What If, Naruto con byakugan - Capítulo 144
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- Capítulo 144 - 144 Capítulo 143 La mentira de la vida
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144: Capítulo 143: La mentira de la vida 144: Capítulo 143: La mentira de la vida El Valle del Fin ya no tenía cascada.
Ya no tenía estatuas.
Solo era un cementerio de rocas mojadas y lodo hirviente.
Sasuke Uchiha, tras haber vomitado el exceso de Senjutsu que intentó robar, cayó de rodillas.
Su visión se oscureció.
El Rinnegan, sobreexplotado hasta el límite biológico, se desactivó involuntariamente, volviendo a ser un ojo negro y cansado.
El Sharingan en su otro ojo también se apagó.
Naruto Uzumaki, flotando frente a él, sintió que su propio límite llegaba.
El Manto de Chakra Tenseigan parpadeó una, dos veces, y luego se desvaneció.
El Modo Sabio se disipó.
Sus ojos volvieron a ser azules, opacos y llenos de fatiga.
Ya no había dioses.
Solo dos adolescentes rotos en medio de la nada.
—Aún no…
—jadeó Sasuke, intentando levantarse, pero sus piernas resbalaron en el lodo.
—Quédate abajo, Sasuke —dijo Naruto, caminando hacia él.
Ya no volaba.
Cojeaba.
Sasuke rugió y se lanzó contra Naruto.
Fue un movimiento lento, torpe.
Lanzó un puñetazo derecho.
Naruto no lo esquivó; estaba demasiado cansado.
Recibió el golpe en la mejilla y escupió sangre, pero no cayó.
Naruto respondió con un cabezazo.
¡THUD!
Sasuke retrocedió, aturdido.
Ya no había taijutsu de élite.
Ya no había “visión de la intención” ni “Kenjutsu”.
Era una pelea callejera.
Sucia.
Patética.
Sasuke se abalanzó sobre Naruto, tirándolo al agua sucia.
Rodaron por el suelo, golpeándose con puños débiles, arañándose, jalándose la ropa.
—¡¿Por qué…
no…
te mueres?!
—gritó Sasuke, golpeando el pecho de Naruto con frustración.
—¡Porque aún…
creo que…
tienes redención!
—Naruto le devolvió el golpe en la mandíbula, tirándolo de espaldas.
Ambos quedaron tendidos en el barro, mirando el cielo gris.
Empezó a llover.
Las gotas limpiaban la sangre y el hollín de sus rostros.
Sasuke miró su mano izquierda.
Le temblaba.
Sus tendones habían sido cortados antes, pero la adrenalina y el chakra residual le permitían un último movimiento.
—No puedo aceptar tu mundo, Naruto —susurró Sasuke.
Su voz estaba llena de una tristeza infinita—.
Si me rindo, todo lo que hice…
Itachi, los Kages, la Revolución…
no habrá servido de nada.
Sasuke se puso de pie, tambaleándose como un borracho.
Cerró los ojos y buscó en el fondo de su alma.
No chakra físico, sino fuerza vital.
Quemó su propia vida para generar una última chispa.
Chirrid…
chirrid…
Un Chidori apareció en su mano.
No era el rugido de mil pájaros.
Era el piar de un polluelo moribundo.
Una luz pálida y trémula.
Pero era suficiente para matar a un hombre sin defensas.
—Adiós, mi único amigo.
Sasuke corrió hacia Naruto.
No había velocidad divina.
Solo un chico corriendo hacia su destino.
Naruto se levantó.
No formó un Rasengan.
No tenía chakra para girarlo.
Se quedó plantado, esperando.
Cuando Sasuke lanzó el golpe hacia su corazón, Naruto no esquivó.
Levantó su única mano (la derecha).
Y atrapó la muñeca de Sasuke.
¡SZZZT!
El Chidori quemó la palma de Naruto, chamuscando su piel, pero Naruto no soltó.
Apretó con toda la fuerza física que le quedaba, deteniendo el ataque a centímetros de su pecho.
Sasuke intentó empujar, pero no tenía fuerza.
Quedaron así, congelados bajo la lluvia.
Mano contra muñeca.
Ojos negros contra ojos azules.
—Suéltame…
déjame morir peleando —pidió Sasuke, con la voz rota.
—No —dijo Naruto con firmeza.
Naruto acercó su rostro al de Sasuke.
—Mira a tu alrededor, idiota.
Naruto movió la cabeza hacia el horizonte vacío.
—Nadie vio tu “Revolución”.
Los Kages están dormidos.
Los Bijuus están encerrados en el cielo, pero nadie sabe que fuiste tú quien lo hizo.
Naruto apretó más fuerte la muñeca de Sasuke, apagando el Chidori por asfixia.
—Si te rindes ahora…
todo esto queda entre tú y yo.
—Nadie sabrá que intentaste ejecutar a los líderes del mundo.
Nadie sabrá que quisiste ser un dictador.
—Para el mundo, tú serás el héroe que ayudó a sellar a Kaguya y luego cayó exhausto.
Sasuke abrió los ojos, sorprendido.
—¿Quieres que viva…
en una mentira?
¿Quieres que acepte la hipocresía?
—Quiero que vivas —corrigió Naruto, con lágrimas mezclándose con la lluvia—.
Es muerte o vivir, Sasuke.
—Si mueres aquí, mueres como un traidor en tu propia mente.
—Pero si vives…
vives con la carga de saber lo que hiciste, y con la oportunidad de expiarlo.
Vivirás en una mentira para ellos, pero será una verdad para nosotros.
Y yo te vigilaré cada día de tu vida.
Naruto soltó la muñeca de Sasuke, pero no se alejó.
Dejó su pecho expuesto.
—Así que decide.
¿Me matas y te conviertes en el monstruo solitario que tanto odias?
¿O bajas la mano y vuelves a Konoha?
Sasuke miró su mano vacía, donde el Chidori se había extinguido.
Miró a Naruto.
Vio la terquedad absoluta.
Vio al niño que nunca se rindió con él, incluso cuando él intentó matarlo cien veces.
La soledad que Sasuke había construido como una armadura se desmoronó.
No por un golpe de poder.
Sino por la oferta de un refugio inmerecido.
Las piernas de Sasuke cedieron.
Cayó de rodillas en el lodo, bajando la cabeza.
Su flequillo mojado ocultó sus ojos.
—Yo…
—la voz de Sasuke era apenas un susurro.
Apretó los dientes y golpeó el suelo con su puño sano.
—Maldita sea…
Naruto.
Sasuke levantó la vista.
Una lágrima solitaria recorrió su mejilla sucia.
—Yo…
perdí.
El sol comenzó a salir entre las nubes de tormenta, iluminando el valle destruido.
Naruto suspiró, dejando caer sus hombros, el peso del mundo finalmente desapareciendo.
Se dejó caer sentado en el barro junto a Sasuke.
—Sí —dijo Naruto, cerrando los ojos con una sonrisa de alivio—.
Perdiste, tonto.
Pero ganamos la guerra.
Y así, en silencio, uno al lado del otro, sangrando y rotos, los dos ninjas más fuertes de la historia esperaron a que alguien viniera a recogerlos.
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