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What If, Naruto con byakugan - Capítulo 130

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  4. Capítulo 130 - 130 Capítulo 129 El espejo roto la flor marchita y el clon de madera
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130: Capítulo 129: El espejo roto, la flor marchita y el clon de madera 130: Capítulo 129: El espejo roto, la flor marchita y el clon de madera El rayo de luz púrpura descendió como el juicio final.

No había tiempo para gritar, ni para correr.

La velocidad de la luz no perdona.

Sakura, Kakashi, Gaara, Ino y el resto de la División de Apoyo miraron hacia arriba, congelados en el tiempo, viendo su muerte acercarse.

Pero en ese microsegundo, una sombra roja se interpuso.

Itachi Uchiha, sangrando por los ojos debido al uso excesivo del Mangekyō, forzó su cuerpo más allá del límite biológico.

—¡Susano’o: Espejo de Yata!

El gigante espectral de color naranja se materializó frente al grupo.

El escudo sagrado, capaz de repeler cualquier naturaleza, se alzó para interceptar el ataque de Madara.

—¡Sasuke!

—gritó Itachi, su voz resonando no con dolor, sino con una última lección—.

¡Mira bien!

¡Esto es lo que hace un Shinobi de Konoha!

¡No traicionamos…

protegemos!

¡ZZZRRRT!

El Colmillo de Luz de Madara chocó contra el Espejo de Yata.

El escudo divino crujió.

El ataque de Madara estaba imbuido con el Senjutsu de los Seis Caminos y el poder del Juubi.

Era superior a cualquier herramienta espiritual convencional.

El Espejo se agrietó.

El Susano’o de Itachi comenzó a desintegrarse.

Con un último esfuerzo agónico, Itachi empujó el escudo hacia adelante, desviando el ángulo del rayo solo unos grados.

No pudo detenerlo, pero evitó la vaporización total del centro del grupo.

El rayo atravesó el Susano’o, atravesó el pecho de Itachi y golpeó la tierra con la fuerza de una bomba nuclear táctica.

La explosión levantó una nube de polvo y escombros que cubrió kilómetros.

Cuando el humo se disipó, el silencio era absoluto.

Sasuke, desde el aire, bajó la mirada, horrorizado.

—¿Itachi…?

En el cráter, Itachi Uchiha yacía de espaldas, con un agujero cauterizado en el abdomen.

Estaba vivo por pura voluntad, pero su luz se apagaba.

Pero detrás de él, el daño colateral del rebote fue devastador.

El rayo había barrido el flanco de la formación.

Kakashi Hatake: Inconsciente, lanzado contra una roca, su máscara rota y el pecho lleno de metralla.

Sakura Haruno: Había protegido a Tsunade con su cuerpo; su espalda estaba quemada, el Byakugō parpadeaba débilmente.

Gaara y Temari: Enterrados bajo escombros.

Kiba Inuzuka: Akamaru aullaba sobre el cuerpo inmóvil de su dueño.

Y en el centro de la devastación…

yacía ella.

Ino Yamanaka.

La chica que había intentado conectar la mente de Naruto con el mundo.

La chica que le ofreció calidez cuando él era solo hielo.

El rayo no la había golpeado de lleno, pero la onda de choque de luz la había alcanzado.

Estaba en el suelo, su cabello rubio manchado de rojo y ceniza.

Sus ojos azules miraban al cielo, vacíos, sin brillo.

No se movía.

Su chakra sensorial, que siempre había sido un faro para Naruto, se había apagado.

Naruto descendió lentamente.

Sus pies tocaron el borde del cráter.

El Manto de los Seis Caminos y el Tenseigan brillaban, pero su aura se sentía extraña.

Estática.

Caminó entre los heridos.

Vio a Kakashi.

Vio a Itachi agonizando.

Y luego vio a Ino.

Naruto se detuvo.

—Ino…

—su voz no tenía tono.

Era plana, muerta.

No se arrodilló.

No lloró.

No gritó su nombre.

Algo dentro de Naruto se rompió.

No fue un “crack” emocional; fue el sonido de un glaciar colapsando.

La frialdad táctica que había cultivado en la Niebla, la paz que Isobu le daba, la estrategia…

todo fue barrido por un tsunami de locura.

—Madara…

—susurró Naruto.

El suelo alrededor de Naruto comenzó a congelarse instantáneamente.

No era hielo normal; era hielo negro.

—Armadura Interna de Rayo: Sobrecarga.

Su sistema nervioso se iluminó.

Sus ojos Tenseigan cambiaron de cian a un violeta tormentoso.

—¡TE VOY A MATAR!

El rugido de Naruto no fue humano.

Fue el sonido de diez bestias gritando al unísono.

Una columna de chakra explotó hacia el cielo, congelando las nubes y hirviendo la tierra al mismo tiempo.

Naruto desapareció.

Reapareció frente a Madara en el cielo.

—¡HYŌTON: ERA GLACIAR DEL ABISMO!

