What If, Naruto con byakugan - Capítulo 57
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- Capítulo 57 - 57 Capítulo 56 Los sannin y el error original
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57: Capítulo 56: Los sannin y el error original 57: Capítulo 56: Los sannin y el error original El campo de batalla era en medio del bar, donde el aire todavía arrastraba el olor a sake y azufre.
Orochimaru, con su piel pálida descascarándose como la de una serpiente vieja, observaba a sus antiguos compañeros con una mezcla de nostalgia y desprecio.
Jiraiya se adelantó, realizando sellos con una lentitud solemne.
—Orochimaru, este es el error que todos cometimos.
Dejamos que nuestras ambiciones nublaran el futuro de estos niños.
—El futuro es solo para aquellos que pueden sostenerlo, Jiraiya —siseó Orochimaru—.
Y tú estás tratando de sostener un sol que te quemará las manos.
La batalla entre los dos Sannin no fue una exhibición de técnicas prohibidas, sino una colisión emocional.
Jiraiya no buscaba matar, buscaba redimir un pasado que ya no existía; Orochimaru, por el contrario, atacaba con una crueldad metódica, lanzando serpientes que devoraban la tierra misma.
A unos metros, la verdadera guerra por la supervivencia ocurría.
Kabuto Yakushi, con sus bisturíes de chakra encendidos, se movía con una precisión aterradora hacia Naruto e Ino.
Naruto apenas podía mantenerse en pie, apoyado en el hombro de Ino, pero su ojo izquierdo —el que aún funcionaba— brillaba con una luz azul gélida.
—Tu sistema nervioso es un mapa de cristales rotos, Naruto —dijo Kabuto, lanzando una estocada—.
Solo tengo que cortar un hilo más para que todo se apague.
Naruto no esquivó.
Usando el Tenseigan incompleto, no miraba los bisturíes; miraba la intención del chakra de Kabuto antes de que sus músculos se movieran.
En un parpadeo de gravedad, Naruto atrajo a Kabuto hacia él solo para recibirlo con un golpe de palma abierta imbuido con el último residuo de su Rayo.
El impacto no fue físico, fue una interferencia de frecuencias.
Kabuto salió despedido, con sus propios bisturíes de chakra volviéndose contra él por la distorsión gravitatoria.
Pero Naruto cayó de rodillas, escupiendo sangre; su cuerpo estaba rechazando cada gramo de esfuerzo.
Tsunade observaba la escena.
Vio la determinación suicida de Naruto y el apoyo incondicional de Ino.
El recuerdo de las manos ensangrentadas de Nawaki se desvaneció, reemplazado por la visión de este niño que se negaba a morir a pesar de tener todas las leyes de la biología en su contra.
—¡Basta!
—rugió Tsunade.
Realizó el sello del Sōzō Saisei (Restauración Divina).
Las marcas del sello en su frente se extendieron por todo su cuerpo.
Se lanzó sobre Naruto, ignorando el campo de batalla.
—Voy a reconstruir tus nervios, pero el precio será tu libertad, mocoso —dijo Tsunade, sus manos brillando con un chakra verde tan intenso que cegaba—.
Voy a sellar las fuentes que te están matando para que tu carne pueda sanar.
Tsunade aplicó una técnica prohibida de reconstrucción celular.
Fue un proceso agónico.
Naruto gritó mientras sentía que su propia energía era encadenada por el chakra de la Sannin.
El silencio regresó al valle.
Tsunade se desplomó, recuperando su apariencia de mujer joven, pero con una mirada de agotamiento absoluto.
Naruto yacía en el suelo, respirando lenta y profundamente por primera vez en semanas.
Ino le sostenía la mano, llorando de alivio.
El Diagnóstico Final: Su doujutsu (Tenseigan): Quedó sellado bajo capas de chakra médico.
Naruto conservaría su visión básica, pero no podría activar el modo de combate gravitatorio hasta que sus nervios maduraran.
El Raiton Interno: Limitado.
Sus canales de chakra fueron “blindados”.
Si intentaba usar su velocidad de rayo, el sello de Tsunade le causaría un dolor paralizante para proteger su corazón.
