What If, Naruto con byakugan - Capítulo 131
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- Capítulo 131 - 131 Capítulo 130 El sueño eterno y la daga en la espalda
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131: Capítulo 130: El sueño eterno y la daga en la espalda 131: Capítulo 130: El sueño eterno y la daga en la espalda La luz del Tsukuyomi Infinito bañó el mundo con un resplandor blanco que no dejaba lugar a sombras…
excepto una.
Bajo las alas púrpuras del Susano’o Perfecto de Sasuke, dos jóvenes ninjas esperaban en silencio mientras la humanidad era esclavizada.
Afuera, el ruido de la guerra se apagó.
Los gritos de dolor, las órdenes de los capitanes, el choque de aceros…
todo cesó.
Solo quedó el sonido del viento silbando entre los capullos del Dios Árbol.
Naruto estaba sentado abrazando sus rodillas, con la mirada perdida en el suelo energético del Susano’o.
El brillo de sus ojos Tenseigan se había atenuado, pareciendo dos lunas muertas.
Flashback: La imagen de Ino Yamanaka en el suelo, con los ojos vacíos, se repetía en su mente como una cinta rota.
Pero luego, la memoria se mezcló con recuerdos más cálidos, ahora dolorosos.
Vio a Ino en un campo de entrenamiento, ofreciéndole una taza de té caliente cuando él temblaba por el frío del entrenamiento.
“No eres solo un arma, Naruto.
Tienes derecho a sentir frío.
Tienes derecho a que alguien te caliente las manos.” Luego, la imagen cambió a Mei Terumī.
La Mizukage acariciando su mejilla antes de que ella se vaya a la guerra.
“Prométeme que no perderás tu corazón en el abismo.
Si te vuelves hielo puro, te romperás.” —Me rompí…
—susurró Naruto, con la voz quebrada—.
Mei tenía razón.
Ino tenía razón.
Intenté ser un dios de hielo y fallé en proteger lo único que me hacía humano.
Ahora Ino…
Mei están atrapadas en esa pesadilla por mi culpa.
A su lado, Sasuke Uchiha permanecía de pie, vigilando el exterior con su Rinnegan.
Pero su mente también viajaba al pasado.
Flashback: Vio la espalda de Itachi desviando el Rayo de Luz.
Vio la sonrisa de su hermano antes de caer.
“No traicionamos…
protegemos.” —Hmpf —Sasuke cerró los ojos un segundo, tragándose el dolor—.
Hiciste tu trabajo, hermano.
Ahora, yo limpiaré este desastre.
La aldea que protegiste…
yo la reformaré, aunque tenga que hacerlo sobre las cenizas de este mundo.
Fuera del refugio del Susano’o, los únicos seres que seguían moviéndose eran aquellos que ya habían muerto.
El Tsukuyomi Infinito no tenía efecto sobre los cuerpos de polvo y ceniza del Edo Tensei.
Kushina Uzumaki corría desesperada entre las raíces del Dios Árbol.
—¡Suéltenlos!
—gritaba, usando sus Cadenas de Diamantina para cortar los capullos que envolvían a los ninjas de la Alianza.
Cortaba una rama, liberando a un ninja dormido, pero la raíz volvía a crecer instantáneamente, envolviéndolo de nuevo como una planta carnívora eterna.
—¡Es inútil!
—Kushina cayó de rodillas, llorando lágrimas negras—.
¡No puedo salvarlos!
¡Minato!
Minato Namikaze apareció a su lado, poniendo una mano en su hombro.
Su rostro estaba sombrío.
—El jutsu se alimenta de su chakra, Kushina.
Es un ciclo cerrado.
Mientras el árbol esté activo, no podemos despertarlos.
Hashirama, Tobirama e Hiruzen se reunieron con ellos.
Los cuatro Hokages miraron el paisaje desolado.
Millones de personas colgando como frutos extraños en un huerto silencioso.
—Fallamos —dijo Hiruzen, bajando la cabeza—.
No pudimos detener a Madara.
—Naruto y el joven Uchiha siguen ahí —dijo Tobirama, señalando el Susano’o a lo lejos—.
Son la última esperanza.
Nosotros…
nosotros solo somos espectadores fantasmas en el funeral de nuestro mundo.
La luz de la Luna comenzó a atenuarse, indicando que el jutsu estaba completo.
Madara Uchiha descendió del cielo, aterrizando suavemente sobre una formación rocosa elevada.
Ya no tenía enemigos.
Ya no había resistencia.
Miró el mundo en silencio y sonrió.
Una sonrisa de pura euforia y satisfacción mesiánica.
—Lo logré —dijo Madara, extendiendo los brazos—.
Hashirama…
¿lo ves?
No más guerras.
No más niños muriendo en el barro.
He detenido la rueda del odio.
He salvado al mundo.
Detrás de él, la sombra de Zetsu Negro emergió del suelo, deslizándose sin hacer ruido.
—Felicidades, Madara-sama —dijo Zetsu con su voz rasposa—.
Ha cumplido su sueño.
Ha corregido los errores de Hagoromo.
Usted es el salvador.
Madara rió, embriagado de poder.
—Sí…
soy el salvador.
Soy el segundo Sabio de los Seis Caminos.
Todo ha salido exactamente como lo planeé.
Usé a Obito, usé a Nagato, te usé a ti…
todo para este momento perfecto.
