Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

What If, Naruto con byakugan - Capítulo 61

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. What If, Naruto con byakugan
  4. Capítulo 61 - 61 Capítulo 60 Ninjas del sonido
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

61: Capítulo 60: Ninjas del sonido 61: Capítulo 60: Ninjas del sonido Mientras el grupo avanzaba, una lluvia de hilos dorados, pegajosos y tan resistentes como el acero, cayó sobre ellos.

Kidōmaru, el estratega de seis brazos de los Cuatro del Sonido, los observaba desde las copas de los árboles como una araña acechando a su presa.

—Ustedes sigan —ordenó Neji Hyūga, activando su Byakugan con una precisión gélida—.

Yo soy el único capaz de ver estos hilos y cortarlos.

Naruto se detuvo un segundo.

Sus propios ojos, aún bajo el sello de Tsunade, pulsaron con una advertencia.

Vio la red de chakra de Neji ardiendo con una intensidad suicida.

—Neji, no mueras.

No hemos terminado nuestra pelea —dijo Naruto antes de retomar la marcha.

Kidōmaru no era un bruto como Jirōbō; era un analista.

Desde la distancia, lanzó ataques rápidos para probar la defensa absoluta de Neji.

Observó cómo el Kaiten (Torbellino de Adivinación) repelía todo, pero también notó algo que nadie más había descubierto: la demora de milisegundos en la reacción del Byakugan hacia un punto específico detrás de la nuca.

—Lo encontré —siseó Kidōmaru, activando el Nivel 2 de su Marca Maldita.

Su piel se volvió oscura, le brotó un tercer ojo en la frente y de su boca comenzó a tejer un arco hecho de oro líquido endurecido.

A kilómetros de distancia, Naruto, forzando su propio dōjutsu en breves ráfagas de Nivel 1, sintió un pinchazo de dolor en su nuca, una resonancia simpática con su primo lejano.

A través de la visión de frecuencia, Naruto “vio” el momento exacto en que Kidōmaru disparó.

La flecha no era madera; era chakra concentrado capaz de perforar una montaña.

Neji, al sentir el ataque, intentó desviarlo, pero la flecha fue dirigida con un hilo de chakra directamente a su punto ciego.

El proyectil atravesó el hombro de Neji con un sonido desgarrador.

Luego vino otra, impactando en su costado.

Naruto cerró su ojo Byakugan con fuerza, incapaz de soportar el “grito” visual del chakra de Neji siendo perforado.

“Neji…

está dejando que lo atraviesen”, comprendió Naruto con horror.

“Está usando su propio cuerpo como canal para guiar el hilo de regreso al enemigo.” Neji, con los pulmones encharcados en sangre y dos flechas sobresaliendo de su cuerpo, no cayó.

Agarró el hilo de chakra que aún conectaba la flecha con el arco de Kidōmaru.

—Tú dijiste…

que el destino no se puede cambiar —susurró Neji, escupiendo sangre mientras enviaba su Jūken (Puño Suave) a través del hilo, como una descarga eléctrica que viajó directamente al sistema nervioso del enemigo—.

Pero Naruto me enseñó…

que incluso un pájaro enjaulado puede romper los barrotes si está dispuesto a perder sus plumas.

La descarga de chakra interno destrozó los órganos de Kidōmaru, quien cayó desde la copa del árbol, muerto antes de tocar el suelo.

Neji se desplomó contra la base de un árbol, con la mirada perdida en las hojas que caían.

Su Byakugan se desactivó lentamente, volviendo a ese color blanco lechoso y pacífico.

Naruto, en medio de la carrera, sintió que una de las luces en su mapa mental se apagaba casi por completo.

La presencia de Neji se volvió un susurro.

—Gracias, Neji —murmuró Naruto, limpiándose una lágrima de sangre que brotaba de su ojo sellado—.

Gracias por demostrarme que el genio también puede sacrificarse por el fracasado.

El equipo de recuperación se reducía, y Naruto sentía que cada paso que daba hacia Sasuke estaba cimentado sobre el sacrificio de aquellos que lo llamaban “compañero”.

Naruto quería detenerse en cada enfrentamiento, pero Jiraiya le había enseñado algo cruel: la prioridad es el objetivo.

Cada vez que uno de sus amigos se quedaba atrás, Naruto sentía un tirón en su sistema tricapa.

El dolor de sus compañeros vibraba en su Capa 1 como interferencia estática.

—¡Sigue adelante, Naruto!

—le gritó Shikamaru mientras forcejeaba contra las sombras—.

¡Si te detienes ahora, sus sacrificios no valdrán nada!

El avance del grupo fue bruscamente interrumpido por una emboscada gemela.

De las sombras surgieron Sakon y Ukon, los hermanos siameses del Sonido, cuya habilidad para compartir un mismo cuerpo y manipular las células de sus enemigos los convertía en la pesadilla de cualquier ninja de corto alcance.

—Vayan tras el barril —gruñó Kiba Inuzuka, mientras Akamaru erizaba su pelaje y gruñía con una ferocidad inusual—.

¡Este par de deformes son míos!

Naruto no pudo evitar usar una ráfaga del Nivel 1 de su Byakugan.

Vio cómo los hermanos se separaban, revelando dos redes de chakra idénticas y entrelazadas.

Vio el peligro, pero también vio la rabia de Kiba.

—¡No te mueras, Kiba!

¡Te debo una comida en el Ichiraku!

—gritó Naruto antes de desaparecer entre la maleza.

La batalla fue un caos de garras y colmillos.

Kiba y Akamaru utilizaron su técnica más poderosa, el Sōtōrō (Lobo de Dos Cabezas), transformándose en una bestia gigantesca que arrasaba con todo a su paso.

