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What If, Naruto con byakugan - Capítulo 124

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  4. Capítulo 124 - 124 Capítulo 123 El títere y el baile de los dioses
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124: Capítulo 123: El títere y el baile de los dioses 124: Capítulo 123: El títere y el baile de los dioses La traición de Obito había fallado, y su ejército de muertos se había vuelto en su contra.

Sin embargo, en el tablero de ajedrez de la guerra, siempre hay una pieza que se mueve en las sombras, esperando el momento de mayor debilidad del Rey.

Obito Uchiha, herido y rodeado por la Alianza, intentó ponerse de pie para lanzar un último contraataque desesperado.

Pero sus piernas no respondieron.

—¿Qué…?

—Obito miró hacia abajo.

Una masa negra y viscosa se estaba extendiendo desde el suelo, subiendo por su pierna derecha (la mitad hecha de células de Hashirama).

Era Zetsu Negro.

La entidad se había separado de Orochimaru momentos antes de que Obito lo llevara a la dimensión del Kamui, escondiéndose en el caos del campo de batalla, esperando a su verdadero anfitrión.

—Has perdido tu utilidad como líder, Obito —susurró Zetsu Negro, su voz sonando como lodo arrastrándose—.

Tu mente está debilitada por la duda.

Tu corazón vacila al ver a tu maestro.

Ya no eres apto para conducir el destino.

—¡Suéltame!

—gritó Obito, intentando usar el Kamui.

—Demasiado tarde.

Zetsu Negro cubrió la mitad derecha del cuerpo de Obito.

Las manos del Uchiha se movieron contra su voluntad, formando el sello de la Rata.

—Yo soy la voluntad de Madara —dijo Zetsu—.

Y ahora, yo conduciré este cuerpo hasta el final.

Obito quedó prisionero en su propia carne.

Sus ojos, uno Sharingan y otro Rinnegan, perdieron el brillo de la humanidad y se tornaron fríos, mecánicos.

Zetsu Negro había tomado el volante.

Mientras Obito era subyugado, Madara Uchiha ignoró por completo la escena.

Sus ojos estaban fijos en una sola persona.

Hashirama Senju, ahora libre del control de Orochimaru, dio un paso al frente.

Su chakra verde estalló, agrietando el suelo a kilómetros a la redonda.

—¡Madara!

—gritó el Primer Hokage—.

¡Detén esto!

¡Mira lo que has hecho!

Madara sonrió.

Fue una sonrisa genuina, eufórica, la de un hombre que reencuentra a su único igual después de la muerte.

—¡Hashirama!

—bramó Madara—.

¡Al diablo con la guerra!

¡Al diablo con el Juubi!

¡Llevo esperando este momento décadas!

¡Bailemos!

Madara activó su Susano’o Perfecto, un titán azul que tocó las nubes.

Hashirama juntó sus manos.

Mokuton: Mokujin no Jutsu (Jutsu del Hombre de Madera).

Un golem colosal emergió de la tierra, atrapando la espada del Susano’o con sus manos desnudas.

La onda de choque de su primer impacto mandó a volar a cientos de ninjas de la Alianza.

—¡Atrás todos!

—gritó Tobirama—.

¡Este es un duelo de dioses!

¡Si se acercan, serán vaporizados!

La batalla entre los fundadores comenzó, convirtiendo una sección entera del país en un cataclismo de madera y chakra, alejándose del grupo principal y dejando a la Alianza sola contra Obito.

En la retaguardia de la primera línea, Naruto Uzumaki intentó ponerse de pie para unirse a su padre y a Sasuke.

—Tengo que…

ayudar…

Concentró chakra en sus ojos.

Intentó reactivar el Manto del Tenseigan.

El aura cian parpadeó alrededor de su cuerpo por un segundo.

Y luego se apagó.

Naruto cayó de rodillas, tosiendo violentamente.

—Maldición…

—jadeó, mirando sus manos temblorosas.

—No lo fuerces —advirtió Kurama desde su interior—.

Sin Isobu, tu red de chakra está sobrecalentada.

Has gastado reservas que no tenías peleando contra doce leyendas.

Si intentas entrar en modo batalla ahora, tu corazón estallará.

Kushina corrió hacia él y lo sostuvo.

—¡Naruto!

¡No te muevas!

—No sirvo…

así…

—gruñó Naruto, frustrado por su impotencia.

—Recupérate —dijo Sasuke, pasando a su lado sin mirarlo—.

Si mueres por agotamiento, será una vergüenza para mí.

Siéntate y reúne chakra.

Nosotros nos encargaremos de la basura.

Naruto apretó los dientes, pero la lógica se impuso.

Se sentó en posición de loto, protegido por las cadenas de su madre y la curación de Sakura.

Cerró los ojos y comenzó a meditar, intentando absorber cada gramo de Energía Natural del ambiente para reiniciar sus sistemas.

