What If, Naruto con byakugan - Capítulo 39
- Inicio
- Todas las novelas
- What If, Naruto con byakugan
- Capítulo 39 - 39 Capítulo 38 Sannin
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
39: Capítulo 38: Sannin 39: Capítulo 38: Sannin El vapor se elevaba lento sobre las aguas termales.
Naruto estaba de pie, brazos cruzados, expresión absolutamente plana.
—…decime que esto es una broma.
Ebisu carraspeó, acomodándose los lentes oscuros con nerviosismo.
—E-el entrenamiento no siempre es físico, Uzumaki.
La observación es clave para un ninja.
La concentración.
El control del entorno— Naruto lo miró.
No con ira.
Con decepción pura.
—Sensei —dijo despacio—.—Usted está espiando mujeres.
Ebisu se atragantó.
—¡¿Q-QUÉ?!
¡Claro que no!
Esto es una técnica avanzada de— Naruto dio un paso al frente.
—Está usando un espejo.—Respira agitado.—Su chakra está desordenado.—Y su pulso… está acelerado por excitación, no por estrés.
Silencio.
Ebisu sudó frío.
—Yo… eso es… percepción básica… Naruto inclinó la cabeza.
—No.—Eso es falta de autocontrol.
Ebisu abrió la boca para replicar.
Naruto lo interrumpió, seco: —¿Este es el “entrenamiento especial” para enfrentar a Rock Lee?
La pregunta no era sarcástica.
Era letal.
Ebisu bajó el espejo lentamente.
—…Uzumaki, vos no entendés la importancia del— —Entiendo —respondió Naruto—.—Usted no está preparado para entrenarme.
Ebisu sintió algo que no había sentido con un genin antes.
Vergüenza real.
—Yo… fui asignado por Kakashi.
—Lo sé —asintió Naruto—.—Y lo acepté.
Se dio media vuelta.
—Pero no voy a perder un mes mirando lo que no debo.
Naruto se alejó del borde del agua.
Ebisu lo observó marcharse, apretando los puños, resignado a seguirlo.
—Ese chico… —murmuró—.—No mira como un niño.
Naruto caminaba por el sendero sombreado Dejando atrás a un Ebisu humillado.
Estaba sumergido en sus pensamientos sobre el próximo combate contra Lee, cuando una voz grave, áspera y cargada de una burla amistosa lo alcanzó desde atrás.
—Eso fue brutal, chico.
Dejar en ridículo a un instructor de élite requiere talento…
o una falta total de respeto.
Naruto se giró lentamente.
No hubo sobresalto; sus sentidos ya habían detectado una masa de chakra inmensa acercándose.
Un hombre alto, de cabello blanco desordenado que caía como una cascara, con un kimono abierto y una expresión descaradamente relajada lo observaba.
Pero tras esa fachada de viejo verde, sus ojos lo analizaban con demasiada atención.
—¿Y usted es…?
—preguntó Naruto, manteniendo una distancia prudente.
—Jiraiya —respondió el hombre, posando con una mano en la cadera —.
Un viajero humilde.
Escritor de grandes éxitos.
Genio incomprendido de las artes ninja.
Naruto lo miró de arriba abajo, sin dejarse impresionar por el currículum.
Inspiró hondo, procesando el aire que rodeaba al desconocido.
—Huele a alcohol —dijo Naruto con voz gélida —.
Y a sangre vieja.
Mucha sangre.
Jiraiya parpadeó, sorprendido.
La mayoría de los chicos de su edad verían a un viejo ridículo o a un shinobi imponente, pero Naruto había olido la guerra en él.
—…interesante —susurró el peliblanco, su sonrisa volviéndose más afilada.
Naruto frunció el ceño, sus manos se relajaron cerca de sus porta-herramientas.
—¿Qué quiere?
Si viene a vengar el honor de Ebisu, está perdiendo el tiempo.
Jiraiya se inclinó levemente hacia él, rompiendo el espacio personal.
Sus ojos se clavaron en los del chico.
—Solo quiero ver si lo que siento es real.
Si eres solo un niño con suerte o algo más.
Naruto dio un paso atrás.
El aire… cambió.
Por un segundo, muy breve, los ojos de Naruto brillaron.
Las venas alrededor de sus sienes se hincharon con la violencia característica del linaje Hyūga, pero el cambio real estaba en el iris.
Sus ojos no se volvieron blancos lechosos; adquirieron un tono azul celeste profundo, cristalino, manteniendo las facciones del Byakugan pero con una pureza visual que hería la vista.
—No podía ocultarlo para siempre —dijo Naruto con voz plana, desinteresada—.
Menos ante alguien como usted.
Jiraiya sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—No —pensó el Sannin—.
Es un Byakugan, pero ese color…
es demasiado puro.
Es como si el chakra del Zorro y el de los Uzumaki estuvieran lavando la sangre Hyūga hasta dejarla transparente.
Naruto parpadeó y la mutación desapareció.
Sus ojos recuperaron el azul oscuro de siempre.
—Si no tiene nada útil —dijo Naruto—, me voy.
Jiraiya rió bajo.
—Tenés prisa.
Eso es bueno.
Naruto se detuvo.
—¿Usted sabe entrenar?
Jiraiya sonrió, auténtico esta vez.
—Sé entrenar monstruos.
Naruto no sonrió.
Pero se quedó.
Mientras la tensión entre ambos se asentaba, Ino Yamanaka apareció entre los árboles.
Al ver a Naruto, su rostro se iluminó, ignorando por completo al imponente extraño de pelo blanco.
—¡Naruto!
Ino se acercó rápidamente, ignorando al extraño —.
Te encontré.
He estado pensando en lo que pasó en las preliminares.
Mi derrota me hizo entender que mi control de chakra no sirve de nada si mi visión del campo de batalla es limitada.
Quiero ser más fuerte, Naruto.
No por un examen, sino para no volver a sentirme inútil.
Naruto miró a Ino.
Vio la determinación en su rostro y luego miró a Jiraiya.
El rubio no dudó; sabía que para lo que venía, necesitaba aliados en los que pudiera confiar ciegamente.
—Viejo — dijo Naruto, mirando fijamente a Jiraiya—, usted dice que sabe entrenar monstruos.
Ino tiene un control de chakra que pocos en esta aldea poseen, y su clan domina la mente.
Yo tengo…
esto.
Naruto señaló sus propios ojos y luego a Ino.
—¿Podría entrenarnos a ambos?
—preguntó Naruto—.
Si usted es el genio que dice ser, sabrá que mi visión y su control mental son la combinación perfecta.
Jiraiya levantó una ceja, sorprendido por la madurez y la visión estratégica del chico.
Miró a Ino, que se mantuvo firme al lado de Naruto, y luego al rubio.
—Vaya, vaya…
No solo eres un monstruo, sino que ya estás armando tu propia unidad de élite —soltó Jiraiya con una carcajada—.
Entrenar a dos personas duplica el fastidio, pero triplica los resultados si saben sincronizarse.
Jiraiya se cruzó de brazos, sonriendo con auténtico interés.
—Está bien.
Si ella puede seguirte el ritmo y no colapsa cuando vea lo que tú ves, los entrenaré a ambos.
Pero prepárense: a partir de mañana, van a desear no haber nacido.
Ino sonrió y apretó con fuerza el brazo de Naruto, sellando un pacto silencioso bajo la sombra de los árboles.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com