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What If, Naruto con byakugan - Capítulo 142

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142: Capítulo 141: El pacto olvidado 142: Capítulo 141: El pacto olvidado El cielo sobre el Valle del Fin se oscureció, no por nubes de lluvia, sino por la densidad del chakra que se acumulaba.

Sasuke Uchiha flotaba en el ojo de la tormenta, su Susano’o mutando, creciendo, volviéndose una estructura de energía sólida y chisporroteante.

Los rayos caían alrededor de él, pero no tocaban el suelo; eran absorbidos por su armadura.

Sasuke había dejado de ser un ninja.

Se había convertido en un conducto de destrucción masiva.

—Naruto —la voz de Sasuke resonó amplificada, metálica—.

Tu cirugía termina aquí.

No puedes cortar el cielo.

Naruto miró hacia arriba.

Su Byakugan podía ver la escala obscena de chakra que Sasuke estaba comprimiendo.

Era el poder de las nueve bestias fusionado en un solo avatar.

—Tiene razón…

—murmuró Naruto—.

Mi espada no alcanza esa altura.

Y mi Hiraishin no tiene marcadores en el cielo.

Naruto necesitaba altura.

Necesitaba soporte.

Necesitaba un compañero, ahora que Kurama estaba encerrado en una luna de piedra allá arriba.

Su mente viajó al pasado.

Años atrás, durante los Exámenes Chunin.

Recordó al Sabio Pervertido.

Recordó el pergamino rojo.

La firma con sangre.

—Nunca los usé para la guerra —dijo Naruto, mordiéndose el pulgar de su única mano hasta sangrar—.

Siempre pensé que mis batallas eran mías.

Que no debía involucrar a los del Monte Myōboku en mis líos mortales.

Pero miró al “Dios del Trueno” frente a él.

—Lo siento, chicos.

Hoy rompemos la regla.

Naruto golpeó el suelo con su mano ensangrentada, canalizando el poco chakra que le quedaba, apostando a la reserva que sus clones estaban a punto de enviarle.

—¡KUCHIYOSE NO JUTSU!

(JUTSU DE INVOCACIÓN) Una explosión de humo blanco cubrió el valle, rivalizando en tamaño con el Susano’o de Sasuke.

Algo masivo aterrizó, haciendo que el agua restante del río saliera disparada como un tsunami.

—¿Dónde demonios estoy?

—una voz grave y profunda, que olía a tabaco y pantano, retumbó—.

Naruto…

hace años que no me llamas.

El humo se disipó.

Gamabunta, el Jefe Sapo, estaba allí, con su cicatriz en el ojo y su kiseru (pipa) en la boca.

Naruto estaba de pie sobre su cabeza.

—Lo siento, Jefe —dijo Naruto, jadeando—.

He estado ocupado.

Gamabunta miró hacia arriba.

Se le cayó la pipa de la boca al ver al Susano’o de Indra, un gigante de rayos que hacía parecer al Kyūbi una mascota.

—¡¿Qué demonios es eso?!

¡¿Estás peleando contra un dios?!

—Es solo Sasuke —dijo Naruto con una sonrisa tensa—.

Necesito que saltes, Jefe.

Necesito estar a su altura una última vez.

—¡Estás loco, mocoso!

—Gamabunta desenvainó su tanto (espada corta) gigante—.

¡Pero me gusta tu agallas!

¡Sujétate!

Sasuke miró hacia abajo con desprecio absoluto.

—¿Un sapo?

—Sasuke rió, y el sonido fue como un trueno—.

¿Esa es tu respuesta al poder de los Nueve Bijuus?

¿Un anfibio gigante?

El Susano’o de Indra levantó su brazo derecho.

En su mano, un arco de electricidad sólida se materializó.

Sasuke tiró de la cuerda.

Una flecha, hecha de Raiton puro y fuego negro comprimido, comenzó a formarse.

La Flecha de Indra.

—Desaparece junto con tu nostalgia.

Sasuke disparó.

La flecha cruzó la barrera del sonido instantáneamente.

—¡SALTA!

—gritó Naruto.

Gamabunta usó sus poderosas patas traseras.

El salto fue monstruoso, esquivando la flecha por un margen mínimo.

La flecha golpeó el suelo del valle.

¡BOOOOM!

La explosión no fue de fuego; fue de desintegración.

Una esfera de luz blanca borró kilómetros de bosque y roca.

Si les hubiera dado, no habría quedado ni ceniza.

En el aire, mientras Gamabunta ascendía hacia el Susano’o, Naruto hizo la señal.

—¡AHORA!

En el bosque lejano, los dos de los tres clones de sombra que Naruto había dejado meditando se disiparon al unísono.

Toda la Energía Natural que habían acumulado durante la charla y la pelea de taijutsu viajó de golpe hacia el original.

Naruto recibió el impacto como si fuera un golpe físico.

—¡Gaaah!

No tenía a Kurama para equilibrar la mezcla.

Era energía natural pura entrando en un cuerpo humano agotado.

Las marcas naranjas aparecieron alrededor de sus ojos, pero se extendieron.

Sus pupilas se volvieron rectangulares y amarillas, fusionándose con las venas del Byakugan activo.

Su piel se volvió dura, casi pétrea.

El aura de Naruto explotó.

No era chakra dorado.

Era chakra invisible, pesado, la fuerza del planeta mismo.

Senpō: Modo Sabio Sobrecargado.

—¡Jefe, lánzame!

—ordenó Naruto.

Gamabunta, llegando al punto máximo de su salto frente al Susano’o, usó su lengua para agarrar a Naruto y lanzarlo como una bala humana hacia Sasuke.

—¡DALE DURO, MOCOSO!

Sasuke vio a Naruto venir volando hacia él.

Un punto pequeño lleno de un poder que el Rinnegan apenas podía leer porque era parte de la naturaleza misma.

—¡Es inútil!

—gritó Sasuke—.

¡Soy el Juez de este mundo!

El Susano’o de Indra cargó una segunda flecha.

Esta vez, a quemarropa.

—¡Flecha de Indra: Máxima Potencia!

Naruto, en el aire, con un solo brazo, concentró todo el Senjutsu que había recibido.

No podía hacer sellos complejos.

No podía crear un avatar gigante.

Solo podía hacer lo que mejor sabía hacer: Rotación y Cambio de Forma.

En su única mano, el chakra de viento y la energía natural se comprimieron hasta volverse negros.

Alrededor de esa esfera negra, anillos de Lava (regalo residual de Son Goku) y Viento giraron a velocidades relativistas.

—¡Tú no eres un juez, Sasuke!

—gritó Naruto, con la voz distorsionada por la presión del Modo Sabio—.

¡Solo eres un niño asustado que quiere estar solo!

—¡SENPŌ: RASENSHURIKEN PLANETARIO DE LA VERDAD!

Naruto y Sasuke chocaron en el cielo.

La Flecha de Rayo contra el Vórtice de Naturaleza.

El mundo se quedó en blanco.

El sonido desapareció.

Y luego, el Valle del Fin se rompió para siempre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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