What If, Naruto con byakugan - Capítulo 60
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- Capítulo 60 - 60 Capítulo 59 Promesas de barro y sangre
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60: Capítulo 59: Promesas de barro y sangre 60: Capítulo 59: Promesas de barro y sangre En el centro de su dolor, mientras el brazo derecho de Naruto seguía inerte contra el suelo de la oficina de Tsunade tras su negativa, un recuerdo lo golpeó.
No fue una imagen de batalla, sino una tarde naranja en el puente del equipo 7.
Recordó a Sasuke, con su arrogancia habitual pero con una mirada menos turbia, y a Sakura riendo.
Naruto, en un arranque de inmadurez, les había hecho jurar sobre sus bandas ninja que, sin importar lo que pasara, el Equipo 7 llegaría junto a la cima.
Sasuke había bufado, pero había asentido.
“Nadie se queda atrás, dobe”, había dicho el Uchiha.
Esa promesa ahora se sentía como ceniza en la boca de Naruto.
Sasuke no solo se había marchado; se había reído de la debilidad que esa promesa implicaba.
Naruto no se quedó en la torre.
Ignorando la orden directa de la Quinta Hokage y el dolor punzante en sus sienes, esperó a que el equipo de Shikamaru partiera para deslizarse por las sombras.
No podía correr.
Cada vez que intentaba acelerar, el sello de Tsunade en sus tobillos le enviaba una descarga de advertencia.
Pero Naruto era un Uzumaki; si no podía correr, caminaría hasta que sus pies sangraran.
Se movió por los árboles, usando el Nivel 1 del Byakugan en intervalos de tres segundos para rastrear el rastro térmico de Sasuke antes de que la migraña lo obligara a cerrarlo.
—”Vas a morir antes de salir del bosque, mocoso” —susurró Kurama desde el abismo—.
“Tus canales están gritando.” —Cállate y ayúdame a estabilizarlos —respondió Naruto, apretando los dientes mientras cruzaba la frontera de la aldea—.
No voy a dejar que se convierta en lo que vi.
A kilómetros de allí, en un claro iluminado por la luna, Sasuke se encontró con los Cuatro del Sonido.
Kidomaru y Sakon lo observaban con una mezcla de respeto y hambre.
—Has tardado, Uchiha —dijo Sakon, sacando un pequeño frasco con una píldora oscura—.
Orochimaru-sama tiene poca paciencia para las dudas.
Sasuke miró la píldora.
Sentía la Marca Maldita en su cuello arder, pidiendo más.
—Naruto dice que esto es una jaula —murmuró Sasuke, tomándola entre sus dedos.
—Naruto es un niño jugando con un poder que no entiende —respondió Tayuya con desprecio—.
Esta píldora forzará la evolución de tu marca al Nivel 2.
Te dará el poder que necesitas, pero tu cuerpo humano morirá para renacer como algo superior.
Entrarás en un estado de muerte fingida dentro de un barril de sellado.
Sasuke no dudó.
Se tragó la pastilla.
Al instante, su sistema nervioso estalló.
Sus ojos se volvieron negros, la piel se le oscureció y un grito de agonía desgarró la noche antes de que los Cuatro del Sonido lo encerraran en el barril negro.
El sello de la serpiente estaba terminando de escribirse.
Naruto avanzaba pesadamente entre las sombras del bosque.
Cada vez que su pie derecho tocaba tierra, una punzada eléctrica le recordaba que estaba rompiendo la prohibición de la Hokage.
Sin embargo, no se detuvo hasta que, bajo la luz filtrada de la luna, divisó a los cinco ninjas de Konoha.
—¿Naruto?
—Shikamaru alzó la mano, ordenando al equipo detenerse—.
¿Qué demonios haces aquí?
La Quinta fue clara: no eres apto para el combate.
Naruto emergió de los matorrales, con el rostro pálido y un hilo de sangre seca en su labio.
La mirada de superioridad de Neji y la sorpresa de Chōji y Kiba pesaban sobre él.
—No voy a dejar que se vaya solo —dijo Naruto con voz ronca.
—Escúchame bien, Naruto —Shikamaru dio un paso al frente, con su chaleco táctico brillando bajo la luna—.
Ahora soy un Chūnin.
Soy el líder de este escuadrón y mi primera orden es que regreses a la aldea.
Estás entorpeciendo una misión de rango A.
Tu presencia aquí es un riesgo para la formación.
Naruto levantó la vista.
Por un segundo, la frialdad de su Byakugan Nivel 1 se activó, analizando las redes de chakra del equipo.
—Shikamaru…
sé que eres Chūnin —respondió Naruto con una calma gélida—.
Pero no olvides que, tras el torneo y la invasión, yo fui el único ascendido a Jōnin por mérito de guerra.
Técnicamente, supero tu rango.
Flash back Días atrás, tras el funeral de Hiruzen, el consejo y Tsunade habían tomado una decisión sin precedentes.
