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What If, Naruto con byakugan - Capítulo 125

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  4. Capítulo 125 - 125 Capítulo 124 La barrera carmesí
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125: Capítulo 124: La barrera carmesí 125: Capítulo 124: La barrera carmesí El despertar del Diez Colas (Juubi) no fue un nacimiento, fue un cataclismo.

La bestia, una masa grotesca de carne y un solo ojo rojo, rugió con una onda expansiva que pulverizó las montañas cercanas.

La Alianza Shinobi, que acababa de recuperar la esperanza gracias a la estrategia de Shikamaru e Ino, volvió a sentirse como hormigas ante un huracán.

Obito (controlado por Zetsu Negro) sonrió desde la cabeza de la bestia.

—Borrémoslos.

El Juubi abrió su boca.

Una Bijuudama cónica, cien veces más densa que las anteriores, comenzó a formarse.

Su objetivo no era una división; era todo el continente.

—¡No lo permitiré!

—gritó Hashirama Senju.

El Primer Hokage, que se había separado momentáneamente de su duelo con Madara al ver la amenaza existencial, aterrizó en el norte del campo de batalla.

—¡Tobirama!

¡Hiruzen!

¡Minato!

¡A sus posiciones!

Los cuatro Hokages reanimados, con sus reservas de chakra infinito, se dispersaron en cuatro puntos cardinales alrededor de la bestia gigante.

Minato, apareciendo en el sur, clavó un kunai en el suelo.

Tobirama en el este.

Hiruzen en el oeste.

Hashirama en el norte.

Los cuatro realizaron el mismo sello al unísono.

—¡Ninpō: Shisekiyōjin!

(Arte Ninja: Formación de los Cuatro Yang Rojos) Cuatro pilares de luz carmesí se alzaron hacia la estratosfera, conectándose entre sí para formar una caja rectangular gigantesca y translúcida que encerró al Juubi por completo.

La Bijuudama de la bestia se disparó.

¡BOOOM!

La explosión ocurrió dentro de la barrera.

El fuego y la energía chocaron contra las paredes rojas, que se doblaron pero no se rompieron.

La fuerza de la explosión rebotó hacia adentro, quemando la propia piel del Juubi, que aulló de dolor y furia.

—¡Mantengan la barrera!

—ordenó Hashirama, con las venas de su frente marcadas—.

¡Ni siquiera el Diez Colas puede romper esto fácilmente!

La Alianza miró con asombro.

Habían contenido el apocalipsis en una caja roja.

A miles de kilómetros, en el desierto donde Madara había dejado a los Cinco Kages al borde de la muerte, ocurrió otro milagro inesperado.

Tsunade abrió los ojos, esperando ver el otro mundo.

En su lugar, vio el rostro pálido y escamoso de Kabuto Yakushi.

—¿Tú…?

—susurró Tsunade, demasiado débil para atacar—.

¿Viniste a rematarnos?

Kabuto negó con la cabeza, sus manos brillando con chakra médico verde mientras regeneraba el torso partido de la Hokage.

—Ya no soy el peón de nadie.

Itachi Uchiha me mostró el bucle de mis errores.

He decidido encontrar mi propia identidad…

y esa identidad comienza salvando lo que queda de este mundo.

Detrás de él, el Equipo Taka trabajaba.

Karin dejaba que el Raikage mordiera su brazo para recuperar chakra.

Jugo transfería energía natural a Gaara y Onoki.

Suigetsu ayudaba a unir el cuerpo de Tsunade.

—Esto es ridículo —gruñó el Raikage A, sintiendo su fuerza volver—.

¿Ser salvados por los criminales que cazamos?

—Es la guerra, Raikage —dijo Orochimaru, apareciendo de la nada (habiendo llegado desde el campo de batalla principal gracias a un clon de serpiente para supervisar)—.

Acepta la ayuda.

Naruto y los demás están luchando contra un Madara.

Necesitan a sus líderes.

Tsunade se puso de pie, su rombo en la frente volviendo a brillar levemente.

Miró hacia el norte.

—Kabuto…

gracias.

—No me agradezcas todavía —dijo Kabuto, ajustándose las gafas—.

Llevémoslos al frente.

La verdadera batalla apenas comienza.

De vuelta en el frente norte, dentro de la seguridad relativa detrás de la barrera carmesí.

Naruto seguía sentado, sudando frío.

Su meditación no era suficiente.

Sin el Sanbi, su capacidad de almacenamiento se había reducido a la mitad, y su red de chakra estaba dañada.

Intentar entrar en Modo Sabio o reactivar el Tenseigan era como intentar encender un motor sin gasolina.

