What If, Naruto con byakugan - Capítulo 139
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- Capítulo 139 - 139 Capítulo 138 El amanecer roto
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139: Capítulo 138: El amanecer roto 139: Capítulo 138: El amanecer roto El grito de Naruto desgarró la estática de la dimensión.
No era una orden; era una entrega de relevo manchada de sangre.
Naruto Uzumaki estaba aferrado al aura de Kaguya, sus dedos hundidos en la luz divina.
No estaba golpeando carne; estaba rasgando la tela de su existencia.
Kaguya intentó expulsarlo.
Su mente divina ordenó: «Alejar.» Pero su cuerpo, infectado por la disonancia vibratoria de las nueve bestias y el Tenseigan, no respondió.
Hubo un retraso.
Naruto, con el rostro desfigurado por la quemadura de radiación de chakra, lo vio.
Vio el pánico en los ojos blancos de la diosa.
No era el miedo de un guerrero a perder, sino el miedo de una máquina al error de sistema.
—Ella no está hecha para pelear…
—comprendió Naruto con una claridad brutal—.
Está hecha para sostener.
Kaguya era un pilar.
Un soporte de carga para el universo.
Y Naruto acababa de romper los cimientos.
—¡DESCONÉCTATE!
Naruto dio un último empujón, inyectando todo su chakra restante para cortar el enlace entre la Voluntad de Kaguya y su Poder.
¡CRACK!
(Un sonido conceptual que resonó en el alma de todos).
El retroceso fue devastador.
El “Dios” humano sangró.
Naruto salió despedido hacia atrás, su Manto Tenseigan apagándose de golpe.
Cayó sobre el hielo, sus canales de chakra vacíos, su cuerpo humeante y roto.
Había cumplido su función: ser el Martillo que agrieta el diamante.
Kaguya quedó flotando, parpadeando existencialmente.
Su imagen se distorsionaba, oscilando entre la Diosa y la Bestia.
Era el momento de la fractura.
Sasuke Uchiha no dudó.
Su Rinnegan Supremo vio la apertura en el código de la realidad.
—¡Amenotejikara!
Sasuke desapareció y reapareció dentro de la guardia de Kaguya, ocupando el espacio que el “lag” había dejado vacío.
Quedó cara a cara con la Progenitora.
Recordó las palabras del Sabio: «No sellan poder.
Sellan estados de existencia.» Sasuke miró sus manos.
Si intentaba sellarla entera, el cuerpo (el Juubi) resistiría.
Tenía que ser quirúrgico.
—Tu cuerpo es solo un envase —susurró Sasuke con frialdad—.
Voy a dejarlo vacío.
Sasuke no golpeó al azar.
Llevó su mano izquierda (Luna) hacia la frente de Kaguya, directo a su tercer ojo.
(Objetivo: Conciencia).
Llevó su mano derecha (Sol) hacia el corazón de Kaguya.
(Objetivo: Voluntad).
¡CLAP!
El contacto fue absoluto.
Los sellos brillaron, pero no envolvieron a Kaguya en una esfera de piedra gigante.
En su lugar, actuaron como imanes extractores.
—¡NO!
¡MI JARDÍN!
—El grito de Kaguya fue silenciado de golpe.
Sasuke tiró hacia atrás.
Dos esferas de luz espectral fueron arrancadas del cuerpo físico de Kaguya.
Una esfera blanca (su mente).
Una esfera negra (su voluntad/Zetsu Negro, que estaba escondido en su interior).
Las dos esferas fueron arrastradas por la gravedad de los sellos de Sasuke, fusionándose en un pequeño núcleo denso que salió disparado hacia el cielo de la dimensión.
Allí, en la estratosfera, la roca y el hielo comenzaron a acumularse alrededor de ese núcleo de alma, creando una luna pequeña y muerta.
Kaguya Ōtsutsuki, la personalidad, había sido sellada.
Sasuke aterrizó en el hielo, jadeando.
Frente a él, quedó el Cuerpo de Kaguya.
Sin voluntad que lo dirigiera, sin conciencia que lo definiera.
El cuerpo no murió.
No gritó.
Simplemente…
se rindió.
La forma humana de la diosa comenzó a perder cohesión.
Los contornos se derritieron.
La carne blanca se deshizo, colapsando sobre sí misma como una torre de cera bajo un sol abrasador.
El inmenso poder del Juubi, sin un conductor, se convirtió en Chakra Primigenio Inerte.
Se transformó en una niebla densa y pesada que cubrió el suelo de hielo, brillando con colores pálidos, sin dirección ni propósito.
No había victoria gloriosa.
Solo un silencio húmedo y la sensación de que algo antiguo se había disuelto.
La Bōchō Gudōdama en el cielo se evaporó sin su creadora.
La dimensión comenzó a estabilizarse.
Pero afuera, en el Mundo Real, el efecto no fue inmediato.
El Tsukuyomi Infinito no se rompió como un cristal.
Se empezó a desvanecer como una pesadilla lenta.
Las raíces del Dios Árbol dejaron de brillar, pero no soltaron a sus presas de inmediato.
La conexión se cortó gradualmente.
—Naruto…
—la voz de Kurama sonó débil en la mente del rubio.
Naruto, tirado en el hielo, usó su modo sensorial, que ahora estaba libre de la interferencia de Kaguya.
Podía sentir el mundo exterior.
Y lo que sintió le heló la sangre más que el hielo sobre el que yacía.
Sintió miles de luces apagándose.
Civiles.
Ninjas heridos.
Ancianos.
Aquellos que estaban débiles antes del Tsukuyomi no resistieron el drenaje masivo que Kaguya había forzado en sus últimos momentos para crear la esfera expansiva.
El jutsu se estaba rompiendo, sí.
Pero para muchos, el despertar nunca llegaría.
El mundo no se había salvado “limpio”.
Había cicatrices irreversibles.
Sasuke caminó hacia Naruto.
Su rostro no mostraba alegría.
Solo la aceptación de un hecho consumado.
El Uchiha miró la niebla de chakra que antes era una Diosa y luego miró a su amigo roto en el suelo.
—Se acabó —dijo Sasuke.
Naruto miró al techo de la dimensión, con lágrimas de frustración mezclándose con la sangre en su rostro.
—Sasuke…
siento…
siento que se apagan.
Hay gente muriendo ahora mismo porque no fuimos lo bastante rápidos.
—Lo sé —respondió Sasuke, mirando sus manos vacías, donde los sellos del Sol y la Luna comenzaban a desvanecerse—.
No somos dioses, Naruto.
Solo somos los conserjes de un desastre.
Sasuke apretó el puño.
—Pero esto confirma mi camino.
El sistema actual es débil.
Permitió que esto pasara.
El mundo necesita un cambio radical.
Y ahora que la Diosa no está…
tú y yo somos los únicos que quedan para decidir qué hacer con las cenizas.
En el silencio de la dimensión de hielo, con un dios disuelto a sus pies y un mundo medio muerto esperando afuera, la verdadera batalla final entre las dos ideologías estaba por comenzar.
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