Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

What If, Naruto con byakugan - Capítulo 63

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. What If, Naruto con byakugan
  4. Capítulo 63 - 63 Capítulo 62 La danza de la juventud
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

63: Capítulo 62: La danza de la juventud 63: Capítulo 62: La danza de la juventud En el claro del bosque, el silencio tras la partida de Naruto fue roto por el crujido del cuello de Kimimaro.

El usuario del Shikotsumyaku observó a Rock Lee, quien se mantenía en una postura de loto perfectamente equilibrada.

A diferencia de su encuentro en el destino original, Lee no cojeaba; su cuerpo, aunque envuelto en las vendas de su rehabilitación, irradiaba una vitalidad que la medicina de Tsunade había potenciado.

—Tu compañero es un insensato —dijo Kimimaro, mientras una costilla brotaba de su costado y se convertía en una daga de hueso—.

Ha ido a buscar a alguien que ya ha entregado su alma.

Y tú…

tú te has quedado a morir por una causa perdida.

—En este mundo no hay causas perdidas, solo voluntades que se rinden —respondió Lee, soltando el aire de sus pulmones en una exhalación controlada—.

Naruto-kun confió en mí para ser su escudo.

¡Y yo soy el Genio del Esfuerzo de la Aldea de la Hoja!

Lee no esperó.

Se lanzó con una velocidad que hizo que el suelo bajo sus pies estallara en terrones de tierra.

—¡Konoha Senpū!

(Torbellino de la Hoja).

Kimimaro bloqueó la patada ascendente con su antebrazo, pero la fuerza del impacto lo hizo retroceder tres metros.

El sonido del impacto fue seco, como el choque de dos piedras.

Kimimaro entrecerró los ojos; este chico no era un ninja común.

—Yanagi no Mai (Danza de los Sauces).

Huesos afilados brotaron de las palmas, codos y rodillas de Kimimaro.

Se movió con una fluidez acuática, lanzando estocadas rítmicas.

Lee, usando su Taijutsu puro, esquivaba cada ataque con movimientos milimétricos.

No usaba chakra para el Ninjutsu, sino para potenciar sus reflejos.

Giraba sobre sus manos, saltaba sobre las espadas de hueso y contraatacaba con golpes de palma que buscaban las articulaciones de Kimimaro.

Kimimaro, comprendiendo que el Taijutsu de Lee era de un nivel superior, decidió acelerar el ritmo.

Extrajo su húmero derecho, convirtiéndolo en una espada de hueso corta y robusta.

—Tsubaki no Mai (Danza de las Camelias).

Kimimaro se convirtió en un borrón blanco, lanzando cientos de estocadas por segundo.

Lee se vio obligado a retroceder, sus vendas siendo cortadas por el aire que desplazaban los huesos.

Un corte apareció en su mejilla, otro en su hombro.

—¡Es rápido!

—pensó Lee—.

Pero mi entrenamiento no fue en vano.

¡Tsunade-sama me dio una nueva oportunidad y no la desperdiciaré!

—¡Hachimon Tonkō: Daisan Seimon, Kai!

(Tercera Puerta de la Vida, ¡Abierta!).

La piel de Lee se tornó roja y un aura verde de energía pura estalló a su alrededor.

El bosque pareció vibrar.

Lee desapareció de la vista de Kimimaro y reapareció por encima de él, lanzando una lluvia de patadas que Kimimaro apenas pudo bloquear cruzando sus brazos de hueso.

La presión del aire era tal que el suelo bajo Kimimaro se hundió, creando un cráter.

Kimimaro sintió que sus pulmones ardían, pero no por el esfuerzo, sino por la enfermedad que devoraba su sangre.

Sabía que su tiempo era escaso.

No podía permitirse jugar.

—Karamatsu no Mai (Danza de los Alerces).

Huesos afilados, como las espinas de un erizo gigante, brotaron de todo el torso de Kimimaro.

