What If, Naruto con byakugan - Capítulo 66
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- Capítulo 66 - 66 Capítulo 65 Fragilidad de acero
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66: Capítulo 65: Fragilidad de acero 66: Capítulo 65: Fragilidad de acero Holaaaaaa apartir de este capítulo, me enfocaré en hacer los 3 años de entrenamiento, es decir es un arco, de mero entrenamiento, vistazos de combates, donde no solo se demostrará a Naruto y su perspectiva mientras crece, sino que también me enfocare en los demás personajes, espero les guste, igual será breve, capaz 15 caps o 20…
no sé.
————————————————————————————————– El amanecer en las puertas de Konoha no trajo consigo el brillo de la aventura, sino el gris plomizo de la incertidumbre.
El frío de la mañana calaba en los huesos de Naruto, quien permanecía de pie frente al gran portón de madera, con su brazo derecho rígidamente pegado al torso y una venda blanca cubriéndole los ojos.
No hubo despedidas multitudinarias.
Solo el silencio de una aldea que aún dormía y la imponente figura de Jiraiya, quien ajustaba su enorme pergamino a la espalda.
—Es hora, Naruto —dijo el Sannin sin mirar atrás—.
No mires el Monumento Hokage.
El pasado es un peso que tu sistema no puede cargar ahora.
Naruto asintió en silencio y dio el primer paso fuera del umbral.
Crujir la grava bajo sus sandalias se sintió como romper un cristal.
Había cruzado esa puerta muchas veces, pero esta era la primera vez que lo hacía sabiendo que, técnicamente, su cuerpo era una ruina que solo la voluntad de hierro de Tsunade y el chakra de Kurama mantenían en pie.
Habían caminado apenas cuatro horas cuando el mundo decidió recordarle a Naruto sus límites.
Estaban cruzando un pequeño claro rodeado de cedros antiguos, lejos del confort de las patrullas fronterizas de Konoha.
De repente, el aire se volvió denso.
La Capa 1 de Naruto —su percepción sensorial básica— falló.
El ruido del bosque se amplificó hasta convertirse en un estruendo insoportable; el roce de las hojas sonaba como cristales rompiéndose y el latido del corazón de Jiraiya retumbaba en sus oídos como un tambor de guerra.
Naruto se detuvo en seco.
Sus piernas cedieron y cayó de rodillas, hundiéndose en el barro.
Un espasmo eléctrico recorrió su columna vertebral, disparado por la parálisis de su brazo derecho.
—¡Agh…!
—Un grito ahogado escapó de su garganta mientras el sangrado nasal empapaba rápidamente la venda de sus ojos.
Intentó apoyarse en su mano izquierda, pero el suelo parecía líquido.
Su sistema tricapa estaba entrando en un bucle de retroalimentación negativa.
Sin los sellos estabilizadores del hospital, su cuerpo estaba intentando procesar la realidad y estaba perdiendo la batalla.
—¡Levántate!
—la voz de Jiraiya no era compasiva; era una orden fría.
—No…
no puedo…
—jadeó Naruto, con la frente pegada a la tierra—.
Mis canales…
se sienten como si estuvieran llenos de plomo derretido.
Jiraiya se acercó y, en lugar de ayudarlo a levantarse, se sentó en una roca frente a él.
Encendió una pequeña pipa y observó al niño que, hace apenas unos días, creía que podía enfrentarse a la marca de Orochimaru.
—¿Sabes por qué te caíste, Naruto?
—preguntó Jiraiya, exhalando una nube de humo—.
No fue por la herida de Sasuke.
Fue por tu orgullo.
Naruto levantó la cabeza, su rostro manchado de sangre y lodo.
—¿Orgullo?
¡Casi me muero intentando traerlo de vuelta!
—Exactamente.
Fuiste allí creyendo que eras el héroe de la historia.
Creíste que por tener el Byakugan, el Raiton y al Nueve Colas, eras especial.
Creíste que podías forzar al destino a doblarse ante ti —Jiraiya se inclinó hacia adelante, sus ojos clavados en los vendajes de Naruto—.
Escúchame bien, porque de esto depende que vuelvas a ver Konoha: Si seguís creyendo que eres especial, mueres.
Naruto guardó silencio, el dolor físico siendo superado por el peso de las palabras.
—Si aceptás que eres frágil, sobrevives—continuó el Sannin—.
Tu cuerpo no es una fortaleza, es una vasija de porcelana que intentaste llenar con un océano.
Este viaje no es para que aprendas a destruir montañas o a invocar tormentas.
Es para que aprendas a no romperte por el simple hecho de existir.
