What If, Naruto con byakugan - Capítulo 43
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- Capítulo 43 - 43 Capítulo 42 Reescritura Biológica
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43: Capítulo 42: Reescritura Biológica 43: Capítulo 42: Reescritura Biológica La mañana siguiente al diálogo con el Kyūbi, el bosque amaneció en un silencio tenso.
Naruto intentó recoger su cantimplora, pero sus dedos no respondieron.
Su mano derecha quedó entreabierta, temblando con espasmos eléctricos residuales.
Jiraiya se acercó y le tomó la muñeca.
Al tacto, la piel de Naruto se sentía febril, cargada de estática.
—No te estás entrenando, muchacho —sentenció el Sannin con una gravedad inusual—.
Te estás reescribiendo.
Ino, al conectar sus manos con las de él para iniciar la sesión, soltó un grito ahogado.
Gracias a su sensibilidad Yamanaka, detectó algo aterrador: la red de chakra de Naruto no estaba inflamada, estaba siendo “tallada”.
El rayo inyectado había dejado microfracturas en los canales internos, como si hubiera intentado pasar cristal líquido por venas de seda.
Su ADN Uzumaki luchaba por sanar, pero el dōjutsu azul lo obligaba a mantener la nueva estructura.
—¡Conéctate conmigo, ahora!
—ordenó Ino, cerrando los ojos.
Su labor ya no era solo filtrar el dolor.
Ino empezó a sincronizar su respiración con la de él, intentando reducir las interferencias neuronales que el Raiton provocaba en el cerebro de Naruto.
Sin embargo, al entrar en la mente de Naruto, Ino descubrió un abismo nuevo.
Cuando Naruto activaba su dōjutsu y buscaba la “frecuencia” del rayo, su conciencia empezaba a desligarse de su cuerpo.
Era como si Naruto se convirtiera en un observador externo de su propia carne.
—¡Naruto, quédate conmigo!
—gritó Ino mentalmente—.
Si te despegas demasiado de tu cuerpo, no podrás volver.
Tu mente está tratando de abandonar tu humanidad para convertirse en energía pura.
Naruto, anclado por la voz de Ino, respiró hondo.
No intentó cubrirse de rayo.
Se enfocó únicamente en el tenketsu de su dedo índice derecho.
—Activación.
Inyectó una cantidad infinitesimal de rayo.
Durante exactamente 0.8 segundos, el dedo de Naruto brilló con un azul eléctrico tan puro que dolió mirarlo.
No hubo una explosión de potencia, pero cuando Jiraiya lanzó un pequeño guijarro hacia él a velocidad de bala, Naruto no lo esquivó: simplemente movió su dedo y lo partió a la mitad en el aire con una precisión que desafiaba la física.
No hubo colapso.
No hubo vómito.
Solo un silencio absoluto.
Jiraiya, por primera vez en todo el mes, dejó de lado su expresión burlona y sonrió con orgullo genuino.
—Eso… eso sí es viable.
No necesitas fuerza bruta, Naruto.
Necesitas la precisión de un dios.
Si logras extender eso a tus brazos y piernas por unos segundos, Lee no podrá ni siquiera ver tus movimientos.
Esa noche, Naruto no durmió.
Entró en un estado de trance, un sueño despierto donde el mundo se redujo a geometrías puras.
No apareció el jardín de nubes, sino algo más abstracto: una serie de rotaciones y patrones de chakra que encajaban como los engranajes de un reloj celestial.
Entendió que su dōjutsu no era una técnica que se aprendía, ni un ojo que simplemente “despertaba” por ira como el Sharingan.
Era un sistema.
Un mapa.
En la oscuridad de su mente, una palabra resonó, no como un nombre, sino como un concepto final que debía ser ensamblado pieza por pieza, hueso por hueso, frecuencia por frecuencia: —Tenseigan—.
Naruto abrió los ojos en la oscuridad del bosque.
Sus pupilas azules brillaban con una claridad aterradora.
Ahora lo sabía: no estaba despertando un poder.
Estaba ensamblando una divinidad dentro de un cuerpo mortal.
Y el proceso apenas había comenzado.
A pocos días de la final, Naruto comenzó a moverse como un fantasma por los campos de entrenamiento periféricos.
