What If, Naruto con byakugan - Capítulo 65
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- Capítulo 65 - 65 Capítulo 64 Cicatrices
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65: Capítulo 64: Cicatrices 65: Capítulo 64: Cicatrices La entrada de Konoha nunca se sintió tan fúnebre.
No hubo vítores ni celebraciones.
Kakashi cruzó la puerta cargando a un Naruto que parecía más una cáscara que un ser humano.
Detrás de él, los equipos de rescate médico traían en camillas a los demás: Neji, en un estado de coma inducido para estabilizar sus órganos perforados; Chōji, cuyo metabolismo se había colapsado hasta dejarlo en los huesos; Kiba, cubierto de vendajes y con Akamaru aullando débilmente a su lado; y Shikamaru, quien caminaba con la mirada perdida en el suelo, arrastrando el peso de un fracaso que su mente táctica no podía procesar.
El hospital de Konoha se convirtió en el epicentro del dolor de la aldea.
Las familias esperaban en los pasillos, y el aroma a antiséptico se mezclaba con la tensión de una misión que, oficialmente, había terminado en desastre.
En las habitaciones blancas, el silencio era ensordecedor.
Shikamaru, sentado en el pasillo, lloraba en silencio frente a su padre.
Por primera vez, entendía que el rango de Chūnin no era una medalla, sino una responsabilidad que costaba vidas.
Neji, al despertar brevemente, miró sus manos vendadas.
Ya no sentía la jaula del destino, sino el dolor físico de haber elegido su propio camino.
Había salvado a Naruto, y eso era suficiente.
Kiba, al ver que Naruto estaba en la habitación de al lado, solo pudo golpear la cama con frustración.
—Ese idiota…
casi se mata por alguien que no quería volver —susurró hacia Akamaru.
Naruto despertó tres horas después.
No podía mover el brazo derecho; la parálisis era total debido a la sobrecarga de la Capa 3 y el trauma del Chidori.
Sus ojos Byakugan estaban inyectados en sangre, obligándolo a usar una venda sobre ellos.
La puerta se abrió de golpe.
Tsunade y Jiraiya entraron, y el aire en la habitación se volvió pesado.
—¡Eres un imbécil redomado!
—rugió Tsunade.
Sus manos brillaban con un chakra verde tan intenso que las luces de la habitación parpadearon—.
¡Te di una orden directa!
¡Tu cuerpo estaba al 5% de su capacidad y decidiste ir a pelear contra un Uchiha a su cien porciento!
¡Has destrozado meses de cirugía en una sola noche!
Naruto no bajó la mirada, aunque le doliera el cuello.
—Tenía que ir, abuela.
Sasuke…
él…
—¡Sasuke no está!
—cortó Jiraiya, con una voz inusualmente fría—.
Y casi pierdes la capacidad de volver a ser un ninja para siempre.
Tsunade ha tenido que sellar tus canales de chakra de nuevo.
Si intentas usar un solo Jutsu en las próximas 48 horas, tus nervios estallarán como cables de alta tensión.
—Nos vamos —sentenció Tsunade—.
Jiraiya me ha convencido de que no puedes quedarte aquí.
Eres un objetivo para Akatsuki y para Danzō.
Te daré un día para despedirte.
Al amanecer del segundo día, cruzarás esa puerta y no volverás en tres años.
—¡¿Un día?!
—Naruto intentó incorporarse, soltando un gemido de dolor—.
¡Jiraiya-sensei dijo que tenía tres!
¡No me dio tiempo de hablar con nadie!
—El tiempo se acabó cuando decidiste escaparte —replicó Jiraiya, dándose la vuelta—.
Aprovecha cada minuto, Naruto.
Es lo último que verás de este hogar por mucho tiempo.
Naruto pasó las siguientes horas como un fantasma.
Con el brazo en cabestrillo y caminando con un bastón, visitó a cada uno de sus compañeros.
Se disculpó con Chōji, quien apenas podía hablar.
Hizo una reverencia silenciosa frente a la cama de Neji.
Escuchó el regaño de Shikamaru, aceptando que ambos habían cometido errores de cálculo.
Finalmente, el sol comenzó a ponerse.
Naruto se dirigió a la floristería Yamanaka.
Sabía que Ino había estado entrenando desesperadamente para alcanzarlo.
—Ino…
—Naruto la encontró regando las flores del fondo, con los ojos hinchados de tanto llorar.
Ella soltó la regadera y corrió a abrazarlo, con cuidado de no lastimar su brazo roto.
—¡Eres un tonto!
¡Pensé que te habías ido sin decir nada!
Mi padre…
él no me dejó ir con ustedes.
Dijo que era una misión suicida para una Genin de apoyo.
—Él tiene razón, Ino.
No estaba listo…
ninguno lo estaba —Naruto la miró fijamente—.
Me voy mañana.
Por tres años.
Jiraiya dice que cuando vuelva, mi cuerpo será una vasija de hierro.
Podré usar el Byakugan y el Raiton sin morir en el intento.
—Tres años…
—Ino bajó la cabeza, apretando el chaleco de Naruto—.
Prométeme que volverás entero.
Prométeme que no te olvidarás de la “ancla” que te mantiene cuerdo.
Antes de que la noche terminara, Naruto regresó a la oficina de Tsunade.
La Hokage estaba bebiendo sake, rodeada de informes de daños.
—¿Qué quieres ahora, Naruto?
—preguntó ella sin mirarlo.
—Tengo una petición —dijo Naruto, con una seriedad que detuvo la mano de Tsunade—.
Ino Yamanaka.
Ella tiene un control de chakra excelente y una voluntad que no he visto en otros.
Ella quería venir conmigo, pero su padre, Inoichi-san, se negó.
Él quiere protegerla, pero si ella se queda atrás ahora, se romperá.
Naruto se inclinó, una señal de respeto absoluto hacia la Quinta.
—Abuela…
por favor.
Enséñale tú.
Entrénala como estas entrenado a Sakura, o mejor.
Ella necesita ser más que una ninja de apoyo; necesita ser alguien que pueda sostener mi red de chakra cuando yo no pueda.
Enséñale Ninjutsu Médico y motiva a Inoichi-san a ejercer mayor enseñansa en el control mental avanzado.
Si yo voy a ser la espada de Konoha, ella tiene que ser la mano que la empuña.
Tsunade dejó el vaso de sake.
Miró el rostro vendado de Naruto y sintió el peso de su responsabilidad.
No solo estaba enviando a un niño a la guerra; estaba creando una generación que debía sobrevivir a las cenizas de la anterior.
—Inoichi es testarudo, pero yo soy la Hokage —dijo Tsunade con una sonrisa de lado—.
Si la chica tiene el fuego, yo pondré el aceite.
Vete tranquilo, Naruto.
Cuando vuelvas, la chica Yamanaka no será solo una flor en un jardín; será el veneno y la cura de esta aldea.
Naruto asintió, sintiendo que un último peso se levantaba de sus hombros.
Salió de la oficina hacia la noche estrellada, listo para enfrentar el exilio que lo convertiría en leyenda.
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