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What If, Naruto con byakugan - Capítulo 123

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  4. Capítulo 123 - 123 Capítulo 122 La dimensión traicionada
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123: Capítulo 122: La dimensión traicionada 123: Capítulo 122: La dimensión traicionada El campo de batalla había dejado de ser una masacre unilateral para convertirse en un duelo de velocidades divinas.

Minato Namikaze, liberado del control mental por un milagro dimensional, era una tormenta dorada.

Su chakra del Kyūbi Yin rugía, y cada paso que daba dejaba una marca de Hiraishin en el suelo.

Frente a él, Obito Uchiha estaba a la defensiva.

Por primera vez en la guerra, el titiritero estaba arrinconado.

—¡Sensei!

—gritó Obito, tratando de absorber a Minato con el Kamui.

Minato desapareció en un destello amarillo y reapareció detrás de Obito, golpeándolo con un Rasengan que el Uchiha apenas logró esquivar volviéndose intangible.

—¡No me llames así!

—rugió Minato—.

¡El alumno que conocí murió bajo las rocas!

¡Tú eres solo el monstruo que lo devoró!

A unos metros de distancia, Kakashi Hatake observaba el combate con su Sharingan girando frenéticamente.

Veía cómo Obito se desmaterializaba para evitar los kunais de Minato.

—Cada vez que se vuelve intangible…

su chakra desaparece de este plano —analizó Kakashi—.

Y la distorsión espacial…

es idéntica a la mía.

Kakashi miró a su izquierda.

Itachi Uchiha (vivo y con el Mangekyō Eterno activo) estaba protegiendo el flanco.

—Itachi —llamó Kakashi—.

Tengo una teoría.

Mi Kamui y la intangibilidad de Obito están conectados a la misma dimensión de bolsillo.

Itachi entendió al instante.

—Si él envía partes de su cuerpo allí para evitar ataques aquí…

entonces es vulnerable desde adentro.

—Exacto —dijo Kakashi, tapándose el ojo izquierdo que empezaba a sangrar por el esfuerzo—.

Pero yo no tengo suficiente chakra para entrar, pelear y salir.

Necesito enviar a alguien que pueda someter lo que sea que esté allí.

Itachi envainó su espada y caminó hacia Kakashi.

—Envíame a mí.

Orochimaru está allí, ¿verdad?

Es el invocador.

Si rompo su control, la guerra cambia.

Kakashi asintió.

Acumuló todo el chakra restante en su ojo.

—Confío en ti, Uchiha.

Kakashi fijó su vista en Itachi.

—¡Kamui!

El espacio se remolinó alrededor de Itachi.

En un segundo, el prodigio de Konoha fue succionado y desapareció del campo de batalla.

Dentro de la Dimensión del Kamui, un mundo de bloques de hormigón flotando en un vacío oscuro, Orochimaru estaba sentado en posición de loto.

Sus ojos estaban vidriosos, bajo el control absoluto del Genjutsu de Obito, manteniendo los sellos para controlar a los Edo Tensei en el exterior.

De repente, Itachi apareció en el aire y aterrizó suavemente frente a él.

Orochimaru no reaccionó.

Era una máquina biológica en ese momento.

—Patético —dijo Itachi.

Itachi activó su Mangekyō Sharingan.

No usó violencia física.

Miró directamente a los ojos vacíos del Sannin y lanzó un Tsukuyomi focalizado, diseñado no para torturar, sino para romper barreras mentales.

¡CRACK!

La mente de Orochimaru se fragmentó y se recompuso en un instante.

El Genjutsu de Obito fue purgado.

Orochimaru parpadeó.

Sus ojos recuperaron su brillo amarillo y viperino.

Miró sus manos, miró a Itachi, y comprendió todo: había sido usado como un peón, obligado a invocar a sus antiguos maestros y controlado como un genin novato.

La furia que emanó de Orochimaru fue tan densa que el aire estático de la dimensión vibró.

—Ese maldito Uchiha…

—siseó Orochimaru, su lengua bífida saliendo—.

Se atrevió a esclavizarme.

A mí.

Al buscador de la inmortalidad.

—Tu orgullo está herido —dijo Itachi con indiferencia—.

Úsalo.

Obito está afuera.

Si quieres vengarte, ayúdanos.

Orochimaru sonrió, una sonrisa torcida y malévola.

—Ayudar a la Alianza no me interesa.

Pero ver caer a Obito…

eso será un placer exquisito.

En el mundo exterior, la batalla alcanzó su clímax.

Minato lanzó una lluvia de kunais marcados.

Obito, acorralado, no tuvo opción.

—¡No puedes tocarme!

—gritó Obito, activando su intangibilidad total para dejar que los kunais lo atravesaran.

Su torso y su cabeza se “desmaterializaron” del mundo real, transportándose instantáneamente a la Dimensión del Kamui para evitar el daño físico.

Pero la dimensión ya no estaba vacía.

Dentro del Kamui, Itachi y Orochimaru vieron aparecer la parte superior del cuerpo de Obito flotando en el vacío.

