What If, Naruto con byakugan - Capítulo 62
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- Capítulo 62 - 62 Capítulo 61 El réquiem de los huesos y el rugido de la vasija
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62: Capítulo 61: El réquiem de los huesos y el rugido de la vasija 62: Capítulo 61: El réquiem de los huesos y el rugido de la vasija Naruto aterrizó en el claro con un impacto seco.
El barril negro donde Sasuke completaba su metamorfosis vibraba como un corazón oscuro a pocos metros.
Frente a él, Kimimaro Kaguya se interpuso con una elegancia glacial.
—No darás un paso más —sentenció Kimimaro.
De sus palmas brotaron dos espadas de hueso blanco, tan densas que parecían mármol.
Naruto no perdió el tiempo.
Sabía que su cuerpo era una cuenta regresiva.
—¡Byakugan!
—El Nivel 1 se activó, y las venas saltaron en sus sienes.
Se lanzó al ataque.
Naruto no era el torbellino de antes; su movimiento era económico, preciso.
Usó el Nivel 1 para prever la densidad ósea de Kimimaro antes de golpearlo.
Cuando Kimimaro lanzó la Yanagi no Mai (Danza de los Sauces), Naruto esquivó los ataques girando sobre su eje, usando ráfagas mínimas de su Capa 2 (Raiton interno) solo en los talones para impulsarse.
Cada chispa de rayo era un cuchillo en su pecho, pero Naruto obligó a su sistema a mantenerse estable.
—¡Bisturí de Rayo: Carga de Presión!
—Naruto concentró una descarga en su mano izquierda y golpeó la espada de hueso de Kimimaro.
El choque creó una onda de ozono.
Naruto usó su control de chakra para “desviar” la vibración del impacto hacia el suelo, evitando que su brazo derecho se entumeciera más.
Kimimaro, sorprendido por la técnica quirúrgica de un ninja que debería estar lisiado, se vio forzado a activar el Nivel 1 de su Marca Maldita.
—Eres fuerte…
pero tu cuerpo te está traicionando —dijo Kimimaro, lanzando una lluvia de falanges (Teshi Sendan).
Naruto las esquivó con movimientos de contorsionista, sintiendo cómo el chakra de Kurama (Capa 3) empezaba a supurar para sostener sus tendones.
Naruto logró conectar un golpe de palma abierta en el pecho de Kimimaro, imbuido con una frecuencia gravitatoria mínima que hizo que los huesos del pecho del Kaguya crujieran.
Kimimaro escupió sangre, no por el golpe, sino por su propia enfermedad terminal acelerada por el esfuerzo.
Naruto estaba jadeando, con la vista nublada.
Estaba logrando lo imposible: mantener a raya a un usuario de Marca Maldita de élite, pero estaba consumiendo los dos años de recuperación que Tsunade le había pedido en solo diez minutos.
Justo cuando Kimimaro se preparaba para liberar el Nivel 2 y Naruto apretaba los dientes para un último esfuerzo suicida, una sombra verde cruzó el cielo del claro.
—¡¡Konoha Senpū!!
(Torbellino de la Hoja).
Un impacto de fuerza bruta pura golpeó la guardia de Kimimaro, obligándolo a retroceder diez metros.
Rock Lee aterrizó frente a Naruto, aún cubierto de vendas y con un frasco de “medicina” (sake) en la mano que Tsunade le había dado para su recuperación.
—¡Naruto-kun!
¡Sigue adelante!
—gritó Lee, su mirada ardiendo con las llamas de la juventud—.
Yo me encargaré de este artista de los huesos.
¡Es mi deber como tu rival y compañero!
Naruto miró a Lee, luego al barril que empezaba a agrietarse.
—Lee…
no estás recuperado.
—¡Tampoco lo estás tú!
—respondió Lee con una sonrisa desafiante—.
Pero tú un compañero que recuperar.
¡Ve!
Naruto no lo dudó.
Usando el último aliento de energía en sus piernas, saltó sobre los árboles, dejando atrás el sonido de los huesos chocando contra el Taijutsu de Lee.
Naruto llegó al Valle del Fin justo cuando la lluvia comenzaba a caer, fría y pesada.
Sasuke estaba allí, de pie sobre la cabeza de la estatua de Madara Uchiha.
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