What If, Naruto con byakugan - Capítulo 71
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- Capítulo 71 - 71 Capítulo 70 La frecuencia que sangra
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71: Capítulo 70: La frecuencia que sangra 71: Capítulo 70: La frecuencia que sangra El viaje de regreso por las fronteras del País de la Tierra se volvió letal en un desfiladero estrecho conocido como la Garganta del Buitre.
No fue Akatsuki, ni Orochimaru.
Fue una unidad de Cazadores de Recompensas de Iwa, mercenarios que buscaban la cabeza de Jiraiya o, en su defecto, la del “mocoso rubio” cuya recompensa en el Libro Bingo empezaba a subir silenciosamente.
—Doce enemigos —susurró Naruto, deteniéndose.
Su venda estaba empapada por la llovizna—.
Usan sellos disruptivos.
Han colocado barreras de frecuencia de tierra para anular el Shunshin.
—Es tu baile, Naruto —dijo Jiraiya, retrocediendo y cruzándose de brazos—.
No intervendré a menos que vea que tu cabeza se separa del cuello.
Los mercenarios saltaron desde las rocas.
Naruto no gritó, no hizo sellos manuales complejos.
Su mano izquierda acarició la empuñadura de la wakizashi gris.
—Estilo de la Frecuencia Silenciosa: Primer Acto.
Naruto se movió.
No fue una carrera, fue un desplazamiento lateral que pareció desafiar la fricción.
Cuando el primer enemigo lanzó un tajo de decapitadora, Naruto desenvainó.
—Fūton: Chakra no Tsurugi.
Una lámina de viento translúcida se extendió diez centímetros más allá del acero.
El mercenario creyó estar fuera de alcance, pero el aire comprimido, guiado por la visión de 360 grados del Byakugan bajo la venda, rebanó los tendones de sus muñecas con una limpieza quirúrgica.
El hombre soltó su arma, mirando sus manos inútiles con horror.
Naruto invocó a un solo clon.
La coreografía fue perfecta.
El original se agachó mientras el clon saltaba sobre sus hombros, imbuido en Raiton.
—Tenketsu Slash.
El clon atravesó la formación enemiga, tocando apenas los puntos de presión en los hombros y muslos.
Uno a uno, los mercenarios caían, no muertos, sino desconectados de sus propios cuerpos.
Sin embargo, el costo llegó de golpe.
Al intentar una descarga de Raiton para disipar un sello disruptivo de tierra, el sistema tricapa de Naruto protestó.
Un micro-colapso nervioso recorrió su brazo izquierdo.
Naruto se desplomó de rodillas, la espada tintineando contra las piedras.
Su visión se volvió estroboscópica y un dolor punzante, como agujas de fuego, recorrió su columna.
—¡Agh…!
—Naruto apretó los dientes, intentando no gritar mientras su brazo derecho sufría un espasmo violento.
Jiraiya apareció al instante, golpeando al último mercenario que se acercaba.
El Sannin miró a su alumno, quien temblaba en el suelo, rodeado de enemigos incapacitados pero con su propio cuerpo traicionándolo.
El sistema funcionaba…
pero el cuerpo aún era de porcelana.
Dos días después, en una cueva cerca de una fuente termal natural, Naruto intentaba procesar el fallo del desfiladero.
Estaba sentado frente a un cuenco de agua, con las manos suspendidas sobre la superficie.
—Lo que me pasó no fue falta de chakra —dijo Naruto, con la voz ronca—.
Fue el calor.
El Raiton y el Kyūbi sobrecalientan mis canales.
Necesito el refrigerante.
—Naruto, te dije que el Hyōton es un linaje sanguíneo —advirtió Jiraiya, observando con preocupación—.
No puedes forzar la física.
—Aún no voy a crear hielo, maestro.
Voy a recrear la frecuencia fría de Haku.
Naruto cerró los ojos.
Utilizó su control quirúrgico para forzar a su afinidad de Suiton a comprimirse al máximo, mientras aplicaba una rotación inversa con su Fūton.
No buscaba una explosión, sino una endotermia: una reacción que absorbiera el calor de su propio cuerpo.
Poco a poco, el vapor que emanaba de la piel de Naruto desapareció.
El sudor se secó.
Un aura de calma absoluta, casi antinatural, lo envolvió.
No creó hielo en el cuenco, pero el aire a su alrededor bajó diez grados.
—Funciona…
—susurró Naruto.
Su pulso se ralentizó.
El dolor de sus nervios quemados se desvaneció tras un entumecimiento glacial.
Pero Jiraiya notó algo aterrador.
La expresión de Naruto se volvió vacía.
Sus ojos, bajo la venda, ya no mostraban la chispa de la voluntad, sino una lógica gélida y desalmada.
Naruto miró su propio brazo derecho lisiado con una indiferencia tal que parecía estar observando una herramienta rota, no su propia carne.
—Naruto, detente —ordenó Jiraiya, golpeando su hombro para interrumpir el flujo—.
Esa técnica…
ese “Pseudo-Hyōton” está congelando tus emociones antes que tus canales de chakra.
Naruto parpadeó, volviendo a la realidad con un jadeo.
El dolor regresó de golpe.
—Escúchame bien —dijo Jiraiya con seriedad—.
No te prohíbo investigarlo, pero te prohíbo usarlo como un atajo.
Si no aprendes a equilibrar esa frecuencia fría con tu propia calidez humana, te convertirás en un arma muerta por dentro.
Todavía no tienes la “estabilidad estructural” que Haku mencionó.
Hasta que no la encuentres, esta técnica se queda bajo llave.
Naruto miró sus manos, que aún se sentían extrañamente frías.
Había encontrado la clave para estabilizar su sistema, pero todavía no tenía el candado para su propia alma.
El Hyōton no era un “no”, era un “todavía no”.
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