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What If, Naruto con byakugan - Capítulo 77

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  4. Capítulo 77 - 77 Capítulo 76 El nombre que no dejó cadáveres
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77: Capítulo 76: El nombre que no dejó cadáveres 77: Capítulo 76: El nombre que no dejó cadáveres El primer año de su recorrido en solitario comenzó en las tierras fronterizas entre el País del Fuego y el País de la Helada.

Naruto no vestía el chaleco de Konoha, sino una capa de viajero gris que ocultaba su silueta.

Su misión era simple: limpiar una ruta de comercio asolada por “Los Segadores de Hierro”, un grupo de veinte ninjas renegados que extorsionaban a las caravanas.

Naruto los encontró en un paso de montaña.

No hubo diálogos heroicos.

—Modo de Frecuencia: Estabilidad I —susurró Naruto.

Antes de que el primer renegado pudiera desenvainar, Naruto desapareció en una ráfaga de estática blanca.

El sonido del Hiraishin era apenas un chasquido seco.

—Tenketsu Slash: Flujo de Viento.

Naruto se movía como un espectro.

No buscaba el cuello ni el corazón.

Su wakizashi, imbuida en una frecuencia de viento tan fina que era invisible, cortaba tendones de Aquiles, nervios medianos en las muñecas y bloqueaba puntos de chakra en los hombros.

En menos de diez segundos, los veinte hombres estaban en el suelo.

No había sangre, no había gritos.

Solo el silencio de hombres que, de repente, habían perdido la conexión con sus propios músculos.

—¿Quién…

quién eres?

—balbuceó el líder, incapaz de mover siquiera un dedo.

Naruto lo miró desde la altura de su calma.

Su mirada plateada no tenía rastro de ira.

—Alguien que ya no tiene tiempo para el ruido —respondió, desapareciendo en un destello antes de que la nieve tocara el suelo.

Al día siguiente, los comerciantes encontraron a los bandidos.

Estaban físicamente intactos, pero eran inútiles como guerreros.

El rumor corrió como la pólvora por los bajos fondos: “El Fantasma Gris de la Hoja Corta”.

Un ninja que no deja cadáveres, pero te quita la capacidad de volver a empuñar un arma.

Semanas después, en una posada remota, Naruto escuchó la noticia.

Uno de los renegados que había “incapacitado” en una misión anterior —un hombre joven que solo servía de vigía— había muerto en una aldea cercana.

No por un corte, sino por una embolia cerebral causada por el choque de la micro-descarga de Raiton que Naruto había inyectado en su sistema nervioso.

Su cuerpo “perfecto” había rechazado la energía intrusa, colapsando desde adentro.

Naruto se sentó en la oscuridad de su habitación, mirando su mano derecha.

“¿Sigue siendo ‘no matar’ si el resultado es el mismo, cachorro?” La voz de Kurama retumbó en su mente, pesada y sarcástica.

Naruto cerró los ojos y se sumergió en su paisaje mental.

Ya no era una alcantarilla húmeda y oscura.

Ahora era una vasta llanura de cristal blanco bajo un cielo eléctrico, reflejo de la estabilidad de su sistema.

El gran zorro estaba echado, con sus nueve colas moviéndose lentamente.

—Lo calculé —dijo Naruto con voz gélida—.

La descarga debió disiparse en seis horas.

—Calculaste una estructura ideal, no un cuerpo humano —gruñó Kurama, acercando su enorme hocico—.

Estás jugando a ser un dios con un bisturí de rayo.

Pero incluso tú, con tus ojos plateados, no puedes ver la fragilidad del alma ajena.

FLASHBACK Naruto recordó el momento en que su relación cambió.

Fue durante el primer colapso por el uso del Hyōton interno.

Naruto se estaba muriendo; su sistema se congelaba y Kurama, furioso, intentaba desbordar su chakra para “calentarlo”, lo que solo aceleraba la ruptura de los canales.

—¡Déjame salir, mocoso!

¡Nos vas a matar a ambos con tu arrogancia!

—rugía el zorro tras los barrotes.

Naruto, sangrando por los ojos, entró en su mente y no gritó.

Se acercó a la jaula y puso su mano sobre el sello.

—No eres una batería, Kurama —susurró Naruto—.

Escribí sobre tu frecuencia en el pergamino prohibido.

Eres una masa de voluntad pura.

Si morimos, tu voluntad se dispersa.

Si vivimos…

te prometo que mi sistema será lo suficientemente estable para que no tengas que gritar nunca más.

Ayúdame a enfriar el núcleo.

No me des poder, dame sincronía.

Kurama guardó silencio.

Por primera vez, vio en Naruto no a un carcelero ni a un recipiente, sino a un socio que entendía la física de su existencia.

El zorro extendió una garra y tocó el pecho de Naruto.

—Acepto el trato.

Pero si te rompes, devoraré cada pedazo de tu frío.

Desde ese día, dejaron de luchar.

Naruto le dio a Kurama un sistema ordenado donde vivir, y Kurama le dio a Naruto la estabilidad necesaria para que el Hyōton no lo matara.

REGRESO AL PRESENTE Naruto abrió los ojos en la posada.

El primer quiebre moral no lo hizo llorar.

No era el niño de antes.

El hecho de que sus “cortes quirúrgicos” pudieran ser letales debido a la debilidad del enemigo solo reforzó una idea en su mente: el mundo es demasiado frágil para su poder.

—Si mueren por un roce…

—murmuró Naruto, levantándose y ajustando su capa—, entonces debo ser aún más preciso.

Aún más frío.

Este incidente no lo debilitó; lo volvió peligroso.

Dejó de preocuparse por la moralidad del “asesinato” y empezó a preocuparse por la física de la eliminación.

Si el mundo lo recordaba como un monstruo o como un salvador, no importaba.

Lo único que importaba era que la vasija no se rompiera antes de llegar a Sasuke.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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