What If, Naruto con byakugan - Capítulo 5
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- Capítulo 5 - 5 Capítulo 4 Ecos del control
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5: Capítulo 4: Ecos del control 5: Capítulo 4: Ecos del control Naruto fue más cuidadoso al día siguiente.
No porque alguien se lo hubiera dicho, porque había aprendido qué pasaba cuando se relajaba demasiado.
Caminó hacia la Academia con las manos en los bolsillos, concentrado en su respiración.
Cada paso era medido.
Cada latido, ignorado a propósito.
No mires.
No escuches de más.
El recuerdo del papel rompiéndose seguía fresco.
En el aula, Iruka explicó la lección como siempre, pero Naruto notó algo distinto: cada vez que desviaba la atención, Iruka lo observaba un segundo más de lo normal.
No con sospecha.
Con cuidado.
Durante el descanso, Naruto salió al patio y se apoyó contra la baranda de madera.
No buscaba compañía.
Solo espacio.
—Qué problemático… Naruto giró la cabeza.
Un chico de cabello oscuro estaba recostado cerca, mirando el cielo.
—¿Hablas conmigo?
—preguntó Naruto.
—No hay nadie más tan quieto —respondió el chico—.
Da sueño.
Naruto se encogió de hombros.
—Pararse no es tan difícil.
—Pensar sí —dijo el chico—.
Soy Shikamaru Nara.
—Naruto Uzumaki.
Shikamaru lo miró de reojo.
—Te fue raro ayer en clase.
Naruto no respondió de inmediato.
—Solo me distraje.
—Ajá —dijo Shikamaru, sin insistir—.
Eso pasa.
Otro chico apareció, cargando una bolsa.
—¡Shikamaru!
¿Vamos a comer o no?
—dijo entre bocados—.
Oh… hola.
—Choji —presentó Shikamaru—.
Naruto.
Choji levantó la mano.
—¿Quieres papas?
Naruto dudó apenas un segundo antes de asentir.
—Gracias.
Se sentaron en el suelo.
No hablaron mucho.
Y eso estuvo bien.
Naruto se dio cuenta de algo extraño: no necesitaba estar alerta con ellos.
No sentía presión.
No sentía ruido.
—Oye —dijo Choji de pronto—.
Tú no hablas mucho.
—No tengo mucho que decir.
—Eso también está bien —respondió Choji, encogiéndose de hombros.
Un ladrido los interrumpió.
—¡Oigan!
—dijo un chico de cabello castaño, acercándose—.
Akamaru dice que hueles raro.
Naruto frunció el ceño.
—¿Raro?
—No mal —aclaró rápido—.
Solo… distinto.
Soy Kiba.
El pequeño perro sobre su cabeza lo olfateó otra vez.
—Grrf.
—Creo que aún no decide —dijo Kiba, sonriendo.
Naruto soltó una risa corta.
No forzada.
No ensayada.
Cuando sonó la campana, se levantó con una sensación nueva en el pecho.
No era alivio.
Era… normalidad.
Torre Hokage —El incidente en la Academia no fue casual —dijo Danzō Shimura, apoyando su bastón en el suelo—.
Un niño no reacciona así sin motivo.
Hiruzen Sarutobi exhaló humo lentamente.
—No perdió el control —respondió—.
Se corrigió solo.
—Eso no me tranquiliza —replicó Danzō—.
Significa que su sistema responde a estímulos que no vemos.
—O que es sensible —dijo Hiruzen.
—O que es peligroso.
El Hokage levantó la mirada.
—No ha mostrado agresión.
No ha mostrado ambición.
—Todavía —insistió Danzō—.
Pero crecerá.
Hiruzen guardó silencio.
—Sugiero restricciones más estrictas —continuó Danzō—.
Supervisión directa.
Aislamiento si es necesario.
—No —dijo Hiruzen con firmeza.
Danzō entrecerró el ojo visible.
—¿Por compasión?
—Por estabilidad —respondió Hiruzen—.
Si lo presionamos, reaccionará.
Y eso es precisamente lo que queremos evitar.
Danzō no sonrió.
—Entonces obsérvalo bien —dijo—.
Porque si algo ocurre… no será un niño común el que falle.
Se dio la vuelta y salió.
Hiruzen permaneció mirando la ventana.
—Naruto Uzumaki… —murmuró—.
Ni siquiera sabes por qué te temen.
Esa noche, Naruto volvió a sentarse en el suelo de su apartamento.
No para entrenar más duro.
Para entrenar mejor.
Respiró hondo.Controló el pulso.Cerró lo que debía cerrar.
No quería volver a perder el control.
No ahora que, por primera vez, no se sentía completamente solo.
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