Era el momento.

—¡Kusanagi!

—Orochimaru extendió su espada desde su boca.

—¡Amaterasu!

—Itachi disparó llamas negras.

En el mundo real, Obito gritó de agonía.

Sangre brotó de su pecho “intangible”.

Fuego negro apareció de la nada sobre su hombro derecho.

—¡¿QUÉ?!

—Obito se materializó de golpe, cayendo al suelo, rodando para apagar las llamas—.

¡¿Cómo…?!

—¡Ahora, Minato!

—gritó Kakashi.

Minato apareció sobre Obito con un Rasengan.

Obito, herido y en pánico, se dio cuenta de la verdad terrible: su refugio seguro se había convertido en una cámara de tortura.

—¡Malditos!

—Obito usó su ojo derecho para expulsar forzosamente a los intrusos.

El vórtice se abrió.

Itachi Uchiha y Orochimaru fueron escupidos de la dimensión, aterrizando en el campo de batalla, flanqueando a Obito.

Obito se puso de pie, jadeando.

Estaba rodeado.

Minato al frente.

Kakashi a la derecha.

Itachi a la izquierda.

Y Orochimaru…

el invocador…

detrás de él.

Orochimaru se lamió los labios, mirando a Obito con odio puro.

Luego, juntó sus manos y alteró el sello de control de los Edo Tensei.

—Reescritura de Órdenes: Prioridad Uno…

Defender la Alianza.

En todo el campo de batalla, los cuerpos de Hashirama, Tobirama, Hiruzen y Kushina se detuvieron.

El brillo asesino en sus ojos desapareció, reemplazado por la consciencia plena.

Los Seis Jinchūrikis también detuvieron su avance.

—¿Qué…

qué estoy haciendo?

—Kushina miró sus manos, horrorizada—.

¿Estaba atacando a Naruto?

—El control ha cambiado —dijo Tobirama, analizando la situación—.

Ya no siento la orden de matar.

Siento…

libertad de acción.

Obito miró a su alrededor.

Su ejército se había vuelto en su contra.

Su dimensión estaba comprometida.

Su identidad revelada.

Había perdido.

En ese instante de silencio, la cúpula de cadenas doradas que protegía a Naruto se deshizo suavemente.

Naruto Uzumaki abrió los ojos.

Se levantó lentamente del barro.

Su cuerpo dolía, su chakra estaba bajo mínimos sin el Sanbi, pero su mente estaba clara.

—Naruto —dijo Kurama en su interior—.

Mira a tu alrededor.

Naruto observó.

Vio a su padre libre, de pie junto a Kakashi.

Vio a Orochimaru (increíblemente) del lado aliado.

Vio a su madre, Kushina, corriendo hacia él con lágrimas en los ojos.

El diagrama de sellado masivo, el “Plan Cero” que había ideado en su mente para sellarse a sí mismo junto con todos los enemigos, se desmoronó en su imaginación.

—El plan…

ya no es necesario —murmuró Naruto.

Kushina llegó a él y lo abrazó con una fuerza que le sacó el aire.

—¡Naruto!

¡Perdóname!

¡No era yo!

Naruto se quedó rígido un segundo, desacostumbrado al contacto maternal, pero luego, lentamente, devolvió el abrazo.

Sintió calor.

No el calor de la guerra, sino el de la familia.

—Está bien…

mamá.

Ya pasó.

La Alianza estalló en vítores.

Parecía la victoria total.

Obito estaba herido y solo.

Los Edo Tensei eran aliados.

Pero entonces, una risa profunda y resonante cortó la celebración.

Desde una colina elevada, Madara Uchiha aplaudía lentamente.

—Bravo —dijo Madara—.

Una excelente jugada táctica.

Han recuperado sus piezas.

Han arrinconado a Obito.

Madara saltó y aterrizó en el centro del campo, entre la Alianza y Obito.

Su chakra se elevó, oscuro y opresivo, eclipsando incluso la alegría del reencuentro.

—Pero cometieron un error de cálculo —dijo Madara, mirando a Orochimaru—.

Tú controlas a los Edo Tensei regulares.

Pero yo…

yo rompí mi contrato hace horas.

Yo no respondo a nadie.

Madara miró a Naruto, luego a Minato, luego a Hashirama.

—Obito ha fallado.

Ya no me sirve como socio.

Pero el plan del Ojo de Luna no depende de él.

Madara juntó sus manos.

—El Diez Colas está casi listo.

Solo necesita un poco más de caos.

Y ahora que están todos reunidos aquí…

será más fácil matarlos de un solo golpe.

Naruto se separó de su madre y caminó hasta la primera línea, poniéndose al lado de Sasuke y Minato.

Ya no tenía el Tenseigan activo, ni a Isobu, ni el Modo Sabio.

Estaba agotado.

Pero no estaba solo.

—Queda uno —dijo Naruto, apretando los puños—.

Vamos a derribar a la leyenda.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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