Mientras que Shikamaru fue ascendido por su intelecto táctico y liderazgo, Naruto fue nombrado Jōnin Especial por haber neutralizado a un Jinchūriki y salvado la aldea.
Había sido un ascenso silencioso, casi oculto por el miedo que el consejo le tenía, pero oficial.
—Si cruzas esa línea e ignoras mis órdenes, Naruto —amenazó Shikamaru, apretando los puños—, informaré de tu insubordinación.
Podrían degradarte de rango.
Podrías perder todo lo que has ganado.
—El rango es solo una etiqueta —contestó Naruto, volviendo a caminar—.
Si pierdo mi título para traer de vuelta a mi compañero, entonces el título nunca valió nada.
El grupo de Shikamaru se vio forzado a aceptar la presencia de Naruto, pero la persecución se volvió una carnicería táctica.
Los Cuatro del Sonido no eran ninjas comunes; eran especialistas en contención.
El grupo avanzaba en una fila tensa, saltando entre las ramas de los árboles, cuando la tierra misma pareció cobrar vida.
Jirōbō, el más robusto de los Cuatro del Sonido, los atrapó en una cúpula de tierra que comenzó a drenar su chakra.
Tras escapar gracias a la precisión combinada del Byakugan de Neji y un impacto de fuerza bruta, el equipo se vio obligado a tomar una decisión.
—Sigan adelante —dijo Chōji Akimichi, deteniéndose y dándole la espalda a sus compañeros—.
Yo me encargo de este gordo.
Naruto se detuvo un segundo, su Capa 1 detectando la fluctuación masiva en el chakra de su amigo.
—Chōji…
—¡No te detengas, Naruto!
—rugió Chōji, con una determinación que nunca antes había mostrado—.
Trae a Sasuke de vuelta.
Es una promesa de hombres.
El combate comenzó con un estruendo que sacudió los cimientos del bosque.
Jirōbō, activando el primer nivel de su Marca Maldita, superaba a Chōji en cada intercambio de golpes.
El suelo se agrietaba bajo sus pies mientras el enemigo se burlaba de la lealtad del equipo de Konoha.
—¿Amigos?
Solo son herramientas que te han dejado atrás para morir —siseó Jirōbō, golpeando a Chōji contra un roble.
Chōji, sangrando y con la respiración entrecortada, sacó el estuche de su clan.
Consumió la Píldora Verde (Espinacas) y luego la Píldora Amarilla (Curry).
Su chakra aumentó, permitiéndole usar el Bubun Baika no Jutsu para agigantar sus extremidades, pero Jirōbō activó el Nivel 2 de su sello, convirtiéndose en un monstruo de piel rojiza y fuerza hercúlea que detuvo el puño gigante de Chōji con una sola mano.
Humillado y al borde del colapso, Chōji recordó las palabras de Shikamaru: “Confío en ti más que en nadie”.
Recordó a Naruto compartiendo su comida cuando nadie más quería sentarse con él.
Con manos temblorosas, Chōji abrió el último compartimento: la Píldora Roja (Chile).
—Esta píldora…
convierte toda la grasa de mi cuerpo en energía pura —susurró Chōji—.
Es el secreto final de los Akimichi.
El precio es la vida…
pero no me importa.
Al tragarla, un pilar de chakra azul y brillante estalló desde su cuerpo, perforando la copa de los árboles.
El cuerpo de Chōji se estilizó drásticamente; ya no era el niño robusto, sino un guerrero de ojos afilados rodeado por un aura en forma de alas de mariposa gigantescas.
Jirōbō no tuvo tiempo de reaccionar.
La velocidad de Chōji era ahora casi comparable a la que Lee con la 4ta puerta abierta poseía en el torneo.
Con un solo golpe concentrado en su puño, Chōji atravesó la defensa del monstruo.
—Este golpe…
es por llamar a mis amigos inútiles —dijo Chōji, su voz resonando con una autoridad divina.
El impacto creó una onda de choque que barrió el claro.
Jirōbō fue lanzado hacia atrás, su Marca Maldita deshaciéndose mientras su corazón se detenía por la magnitud del golpe.
Cuando el aura de mariposa se desvaneció, Chōji cayó de rodillas.
Su cuerpo estaba marchito, sus músculos quemados por la combustión interna de su propio chakra.
Miró hacia la dirección en la que Naruto y los demás se habían ido, dejando una marca de mano ensangrentada en un árbol con una última inscripción: “Confío en ustedes”.
A kilómetros de allí, Naruto sintió un escalofrío en su sistema nervioso.
A través de su conexión residual, vio por un instante una mariposa azul desvanecerse en su mente.
—Chōji…
—murmuró Naruto, apretando los dientes mientras una lágrima se mezclaba con el sudor de su rostro—.
No voy a dejar que tu sacrificio sea en vano.
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