What If, Naruto con byakugan - Capítulo 2
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- Capítulo 2 - 2 Capítulo 1 Lo que Naruto decidió ver
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2: Capítulo 1: Lo que Naruto decidió ver 2: Capítulo 1: Lo que Naruto decidió ver El estómago de Naruto rugió antes de que el sol terminara de esconderse.
No era un sonido fuerte, ni dramático.
Era constante.
Persistente.
Como todo en su vida.
El niño de seis años caminaba por las calles de Konoha con una bolsa de tela casi vacía en la mano.
Había aprendido qué tiendas evitar, cuáles cerrarían la puerta al verlo y cuáles, con suerte, aceptarían venderle algo sin mirarlo como si fuera una molestia…
o algo peor.
El dinero que recibía apenas alcanzaba.
No lo sabía con palabras, pero lo sentía: algo estaba mal.
Otros niños tenían padres, cenas calientes, voces que los llamaban por su nombre.
Él tenía silencio…
y monedas contadas.
—Alcanza…
tiene que alcanzar —murmuró, apretando la bolsa.
Cuando salió de la tienda con un pan duro y un vaso de leche aguada, la noche ya había caído del todo.
Fue entonces cuando lo sintió.
Tum.
El latido.
Naruto se detuvo.
El mundo volvió a abrirse ante sus ojos.
No activó nada.
No hizo sellos.
Simplemente ocurrió.
Las personas a su alrededor se llenaron de corrientes suaves, de luces tenues que se movían lentamente.
Chakra.
Emociones.
Rechazo.
Cansancio.
Miedo.
Naruto bajó la mirada.
—No ahora…
Pero una presencia lo hizo levantar la cabeza.
Firme.
Antigua.
Contenida a la fuerza.
El Tercer Hokage estaba allí.
Hiruzen Sarutobi observaba la aldea.
Cuando sus ojos se cruzaron con los de Naruto, el anciano sintió algo que lo incomodó profundamente.
Ser observado.
Naruto parpadeó y la visión se cerró.
—Hokage-sama…
—saludó, inclinando un poco la cabeza.
Hiruzen lo evaluó en silencio.
La bolsa casi vacía.
El cuerpo delgado.
La mirada cansada para alguien tan pequeño.
—Naruto —dijo al fin—.
¿Por qué estás fuera tan tarde?
—Fui a comprar comida.
Hiruzen miró la bolsa, no preguntó si era suficiente.
No ofreció ayuda.
—Ya veo…
—murmuró.
El silencio se estiró.
—Hokage-sama —dijo Naruto de pronto— ¿es normal…
sentir que algo te mira desde adentro?
La pipa de Hiruzen se detuvo.
—¿Qué quieres decir?
Naruto tocó su pecho.
—Como si hubiera algo ahí…
que ve conmigo.
Por un instante imperceptible, el chakra del Hokage se tensó.
Hiruzen dio una calada lenta.
—Hay cosas —respondió— que no necesitan ser comprendidas tan pronto.
Naruto frunció el ceño.
—¿Por qué?
—Porque algunas fuerzas —dijo Hiruzen con voz grave— no están hechas para niños.
Naruto bajó la mirada.
—…yo no pedí tenerlas.
El Hokage no respondió.
Naruto hizo una pequeña reverencia y se alejó.
Hiruzen lo observó irse.
Solo cuando el niño desapareció de su vista, murmuró: —Y aun así…
te pertenecen.
Esa noche, en su pequeño apartamento, Naruto no durmió, se sentó en el suelo frío, cerró los ojos y respiró hondo.
Tum.
El latido volvió, esta vez, no se asustó, no lo entendió, no lo controló.
Pero no huyó.
—Si hay algo ahí…
—susurró— quiero saber qué es.
Al amanecer, Naruto tomó una decisión.
No iba a esperar a que alguien le explicara su vida, no iba a seguir siendo ignorante de sí mismo, ese mismo día, Naruto Uzumaki se presentó frente a las puertas de la Academia Ninja.
No para destacar.
No para ser admirado.
Sino para entender aquello que lo observaba desde dentro.
Y sin saberlo, dio el primer paso hacia un destino que incluso el Hokage temía mirar de frente.
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