What If, Naruto con byakugan - Capítulo 53
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- Capítulo 53 - 53 Capítulo 52 La sombra del sucesor
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53: Capítulo 52: La sombra del sucesor 53: Capítulo 52: La sombra del sucesor Konoha era un cuerpo herido tratando de suturar sus propias grietas.
Tras el funeral, el ambiente no era de paz, sino de una paranoia latente.
Los muros estaban siendo reconstruidos, pero la confianza en el sistema que Hiruzen dejó atrás se desmoronaba con cada piedra que volvían a colocar.
En la sala de reuniones más profunda de la torre, el ambiente era pesado.
El humo del incienso de luto aún flotaba entre Koharu Utatane, Homura Mitokado y el gélido Danzō Shimura.
—La aldea es vulnerable —sentenció Homura, golpeando su bastón—.
Sin un Hokage, somos una presa fácil para el País del Rayo o de la Tierra.
Necesitamos un líder con fuerza y prestigio.
—Jiraiya —dijo Koharu, mirando hacia la sombra del rincón—.
Como alumno del Tercer Hokage y uno de los Sannin, el puesto es tuyo por derecho y necesidad.
Jiraiya, apoyado contra la pared y con una seriedad que rara vez mostraba, soltó una carcajada amarga.
—No nací para sentarme tras un escritorio a ver cómo se marchitan los papeles.
Mi destino es el camino, no el trono.
—¡No estamos para tus juegos, Jiraiya!
—rugió Danzō—.
La aldea acaba de ser testigo de cómo el Jinchūriki de las Nueve Colas casi se convierte en la bestia que nos destruyó hace doce años.
Necesitamos a alguien que sepa contenerlo, o entregármelo a la Raíz para asegurar su lealtad.
Jiraiya clavó su mirada en Danzō.
—Toca al chico y te aseguro que el Sello de la Parca será el menor de tus problemas.
—Luego, suavizó su tono—.
Si quieren un Hokage que de verdad pueda sanar este desastre, solo hay una persona.
Otra Sannin.
La única capaz de reconstruir lo que Orochimaru rompió: Tsunade Senju.
El consejo guardó silencio.
El nombre de la nieta del Primer Hokage traía esperanza, pero también el recuerdo de una mujer que le había dado la espalda a la guerra hacía décadas.
—Yo la encontraré —concluyó Jiraiya—.
Pero no iré solo.
Me llevaré a Naruto Uzumaki conmigo.
Necesita salir de este nido de víboras antes de que intentes “estabilizarlo”, Danzō.
Y también…
me llevaré a la chica Yamanaka, Ino.
Danzō entrecerró los ojos.
—¿La heredera del clan de la mente?
¿Para qué?
—Porque Naruto es un motor sin frenos —respondió Jiraiya con pragmatismo—.
Su chakra es un caos y su mente un campo de batalla.
Necesito a alguien con la finura de los Yamanaka para ayudar a estabilizar su flujo interno desde dentro, alguien que aprecie la precisión.
Además, Inoichi me ha dado su permiso; la chica tiene un potencial sensorial que se está desperdiciando en las florerías de una aldea en ruinas.
Mientras el consejo debatía, el peligro ya caminaba entre ellos.
Cerca del canal de la aldea, la niebla empezó a espesarse.
Asuma Sarutobi y Kurenai Yūhi se detuvieron en seco.
Frente a ellos, dos figuras con capas de nubes rojas permanecían inmóviles sobre el agua.
—No son de por aquí —dijo Asuma, bajando su mano hacia sus cuchillas.
—Ha pasado mucho tiempo, Asuma-san, Kurenai-san —dijo una voz que hizo que a ambos se les helara la sangre.
Cuando los intrusos se quitaron los sombreros de paja, el aire pareció succionarse de los pulmones de los Jōnin.
Itachi Uchiha.
A su lado, el monstruoso Kisame Hoshigaki desenvainó la Samehada con un siseo de anticipación.
