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What If, Naruto con byakugan - Capítulo 133

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  4. Capítulo 133 - 133 Capítulo 132 El filo que no corta a Dios
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133: Capítulo 132: El filo que no corta a Dios 133: Capítulo 132: El filo que no corta a Dios El calor de la Dimensión de Lava era sofocante, pero el frío que emanaba de Kaguya Ōtsutsuki equilibraba la temperatura en un punto muerto aterrador.

Naruto Uzumaki flotaba frente a la progenitora del chakra, solo.

Su “Espada del Abismo”, aquella forjada en Kiri, había sido absorbida por la manga de Kaguya en el primer intercambio, sellada en una dimensión de bolsillo inalcanzable.

—Sin mi espada…

tendré que improvisar —murmuró Naruto.

Naruto movió dos de sus Gudōdama.

Las esferas negras se deformaron, estirándose y afilándose hasta convertirse en dos espadas largas, idénticas a las katanas de los Siete Espadachines, pero hechas de la materia más densa del universo.

—¡Kage Bunshin no Jutsu!

El aire estalló.

Mil clones de Naruto aparecieron en el cielo carmesí, cada uno empuñando dos espadas negras de la verdad.

—¡No me subestimes, Abuela!

—gritó el ejército de Narutos.

La ofensiva comenzó.

Fue una tormenta de acero negro.

Naruto aplicó todo lo que había aprendido.

No eran movimientos brutos; era Kenjutsu de alto nivel.

Cortes fluidos, estocadas precisas, fintas y rotaciones.

Atacaba desde todos los ángulos: arriba, abajo, izquierda, derecha.

Los clones se lanzaron como kamikazes.

¡SLASH!

¡CLANG!

Kaguya ni siquiera parecía moverse rápido.

Simplemente flotaba, y sus largos cabellos blancos actuaban como látigos y escudos.

Las espadas de Gudōdama, que podían desintegrar cualquier cosa, chocaban contra el chakra de Kaguya y…

rebotaban.

—Es dura…

—pensó el Naruto original, observando cómo sus clones eran despedazados—.

Su piel, su pelo…

todo en ella es más denso que mis esferas.

Kaguya extendió las palmas.

—Yasogami Kūgeki (Ataque de los Ochenta Dioses del Vacío).

Innumerables puños de chakra puro se materialicaron en el aire.

No era Taijutsu; era una onda de choque física que pulverizó a quinientos clones en un segundo.

Las espadas negras se rompieron como cristal barato.

El Kenjutsu, el orgullo de un espadachín, era inútil contra la madre de toda fuerza.

Mientras Naruto luchaba por su vida en el infierno volcánico, Sasuke Uchiha caminaba bajo un sol que no perdonaba.

La Dimensión del Desierto era infinita.

Dunas de arena roja se extendían hasta donde alcanzaba la vista.

Sasuke respiraba con dificultad.

El calor le estaba drenando la resistencia, y sin agua, su cuerpo biológico comenzaba a fallar.

—Maldita sea…

—Sasuke se detuvo, clavando su espada en la arena para sostenerse—.

No puedo quedarme aquí.

Naruto no durará mucho solo.

Sasuke activó su Rinne-Sharingan.

Su ojo izquierdo sangró por el esfuerzo.

Aún no dominaba el viaje interdimensional, pero tenía que intentarlo.

Concentró todo su chakra ocular en un punto frente a él.

—¡Ábrete!

El espacio se distorsionó.

Un vórtice negro comenzó a girar, abriendo una ventana hacia otra realidad.

Sasuke sonrió, triunfante.

—Lo logré…

Se asomó por el portal, esperando ver lava o sentir el chakra de Naruto.

Pero lo que vio lo dejó helado.

Del otro lado del portal no había fuego.

Había ácido.

Un mar verde y burbujeante de ácido sulfúrico se extendía bajo un cielo amarillo.

—¿Otra dimensión?

—Sasuke retrocedió, cerrando el portal antes de que los vapores tóxicos entraran—.