Cuando Lee intentó un golpe directo al pecho, Kimimaro se dejó golpear, permitiendo que sus espinas de hueso atravesaran los puños de Lee.

Lee gritó de dolor, pero no se detuvo.

Usando la inercia, giró en el aire y golpeó la mandíbula de Kimimaro con el talón.

El Kaguya fue lanzado hacia atrás, pero sus espinas habían dejado surcos profundos en las piernas y brazos de Lee.

—Tu voluntad es admirable —dijo Kimimaro, mientras su Marca Maldita comenzaba a cubrir su cuerpo por completo—.

Pero incluso la voluntad tiene un límite biológico.

Kimimaro liberó el Nivel 2.

Su piel se volvió marrón, su nariz desapareció tras una estructura ósea y una cola masiva de vértebras creció desde su rabadilla.

Se convirtió en una criatura prehistórica de guerra.

—¡Hachimon Tonkō: Daiyon Kaimon, Kai!

(Cuarta Puerta de la Herida, ¡Abierta!).

La energía alrededor de Lee se volvió tan intensa que las hojas secas del suelo se desintegraban antes de tocarlo.

Lee ya no corría; volaba.

Cada paso creaba un estallido sónico.

Se lanzó contra la forma final de Kimimaro.

Fue un choque de fuerzas absolutas.

Kimimaro usó su cola para intentar aplastar a Lee, pero este la esquivó corriendo por la superficie misma del hueso.

Lee conectó un golpe en el hombro de Kimimaro que hizo que la armadura de calcio se fragmentara como porcelana.

Kimimaro respondió con un tajo de su espada de hueso que cortó el aire a centímetros del corazón de Lee.

—¡Ura Renge!

(Loto Oculto).

Lee envolvió a Kimimaro con sus vendas, atrapando la forma monstruosa en un capullo de tela y chakra.

Con un grito que desgarró la calma del claro, Lee comenzó a lanzar a Kimimaro contra el suelo y los árboles, golpeándolo con una velocidad que impedía cualquier defensa.

Sin embargo, Kimimaro, en pleno aire, endureció su piel de hueso a un nivel comparable al acero.

A pesar del castigo, Kimimaro no cayó.

Usó su propia médula para crear una lanza de hueso gigantesca y helicoidal.

—Tessenka no Mai (Danza de la Clemátide: Flor).

La lanza chocó contra el puño final de Lee en la Cuarta Puerta.

La explosión de energía mandó a ambos hacia extremos opuestos del claro.

Lee cayó de rodillas, su aura verde desvaneciéndose.

Sus músculos estaban sufriendo micro-rupturas por el uso excesivo de las puertas, y su respiración era un silbido agónico.

Kimimaro intentó levantarse.

Su Marca Maldita estaba desapareciendo.

La enfermedad finalmente había ganado.

Escupió una masa de sangre oscura y miró a Lee con un respeto que solo un guerrero moribundo puede sentir.

—Has…

ganado tiempo —murmuró Kimimaro, sus ojos nublándose—.

Pero no has ganado…

la guerra.

Kimimaro intentó realizar un último ataque, la Danza del Helecho, para llenar el bosque de espinas de hueso, pero su cuerpo se convirtió en piedra antes de que pudiera realizar el sello final.

Murió de pie, como un monumento al sacrificio por un amo que nunca lo amó.

Lee se desplomó boca arriba, mirando el cielo a través de las copas de los árboles.

Sus manos estaban destrozadas y su cuerpo temblaba por el enfriamiento brusco de su chakra.

—Lo hice…

Naruto-kun…

—susurró Lee, antes de que el agotamiento lo arrastrara a la oscuridad—.

El camino está libre.

El claro quedó sumido en el silencio de los caídos.

Kimimaro permanecía como una estatua de hueso blanca bajo la luz de la luna, mientras Rock Lee, el Genio del Esfuerzo, yacía a pocos metros, habiendo cumplido su promesa de ser el escudo de su amigo.

El camino hacia el Valle del Fin estaba, finalmente, despejado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo