What If, Naruto con byakugan - Capítulo 127
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- Capítulo 127 - 127 Capítulo 126 El nacimiento del unigénito
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127: Capítulo 126: El nacimiento del unigénito 127: Capítulo 126: El nacimiento del unigénito El campo de batalla quedó en un silencio de expectativa cuando la luz de la Bijuudama desviada se desvaneció.
Naruto, jadeando en su forma híbrida, sintió un cambio repentino en el chakra de Obito.
No era un aumento de poder, sino un sacrificio ritual.
Sobre la cabeza del Juubi, Zetsu Negro torció el cuerpo de Obito en una postura antinatural.
Las manos del Uchiha formaron el sello de la Serpiente.
—Gedō: Rinne Tensei no Jutsu (Camino Exterior: Jutsu de la Vida Celestial de Saṃsāra).
Un pilar de luz envolvió a Madara Uchiha, que caminaba tranquilamente hacia el centro del caos.
Su cuerpo de papel agrietado (Edo Tensei) comenzó a brillar.
Las grietas desaparecieron.
Su piel muerta se volvió carne viva.
Su corazón, detenido hace décadas, dio un golpe de tambor que resonó en los oídos de todos los sensores.
Madara Uchiha había resucitado.
Sin embargo, al revivir, sus ojos de Edo Tensei se desmoronaron en polvo.
Madara estaba ciego.
—¡Jajaja!
—rió Madara, escupiendo sangre propia—.
¡Esto es!
¡El sabor de la sangre!
¡El dolor de la piel!
¡Esto es luchar!
Zetsu Negro se desprendió del cuerpo de Obito, dejando al hombre roto caer al suelo, y se deslizó hacia Madara.
—Madara-sama, aquí tiene.
Zetsu le entregó un pequeño frasco de cristal que había recuperado de la dimensión de Obito.
Dentro, flotaba un ojo morado con anillos concéntricos: el Rinnegan Derecho Original.
Al mismo tiempo, Zetsu forzó a Obito a arrastrarse y entregarle el Rinnegan Izquierdo.
Madara, sin dudarlo, se arrancó los párpados vacíos y se implantó ambos ojos en un movimiento rápido y brutal.
El chakra médico fluyó.
Madara abrió los ojos.
El poder del Rinnegan real, en un cuerpo vivo, hizo que el aire se volviera pesado.
Tobirama Senju, viendo la oportunidad antes de que Madara se adaptara, apareció detrás de él con el Hiraishin.
—¡Ahora que eres mortal, puedes morir!
Madara ni siquiera se dio la vuelta.
—Lento.
Madara clavó una barra negra en el suelo, anticipando la teletransportación, y empaló el pie de Tobirama.
Luego, con una velocidad que superaba al Modo Sabio, agarró al Segundo Hokage por el cuello y lo estrelló contra el suelo.
Clavó cinco barras de chakra en la espalda de Tobirama, anulando su movimiento.
—El creador de jutsus, reducido a una alfombra —escupió Madara.
Desde el cielo, un halcón de chakra descendió.
Sasuke Uchiha, viendo a Madara ocupado, se lanzó en picada con su espada Kusanagi cargada de Chidori negro.
—¡MADARA!
Sasuke aterrizó detrás de él y apuñaló.
Pero su espada atravesó…
nada.
Madara se había movido un milímetro a la derecha.
Madara arrebató la espada de la mano de Sasuke.
—Tienes buenos ojos, niño.
Pero te falta visión.
Sin ceremonia, Madara giró la espada y la hundió en el pecho de Sasuke, atravesando su corazón y pulmón.
Sasuke tosió sangre, sus ojos abiertos con incredulidad.
—No…
yo…
soy…
Madara lo levantó con la espada y lo arrojó lejos, como si fuera basura.
Sasuke cayó al suelo, mirando el cielo gris, sintiendo cómo el frío de la muerte lo invadía.
Obito, tirado en el suelo y moribundo tras el Rinne Tensei, miró al Juubi.
—Aún…
no…
En un último intento de redención (o de locura), Obito intentó realizar el sello para absorber al Juubi en sí mismo.
Pero Madara apareció pisando su mano.
—Gracias por el esfuerzo, Obito.
Pero tu papel ha terminado.
Madara realizó un sello único.
El Juubi, que rugía esperando una orden, se convirtió en un vórtice de chakra blanco.
No hubo resistencia.
El Diez Colas reconoció a su verdadero amo.
La bestia masiva fue absorbida por el cuerpo de Madara en segundos.
Una explosión de luz blanca cegó a todos.
Cuando la luz se disipó, Madara flotaba en el aire.
Su armadura roja había desaparecido.