Obito (controlado por Zetsu) observó que Naruto estaba fuera de combate y que Madara estaba distraído.

—El ritual de resurrección del Diez Colas está en su fase final —dijo Zetsu Negro a través de la boca de Obito—.

Pero la Alianza es ruidosa.

Necesitamos silenciarlos.

Obito levantó las manos.

Del suelo, y de su propio cuerpo, brotaron ramas de madera afiladas como lanzas.

—Mokuton: Sashiki no Jutsu (Jutsu de Esquejes).

No fue un ataque dirigido.

Fue una lluvia de muerte indiscriminada.

Miles de estacas de madera fueron disparadas hacia la Alianza a velocidad de bala.

—¡Defensa!

—gritó Hiashi Hyūga.

Los Hyūga usaron la Rotación.

Los usuarios de Doton levantaron muros.

Pero el ataque era demasiado denso, demasiado rápido.

Los gritos de dolor llenaron el aire.

Kitsuchi, el capitán de la División de la Roca y padre de Kurotsuchi, fue empalado en el hombro y el abdomen, cayendo al suelo.

Karui de la Nube recibió una estaca en la pierna que la dejó fuera de combate.

Pero la tragedia golpeó más cerca.

Un grupo de estacas se dirigió hacia Naruto, quien estaba meditando e indefenso.

Kushina estaba bloqueando otro flanco.

Hinata Hyūga se interpuso, con los brazos abiertos.

—¡Rotación!

—gritó Neji Hyūga, saltando frente a ella y frente a Naruto.

Sin embargo, el ataque de Obito, potenciado por el Gedō Mazō, rompió la rotación de Neji.

Tres estacas de madera atravesaron el cuerpo del genio Hyūga.

Neji escupió sangre, pero se mantuvo de pie, bloqueando los proyectiles con su propio cuerpo para que ni una astilla tocara a Naruto.

—Neji…

hermano…

—susurró Hinata, horrorizada.

Neji cayó al suelo.

Su pájaro enjaulado comenzó a desvanecerse.

Naruto, sintiendo la perturbación en el chakra, abrió los ojos y vio la espalda de Neji llena de madera.

—¡NEJI!

—Concéntrate…

Naruto…

—susurró Neji, con la vida escapándosele—.

No rompas…

tu meditación…

por mí…

El pánico comenzó a cundir en la Alianza.

Sus líderes habían muerto en el cuartel general.

Su héroe estaba inmovilizado.

Sus compañeros estaban siendo masacrados.

—¡Vamos a morir!

—gritó un ninja—.

¡Es inútil!

En medio del caos, una voz firme resonó en la mente de todos.

Shikamaru Nara se limpió las lágrimas por la muerte de su padre y se puso de pie sobre una roca.

—¡Escuchen!

—transmitió a través del jutsu de Ino.

Ino Yamanaka, con los ojos rojos pero las manos firmes haciendo el sello, conectó a todo el ejército restante.

Estaba canalizando el deber de su padre, Inoichi.

—¡El enemigo está desesperado!

—dijo Shikamaru—.

¡Está lanzando ataques al azar porque nos tiene miedo!

¡No rompan la formación!

¡Usuarios de Doton, muro en ángulo de 45 grados!

¡Usuarios de Suiton, bloqueen la visión!

—¡Equipo de sellado, flanco izquierdo!

—ordenó Ino, coordinando los pensamientos—.

¡Kitsuchi ha caído, Kurotsuchi toma el mando de la Segunda División!

La Alianza dejó de ser una turba asustada.

Bajo la dirección de los hijos de Shikaku e Inoichi, el ejército recuperó su cohesión.

Eran un cerebro nuevo, joven y rápido.

Obito/Zetsu, viendo que la Alianza se reorganizaba y que Naruto seguía acumulando poder, decidió que el tiempo de juego había terminado.

Saltó hacia atrás, aterrizando sobre la cabeza del Gedō Mazō.

La estatua comenzó a crujir.

Su piel de piedra se rompió, revelando carne viva debajo.

Un rugido que no pertenecía a este mundo sacudió la atmósfera, derribando a los ninjas que estaban cerca.

El ojo único de la estatua se abrió, rojo y con tomoes concéntricos.

—Ha llegado —anunció Zetsu Negro.

La carcasa se rompió por completo.

El Diez Colas (Juubi), en su primera forma grotesca e incompleta, se alzó sobre el campo de batalla, eclipsando a los Bijuus, a los Susano’o y a la esperanza misma.

Obito y Zetsu se conectaron a la cabeza de la bestia mediante un cordón umbilical de carne.

—Ahora, veamos cómo se enfrentan al fin del mundo —dijo Zetsu, mientras el Juubi abría una boca llena de dientes deformes y cargaba una Bijuudama que hacía parecer a las anteriores simples juguetes.

Naruto, aún sentado, apretó los puños sobre sus rodillas.

“Un poco más…

solo un poco más…”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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