What If, Naruto con byakugan - Capítulo 75
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75: Capítulo 74: Ver sin mirar 75: Capítulo 74: Ver sin mirar El campo de entrenamiento era un claro rodeado de campanas de viento colgadas de los árboles.
Naruto estaba en el centro, con los ojos sellados por una banda de tela impregnada con sellos supresores de visión.
No era solo oscuridad; era una privación sensorial absoluta.
—Si usas el Byakugan para ver las campanas, fallarás —instruyó Jiraiya desde algún lugar de la periferia—.
El dōjutsu no es un telescopio, Naruto.
Es un receptor.
No “mires” el flujo, siente el flujo.
Jiraiya lanzó una piedra.
Naruto intentó activar el Byakugan con fuerza, forzando sus canales de chakra hacia los nervios ópticos.
El resultado fue inmediato y devastador: una migraña fulminante le atravesó el cráneo como si le hubieran clavado un punzón de hielo.
Cayó de rodillas, vomitando por la náusea del dolor.
—¡Te estás esforzando demasiado!
—rugió Jiraiya—.
El análisis es lento.
El instinto es instantáneo.
Si intentas procesar cada brizna de hierba, tu cerebro se freirá.
Deja que el Byakugan sea pasivo.
No lo fuerces a mirar; deja que la realidad te golpee.
Naruto respiró hondo, calmando su pulso según lo aprendido.
Dejó de intentar “ver”.
En su lugar, relajó los músculos oculares.
De repente, el mundo no se encendió en colores, sino en vibraciones.
No vio la piedra, sintió el desplazamiento de aire que esta provocaba en la frecuencia del bosque.
Se movió un milímetro.
La piedra le rozó la oreja.
Había aprendido la lección: el Byakugan pasivo era el ahorro de energía necesario para que su sistema no colapsara.
El entrenamiento de la “Frecuencia Fría” fue la más peligrosa.
Jiraiya sostenía un reloj de arena de precisión, diseñado para vaciarse en exactamente tres segundos.
—Este es tu límite —dijo el Sannin con tono sombrío—.
Tres segundos de Pseudo-Hyōton.
Ni un parpadeo más.
Naruto activó la técnica.
El calor de su sistema tricapa se detuvo en seco.
Sus nervios se enfriaron, el dolor del brazo derecho desapareció y su mente se volvió un ordenador táctico perfecto.
En el primer segundo, Naruto desenvainó y cortó cuatro estacas.
En el segundo segundo, realizó un Shunshin y se posicionó detrás de Jiraiya.
En el tercer segundo, su mano estaba a un centímetro del cuello de su maestro.
¡CLAC!
Jiraiya cerró el reloj.
—¡Suéltalo!
—ordenó.
Naruto desactivó la frecuencia, pero tardó un instante más.
En ese breve lapso, sus ojos perdieron todo rastro de humanidad.
Miró a Jiraiya no como a su mentor, sino como a un obstáculo biológico que debía ser removido.
El entumecimiento emocional se filtró en su pecho, dejando un vacío aterrador.
—Tres segundos es lo que tu alma puede soportar antes de que el hielo se vuelva permanente —advirtió Jiraiya, viendo cómo el brillo gélido tardaba en desaparecer de las pupilas de Naruto—.
El poder tiene un reloj interno.
Si lo ignoras, la vasija de hierro que hemos construido será lo único que quede de ti.
Naruto asintió, frotándose el pecho.
El calor regresaba, y con él, la culpa y el afecto.
Había dominado el arma, pero ahora sabía que cada vez que la usara, estaría apostando su propia humanidad en una cuenta regresiva.
1 año y medio después El tiempo en las montañas no se medía en días, sino en la erosión del espíritu.
Han pasado casi dos años desde que Naruto salió de Konoha, y el joven de trece años que se rompía bajo el peso de su propio rayo ha desaparecido.
A los quince años, Naruto ha alcanzado el punto de estabilidad estructural absoluta.
En un valle oculto por la ventisca perpétua, Naruto permanecía inmóvil.
Su brazo derecho, antes una extremidad lisiada y resentida, ahora estaba libre de vendajes, revelando una piel marcada por runas de sellado permanentes que parecían tatuajes de obsidiana.
—Modo de Frecuencia: Cero absoluto —susurró.
Naruto no realizó sellos.
Su control del Suiton y el Fūton había llegado a un nivel de locura.
En lugar de crear glaciares externos, Naruto enfrió su propio flujo de chakra a una temperatura criogénica.
El aire a su alrededor se cristalizó instantáneamente, creando una zona de vacío térmico.
Ya no era el “Pseudo-Hyōton” que apagaba sus emociones; era una técnica dominada.
Naruto había aprendido a usar el frío como un superconductor.
Al enfriar sus canales de chakra, la resistencia eléctrica de su cuerpo desapareció.
El Raiton (Capa 2), que antes quemaba sus nervios, ahora fluía a través de él con una resistencia de cero.
Se había convertido en un circuito perfecto.
—Ya no me quemas —dijo Naruto, mirando su mano derecha, mientras rayos de color cian puro bailaban entre sus dedos sin causar ni un solo espasmo—.
El rayo es mi sangre, y el hielo es mi armadura.
Jiraiya, observando desde una distancia segura, lanzó doce kunais marcados con fórmulas de espacio-tiempo en todas direcciones.
—¡Ahora, Naruto!
—gritó el Sannin.
Naruto cerró los ojos, activando el Byakugan pasivo.
No necesitó mirar los kunais; sintió la “frecuencia” de las marcas de su padre.
Gracias a la estabilidad del Hyōton, su cerebro podía procesar las coordenadas de salto sin sufrir una migraña mortal.
En un parpadeo, el claro se llenó de estallidos de estática blanca.
Naruto no corría; simplemente dejaba de estar en un sitio para estar en otro.
Primer segundo: Tres kunais atrapados en el aire.
Segundo segundo: Naruto aparece sobre la copa de un árbol, recuperando cuatro más.
Tercer segundo: Los doce kunais están en su mano izquierda, y Naruto aparece frente a Jiraiya, cuya capa aún no ha terminado de ondear por el viento del primer salto.
—Lo has logrado —murmuró Jiraiya, con un respeto que rayaba en el temor—.
Has combinado la velocidad de Minato con la precisión de los Hyūga.
Naruto envainó su wakizashi.
Su respiración era lenta, profunda, casi imperceptible.
Su cuerpo ya no protestaba.
La Capa 1 (Uzumaki) proporcionaba la resistencia; la Capa 2 (Raiton) la velocidad; y la Capa 3 (Kurama) actuaba como una reserva de energía latente que ya no necesitaba forzar.
Había dominado el espacio entre dos latidos.
—Falta un año para volver —dijo Naruto, mirando hacia la dirección de Konoha—.
Un año para pulir el filo y asegurarme de que, cuando me encuentre con Sasuke, el hielo en mi interior sea más fuerte que el fuego de su odio.
Durante ese último año de exilio, Naruto dejó de ser un estudiante.
Se convirtió en un fantasma que recorría las naciones, eliminando amenazas con una eficiencia quirúrgica que no dejaba rastro.
No usaba grandes explosiones; usaba un solo corte, un milisegundo de parálisis y un salto al vacío.
El mundo ninja empezó a escuchar rumores sobre un “Relámpago de Hielo”.
Alguien que no hacía ruido, que no fallaba, y cuya mirada plateada podía leer el alma de sus enemigos.
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