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What If, Naruto con byakugan - Capítulo 72

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  4. Capítulo 72 - 72 Capítulo 71 Estabilidad estructural
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72: Capítulo 71: Estabilidad estructural 72: Capítulo 71: Estabilidad estructural El entrenamiento en las cumbres del País de la Tierra se había vuelto monótono y, para Naruto, exasperante.

Jiraiya había confiscado la wakizashi de acero y le había entregado una vara de bambú del mismo peso.

Pero la verdadera tortura no era el arma, sino la prohibición absoluta de usar chakra.

—Postura de la Grulla —ordenó Jiraiya, sentado bajo la sombra de un cerezo silvestre—.

Mantén el equilibrio sobre una sola pierna en el borde del precipicio.

Y Naruto…

si siento una sola chispa de Raiton o una gota de Suiton en tus poros, empezaremos de nuevo.

Naruto, con el sudor empapándole la frente y la venda en los ojos, temblaba.

Sin el soporte de su Capa 1 (Uzumaki) para potenciar sus músculos, o la Capa 3 (Kurama) para sanar el ácido láctico, se sentía patético.

Débil.

Sus nervios, dañados por años de sobrecarga, gritaban por la falta de energía que solía adormecer el dolor.

—Esto no tiene sentido, maestro —jadeó Naruto, perdiendo el equilibrio y cayendo sobre la grava—.

Soy un ninja.

Mi estilo se basa en la frecuencia.

¿Cómo voy a dominar el Hyōton o el Kenjutsu si me quita el motor?

Jiraiya bajó de su rama y se paró frente a él.

—Haku no congelaba porque tuviera mucho chakra, Naruto.

Haku congelaba porque no temblaba.

Lo que tú llamas “frecuencia” es solo ruido si no tienes una base sólida.

El Hyōton requiere una estabilidad estructural que nace del ritmo del corazón, no de la cantidad de energía que inyectas en tus venas.

El frío no es la ausencia de calor; es el control absoluto del pulso.

Naruto miró su mano izquierda, que seguía temblando por el esfuerzo físico puro.

—Si no puedes sostener una vara de bambú con tu propio cuerpo sin ayuda del zorro o del rayo, ¿cómo esperas sostener una técnica que apaga tus emociones?

Primero sé humano, Naruto.

Luego sé hielo.

A miles de kilómetros, el escenario era radicalmente distinto, pero el desafío era el mismo.

Ino Yamanaka se encontraba en una tienda de campaña médica en la frontera del País del Fuego.

El aire olía a hierro y a miedo.

Una unidad de patrulla había caído en una emboscada de marionetas envenenadas de la Arena, y los heridos llegaban en oleadas.

—¡Yamanaka!

¡Prioridades!

—gritó un ninja médico veterano.

Ino corrió hacia el centro de la tienda.

Frente a ella, dos camillas.

A la izquierda, un chūnin joven con una perforación en el pulmón que silbaba con cada respiración.

A la derecha, una kunoichi veterana con el corazón deteniéndose por un veneno neurotóxico.

Ino activó su chakra médico, pero la voz de Tsunade resonó en su mente:  “No elijas por amor.

Elige por estabilidad”.

Analizó ambos casos en segundos.

El chūnin tenía un 10% de probabilidad debido a la pérdida masiva de sangre.

La veterana, si se aplicaba el antídoto de inmediato, tenía un 60%.

Ino sintió un nudo en la garganta al ver los ojos suplicantes del joven, pero sus manos no dudaron.

—Antídoto para la camilla dos —ordenó Ino con una voz que no reconoció como suya—.

Cubran la herida de la uno y denle sedantes.

Ya no podemos hacer más.

El chūnin murió diez minutos después, sosteniendo la mano de un enfermero.

Ino no dejó de trabajar.

Siguió estabilizando a la veterana, suturando arterias y filtrando venenos.

No apagó sus emociones como hacía Naruto con su técnica; aprendió a ponerlas en una caja de cristal donde podía verlas pero no dejar que tocaran su bisturí.

Esa noche, mientras Naruto en las montañas lograba finalmente mantener la postura de la grulla sin temblar, encontrando un ritmo respiratorio que calmaba su red de chakra de forma natural, Ino se lavaba la sangre de los brazos en un río cercano a la frontera.

Ambos buscaban lo mismo desde extremos opuestos: Naruto enfriaba su cuerpo para que su mente no colapsara bajo el poder.

Ino fortalecía su mente para que su cuerpo no dudara ante la tragedia.

—Haku…

ahora entiendo —susurró Naruto en la oscuridad, sintiendo cómo su pulso se sincronizaba con el viento sin necesidad de chakra—.

La estabilidad no es dureza.

Es armonía.

Al mismo tiempo, Ino miraba su reflejo en el agua del río.

—Salvar a alguien no es quererlo —repitió las palabras de Tsunade—.

Es decidir que su vida vale el peso de mi propia culpa.

El entrenamiento de tres años estaba llegando a su punto de quiebre.

Ya no eran los niños que buscaban validación en el Valle del Fin.

Se estaban convirtiendo en los pilares que sostendrían la aldea, uno como la espada silenciosa que no debe fallar, y la otra como la mente clara que no debe quebrarse.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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