Sin embargo, Sakon y Ukon activaron el Nivel 2 de su Marca Maldita.

Su piel se tornó de un color gris ceniza, les crecieron cuernos y una fuerza bruta inhumana inundó sus movimientos.

Lo peor no fue la fuerza, sino su técnica secreta: Kishō Tensei (Parásito del Demonio).

Ukon se desintegró en partículas de chakra y se infiltró directamente en el cuerpo de Kiba, intentando destruir sus células desde adentro.

—Si vas a morir…

¡te llevarás a un Inuzuka contigo!

—rugió Kiba.

En un acto de voluntad suicida, Kiba se apuñaló a sí mismo en el abdomen para dañar al parásito que habitaba en él.

El dolor fue tan intenso que Ukon se vio obligado a salir, tosiendo sangre.

Aprovechando el momento, Kiba y Akamaru, ambos heridos de gravedad y cubiertos de sangre, se lanzaron en una carrera desesperada que los llevó al borde de un profundo desfiladero.

Sakon, furioso por la resistencia de los “perros de Konoha”, invocó la Puerta de Rashomon para bloquearles el paso, pero el impulso de Kiba fue tal que ambos bandos terminaron cayendo hacia el vacío del abismo.

A kilómetros de distancia, Naruto sintió una punzada de náusea.

A través de la vibración de la Capa 1, percibió cómo la firma de chakra de Kiba caía bruscamente, como una piedra lanzada a un pozo sin fondo.

La conexión con su compañero se volvió errática, llena de interferencia estática y dolor físico.

—Kiba…

Akamaru…

—Naruto apretó los dientes, sintiendo cómo el Raiton en sus pantorrillas amenazaba con dispararse por la rabia—.

Resistan.

Por favor, resistan.

Naruto no se detuvo, pero cada vez que uno de sus amigos caía, el peso en sus hombros se volvía más insoportable.

Ya no era solo una misión de rescate; era un rastro de sangre que él mismo estaba obligado a seguir hasta el final.

La persecución había diezmado al grupo.

Solo quedaban Naruto y Shikamaru Nara.

Tras ellos, el bosque era un cementerio de promesas; frente a ellos, la última barrera antes de alcanzar el barril negro: Tayuya, la integrante de los Cuatro del Sonido capaz de manipular el mundo a través del sonido de su flauta.

—Naruto, no te detengas —dijo Shikamaru, su voz carente de su habitual pereza.

Sus ojos estaban fijos en los tres gigantes ciegos (Doki) que Tayuya acababa de invocar —.

Tú eres el único que puede seguirle el paso a ese barril.

Yo me quedaré a terminar esta partitura.

Naruto activó su Nivel 1 del Byakugan por un segundo.

Vio los hilos de chakra invisibles que conectaban la flauta con los demonios.

—Shikamaru…

no tienes chakra para un combate largo.

—Soy un Chūnin, Naruto.

Mi trabajo es que el Jōnin cumpla la misión.

¡Vete ya!

En cuanto Naruto desapareció entre los árboles, Tayuya llevó la flauta a sus labios.

No hubo golpes físicos, solo una melodía discordante que se filtró en el sistema nervioso de Shikamaru.

Los tres gigantes, controlados por las notas, lanzaron ataques coordinados que obligaron a Shikamaru a quemar sus últimas reservas de energía en el Kage Mane no Jutsu (Posesión de Sombra).

—Es inútil, estratega de pacotilla —siseó Tayuya, activando el Nivel 2 de su Marca Maldita.

Su piel se tornó rojiza y le crecieron cuernos largos—.

Makyo no Ran (Guerra de los Demonios del Mundo de las Tinieblas).

De la boca de sus gigantes brotaron espíritus de chakra que comenzaron a devorar la sombra de Shikamaru.

El Nara se vio atrapado en un genjutsu auditivo donde sus extremidades se derretían y su mente era bombardeada por visiones de fracaso.

A kilómetros de allí, Naruto sintió la distorsión.

Su Capa 1, regrabada por el Rayo, era hipersensible a las frecuencias.

“Escuchó” la vibración de la flauta de Tayuya a través del aire y sintió cómo el chakra de Shikamaru se volvía errático, como una llama a punto de ser extinguida por un vendaval.

“Shikamaru está sufriendo…

su red de chakra está entrando en colapso por el genjutsu”, pensó Naruto, apretando los dientes.

Pero Shikamaru, incluso bajo la tortura auditiva, no se rindió.

Se rompió el dedo índice para que el dolor físico lo sacara de la ilusión y, en un último movimiento táctico, utilizó su sombra para capturar no a Tayuya, sino a sus propios gigantes, volviendo el poder de la chica contra ella misma.

Shikamaru cayó de rodillas, con el rostro empapado en sudor y los dedos temblando por el esfuerzo excesivo de su red de chakra.

Había logrado detener a Tayuya, pero estaba completamente agotado, vulnerable ante cualquier contraataque.

Naruto percibió ese último pulso de esfuerzo.

La presencia de Shikamaru en su mapa mental se volvió una luz tenue y parpadeante.

—Gracias, Shikamaru —susurró Naruto, forzando a su cuerpo lisiado a dar un salto más largo—.

Prometo que cuando todo esto acabe…

jugaremos esa partida de Shogi.

Ahora, Naruto estaba solo.

Frente a él, en un claro iluminado por una luz fantasmal, un hombre de cabello blanco y piel pálida lo esperaba sentado sobre una roca, custodiando el barril negro.

Kimimaro Kaguya se puso en pie, y Naruto sintió que su sistema tricapa entraba en un estado de alerta roja.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo