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What If, Naruto con byakugan - Capítulo 50

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  4. Capítulo 50 - 50 Capítulo 49 Invasión
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50: Capítulo 49: Invasión 50: Capítulo 49: Invasión El cielo de Konoha, que hasta hacía unos instantes era de un azul festivo, se tiñó de un gris ceniciento.

Las plumas blancas del Nehan Shōjō no Jutsu (Jutsu del Templo del Nirvana) descendían con una delicadeza cruel, sumiendo a los miles de espectadores en un sueño profundo y antinatural.

Lo que debía ser la celebración de la paz se convirtió, en un parpadeo, en el escenario de una carnicería coordinada.

En las gradas de los competidores, la reacción fue instantánea para aquellos cuyos sentidos estaban afinados por años de guerra.

Kakashi Hatake y Maito Guy disiparon el Genjutsu en el mismo segundo en que la primera pluma rozó sus hombros.

Alrededor de ellos, los supuestos civiles se arrancaban las ropas para revelar los uniformes de los ninjas del Sonido y de la Arena.

—¡Es una invasión a gran escala!

—exclamó Kakashi, desvelando su Sharingan, que giró con una intensidad gélida—.

¡Guy, no dejes que se acerquen a los civiles dormidos!

¡Es una masacre si no actuamos ya!

Guy, cuya expresión habitualmente jovial se había transformado en una máscara de acero, lanzó una patada circular que barrió a tres enemigos de un solo golpe.

—¡La llama de la juventud de Konoha no se apagará hoy!

—gritó—.

¡Séptima puerta…

no, todavía no!

¡Pero no daré tregua!

A unos metros, Asuma Sarutobi bloqueaba las cuchillas de viento de un Jōnin de la Arena.

El humo de su cigarrillo se mezclaba con el olor a pólvora de los sellos explosivos que empezaban a detonar en los muros exteriores.

—¡Sakura, despierta a Shikamaru!

¡Ino, ayuda a Naruto!

—Asuma se detuvo en seco al ver el cráter en el muro del estadio—.

Maldición…

Naruto ya se fue.

Se llevó a esa cosa fuera de la aldea.

Asuma decapitó virtualmente a un enemigo con sus cuchillas de chakra antes de dar las órdenes finales a sus alumnos.

—¡Su prioridad es la evacuación!

¡No busquen combate a menos que sea necesario para proteger a los heridos!

Naruto está solo ahí fuera y está herido por sus peleas anteriores.

¡Shikamaru, eres Chūnin en todo menos en papel, lidera a tus compañeros y alcáncenlo si pueden!

Confío en ustedes.

En lo alto de la torre principal, el humo de una explosión de color púrpura se disipó para revelar una escena dantesca.

Cuatro figuras vestidas con mallas oscuras se posicionaron en los extremos del tejado, entrelazando sus dedos en un sello prohibido.

—¡Ninpō: Shishienjin!

(Arte Ninja: Formación de los Cuatro Fuegos Violetas).

Una barrera cúbica de llamas púrpuras se alzó, atrapando al Tercer Hokage, Hiruzen Sarutobi, con el hombre que solía ser su discípulo más brillante.

Orochimaru se despojó de la piel del Kazekage como quien se quita una prenda vieja, revelando su rostro pálido y sus ojos de serpiente cargados de una ambición enferma.

—¿Te gusta el escenario, Hiruzen-sensei?

—siseó Orochimaru, su lengua bífida acariciando sus labios—.

He preparado esto durante años.

Konoha es un árbol viejo cuyas raíces se han podrido bajo tu mando.

Es hora de quemarlo para que algo nuevo pueda crecer.

Hiruzen no respondió de inmediato.

Con una calma que solo otorgan las décadas de liderazgo, se despojó de su túnica ceremonial de Hokage, revelando su armadura de combate negra debajo.

Sus manos, aunque marcadas por la edad, realizaron los sellos de invocación con una precisión que desafiaba al tiempo.

—Orochimaru…

siempre fuiste un niño que no entendía el valor de la vida, solo su duración —dijo Hiruzen, su voz resonando con una autoridad ancestral—.

Si crees que el sacrificio de mis subordinados y la destrucción de estas paredes es el fin de Konoha, no has aprendido nada.

La Voluntad de Fuego no reside en los edificios, sino en las personas.

Y hoy, pagarás por cada vida que has intentado apagar.

—¡Kukuku!

¡Menos palabras y más sangre, viejo!

—rugió Orochimaru, mientras el suelo del tejado empezaba a agrietarse por la presión de su chakra oscuro.

El Bosque: Naruto vs Gaara A kilómetros del estadio, el bosque de la muerte vivía una pesadilla.

Naruto y Gaara habían aterrizado tras una trayectoria balística que había derribado docenas de árboles centenarios.

Naruto se encontraba de rodillas, tosiendo sangre que manchaba la hierba verde.

Sus brazos temblaban violentamente; la Armadura de Rayo que usó contra Lee y la precisión quirúrgica contra Sasuke habían dejado sus nervios en un estado de hipersensibilidad agónica.

Frente a él, Gaara se alzaba como una aberración de la naturaleza.

La arena ya no solo lo protegía; se estaba convirtiendo en su piel.

Su brazo derecho era una garra masiva de arena compacta, y su rostro estaba deformado, con el ojo del Shukaku brillando con una locura milenaria.

—¡DAME TU EXISTENCIA!

—gritó Gaara, su voz distorsionada por el chakra del Ichibi—.

¡Siento tu miedo, Naruto Uzumaki!

¡Siento cómo tus ojos azules intentan ver un futuro que yo voy a enterrar en arena!

Naruto apretó los dientes.

Sus ojos azules normales parpadeaban, la visión se le volvía borrosa por el agotamiento del Tenseigan incompleto.

—Maldición…

mi cuerpo no me sigue —pensó Naruto—.

El precio de forzar el sistema contra los genios…

ahora lo estoy pagando contra este monstruo.

En su interior, el paisaje de la alcantarilla mental estaba en medio de un tsunami.

El agua oscura golpeaba las rejas con una fuerza que amenazaba con romper los sellos.

En la mente de Naruto Naruto apareció frente a la jaula, pero esta vez no estaba de pie con arrogancia.

Estaba encorvado, sujetándose el pecho.

El Kyūbi, cuyas nueve colas se agitaban como látigos de fuego detrás de los barrotes, bajó su cabeza hasta que su nariz rozó el metal.

—”¿Ves ahora la fragilidad de tu ‘ensamblaje’ divino, mocoso?” —tronó el Zorro con una mezcla de burla y respeto—.

“Tu cuerpo de carne no puede sostener el rayo y el Tenseigan simultáneamente.

Estás colapsando.

Pero ese mapache de arena no tiene esos límites.

Él ha dejado que su demonio lo consuma.” —¡Cállate!

—gritó Naruto—.

¡Hicimos un trato!

¡Me dijiste que me ayudarías si yo te dejaba fluir!

—”Y cumpliré mi parte” —el Kyūbi soltó un rugido que hizo que el espacio mental vibrara—.

“Te daré mi chakra para reconstruir tus canales y darte la fuerza física para enfrentar a esa cosa.

Pero el trato fue claro: a partir de ahora, dejo de ser tu aislante.

Dejaré de retener mi odio.

Sentirás cada gramo de mi malicia, y yo veré el mundo a través de tus sentidos sin filtros.

¿Estás listo para dejar de ser un humano por un momento?” —¡Hazlo!

—sentenció Naruto—.

¡Paga mi deuda de sangre!

En el mundo real, la atmósfera alrededor de Naruto se volvió físicamente pesada.

Gaara, que se lanzaba para el golpe final, se detuvo en seco al sentir una presión que le heló la médula.

Una explosión de chakra naranja hirviente estalló desde el plexo solar de Naruto.

No era la luz cian y limpia de antes; era una masa viscosa, roja y burbujeante que cubría su cuerpo como una segunda piel de odio.

Sus heridas se cerraron instantáneamente, pero Naruto soltó un alarido de agonía que ahogó los sonidos del bosque.

El chakra del Kyūbi estaba quemando sus células a la vez que las reconstruía.

Naruto abrió los ojos.

Ya no eran azules.

Eran de un rojo sangre, con las pupilas rasgadas en una línea vertical.

Sus uñas se alargaron en garras y sus dientes se volvieron colmillos.

—¡GRRRRAAAAAAA!

—El rugido de Naruto barrió la arena de Gaara hacia atrás por pura presión atmosférica.

Gaara, lejos de asustarse, soltó una carcajada demencial.

—¡SÍ!

¡ESO ES!

¡UN MONSTRUO IGUAL A MÍ!

¡MADRE ESTÁ FELIZ!

Gaara se cubrió completamente de arena, aumentando su tamaño hasta alcanzar los diez metros.

Naruto, moviéndose por puro instinto animal, desapareció de la vista.

No era la velocidad del rayo, era un desplazamiento físico tan violento que el aire detrás de él estallaba.

Apareció sobre Gaara, propinándole un zarpazo de chakra rojo que le arrancó media cabeza de arena.

La arena de Gaara, imbuida con el chakra del Shukaku, intentó atraparlo, pero el chakra del Kyūbi era corrosivo; quemaba la arena al contacto, convirtiéndola en vidrio inútil.

Gaara retrocedió, su mente finalmente quebrándose ante la superioridad física de Naruto poseído.

—¡Si no puedo enterrarte…

entonces dormiré para que él te devore!

—Gaara se posicionó en el centro de su masa de arena y realizó el sello final —.

¡Tanuki Neiri no Jutsu!

(Jutsu de Sueño Fingido).

El cuerpo de Gaara se hundió en la arena y un silencio sepulcral cayó sobre el bosque por un segundo.

De repente, la tierra estalló.

Una montaña de arena de color arena amarillenta, con patrones de sellos púrpuras, se alzó por encima de los árboles.

El Ichibi no Shukaku había despertado por completo.

Su voz, un coro de gritos metálicos y risas estridentes, hizo que incluso los ninjas en Konoha se detuvieran a mirar el horizonte.

—¡LIBERTAD!

¡FINALMENTE AFUERA!

—rugió el Shukaku, lanzando una ráfaga de aire comprimido, un Fūton: Renkūdan, que arrasó con hectáreas de bosque de un solo disparo—.

¡VOY A APLASTAR TODO LO QUE VEA!

Naruto, envuelto en el manto del Zorro de una cola, se encontraba en la rama de un árbol que se mecía violentamente.

El dolor en su pecho era insoportable, pero su mente estaba conectada a la del Zorro.

Podía sentir la risa de Kurama en su nuca, disfrutando de la luz del sol y del caos del mundo exterior.

—”Ahí lo tienes, mocoso…

el mapa de arena contra el incendio forestal” —susurró el Kyūbi en su mente—.

“¿Vas a quedarte ahí mirando, o vas a demostrarle a ese mapache quién es el verdadero rey de las bestias?” Naruto, con sus ojos rojos fijos en la colosal bestia de arena, dejó escapar un gruñido bajo.

Su brazo derecho empezó a cargarse no solo de chakra rojo, sino de chispas azules que luchaban por emerger.

El Tenseigan, el Rayo y el Kyūbi…

los tres poderes estaban colisionando dentro de él, creando un sistema de combate que el mundo no estaba preparado para presenciar.

—Cállate, Zorro…

—murmuró Naruto con una voz que ya no era humana—.

Tengo una deuda que pagar…

y una aldea que proteger.

Naruto se lanzó desde el árbol, una estrella roja y azul dirigiéndose directamente hacia el ojo del Shukaku, mientras en el fondo, los gritos de la invasión en Konoha servían como banda sonora para el fin de la inocencia del mundo ninja.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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