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What If, Naruto con byakugan - Capítulo 44

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44: Capítulo 43: La Prueba del Jefe 44: Capítulo 43: La Prueba del Jefe Jiraiya no permitió que Ino participara.

—Si quieres el respeto de los sapos, debes ganarlo tú solo, con tu propia voluntad —le dijo, alejando a la chica hacia la linde del bosque.

Naruto mordió su pulgar y golpeó el suelo.

El humo se disipó para revelar a Gamabunta.

El Jefe Sapo, colosal y de humor cínico, miró hacia abajo con su ojo amarillento.

—¿Un mocoso?

No me hagas perder el tiempo.

—¡Quédate ahí hasta el atardecer si quieres que te ayude!

—rugió Bunta, lanzándose en un salto de kilómetros que desafió la gravedad.

Naruto casi sale despedido en el primer impacto.

Sin el filtro mental de Ino, el dolor de sus músculos y la sobrecarga de sus ojos lo golpearon de frente.

“No inyectes por fuerza…

deja que sea frecuencia”, recordó las palabras del Kyūbi.

Naruto activó su Byakugan anómalo.

El mundo se volvió un mapa de vectores de fuerza.

Para mantenerse pegado al lomo del sapo, Naruto tuvo que inyectar Raiton directamente en sus plantas y manos.

—¡Agh!

—el grito se ahogó en su garganta.

Sin Ino para amortiguar el sistema nervioso, sentía cada micro-descarga como un rayo real quemándole la carne.

Su visión empezó a parpadear.

El Tenseigan, aún en proceso de ensamblaje, intentaba procesar la velocidad del salto, pero su cerebro humano se resistía.

Naruto se aferró con las uñas, su chakra de rayo creando un anclaje magnético que chamuscaba la piel del sapo.

—¡No voy a caer!

—rugió Naruto Con la sangre brotando de su nariz y oídos.

Sus ojos azules cristalinos brillaban con una furia fría, ignorando el colapso inminente de sus nervios.

Al atardecer, Gamabunta se detuvo en la cima de una montaña.

Estaba jadeando.

Miró hacia atrás y vio al chico: Naruto seguía ahí, con la ropa destrozada y el cuerpo soltando chispas, pero sus ojos…

sus ojos seguían fijos en él, analizando su estructura incluso en el agotamiento.

—Tienes agallas, renacuajo —gruñó Gamabunta—.

Y esos ojos…

no son humanos.

Te acepto.

Naruto regresó a la aldea caminando con una rigidez mecánica.

Al cruzar las puertas, vio a sus rivales de lejos.

Lee: Entrenando con una intensidad que desgarraba el aire.

Naruto lo vio y clasificó: “Apertura de válvulas de presión (Puertas Internas).

Riesgo de colapso estructural: 80%.

Velocidad estimada: Superior a mi reacción base”.

Neji: Meditando.

Naruto analizó: “Flujo de chakra estático.

Defensa perfecta de 360 grados.

Error detectado: dependencia absoluta en el rango visual”.

Naruto ya no sentía la emoción de la competencia.

El entrenamiento de Jiraiya y el dolor de la inyección elemental lo habían dejado en un estado de desapego clínico.

Esa noche, antes de la final, Naruto se lavó la cara en un arroyo.

Se miró en el reflejo.

Activó el Byakugan para revisar el daño en sus tenketsu.

De pronto, su reflejo no se movió cuando él lo hizo.

Sus ojos azules cristalinos pulsaron con un brillo blanco puro, y por un segundo, Naruto perdió el control de sus extremidades.

Su cuerpo se puso rígido, como si fuera una marioneta siendo ajustada por hilos invisibles.

—Detente…

—murmuró Naruto, luchando por cerrar los párpados.

El Tenseigan no se apagó de inmediato.

Le mostró una visión fugaz de la arena de combate, pero no desde su perspectiva, sino desde arriba, como si viera a través de los ojos de un satélite o un dios.

—No es un despertar…

—jadeó Naruto cuando finalmente recuperó el control, cayendo de rodillas—.

Es una invasión.

Me estoy convirtiendo en el mapa.

Mañana es el gran día.

El estadio está a reventar.

Naruto Uzumaki entra a la arena.

Frente a él, Rock Lee se quita las pesas, haciendo que el suelo tiemble.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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