No podría usarlo por años.
Kurama: El sello de Naruto se volvió más estrecho, pero el Zorro ahora era más consciente que nunca.
Su voz ya no era un rugido distante, sino un susurro constante en el oído de Naruto.
Con Kabuto fuera de combate, colapsado por la interferencia de frecuencias que Naruto había provocado, Orochimaru se encontraba solo.
Pero una serpiente acorralada es cuando resulta más letal.
Orochimaru escupió la espada Kusanagi de su boca, sosteniéndola con un hilo de chakra a pesar de sus brazos muertos.
Su rostro se contorsionó en una mueca de furia pura.
—¿Crees que necesito mis manos para destruirte, Jiraiya?
—rugió el Sannin traidor.
Con un movimiento violento de su cuello, Orochimaru lanzó una marea de serpientes desde sus mangas.
No eran invocaciones normales; eran extensiones de su propia carne que buscaban el cuello de Tsunade.
Jiraiya interceptó el ataque usando su Hari Jizō (Guardia de Agujas), envolviendo su cuerpo en su propio cabello endurecido como púas de acero.
—¡Tsunade, ahora!
—gritó Jiraiya, mientras su cabello trituraba a las serpientes de Orochimaru.
Tsunade, con el sello del Sōzō Saisei liberado, no esquivó.
Atravesó la marea de reptiles, ignorando las mordeduras que se cerraban al instante gracias a su regeneración celular.
Orochimaru intentó maniobrar la Kusanagi con su mente para atravesar el corazón de su compañera, pero Jiraiya, en un despliegue de velocidad, lanzó un Rasengan contra el suelo, creando una cortina de rocas que desvió la hoja.
Tsunade llegó frente a Orochimaru.
La fuerza que acumuló en su puño no era solo chakra físico; era el peso de la muerte de Nawaki, de Dan y de la traición a Hiruzen.
—¡¡SHANNARO!!
—El grito de Tsunade desgarró el aire.
El golpe impactó directamente en el esternón de Orochimaru.
El suelo bajo ellos se hundió en un cráter de veinte metros.
Orochimaru salió despedido como un proyectil, atravesando tres formaciones rocosas antes de detenerse.
Su cuerpo estaba destrozado, sus huesos eran polvo, pero su esencia se negaba a morir.
De los restos de lo que parecía un cadáver, Orochimaru emergió de nuevo, mudando su piel en un proceso grotesco que consumía sus últimas reservas de energía.
Apareció demacrado, jadeando, con Kabuto apenas consciente bajo su brazo.
—Has recuperado tu voluntad, Tsunade…
qué molesto —siseó Orochimaru, cuya voz ahora era apenas un susurro—.
Pero el chico ya está marcado.
Ni siquiera tu medicina podrá borrar el rastro que Akatsuki ha puesto sobre él.
Disfruta tu pequeña victoria, Hokage.
Con un remolino de viento y tierra, las serpientes se hundieron en el suelo, desapareciendo de la vista.
Días después, en la posada, Tsunade se puso su capa verde.
—Aceptaré el puesto de Quinta Hokage.
Hiruzen era un tonto, pero no dejaré que su aldea termine de romperse.
Naruto despertó esa tarde.
Se sentía pesado, lento.
Intentó invocar una chispa de rayo en sus dedos, pero solo sintió un pinchazo frío de advertencia.
Miró a Ino, que dormía en una silla a su lado, y luego a Jiraiya.
—Estás vivo, Naruto —dijo Jiraiya, sentado en la ventana—.
Pero no estás completo.
Has vuelto a la línea de salida.
Naruto miró sus manos, ahora libres de vendas pero marcadas por cicatrices tenues.
—”Ahora sabes lo que cuesta existir, Naruto” —susurró la voz de Kurama en su mente—.
“Ya no eres un dios de bolsillo.
Eres un humano con una deuda que pagarle a su propio cuerpo.” Naruto sonrió de lado, una sonrisa cansada pero peligrosa.
—Mejor así.
Ahora tendré que volverme fuerte sin depender de los trucos de mis ojos.
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