What If, Naruto con byakugan - Capítulo 49
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- Capítulo 49 - 49 Capítulo 48 Interrupción
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49: Capítulo 48: Interrupción 49: Capítulo 48: Interrupción Genma esperó a que la arena fuera despejada antes de llamar a los siguientes finalistas.
—¡Segunda Semifinal!
—gritó—.
¡Shino Aburame contra Temari de la Arena!
Shino bajó con su habitual paso silencioso, su cuello alto ocultando la mitad de su rostro.
Temari, por el contrario, saltó a la arena y desplegó su abanico con un golpe seco, abriendo las tres lunas de inmediato.
—No voy a perder el tiempo contigo como lo hizo mi hermano— dijo Temari con una sonrisa arrogante—.
El viento no puede ser detenido por insectos.
—El viento es aire —respondió Shino con su voz monótona—.
Y mis insectos viajan en las corrientes.
Si intentas soplarlos, solo los ayudarás a encontrar su camino hacia ti.
—¡Comiencen!
Temari no esperó.
Realizó un giro violento con su abanico: El aire en la arena estaba saturado de polvo.
Temari no perdió el tiempo; sabía que contra un Aburame, la distancia era la única aliada.
—Fūton: Ōkamaitachi!
(Elemento Viento: Gran Torbellino Cortante) —gritó Temari, abriendo las tres lunas de su abanico de un solo golpe.
Una tempestad de cuchillas invisibles barrió el suelo, triturando las piedras.
Shino permaneció impasible.
De sus mangas brotó una marea negra de Kikaichū (Insectos Destructores) que no voló directamente hacia ella, sino que se dispersó en el suelo, aprovechando las grietas dejadas por los combates anteriores.
El viento de Temari masacró a miles de insectos, pero Shino simplemente reemplazaba las bajas.
—Es inútil —dijo Shino con su voz monótona—.
El viento es predecible.
Mis insectos ya han rodeado tu radio de giro.
Temari sintió un peso repentino.
Miró su abanico y vio que estaba cubierto de una fina capa de parásitos que devoraban su chakra directamente de la tela.
Al intentar cerrarlo, se dio cuenta de que sus pies estaban anclados: Shino había enviado una columna subterránea que ahora trepaba por sus piernas.
—¡Maldición!
—Temari intentó una ráfaga de emergencia, pero los insectos ya habían invadido sus conductos de chakra en las manos, causándole un dolor agudo.
—Si te mueves, vaciarán tus reservas en diez segundos —advirtió Shino.
Temari, frustrada y sin opciones, soltó el abanico.
—Me rindo —gruñó, sabiendo que Shino la tenía totalmente inmovilizada.
El estadio apenas tuvo tiempo de procesar la victoria de Shino cuando Genma llamó a los finalistas del bloque.
Naruto bajó a la arena con su capa oscura ondeando, sus ojos azules normales fijos en el Aburame.
Shino se quedó allí, en silencio, mirando a Naruto a través de sus gafas oscuras.
El Aburame no envió ni un solo insecto.
De hecho, los que estaban en el suelo empezaron a retroceder frenéticamente hacia su cuerpo.
—¿No vas a pelear, Shino?
—preguntó Naruto con calma.
—Naruto —dijo Shino con su voz monótona—.
Mis insectos son seres de instinto puro.
Y ahora mismo, me están advirtiendo que lo que tengo frente a mí no es un humano, sino una frecuencia de energía que los desintegraría solo por proximidad.
Tu cuerpo está sufriendo, pero tu chakra es un sol negro.
No hay lógica en una pelea donde el costo es la extinción de mi enjambre.
Me retiro.
La multitud estaba en un estado de confusión total, pero el ambiente se volvió fétido.
Gaara no bajó las escaleras; simplemente saltó, con su cuerpo temblando y una risa histérica escapando de sus labios.
Estaba extasiado: Naruto era el espejo que tanto había buscado.
—¡Finalmente!
—gritó Gaara, apretándose la cabeza—.
¡Madre quiere tu sangre!
¡Ese azul de tus ojos…
quiero ver cómo se apagan!
—¡Comiencen!
—gritó Genma.
Gaara no esperó.
La arena estalló, cubriendo el suelo en un segundo.
Naruto intentó activar su Armadura de Rayo, pero su cuerpo reaccionó con una punzada de dolor agónico.
Sus músculos, castigados por la sobrecarga contra Lee, sufrieron un espasmo.
—¡Maldición!
—pensó Naruto, esquivando una ola de arena por milímetros.
Gaara, viendo la debilidad de Naruto, se lanzó con una ferocidad maníaca.
La arena de Gaara era más rápida de lo habitual, movida por una voluntad asesina propia.
Naruto lanzó un Jūken: Palma de Vacío, pero la onda de choque fue más débil de lo normal.
El Tenseigan, aún incompleto, intentó “ensamblarse” ante la presión, enviando estática azul a su cerebro y nublándole la vista.
Gaara lo golpeó con un brazo de arena que ya tenía la forma de una garra de monstruo.
Naruto salió volando, chocando contra el muro del estadio.
—¡DAME MÁS!
—gritó Gaara.
Su rostro empezaba a desmoronarse, revelando la piel arenosa y amarillenta del Shukaku.
Naruto se puso en pie, escupiendo sangre.
Sus canales de chakra estaban ardiendo.
El Kyūbi rugió en su mente: “¡Mocoso, estás pagando el precio de forzar el sistema contra Lee y Sasuke!
Si no liberas mi chakra ahora para regenerar tus nervios, ese tipo te va a enterrar!” Justo cuando Naruto concentraba el chakra naranja para estabilizar su cuerpo, Gaara lanzó un rugido que ya no era humano.
En ese preciso instante, el cielo se llenó de plumas blancas.
El Genjutsu: Nehan Shōjō no Jutsu (Jutsu: Templo de Nirvana)cayó sobre el estadio.
¡BOOM!
Una explosión en el palco del Hokage marcó el inicio del caos.
Orochimaru sostenía a Hiruzen mientras los ninjas del Sonido y la Arena aparecían en las gradas.
Gaara, ahora con medio cuerpo transformado en una versión miniatura del Shukaku, lanzó un zarpazo que Naruto bloqueó con sus brazos envueltos en rayos inestables.
Las chispas azules se mezclaban con el chakra naranja, creando una combustión violenta.
—¡La invasión…!
—murmuró Naruto, viendo cómo Ino intentaba despertar a los civiles mientras se defendía de unos ninjas del Sonido.
Gaara ya no escuchaba.
Sus ojos eran los de un demonio hambriento.
—¡SANGRE!
¡MÁS SANGRE!
Naruto miró a Gaara y sintió el peso de sus heridas.
Sabía que no podía mantener este ritmo.
Pero la visión de Ino en peligro le dio un último impulso de adrenalina.
—No puedo dejar que se transforme aquí…
—pensó Naruto—.
Si el Shukaku despierta en medio del estadio, Ino morirá.
—¡Ino!
—gritó Naruto—.
¡Saca a la gente de aquí!
¡Yo me llevaré a este monstruo al bosque!
Gaara se lanzó contra él, y Naruto, forzando una ráfaga de velocidad suicida de su armadura de rayo a pesar del dolor de sus nervios quemados, tacleó a Gaara en pleno aire.
Ambos atravesaron el muro dañado del estadio, cayendo hacia los bosques exteriores de Konoha mientras el cielo se teñía de rojo por las llamas de la invasión.
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