Ahora vestía una túnica blanca larga, con magatamas en el cuello.
Su piel era pálida como la luna, y tenía un bastón Shakujō negro en la mano.
Nueve Gudōdama flotaban a su espalda.
Madara Uchiha, Jinchūriki del Juubi.
Los ninjas de la Alianza retrocedieron, soltando sus armas.
La presión espiritual era tan intensa que los más débiles se desmayaron solo por estar cerca.
En ese momento, llegaron los refuerzos que ya no importaban.
Kabuto, Orochimaru, Taka y los 5 Kages aterrizaron cerca del cuerpo de Sasuke.
—¡Rápido!
—gritó Kabuto, corriendo hacia Sasuke—.
¡Aún hay un hilo de vida!
Mientras Kabuto trabajaba frenéticamente para mantener el corazón de Sasuke latiendo…
la mente de Sasuke se hundió en el agua profunda.
En el Plano Mental: Sasuke abrió los ojos en un vacío oscuro.
Pero no estaba solo.
Un anciano flotaba frente a él.
Tenía cuernos, piel pálida y el Rinnegan.
Estaba sentado sobre esferas de la verdad.
—Indra…
—dijo el anciano con una voz que sonaba a eternidad—.
Has llegado al final de tu ciclo.
Sasuke frunció el ceño.
—¿Quién eres?
—Soy Hagoromo Ōtsutsuki.
El Sabio de los Seis Caminos.
Hagoromo miró a Sasuke con tristeza.
—Madara ha obtenido el poder de mi madre, Kaguya.
El equilibrio del mundo está roto.
Necesito otorgarte mi poder para detenerlo.
Tú, la reencarnación de mi hijo mayor, Indra.
Sasuke, desesperado por poder para matar a Madara, asintió.
—Dame el poder.
Haré lo que sea.
Hagoromo levantó su bastón.
—Pero esto requiere equilibrio.
Necesito hablar también con la reencarnación de mi hijo menor, Ashura.
Hagoromo cerró los ojos y proyectó su voz a través del plano espiritual, buscando el alma de Naruto Uzumaki.
Normalmente, en situaciones de muerte cercana o despertar espiritual, el alma de Ashura resonaría.
—Ashura…
responde.
Hagoromo esperó.
Y esperó.
El vacío respondió con silencio.
Hagoromo abrió los ojos, visiblemente perturbado.
—¿Qué…?
No lo encuentro.
Miró hacia el “mundo real” a través de su visión divina.
Vio a Naruto Uzumaki de pie, vivo, vibrando con un poder extraño: una mezcla de energía natural, chakra del Kyūbi Yin y el frío abisal del Tenseigan alterado.
—Su alma…
—murmuró Hagoromo—.
Su alma ha cambiado tanto que ya no resuena con la de Ashura.
El ciclo de reencarnación…
se ha roto en él.
O quizás, la oscuridad de la Niebla y el poder de esos ojos han ocultado su esencia de mi vista.
Hagoromo miró a Sasuke.
—Naruto no vendrá.
No puedo darle mi poder a él.
Él ha forjado un camino que no puedo ver ni tocar.
Sasuke apretó los puños.
—Entonces dámelo todo a mí.
Yo salvaré este mundo solo.
Hagoromo dudó un segundo, pero al ver a Madara ascendiendo a la divinidad, suspiró.
—Que así sea.
Todo el poder Yin de los Seis Caminos…
será tuyo.
Sasuke comenzó a brillar en el mundo real.
En el campo de batalla, Naruto observaba a Madara flotando.
No tuvo ninguna visión.
No vio a ningún viejo sabio.
No recibió ningún regalo divino.
Se miró las manos.
Seguía teniendo su modo híbrido inestable.
Seguía estando herido.
Seguía siendo solo Naruto.
—Parece que a mí nadie me va a regalar nada —dijo Naruto, con una sonrisa amarga pero feroz—.
Bien.
Nunca me gustó pedir favores.
Naruto apretó los dientes y forzó a su cuerpo a levantarse.
A su izquierda, el cuerpo de Sasuke comenzó a emitir un chakra púrpura siniestro y un Rinnegan con tomoes se abrió en su ojo izquierdo.
A su derecha, Madara descendía como un dios vengativo.
Naruto estaba en medio.
Sin bendición divina, sin destino profético.
Solo con su espada negra, el chakra de su padre y la terquedad de un ninja que se niega a morir.
—¡Oy, Sasuke!
—gritó Naruto al cuerpo que se levantaba—.
¡Si ya terminaste de dormir, ayúdame a matar a ese bastardo!
El final de la guerra sería entre un Dios (Madara), un Profeta (Sasuke) y un Hereje (Naruto).
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