—Maldición…

—jadeó Naruto—.

No llego…

no me recupero a tiempo.

Minato Namikaze (quien mantenía la barrera con una sola mano mientras un clon de sombra se acercaba a su hijo) se arrodilló frente a él.

—Naruto —dijo Minato con suavidad.

Naruto abrió un ojo, viendo el aura dorada que rodeaba a su padre.

Era el chakra del Kyūbi Yin, la mitad oscura que Minato se había llevado a la tumba.

—Papá…

la barrera…

—Mi cuerpo principal la sostiene.

Escúchame —Minato miró el sello en el estómago de Naruto—.

Kurama (la mitad Yang) está agotado y aislado dentro de ti.

Y te robaron a Isobu.

Necesitas una fuente de poder inmediata para volver a pelear.

Minato extendió su puño.

—Yo no pude ser un padre para ti en vida.

No pude enseñarte a caminar, ni a lanzar un shuriken.

Solo te dejé deudas y enemigos.

Pero puedo hacer esto.

El chakra dorado de Minato comenzó a vibrar.

—Toma mi mitad de Kurama.

Es el chakra Yin.

Es más oscuro, más denso…

pero sé que podrás controlarlo.

Completa el poder del Zorro.

Naruto miró el puño de su padre.

Sintió la resonancia.

El Kurama dentro de él (Yang) se despertó, sintiendo la presencia de su otra mitad.

—Gracias…

papá.

Naruto chocó su puño con el de Minato.

El trasvase comenzó.

Un río de chakra dorado y puro fluyó del padre al hijo.

Sobre la cabeza del Juubi, Zetsu Negro (controlando a Obito) observó la escena con su visión mejorada.

—Están transfiriendo el Kyūbi —siseó Zetsu—.

Si el chico obtiene el chakra completo, se volverán una amenaza real para la barrera.

—No puedo moverme —dijo Obito (luchando internamente)—.

La barrera me impide salir.

—No necesitamos salir —dijo Zetsu Negro—.

Solo necesitamos interceptar.

Obito/Zetsu puso su mano sobre la superficie del Juubi.

—Banshō Ten’in (Atracción Universal): Absorción de Chakra.

Zetsu Negro extendió su voluntad a través del suelo, como raíces invisibles que pasaron por debajo de la barrera (que solo bloqueaba ataques físicos y energéticos directos, no la absorción a través de la tierra conectada al Juubi).

Justo cuando el flujo de chakra pasaba de Minato a Naruto, una sombra negra emergió del suelo entre sus puños.

—¡¿Qué?!

—Minato intentó cortar el flujo, pero fue tarde.

La sombra interceptó el torrente de chakra.

Naruto recibió el 80% del poder, sintiendo cómo su cuerpo se revitalizaba instantáneamente y sus ojos cambiaban.

Pero el 20% restante —una cantidad masiva de chakra puro de Bijuu— fue desviado hacia el suelo, viajando a la velocidad de la luz hacia el Juubi.

—¡Me lo han robado!

—gritó Naruto, retrocediendo.

—¡Lo tengo!

—rió Zetsu Negro desde la cima de la bestia.

El Juubi, que estaba rugiendo de dolor por sus propias quemaduras, de repente se detuvo.

El chakra del Kyūbi robado entró en su sistema.

Aunque era una fracción, era el catalizador que le faltaba para estabilizar su forma.

El cuerpo bulboso y gordo del Juubi comenzó a convulsionar.

La carne se estiró.

Los brazos se volvieron más largos, musculosos.

De su espalda brotó una flor gigantesca que parecía un cañón.

—¡Ha evolucionado!

—gritó Hiruzen—.

¡Su poder se ha triplicado!

El Juubi, ahora en su segunda forma (más delgada y destructiva), abrió su boca.

No cargó una Bijuudama.

Simplemente gritó.

La onda sónica golpeó las paredes de la barrera carmesí.

¡CRACK!

La barrera de los Cuatro Hokages, que se decía indestructible, se agrietó.

Minato, Tobirama e Hiruzen escupieron ceniza (sangre de Edo Tensei) por el esfuerzo de mantenerla.

Naruto se puso de pie.

Su cuerpo brillaba con un nuevo manto: una mezcla del dorado de Minato y su propio chakra.

Se sentía poderoso, sí…

pero el enemigo acababa de hacerse inmensamente más peligroso gracias al robo.

—Se acabó el tiempo de la contención —dijo Zetsu Negro—.

Es hora de la erradicación.

El Juubi apuntó su flor-cañón hacia la barrera agrietada, cargando una Bijuudama del tamaño de una ciudad.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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