Naruto exhaló.

No fue un jutsu normal.

Congeló el aire en un radio de cinco kilómetros.

Madara quedó atrapado en un bloque de hielo de cero absoluto en un milisegundo.

Madara rompió el hielo con sus Gudōdama, pero Naruto ya estaba encima de él.

—¡YŌTON: RASENSHURIKEN DE LAVA!

Naruto creó un disco de magma puro y se lo estrelló a Madara en el pecho, derritiendo su armadura y quemando su carne regenerativa.

Madara intentó contraatacar con el Limbo.

Naruto ni siquiera bloqueó.

Dejó que el Limbo le rompiera un brazo, y con el otro brazo, invocó una cantidad de agua obscena.

—¡SUITON: GRAN EXPLOSIÓN DE CATARATA CELESTIAL!

Era el chakra de Isobu potenciado por el Kyūbi.

Un océano entero cayó del cielo, aplastando a Madara con millones de toneladas de presión.

—¡Maldito mocoso!

—Madara intentó volar hacia arriba.

Naruto lo agarró del tobillo con su brazo roto (que ya se estaba regenerando con vapor).

—¿A dónde vas?

¡AÚN NO TERMINO!

Naruto lo lanzó hacia abajo y cargó con todo su cuerpo envuelto en rayos.

Lo golpeó una, dos, diez, cien veces en un segundo.

Era una violencia primitiva, sin técnica, solo el deseo de borrar su existencia.

—¡MUERE!

¡MUERE!

¡MUERE!

Naruto canalizó todo el poder de los 9 Bijuus en un solo golpe final.

—¡DESTRUCCIÓN DE LA VERDAD!

El puñetazo atomizó el torso de Madara, dispersando sus restos en una nube de partículas subatómicas.

El cielo se limpió.

Naruto jadeaba en el aire, llorando sangre, mirando la nada donde antes estaba el enemigo.

—Por Ino…

te maté…

Pero entonces, algo cayó del humo.

No era carne de dios.

Era una rama.

Un tronco de madera quemado, con la forma vaga de una persona.

Sasuke, que había estado observando la masacre desde lejos, abrió los ojos con su Rinnegan.

—¡¿Un clon de madera?!

¡¿En ese nivel de poder?!

En medio de su furia ciega y su despliegue elemental absurdo, Naruto no se había dado cuenta de que Madara había sustituido su cuerpo real en el momento exacto antes de ser congelado.

Naruto había gastado su ira contra un señuelo.

—La ira es un veneno delicioso, Naruto —la voz de Madara resonó, pero no venía del frente.

Venía de arriba.

Muy arriba.

Naruto y Sasuke miraron hacia el cenit.

Madara Uchiha estaba en la estratosfera, cerca de la Luna.

Había aprovechado la distracción del estado berserker de Naruto para ganar la altitud necesaria, lejos del alcance de esos ataques elementales suicidas.

Madara se arrancó la placa de hueso que cubría su frente.

Debajo, la piel se abrió.

Un tercer ojo vertical se reveló.

Rojo, con anillos concéntricos y nueve tomoes.

El Rinne Sharingan.

—Han luchado bien —dijo Madara, su voz transmitiéndose telepáticamente a todo el planeta—.

Pero este dolor termina hoy.

Ya no habrá más muertes como la de esa chica Yamanaka.

En mi mundo, ella estará viva.

Itachi estará sano.

Todos serán felices en un sueño sin fin.

Madara miró a la Luna llena.

Su tercer ojo se reflejó en la superficie lunar.

—¡MUGEN TSUKUYOMI!

(TSUKUYOMI INFINITO) La Luna dejó de ser un satélite pálido.

Se convirtió en un ojo gigante rojo que iluminó la noche con una luz que penetraba cualquier sombra, cualquier techo, cualquier párpado.

Abajo, en la tierra: Ino (o su cuerpo) fue envuelta por la luz.

Kakashi, Gaara, Tsunade…

todos vieron la luz.

Sus ojos perdieron el foco y el patrón del Rinnegan apareció en sus pupilas.

Las raíces del Dios Árbol comenzaron a brotar de la tierra, envolviendo a la humanidad en capullos funerarios.

Sasuke reaccionó rápido.

—¡Naruto, baja aquí!

¡Rápido!

Sasuke aterrizó y desplegó las alas de su Susano’o Perfecto, creando una sombra absoluta que bloqueaba la luz lunar.

—¡Mi Rinnegan puede bloquear la luz!

¡Quédate bajo mis alas o serás atrapado!

Naruto bajó, temblando, el modo berserker apagándose por el shock de ver la luz, y se refugió bajo la sombra del Uchiha.

Sus ojos Tenseigan volvieron a ser azules, llenos de lágrimas.

Afuera, el mundo se quedó en silencio.

La guerra había terminado.

Ino estaba atrapada en un sueño eterno.

Y Madara había ganado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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