—Tú…
—susurró Kurenai, activando su Genjutsu de inmediato.
Pero contra Itachi, las ilusiones eran armas de juguete.
En un parpadeo, Kurenai se encontró encadenada a su propio árbol mental mientras Itachi la miraba con una frialdad absoluta.
Antes de que Kisame pudiera asestar un golpe mortal con su espada, una ráfaga de viento y un estallido de rayos los separó.
Kakashi Hatake apareció, con su Sharingan girando violentamente.
—Itachi…
—dijo Kakashi, con la voz cargada de cansancio—.
¿Qué es lo que buscas en una aldea en ruinas?
—Buscamos el legado del Cuarto Hokage —respondió Itachi con calma—.
Y hemos venido por el chico.
La batalla fue breve pero devastadora a nivel psicológico.
Kakashi fue atrapado en el Tsukuyomi, viviendo tres días de tortura en un segundo real.
Solo la intervención de Maito Guy, quien llegó lanzando un Konoha Gōriki Senpū (Torbellino Fuerte de la Hoja), obligó a los intrusos a retirarse.
Guy peleaba sin mirar a los ojos de Itachi, confiando en su instinto de combate físico.
—No vale la pena iniciar una guerra tonta aquí —sentenció Itachi, cubriéndose de nuevo—.
Ya sabemos dónde está.
…
Naruto estaba sentado en el tejado de su apartamento, mirando el horizonte donde el sol empezaba a morir.
Su brazo derecho todavía sentía el hormigueo eléctrico y sus manos, envueltas en vendas, temblaban de forma intermitente.
—¿Ino?
—preguntó sin girarse.
Conocía el ritmo de sus pasos, la forma en que su chakra se sentía como una brisa suave en medio de su tormenta interna.
Ino Yamanaka se sentó a su lado, guardando una distancia corta pero íntima.
—Jiraiya-sama habló con mi padre.
Dice que te vas a buscar a la nueva Hokage…
y que yo voy con ustedes.
Naruto la miró, sorprendido.
Sus ojos azules normales mostraban una vulnerabilidad que solo ella lograba extraer.
—Es peligroso, Ino.
El trato con el Zorro…
mis canales de chakra se están deshaciendo.
Soy una bomba.
—Por eso voy —respondió ella, tomando su mano vendada con firmeza—.
No voy a dejar que te enfrentes a eso solo.
Jiraiya dice que mi voluntad será tu ancla.
Si tu mente intenta fragmentarse por ese dōjutsu azul o por el chakra del Zorro, yo estaré ahí para mantenerte unido.
Naruto apretó su mano, sintiendo por primera vez en días que el ruido en su cabeza disminuía.
—Escuché los rumores en la aldea —dijo Naruto, su voz volviéndose sombría—.
Dicen que un hombre llamado Itachi Uchiha fue visto en los canales.
Sasuke…
Sasuke perdió la cabeza al oírlo.
Siento que algo grande se está moviendo, Ino.
Algo que no entendemos.
—Lo que sea que venga, lo enfrentaremos fuera de estos muros —sentenció Ino, mirándolo a los ojos con una determinación que Naruto encontró reconfortante.
Jiraiya apareció en el borde del tejado, observándolos con una mezcla de melancolía y esperanza.
—Empaquen, tórtolos.
El tiempo de luto terminó.
Si queremos que Konoha sobreviva, tenemos que convertir a Naruto en un maestro de sus propios poderes antes de que ese tal Itachi lo encuentre.
Bajo la luz del atardecer, el Sannin, el Jinchūriki y la heredera de la mente cruzaron las puertas de la aldea.
Atrás quedaban los escombros y a un Sasuke Uchiha que, en su habitación del hospital, despertaba con el Sharingan ardiendo en odio: Itachi estaba cerca, y Naruto se marchaba para volverse más fuerte, llevándose consigo la única presencia que Sasuke aún consideraba suya.
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