Madara miró hacia el Susano’o de Sasuke, que comenzaba a disiparse ya que la luz había pasado.
—Solo quedan esas dos molestias.
Pero ya no importa.
En este nuevo mundo, incluso ellos pueden ser reeducados.
—Es irónico, ¿verdad?
—dijo Zetsu Negro, acercándose lentamente a la espalda de Madara—.
Que alguien tan poderoso, con ojos que lo ven todo…
no pueda ver lo que tiene justo detrás.
—¿Qué dices?
—Madara empezó a girarse, confundido por el tono insolente de su sirviente.
No tuvo tiempo.
La mano de Zetsu Negro, cubierta de chakra denso y oscuro, se disparó como una lanza.
Atravesó la espalda de Madara.
Atravesó su corazón.
Y la mano negra salió por su pecho, goteando sangre divina.
—¡GAAAH!
—Madara escupió una bocanada de sangre, sus ojos Rinnegan abriéndose con incredulidad total—.
Zetsu…
tú…
¿qué…?
El cuerpo de Madara se quedó paralizado.
No podía moverse.
No podía usar jutsus.
El chakra del Juubi parecía haber sido hackeado desde adentro.
—¿Por qué?
—preguntó Madara, con la voz temblorosa—.
¡Yo te creé!
¡Tú eres mi voluntad materializada!
Zetsu Negro soltó una risa que heló el aire.
—Te equivocas, Madara.
Tú no eres el salvador.
Y definitivamente no eres mi creador.
Zetsu comenzó a expandirse, cubriendo el cuerpo de Madara como una segunda piel líquida y negra.
—Mi voluntad no es la tuya.
Mi voluntad es…
Kaguya.
—¿Ka…
guya?
—Madara intentó luchar, pero el chakra del Juubi dentro de él estaba reaccionando violentamente, no para defenderlo, sino para consumirlo.
Naruto y Sasuke, al ver que la luz había cesado, disiparon el Susano’o.
Lo primero que vieron fue a Madara empalado por su propia sombra.
—¿Qué demonios está pasando?
—preguntó Naruto, poniéndose en guardia con sus bastones negros.
Su Tenseigan captó una densidad de chakra que no tenía sentido lógico.
—El chakra de Madara…
está cambiando —dijo Sasuke, retrocediendo un paso—.
Está creciendo.
Se está volviendo masivo.
¡No es humano!
El suelo comenzó a temblar.
Todo el chakra que la gente atrapada en el Tsukuyomi Infinito estaba generando comenzó a fluir hacia Madara.
El cuerpo del Uchiha se hinchó, volviéndose una masa grotesca de carne y poder.
—¡Has vivido en una ilusión, Madara!
—gritó Zetsu Negro—.
¡Pensaste que escribías la historia, pero solo eras un peón en un juego que duró milenios!
El cuerpo de Madara fue tragado por la negrura absoluta.
La presión espiritual se volvió sofocante.
La realidad misma pareció agrietarse.
Cuando la masa negra se contrajo y tomó forma humana nuevamente, ya no era un hombre.
Una mujer flotaba allí.
Piel pálida como el mármol.
Cabello blanco larguísimo que tocaba el suelo y flotaba como si estuviera bajo el agua.
Dos cuernos en la cabeza.
Y un tercer ojo en la frente.
Llevaba una túnica ceremonial antigua.
Kaguya Ōtsutsuki abrió sus ojos blancos (Byakugan).
La Progenitora del Chakra había regresado.
Kaguya no atacó de inmediato.
Flotó en silencio, observando su vivero.
Luego, bajó la mirada hacia las dos únicas luces que quedaban encendidas.
Miró a Sasuke.
Vio el Rinne-sharingan.
Vio el chakra Yin potente.
Vio la arrogancia y el poder visual.
—Tú…
—dijo Kaguya con voz suave—.
Eres Indra.
Luego, sus ojos blancos se deslizaron hacia Naruto.
Esperaba ver a Ashura, la reencarnación del cuerpo, la vitalidad y el sol.
Pero lo que vio la detuvo.
Naruto flotaba con sus Gudōdama.
Sus ojos no eran azules ni oscuros; eran el Tenseigan, los ojos cerúleos brillantes que pertenecían a la línea de la Luna.
Su chakra no era cálido como el de Ashura.
Era frío, denso, mezclado con la energía de los bijus y una pureza blanca que recordaba al espacio exterior.
Kaguya ladeó la cabeza, confundida por primera vez en milenios.
—Ese ojo…
—susurró—.
Ese chakra frío…
no eres Ashura.
Kaguya se acercó flotando un metro, ignorando a Sasuke.
—Tú eres…
una copia de Hamura.
Naruto apretó los dientes, sintiendo el peso de la mirada de la diosa.
—¿Hamura?
¿Quién diablos es Hamura?
Kaguya frunció el ceño.
—Mi otro hijo.
El que se fue a la Luna.
¿Por qué su chakra está aquí, en la tierra, mezclado con las bestias?
—Kaguya miró a Naruto con una mezcla de nostalgia y rechazo—.
No importa.
Indra y Hamura…
ambos hijos rebeldes.
Kaguya extendió sus brazos.
El espacio alrededor de ellos comenzó a cambiar.
—Este lugar es mi jardín.
No permitiré que sigan dañándolo.
El mundo se desvaneció.
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