon la voz de Shikaku en sus cabezas.

No era una voz de pánico.

Era la voz de un comandante dando su última orden.

“Escuchen bien, Shinobis de la Alianza.

Un ataque de larga distancia se dirige hacia el Cuartel General.

No hay forma de evadirlo.

Esta será nuestra última transmisión.” En el frente, Shikamaru se detuvo en seco.

Ino se llevó las manos a la boca, ahogando un grito.

“No pierdan la compostura,” continuó Shikaku.

“La cabeza de la serpiente puede ser cortada, pero el cuerpo aún sabe cómo morder.

Hemos analizado los datos de Madara y del Enmascarado.

La estrategia final ya ha sido enviada a los capitanes de división.” Hubo una pausa.

La voz de Inoichi entró en la mente de todos.

“Ino…

Shikamaru…

Chōji.

Lo habéis hecho bien.

Estamos orgullosos.

No dejéis que nuestra muerte sea una distracción.

Usadla como combustible.” Shikaku retomó la palabra, su voz firme hasta el final.

“Naruto Uzumaki es nuestra lanza.

Vosotros sois el escudo.

Protegedlo, incluso si él cree que no os necesita.

Ganad esta guerra.

Y sobrevivid.” —¡PADRE!

—el grito mental de Ino y Shikamaru resonó en la red.

En la oficina de Kumo, Shikaku miró a Inoichi.

—Fue una buena vida, viejo amigo.

—Lo fue —respondió Inoichi, sonriendo triste.

Mabui cerró los ojos con dignidad.

Ao mantuvo su Byakugan activo hasta el final, mirando la luz que venía a borrarlo todo.

La Bijuudama impactó.

No hubo sonido al principio, solo una luz blanca que se tragó la montaña entera donde estaba Kumogakure.

Luego, la tierra tembló como si el planeta hubiera sido golpeado por un martillo de dios.

En el campo de batalla, la conexión mental se cortó abruptamente, reemplazada por un zumbido de estática dolorosa.

Ino cayó de rodillas, llorando desconsoladamente.

Shikamaru bajó la cabeza, las lágrimas cayendo sobre la tierra, pero sus manos no dejaron de formar el sello de su jutsu.

La tristeza estaba allí, pero la estrategia de su padre había quedado grabada a fuego.

Naruto, desde su posición, vio el hongo de luz en el horizonte lejano.

Sintió cómo las firmas de chakra de Shikaku, Inoichi y los demás se desvanecían en la nada.

No había podido hacer nada.

No se había dado cuenta a tiempo.

Su “perfección” sensorial, su manto de dios, sus Gudōdama…

nada de eso sirvió porque estaba demasiado enfocado en su propia supervivencia y en su batalla personal.

Kurama, desde la oscuridad de su mente, murmuró una sola frase:  —Otra vez.

Naruto no gritó.

No lloró.

Su rostro se volvió una máscara de piedra inexpresiva, pero el manto azul a su alrededor se agitó violentamente.

El frío de Isobu se intensificó hasta que el aire a su alrededor comenzó a nevar.

Obito descendió flotando para quedar a la altura de los ojos de Naruto.

—¿Lo ves, Naruto?

La esperanza es solo una agonía prolongada.

Tus estrategas han muerto.

Tu “cerebro” ha sido destruido.

Ahora solo eres un cuerpo agitándose sin dirección.

Ríndete.

Naruto levantó la vista.

Sus ojos plateados brillaban con una intención asesina que trascendía la lógica ninja.

—Me quitaste a mis maestros.

Y ahora me quitas a mis guías.

Naruto juntó las manos.

—Bien.

Si no tengo a nadie que me diga qué hacer…

entonces no tengo a nadie que me diga qué no hacer.

La tierra bajo los pies de Naruto se partió.

La contención había terminado definitivamente.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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