¡Maldición!

¡No puedo rastrear el chakra de Naruto desde aquí!

¡Estoy abriendo puertas al azar!

Sasuke cayó de rodillas en la arena, golpeando el suelo con frustración.

Tenía la llave maestra del universo en su ojo, pero no sabía en qué cerradura encajaba.

De vuelta en la lava.

Naruto vio cómo su último clon era desintegrado por un golpe de Kaguya.

La diosa flotaba hacia él, intocable, inmutable.

—Tus juguetes de metal negro son molestos —dijo Kaguya—.

Pero carecen de significado.

Naruto jadeó, retrocediendo.

Sus Gudōdama volvieron a su forma esférica, flotando detrás de él.

—El Kenjutsu no sirve.

El Taijutsu es un suicidio contra sus puños de vacío.

Naruto miró sus manos.

—Bien.

Si no puedo cortarte…

tendré que ahogarte, quemarte y electrocutarte al mismo tiempo.

Naruto cerró los ojos un segundo, conectándose con las nueve bestias en su interior.

—Chicos, vamos a hacer ruido.

—¡Estamos listos!

—rugieron las bestias.

Naruto abrió los ojos.

—¡Tajū Kage Bunshin no Jutsu!

Esta vez, solo aparecieron nueve clones.

Pero no llevaban espadas.

Cada clon levantó una mano, y en cada palma comenzó a formarse un Rasenshuriken diferente, imbuido con la naturaleza específica de cada Bijuu y potenciado por el Tenseigan.

Los clones de Naruto rodearon a Kaguya en una esfera perfecta.

Shukaku: Rasenshuriken de Magnetismo y Arena.

Matatabi: Rasenshuriken de Fuego Azul.

Isobu: Rasenshuriken de Agua y Coral.

Son Gokū: Rasenshuriken de Lava Fundida.

Kokuō: Rasenshuriken de Vapor Hirviente.

Saiken: Rasenshuriken de Ácido y Burbujas.

Chōmei: Rasenshuriken de Polvo de Escamas.

Gyūki: Rasenshuriken de Tinta y Sellado.

Kurama: Rasenshuriken de Viento y Caos.

—¡Prueba esto!

—gritó el Naruto original.

—¡Senpō: Chō Bijuu Rasenshuriken!

(Arte Sabio: Super Rasenshuriken de las Bestias con Cola) Los nueve ataques fueron lanzados simultáneamente.

Kaguya abrió los ojos con ligera sorpresa.

Por primera vez, sintió una amenaza real.

La variedad de naturalezas hacía difícil absorberlo todo de golpe.

Kaguya intentó esquivar subiendo, pero el clon de Shukaku usó el magnetismo para alterar la trayectoria de los proyectiles, convirtiéndolos en misiles teledirigidos.

¡BOOOOM!

Los nueve ataques impactaron en el centro, donde estaba la diosa.

La explosión fue un arcoíris de destrucción.

Lava, ácido, fuego, agua y rayos se mezclaron en una cacofonía elemental que sacudió los cimientos de la dimensión.

El lago de lava debajo de ellos se abrió, creando un tsunami de roca fundida.

Naruto se cubrió la cara ante la onda expansiva.

—¿Le di?

El humo se disipó lentamente.

En el centro, una esfera negra de materia había protegido a Kaguya en el último segundo (su propia Gudōdama expansiva), pero la esfera estaba agrietada y humeante.

Kaguya salió de la esfera.

Su túnica estaba rasgada en el hombro y tenía una quemadura de ácido en la mejilla.

Estaba herida.

Levemente, pero herida.

Kaguya se tocó la mejilla, miró la sangre en su dedo y luego miró a Naruto con una expresión que ya no era de indiferencia.

Era de ira.

—Hijo ingrato…

—susurró Kaguya.

El aire alrededor de ella se congeló.

Naruto tragó saliva.

Había logrado lastimarla, pero acababa de despertar a la verdadera bestia.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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