What If, Naruto con byakugan - Capítulo 70
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- Capítulo 70 - 70 Capítulo 69 El eco de un nombre olvidado
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70: Capítulo 69: El eco de un nombre olvidado 70: Capítulo 69: El eco de un nombre olvidado El silencio que siguió a las palabras de Jiraiya no fue el habitual vacío del bosque; fue una presión sorda, como si el aire mismo se hubiera vuelto sólido.
La mención del Hiraishin y la ambición técnica de Naruto habían provocado un desliz en la guardia del Sannin, una fisura por la que se escapó una verdad que había estado sellada bajo mil candados de política y miedo.
Naruto no se movió.
Su mano izquierda permaneció firme sobre la empuñadura de la wakizashi, pero su red de chakra experimentó una fluctuación que Jiraiya pudo sentir incluso sin dōjutsu.
—¿De mi padre?
—la voz de Naruto fue un susurro, apenas un roce contra el viento nocturno.
Jiraiya se tensó.
Sus ojos se abrieron ligeramente, dándose cuenta del error.
Había pasado años ocultando la identidad del Cuarto Hokage tras el velo del “héroe de la aldea”, siguiendo las órdenes estrictas que el Tercero le había dejado.
Pero frente a él no estaba el niño ingenuo; estaba un joven que analizaba la realidad en micro-frecuencias.
Naruto giró la cabeza hacia su maestro.
A través de la venda, Jiraiya sintió la intensidad de una mirada que no necesitaba ojos para ver.
—Dijiste que estoy intentando dominar la técnica de mi padre —continuó Naruto, su tono volviéndose peligrosamente calmo—.
Hablábamos del Hiraishin.
La técnica del Relámpago Amarillo.
El Cuarto Hokage.
Jiraiya intentó retroceder emocionalmente, buscando una excusa o una broma que desviara la conversación, pero las palabras se le atascaron en la garganta.
El fuego entre ellos lanzó una chispa que murió antes de tocar el suelo.
—Dilo, Jiraiya-sensei —sentenció Naruto.
No hubo ruego, no hubo llanto.
Fue la exigencia de un sistema que buscaba la pieza que le faltaba para tener sentido —.
No me hables de “técnicas de antepasados”.
No me hables de “héroes anónimos”.
Si voy a reconstruir mi cuerpo y mi vida desde las cenizas, necesito saber de qué sangre provienen estas cenizas.
Naruto dio un paso hacia el Sannin, y por un segundo, la estática de su Capa 2 hizo que la hierba a su alrededor se erizara.
—¿Quién fue él?
Dilo.
Jiraiya suspiró, un sonido cargado con el peso de décadas de remordimiento.
Miró a Naruto y, por primera vez, dejó de ver al aprendiz para ver al hijo del hombre que más había admirado.
—Su nombre era Minato Namikaze —respondió Jiraiya, su voz cargada de una solemnidad absoluta—.
Y sí, Naruto.
Él fue el Cuarto Hokage.
El Hiraishin era su firma, su forma de ser más rápido que la propia muerte.
Naruto se quedó inmóvil.
El nombre “Minato” resonó en su mente, encajando en los espacios vacíos de su red de chakra.
No sintió alegría, ni el orgullo que el antiguo Naruto habría sentido.
Sintió una fría y lógica conclusión.
Todo su dolor, su sistema tricapa, la carga del Kyūbi y su afinidad por el rayo…
todo tenía una raíz.
—Minato Namikaze…
—repitió Naruto, saboreando el nombre—.
Entiendo.
—Naruto, el Tercero quería protegerte del odio de los enemigos de tu padre…
—comenzó a explicar Jiraiya con premura.
—No me protegió de nada —lo interrumpió Naruto, envainando su espada con un clic metálico—.
Solo me dejó a ciegas.
Pero ahora ya no lo estoy.
Naruto cerró el pergamino y lo guardó con cuidado en su mochila, ajustando las correas con una parsimonia que inquietó a Jiraiya.
Volvió a desenvainar la wakizashi gris; la hoja brilló bajo la luz vacilante de la hoguera.
El peso de la espada, que antes le resultaba abrumador, ya no parecía molestarle; la sostenía con una naturalidad aterradora, como si el acero hubiera reconocido por fin al dueño de su frecuencia.
—Usted me dijo que el exilio no era libertad —respondió Naruto, dándole la espalda al fuego—.
Y tiene razón.
Pero mientras no pueda dominar el mundo, maestro, aprendere a dominar el espacio entre dos latidos.
Ese milisegundo donde el enemigo respira y yo no.
Ese pequeño vacío donde el chakra fluye pero el músculo aún no se ha movido.
Ahí es donde vive mi Kenjutsu.
Jiraiya se levantó y sacó su propia espada de práctica de madera reforzada.
No había rastro de bromas en su rostro; el aire juguetón del “Ermitaño Pervertido” se había evaporado, dejando solo al Sannin que había sobrevivido a tres guerras.
—Bien —dijo Jiraiya—.
Si quieres ser un cirujano con una espada y portar el legado de Minato, demuestra que puedes controlar la vibración.
Vamos a empezar con el Fūton: Chakra no Tsurugi.
Si logras extender el filo y cortar esa hoja que cae sin que el viento desvíe tu trayectoria, pasaremos a coordinar el primer clon.
Naruto se puso en guardia.
Su venda cubría sus ojos, pero su presencia se expandió por el claro, detectando el movimiento de cada brizna de hierba.
No era la presencia de un niño, sino la de una tormenta contenida en un frasco de cristal.
—No voy a desperdiciar ni un segundo, maestro —sentenció Naruto—.
Si voy a usar la técnica de mi padre, voy a ir más allá.
No solo voy a estar en el espacio vacío.
Voy a ser el dueño del vacío mismo.
Esa noche, bajo las estrellas del País de la Tierra, el entrenamiento dejó de ser una rehabilitación para convertirse en la génesis del Estilo de la Frecuencia Silenciosa.
Naruto Uzumaki dejó de ser un huérfano buscando un lugar; se convirtió en un heredero reclamando un trono de hierro a través de la precisión absoluta.
Porque en el mundo que él veía a través de su oscuridad voluntaria, la fuerza era solo ruido, y el silencio…
el silencio era la victoria.
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