No buscaba confrontación, buscaba datos.
Con su dōjutsu desactivado para no ser detectado, pero con una agudeza sensorial nueva, se dedicó a observar.
Rock Lee: Naruto analizó su biomecánica.
No le interesaba la fuerza de sus patadas, sino cómo Lee reclutaba cada fibra muscular para superar el límite humano.
“Es un motor térmico”, clasificó Naruto en su mente.
“Si sobrecalienta el sistema, las juntas cederán”.
Sasuke: Observó su concentración externa.
El Chidori era un gasto masivo de energía concentrado en un solo punto.
“Es un vector de ataque lineal”, anotó.
“Eficaz, pero predecible si conoces la frecuencia del rayo”.
Neji: Se enfocó en su flujo cerrado.
El estilo Hyūga era defensivo, una burbuja de chakra perfecta.
“Es un circuito retroalimentado”, pensó.
“Para romperlo, no hay que golpear la burbuja, hay que alterar la frecuencia de la fuente”.
Naruto no sentía envidia ni competitividad.
Clasificaba a sus compañeros como si fueran piezas de una maquinaria que él estaba aprendiendo a desarmar.
En el camino de regreso al bosque, Naruto se cruzó con Neji.
El genio Hyūga se detuvo, su Byakugan desactivado, pero su presencia era intimidante.
—Uzumaki —dijo Neji con desprecio—.
He oído que te escondes en el bosque.
No importa cuánto entrenes, un perdedor solo puede aspirar a ser un perdedor con esfuerzo.
El destino de esta final ya está escrito en mis ojos.
Naruto no se inmutó.
Lo miró fijamente, pero no a los ojos, sino a los puntos de presión de su cuello y hombros.
Su mirada era clínica, fría.
—No te miro como un rival, Neji —respondió Naruto con voz monocorde—.
Te miro como un sistema.
Y todos los sistemas tienen un error de diseño.
Neji apretó los dientes.
Esa falta de emoción, ese trato como si fuera un objeto de estudio, lo irritó más que cualquier insulto sobre su linaje.
Sintió, por primera vez, que Naruto estaba viendo algo que él, con el Byakugan puro, no podía percibir.
Esa noche, mientras Naruto meditaba, la voz del kyubi retumbó en su cabeza, más profunda y sombría que de costumbre.
—Ten cuidado, mocoso.
—El zorro se removió tras las rejas—.
Si sigues viendo el mundo solo como estructuras y geometría, dejarás de sentirlo.
Te estás volviendo una máquina de cálculo.
—¿Y eso es malo?
—preguntó Naruto.
—Si dejas de sentir el odio, el miedo y la vida, no podré usar tu cuerpo como puente.
Te romperás como un cristal frío ante la primera presión real.
No te conviertas en un objeto antes de que yo termine contigo.
Jiraiya apareció en el claro con un pergamino gigante.
—Es hora de subir el nivel, Naruto.
Este es el contrato de invocación de los Sapos.
Si quieres sobrevivir a lo que viene, necesitas aliados de peso.
Jiraiya miró a Ino, quien dio un paso adelante con esperanza.
El Sannin negó con la cabeza.
—Ino, tú has hecho un trabajo increíble estabilizándolo, pero esta prueba no es para ti.
No eres tan fuerte como él físicamente, y Gamabunta te aplastaría antes de que pudieras decir tu nombre.
Tu momento llegará, pero hoy, esto es entre el chico y el Jefe Sapo.
Ino bajó la mirada, aceptando la realidad con un nudo en la garganta.
Naruto tomó el pergamino, pero antes de firmar, se detuvo frente a un charco de agua.
Activó su Byakugan solo un instante para verificar su flujo interno.
Por un segundo… sus ojos no le obedecieron.
El iris azul cristalino pulsó con una luz propia, independiente de su voluntad.
La visión se volvió blanca y luego negra, mostrándole un mapa estelar en lugar del bosque.
Sus manos temblaron y el dōjutsu se apagó solo, dejándolo jadeando.
El ensamblaje estaba cobrando vida propia, y Naruto empezó a dudar de si él era el arquitecto…
o simplemente el molde que el Tenseigan estaba usando para nacer.
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