Naruto cerró los ojos tras la venda.
Por primera vez en años, dejó de intentar “sentir” el chakra de Kurama.
Dejó de intentar “ver” las frecuencias del bosque.
Simplemente se concentró en la fragilidad de su propia respiración.
Sintió la debilidad de sus músculos, el daño en sus nervios y la inestabilidad de su red de chakra.
Ya no intentaba ser el Jinchūriki, ni el Jōnin, ni el salvador.
Era solo un niño roto en medio de un camino largo.
—Entiendo…
—susurró Naruto.
Usando su bastón como apoyo, se puso de pie con una lentitud exasperante.
Sus piernas temblaban, pero no forzó el chakra para estabilizarlas.
Aceptó el temblor.
Aceptó que le dolía caminar.
—No voy a entrenar para ser el más fuerte —dijo Naruto, mirando hacia el horizonte donde el sol terminaba de alzarse—.
Voy a entrenar para que mi cuerpo pueda sostener lo que soy.
Jiraiya sonrió por primera vez en el viaje, una sonrisa triste pero satisfecha.
Jiraiya observó a Naruto ponerse en pie.
El temblor en las piernas del chico era evidente, pero había algo nuevo en su postura: ya no intentaba luchar contra la gravedad, sino que se apoyaba en ella.
El Sannin metió la mano en su pergamino de sellado y, tras una pequeña explosión de humo, extrajo un objeto envuelto en tela de lino negro.
—Si vas a aceptar que eres frágil, vas a necesitar un ancla —dijo Jiraiya, extendiendo el objeto.
Naruto lo tomó con su mano izquierda.
Al desenvolver la tela, apareció una wakizashi (espada corta) de apariencia sumamente sencilla.
No tenía gemas en la empuñadura, ni inscripciones rúnicas, ni un brillo místico.
Era una hoja de acero grisáceo con una guarda circular de hierro simple.
Naruto intentó desenvainarla, pero casi se le cae de las manos.
—Es…
muy pesada —jadeó Naruto, sorprendido.
—No es el peso, es el equilibrio —corrigió Jiraiya—.
Está forjada con una aleación que rechaza el chakra inestable.
Si intentas canalizar energía de forma bruta, la espada se volverá un lastre de plomo.
Pero si logras armonizar tu frecuencia, será una extensión de tus nervios.
Naruto la sostuvo con fuerza.
Sintió cómo la wakizashi vibraba levemente contra su palma, reaccionando a la estática que su Capa 2 (Raiton interno) emitía constantemente.
—Esta hoja será tu ancla física —continuó el maestro—.
Tu brazo derecho está lisiado porque tus nervios no soportan el voltaje.
Usarás esta espada para descargar los micro-excesos de Raiton.
En lugar de que la electricidad se quede en tus músculos quemándote, la pasarás al acero.
Pero cuidado: si pierdes la calma, la espada se volverá peligrosa para ti mismo.
Jiraiya se acercó y tocó el filo con la punta del dedo.
—Nada de espadas eléctricas permanentes, Naruto.
Eso es para los que tienen cuerpos sanos.
Tú la usarás para la interrupción.
Explicó la técnica: Naruto no debía mantener el rayo en la espada.
Debía aprender a liberar micro-descargas en el filo justo en el momento del impacto.
Milisegundos de parálisis.
Lo suficiente para interrumpir el flujo de un enemigo sin necesidad de una explosión de energía.
—Cada vez que lo hagas —advirtió Jiraiya—, sentirás un entumecimiento y un dolor residual.
Si el dolor desaparece, significa que tus nervios han muerto.
Naruto miró el acero gris.
A través de su venda, con el Byakugan en un nivel de frecuencia mínimo, empezó a entender para qué servía realmente el arma.
Con la ayuda del dōjutsu, la espada no era para matar, sino para realizar una cirugía de combate.
—Esta hoja no es para cortar cabezas, Naruto —susurró Jiraiya—.
Es para ver las micro-aperturas musculares.
Para cortar tendones y anular el movimiento sin necesidad de matar.
Tu objetivo no son los órganos, sino los canales de chakra.
Con este equilibrio, aprenderás a leer el flujo del enemigo antes de que realice el primer movimiento.
Naruto envainó la wakizashi.
El peso era molesto, el equilibrio exigente y el acero se sentía frío.
Pero, por primera vez, sintió que no estaba flotando en un mar de percepciones caóticas.
Mientras el sol terminaba de salir, Naruto miró hacia el horizonte con una claridad que nunca antes había tenido.
—Mientras no puedas dominar el mundo, Naruto aprendió a dominar el espacio entre dos latidos.
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