What If, Naruto con byakugan - Capítulo 42
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- Capítulo 42 - 42 Capítulo 41 10 Días antes
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42: Capítulo 41: 10 Días antes 42: Capítulo 41: 10 Días antes Bajo el sol abrasador, Naruto e Ino estaban en el límite.
Naruto jadeaba, con el Byakugan activo.
—Viejo —dijo Naruto, deteniéndose—, he estado pensando.
Si puedo ver cada uno de mis 361 tenketsu con esta claridad…
¿qué pasa si en lugar de solo expulsar chakra para el Kaiten, inyecto chakra elemental directamente en ellos?
Jiraiya, sentado en una rama mientras escribía en su libreta, se detuvo y lo miró con una seriedad que rara vez mostraba.
—Lo que buscas ya existe, chico.
El Raikage de la Nube usa una Armadura de Rayo, pero él la proyecta externamente para estimular sus nervios.
Lo que tú sugieres…
inyectar chakra de rayo dentro de los puntos de presión para crear una red interna…
es un suicidio técnico.
Un error de milímetros y colapsarías tus propios órganos desde el interior.
Naruto apretó el puño, chispas azules saltando de sus nudillos.
—Tengo el control de Ino para filtrar el dolor y mi propia visión.
Quiero intentarlo.
Jiraiya cerró su libro con un golpe seco.
—Está bien, inténtalo.
Pero no esperes milagros.
Estás tratando de convertir tus venas en cables de alta tensión.
Si no mueres en el intento, será un milagro.
Cuando la luna alcanzó el cenit y Jiraiya e Ino dormían agotados, Naruto se levantó.
Se alejó del campamento hasta un claro donde la luz plateada bañaba las rocas.
—Activación —susurró.
Sus ojos se tornaron de ese azul cristalino y profundo.
Miró su propio brazo.
Gracias a su visión anómala, no solo veía los puntos de chakra, sino la vibración molecular de estos.
Comenzó a canalizar chakra de naturaleza Rayo (Raiton), pero de una forma microscópica, creando pequeñas “agujas” de energía.
Intentó la primera inyección.
—¡Agh!
—Naruto se desplomó de rodillas.
El dolor fue punzante, como si le hubieran clavado un clavo ardiendo en el hueso.
Su brazo sufrió un espasmo violento y el chakra se disipó dejando un rastro de humo.
No lo consiguió.
Ni siquiera cerca.
Su cuerpo rechazaba la intrusión elemental.
El esfuerzo volvió a disparar el fallo en su ADN.
El mundo físico se desvaneció.
Naruto no vio la alcantarilla del sello, sino un lugar de paz: un jardín de nubes y una figura de espaldas, con ropajes blancos.
Escuchó un murmullo, una lengua que no entendía pero que le resultaba familiar.
—El recipiente debe ser forjado por el dolor…
el cristal no se corta con seda.
Eran fragmentos de una era anterior, codificados en su sangre Uzumaki.
No eran sus recuerdos, eran las “instrucciones” de una genética que despertaba después de milenios.
Naruto cerró los ojos y se sumergió en su mente.
Apareció frente a las enormes rejas rojas.
Tras ellas, dos ojos colosales se abrieron.
El Kyūbi soltó un bufido que levantó ráfagas de viento húmedo.
—Al fin dejas de gritar y vienes como un guerrero, mocoso —retumbó la voz del zorro.
Kurama no se veía hostil, solo profundamente curioso ante el cambio en el chakra de su contenedor—.
Esa luz azul que cargas…
es extraña.
No huele a los Hyūga que conozco.
Huele a algo más antiguo.
—Tú lo ves todo —dijo Naruto, acercándose a la reja —.
¿Por qué mis puntos de chakra rechazan el rayo?
El Kyūbi soltó una risa seca.
—Porque intentas dominarlo por la fuerza.
Tu red de chakra es un río de agua, y el rayo es fuego líquido.
Si quieres esa armadura, no inyectes el rayo…
deja que tu chakra se convierta en él.
Esos ojos tuyos pueden ver la frecuencia, pero tu voluntad todavía es demasiado tosca.
El zorro no intentó atacarlo.
Por primera vez, se mantuvo en silencio, observando la marea azulada que empezaba a rodear el espíritu de Naruto.
Decidió no interferir; quería ver hasta dónde llegaba esa evolución.
Naruto abrió los ojos en el mundo real.
La sangre de su nariz ya se había secado.
Intentó de nuevo la técnica, inyectando solo una pizca de rayo en el tenketsu de su muñeca.
Esta vez, el brazo no sufrió un espasmo, pero el dolor lo hizo vomitar bilis.
—Faltan diez días —dijo Naruto, limpiándose la boca—.
No va a ser rápido…
pero ahora sé que el secreto está en la frecuencia, no en la fuerza.
Miró sus manos, que aún temblaban por el daño eléctrico.
El camino hacia la “Armadura Interna” acababa de volverse mucho más largo y doloroso.
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